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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 22 de septiembre de 2019 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Fuerzas especiales'
  • Ficha técnica

    Título: Fuerzas especiales | Autora: Diamela Eltit | Editorial: Periférica | Colección: Largo recorrido | Páginas: 176 | ISBN: 978-84-16291-05-2 | Precio: 16,50 euros

  • Foto de Diamela Eltit
  • Biografía

'Fuerzas especiales'

Diamela Eltit

PERIFÉRICA

En Fuerzas especiales, última novela de su autora, la protagonista es una joven de un barrio marginal que se prostituye en un cibercafé, en medio de una vida llena de desgracias familiares. «Voy al cíber a buscar en las pantallas mi comida. Todos se comen. Me comen a mí también.» El telón de fondo es un grupo de bloques sitiado por las fuerzas especiales de la policía. Pero, en un juego de palabras triste y a la vez desafiante, las «fuerzas especiales» del título son también las que se necesitan para resistir, para sobrevivir cuando se vive en los márgenes de la sociedad bajo tantas formas de represión y control.

La violencia y las marcas que deja en el cuerpo (también en el «cuerpo social») son habituales en las novelas de Eltit, quien construye este desasosegante texto sobre todo tipo de materiales de derribo: la brutalidad, los frustrados deseos familiares, las enfermedades, los asedios de la policía (cuya presencia es constante y hace vivir amedrentados a todos los habitantes). También es habitual en sus novelas una forma de lo obsceno que va más allá de su acepción sexual y se encarna, nunca mejor dicho, en lo horrible, en lo temible, en lo que se debe evitar o esconder. En este libro triste y oscuro, pero necesario, donde las voces populares construyen el relato de un modo casi bíblico, se castiga como en la realidad y como (precisamente) en el Antiguo Testamento: con total dureza.

Pero a pesar de que los desheredados de la tierra siempre lo serán, tratan también de sobrevivir dignamente (y de un modo muchas veces emocionante) en medio de un mundo con armas cada vez más sofisticadas, con nuevas formas de matar. Conviven entre sí, se sobreponen a su destino, nunca son indiferentes. Es más, según avanza la novela, la inteligencia y la lucidez de la protagonista nos hacen albergar alguna esperanza.

«Diamela Eltit ha resistido, con éxito, las obligaciones del mercado, haciendo de la lectura una labor crítica del lenguaje, y del libro un instrumento conspirativo contra el orden dominante. Sus libros convierten la lectura en una sediciosa labor clandestina, de vocación anarquista, radicalidad estética y despojado estilo.» Julio Ortega

El trabajo que tengo

Había dos mil Webley-Green 455. Había mil trescientas Beretta Target 90.

La algarabía me provoca mareos y me empuja hacia un hambre rara, extensa. Soy una criatura parásita de mí misma. Sé que mi hermana palpita en nuestra cama, incómoda, incierta. El cuerpo de mi hermana espera, no sé, sábanas o aguarda que yo mitigue su pena. Me pide que sea yo la que consiga horadar la sensación de pesadumbre metálica que le provoca la ausencia de sus niños. Y me suplica que le indique cómo esquivar la compasión que experimentamos ante la humillación de que mi padre ya no tenga a sus hijos hombres, los que tenía, los que poblaban el departamento, los que estaban con nosotros, nuestros hermanos verídicos, los que están en la cárcel, porque ahora sólo quedamos ella y yo, que somos mujeres. Había un rifle Taurus M62. Voy al cíber como mujer a buscar entre las pantallas mi comida. Todos se comen. Me comen a mí también, me bajan los calzones frente a las pantallas. O yo misma me bajo mis calzones en el cíber, me los bajo atravesada por el resplandor magnético de las computadoras. En cambio el Omar o el Lucho solamente se lo sacan, más fácil, más limpio, más sano, provistos de la cómoda seguridad de que nada les resulte destructivo o verdaderamente insalvable. Pagamos trescientos pesos por ocupar media hora el cubículo. Me bajo media hora los calzones y dejo que me metan el lulo o los dedos adentro, hasta donde puedan. Nunca digo: sácame el lulo ni digo: sácame los dedos. No lo hago porque me concentro en el sitio ruso de modas alternativas que me absorbe tanto que mis ojos se pasean por mi cerebro clasificando las prendas de manera hipnótica. Después abandono corriendo el cíber y me voy a consumir todo lo que puedo. Lo hago con una deliberada avidez, con un estilo anémico, posesivo, y cuando ya ha pasado un tiempo importante, cuando me siento ventilada, aguda, regreso y espero la suma de cada una de mis medias horas en el cubículo ocho. Miro la pantalla y, para entretenerme, muevo el cursor y avanzo hacia las últimas tendencias de los suntuosos abrigos italianos. Me pagan mil y hasta dos mil pesos la media hora. Yo le pago trescientos pesos al Lucho por el cubículo. Me da envidia el Omar porque es el mejor chupapico del cíber, muy famoso él por la artesanía de sus labios y por su elegante e imperceptible rapidez. Es envolvente el Omar, doble, dramático, ávido de modernidad. Si alguien le ocupa su cubículo, el número nueve, el que está justo al lado del mío, se pone furioso y ataca la integridad del cíber. Le pagan hasta cinco mil, eso asegura él. Había treinta y cuatro mil Astra M1021. Pero no le creo al Omar porque es farsante, presuntuoso, técnico, ese es el sello de su estilo, siempre conectado a sus auriculares para perderse en su música, aunque puede ser que una vez le hayan pagado cinco mil. A mí me pagan mil porque yo soy mujer. Con un incipiente grado de rencor y de eficacia me bajo mis calzones, me los bajo mientras pienso en mi hermana que no se levantó hoy aunque está despierta. La mujer del departamento de al lado no se levanta jamás.

[Adelanto del libro en PDF]


[Etiquetas: Fuerzas especiales, Diamela Eltit, Periférica, literatura chilena, latinoamerica, policía, ]

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