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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 21 de noviembre de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'No dejaría nunca de escribirte'
  • Ficha técnica

    Título: No dejaría nunca de escribirte. Cartas de amor a Barbara Leoni | Autor: Gabriele d'Annunzio | Traducción: Amelia Pérez de Villar  Editorial: Fórcola | Colección: Periplos, 19| Páginas: 960 | ISBN: 978-84-16247-51-6 | Dimensiones: 13 x 21 cm  | Precio: 54,50 euros
  • Foto de Gabriele d'Annunzio
  • Biografía

'No dejaría nunca de escribirte'

Gabriele d'Annunzio

FÓRCOLA

Elvira Natalia Leoni es la gran olvidada en casi todas las biografías de Gabriele d'Annunzio, donde figura como un personaje de escasa relevancia, pese a la importancia que realmente tuvo en la vida y la obra del poeta y novelista italiano. Cuando se conocieron en Roma, d'Annunzio apenas contaba veinticuatro años y tenía dos hijos de un matrimonio nacido de la conveniencia, aunque ya gozaba de cierto renombre como poeta y cronista social. Ella, culta y con formación musical, sufría las desgracias de un matrimonio desgraciado, con un marido cruel que la hacía infeliz, la maltrataba e incluso le transmitió una grave enfermedad. A pesar de todo, cuando se conocieron el poeta y la «bella romana» estaban ambos en la flor de la vida y durante cinco años mantuvieron una relación amorosa extraconyugal, romántica, apasionada e intensa, que marcó sus vidas.

Testigo fiel de la relación es este millar de cartas que d'Annunzio escribió a Barbara -Barbarella- el apelativo cariñoso para la mujer que se convirtió en la verdadera musa del poeta, y que fue determinante en la construcción del hombre, del literato y del mito. Considerada la más intensa correspondencia amorosa de la lengua italiana, estas cartas están llenas de pasión, fogosidad y ternura, pero también de una tensión erótica y sicalíptica rayana en lo pornográfico, a la altura de la mejor literatura universal, desde los clásicos grecolatinos hasta el Marqués de Sade.

D'Annunzio, novelista en ciernes, en busca de una voz y un estilo propios, inventó gracias a su musa un nuevo lenguaje y creó un verdadero diccionario íntimo, metáfora propia del poeta que convirtió su propia vida en obra de arte. Así Barbara Leoni inmortalizó a la Ippolita del Triunfo de la muerte, una de las grandes novelas que, junto a El placer y El inocente, d'Annunzio escribió bajo su influjo, iluminando una obra literaria nunca conocida hasta entonces, que le consagró como un escritor genial.

«Escríbeme y dime sobre todo que me amas, que soy tu alma, la vida de tu vida. Dime muchas, muchas palabras de pasión.»

«Te escribo todos los días. Por nada del mundo dejaría de escribirte todos los días, como te prometí.» Gabriele d'Annunz

1

[Pescara] 8 de junio

     Bella mía:

    Llevo soñándote toda la noche con los ojos abiertos, en el gran plenilunio que me provocaba una tristeza y la angustia de un deseo indecible.

     Aquí, de momento, lo único que siento es una especie de ahogo.

    El mar tiene una luminosidad tan serena, un verdor tan exuberante los collados y todo el litoral, el cielo un esplendor tan terso y tan dulce, que yo me siento morir de deseo por ti.

     Tengo tu carta. ¡Gracias!

     Te escribo a toda prisa, porque me apremian. Mañana te escribiré una carta más larga.

     ¿Recuerdas? ¿Recuerdas? ¿Recuerdas?

     Te beso en la boca, en el cuello, en los brazos, en los cabellos, en la rosa original, por todas partes, con avidez y sin fin.

     Escríbeme a Pescara.

     Tuyo, tuyo siempre.

2

[Pescara] Corpus Domini [jueves 9 de junio]

     Bella mía:

     Regreso ahora del mar y tengo aún el pelo húmedo de agua salada, y en todo el cuerpo el calor dulce del sol de la mañana. Es mediodía. Y tú, ¿qué haces?

     ¿Recuerdas cuando a esta hora bajábamos por el Pincio entre los árboles, y yo te besaba de pronto la mejilla teñida de una apagada palidez de oro? 

     ¡Cuántos sueños sobre la arena ardiente! El mar, todo verde y brillante, ondeaba como un enorme paño de seda antigua y me alcanzaba los pies; las barcas parecían inmóviles allá a lo lejos; el viento traía consigo el aroma de los limones. ¿Por qué no has venido? Hace un momento me ha parecido verte caminar por la orilla con ese porte tuyo, alto y ágil, con tu paso mullido, como en la Piazza di Spagna junto a las vitrinas de los orfebres. Tu cabeza de reina bárbara, animada por los vientos marinos, se reflejaba en el interior del paraguas; y tus ojos, bajo esas pestañas de largura zalamera, eran rosáceos como en las horas del amor.

[Principio del libro]


[Etiquetas: No dejaría nunca de escribirte, d’Annunzio, Fórcola, cartas, amor, poeta]

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