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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 26 de septiembre de 2020 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Nuestras calles'
  • Ficha técnica

    Título: Nuestras calles| Autora: Alessandra Lavagnino | Traducción: Martín López-Vega | Editorial: Errata Naturae | Colección: El Pasaje de los Panoramas | Formato: 14 x 21,5 | Páginas: 168 | ISBN: 978-84-15217-95-4  | Precio: 15,50 euros

  • Foto de Alessandra Lavagnino
  • Biografía

'Nuestras calles'

Alessandra Lavagnino

ERRATA NATURAE

Ésta no es sólo la historia de la niña, y luego joven, Marzia en la Roma de los años treinta y cuarenta; no es sólo la historia de su madre, una abogada viuda que dedica su vida a luchar contra el fascismo o a pleitear con energía cada juicio: es la historia (que nos hace recordar aquellas maravillosas páginas de Natalia Ginzburg sobre la familia) de todas las madres e hijas que, a lo largo de los siglos y durante una parte de su existencia al menos, no han logrado comprenderse del todo y han vivido, de algún modo, enfrentadas, siempre de espaldas a los sinsabores y propósitos ajenos (aunque cercanos en realidad).

Hay en estas páginas emociones y certezas, amor y miedo. La culpa, la orfandad, la madurez, la esperanza... resuenan también aquí. Hay, además, una ciudad bellísima y humilde al mismo tiempo, Roma, cuyas calles recorre Marzia en largos paseos que parecen no tener fin y que cifran parte de su existencia: ella es tanto esperar como perderse.

El campo contra la ciudad o más allá de la ciudad, como en las novelas de Pavese; el río Tíber y su discurrir moroso pero que arrastra todos los pensamientos; el amor de un hombre que sabe acompañar en el paseo; una casa que nunca hemos visitado a pesar de conocer tanto a sus inquilinos. Ésta no es la historia de un desencuentro, sino la de muchos encuentros. Conmovedora unas veces, alentadora otras, la dulce melancolía de Nuestras calles va a ofrecernos tanto consuelo como esperanza.

[Comienzo del libro]

Estaba de pie bajo el enorme cuadro -una marina con dos barcas y agua que parecía agua verdadera- y ni se me pasaba por la cabeza sentarme. Estaba contenta por tener que esperar y tampoco me importaba estar sola.

-Acabo de llamarle por teléfono, ya puedes ir -había dicho mi madre.

-Yo te acompaño, pequeña -había dicho Elide.

-No, tú tienes que ir a hacerme un recado a otro sitio. Y además, ¿qué necesidad hay de acompañarla?

No le metas ideas raras en la cabeza. Y su nombre no es «pequeña».

Había estado en aquella salita otras veces, pero con mi madre, y por ella. Sabía todo lo que iba a encontrar en la habitación de al lado; sabía el ruido que haría el pomo de la puerta, y lo esperaba.

-¿Tu mamá no está? ¿Vienes sola? -preguntó el dentista.

Abrió del todo la puerta, se asomó a mirar y después me hizo pasar antes de volver a cerrarla.

-Ssssí -dije con esfuerzo.

Hubiera podido no decirlo, pensé enseguida. Tragaba saliva compulsivamente, sin querer, un golpe de garganta tras otro. Me encaramé a la silla.

-Veamos -dijo el dentista-, abre la boca.

Sus manos tenían un fresco olor a jabón desinfectante; el espejito y el gancho que me metió en la boca estaban húmedos, provenían de un vaso lleno de un líquido blanco en el que también se hallaba el resto del instrumental. Contenía la respiración mientras él, con la punta de acero, hurgaba en el agujero del premolar.

Me hizo daño pero no me moví.

Miraba los pelos de sus desordenadas cejas rubias, los pelos de su nariz. Se dio la vuelta, tomó con las pinzas un poco de algodón, lo mojó en el líquido de una ampolla y rellenó el hueco de mi premolar. La pasta rosa con la que me cerró el agujero olía a clavel.

-Veamos el resto.

Con el espejito, miró por todas partes, y con una varilla que tomó del vaso me golpeó los dientes. Me hizo daño en un colmillo y me sobresalté.

-El jueves a la misma hora. Díselo a tu mamá.

Bajé por las escaleras con el sabor a clavel de la pasta rosa en la boca; los escalones resbalaban bajo mis pies. Había dicho «buenas tardes» sin darme cuenta; o tal vez no lo había dicho.

[Adelanto del libro en PDF]


[Etiquetas: Nuestras calles, Alessandra Lavagnino, Errata Naturae, Novela, Roma, Italia, siglo XX, campo, ciudad, ]

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