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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 16 de octubre de 2019 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'El Círculo'
  • Ficha técnica

    Título: El círculo | Autor: Dave Eggers | Traducción: Javier Calvo Perales | Editorial: Literatura Random House | Temática: Ficción Moderna y Contemporánea | Formato: tapa blanda con solapa | Páginas: 448 | ISBN: 9788439729082 | Precio: 22,90 euros | EBOOK: 11,99 euros 

  • Foto de Dave Eggers
  • Biografía

'El Círculo'

Dave Eggers

LITERATURA RANDOM HOUSE

El Círculo es una distopía cercana en el tiempo que nos muestra los peligros del universo digital en el que todos andamos metidos y en el que, sin lugar a dudas, continuaremos adentrándonos a lo largo de los próximos años. A través de una historia que podría transcurrir perfectamente en cualquiera de las grandes corporaciones instaladas en Silicon Valley, Dave Eggers actualiza a los grandes clásicos del género, como pueden ser 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, añadiéndoles el componente tecnológico que caracteriza la época que nos ha tocado vivir. La novela, merecedora de las alabanzas más entusiastas por parte de la crítica norteamericana y británica, gira en torno a una empresa de tecnología, el Círculo, ubicada en la ciudad ficticia de Sant Vincenzo (California). En tan sólo seis años de existencia, la multinacional ha conseguido acaparar todo el mercado digital, absorbiendo empresas tan punteras en la actualidad como Google, Facebook o Twitter, y su creador, Ty Gopodinov, se ha convertido en un genio que vive recluido en las entreñas del campus donde se ubica la multinacional y que presenta ciertas características extrañamente parecidas a las de ese genio del universo tecnológico llamado Steve Jobs.

Así pues, el Círculo es un emporio cuyos tentáculos alcanzan todos los ámbitos de la vida en el siglo xxi y de cuyas entrañas han salido inventos revolucionarios para la mejora de nuestra existencia. Dado su carácter innovador y tecnológico, el Círculo es una empresa donde sólo trabaja gente joven, dinámica, emprendedora y moderna que, de alguna manera, recuerdan a esos hipsters que ya corretean por nuestras ciudades con toda suerte de aparatos tecnológicos en las manos y con una filosofía de vida que apunta hacia un nuevo amanecer de la condición humana. Una de estas trabajadoras es Mae Holland, una chica de veinticuatro años que, tras haber estado trabajando en el ayuntamiento del pueblo de mala muerte donde viven sus padres, consigue entrar en el departamento de EdC (Experiencia del Cliente) del Círculo gracias a la ayuda de su amiga Annie Allerton. Al principio, Mae se siente la mujer más afortunada del mundo al haber conseguido un contrato laboral en una empresa donde también se encuentran los cerebros más privilegiados de la ultima generación de trabajadores de Estados Unidos y parte del extranjero, pero lentamente irá descubriendo que no es oro todo lo que reluce y que, detrás de las promesas de un mundo mejor, se oculta un plan para controlar y dirigir la voluntad de los usuarios de Internet.

Porque el Círculo también es una empresa absorbente que anda obsesionada con el concepto de Comunidad. Sus trabajadores están obligados en participar en las redes sociales tanto internas como externas de la multinacional, deben asistir a la multitud de fiestas y eventos que organizan sus compañeros, han de usar irremediablemente los gadgets que las mentes privilegiadas de la empresa inventan y, en definitiva, tienen que dedicar su vida entera al negocio. Afortunadamente, la rutina dentro del Círculo es tan fascinante, a la par que acaparadora, que los empleados se sienten felices entregando todo su tiempo a la causa y permitiendo que su vida privada se convierta en un acontecimiento de naturaleza pública, ya que el Círculo les presiona para que monitoricen sus vidas día y noche y para que coloquen minicámaras no sólo en las casas de sus familiares, sino en todos los rincones del planeta, edificios gubernamentales incluidos.

A cambio de esa entrega absoluta, el Círculo promociona a sus trabajadores -y en especial a Mae Holland- y les ayuda en todo lo posible. En el caso de la protagonista, integran a su padre, enfermo de esclerosis múltiple, en la póliza médica de la empresa, cosa que por un lado mejora las condiciones de vida de sus protegenitores pero que, por el otro, los convierte en esclavos del Círculo. En agradecimiento a este gesto aparentemente altruista, Mae Holland redobla sus esfuerzos para satisfacer a sus jefes y entrega hasta el último segundo de su vida a la corporación, haciendo caso omiso a los consejos de su ex novio, Mercer, quien la acusa de haberse obsesionado con la tecnología y de haberse convertido en una persona aburrida que se ha apartado del mundo real para vivir íntegramente en la caverna digital.

De igual modo, algunos congresistas del gobierno de Estados Unidos inician investi-gaciones sobre el monopolio que el Círculo ejerce en el mercado y sobre la monetización que hace de los datos de sus usuarios. Las sospechas empiezan a ceñirse sobre la empresa, pero, curiosamente, cada vez que un político alza el dedo contra el Círculo, un alud de acusaciones de corrupción -tanto económica como sexual-cae sobre ellos, apartándolos de la vida pública de un pantallazo. Al principio, nadie relaciona dos hechos que parecen evidentes -denunciar a la empresa y desaparecer de la escena pública-, pero lentamente Mae Holland irá dándose cuenta de que el Círculo es, precisamente, lo contrario de lo que sus responsables pregonan. Es más, en su afán por fomentar la "trasparencia", el Círculo consigue que casi todos los políticos estadounidenses, y parte de los extranjeros, acepten llevar cámaras colgadas del cuello constantemente para mostrar a sus electores qué hacen durante todo el día. Esto, aun cuando pueda evitar los casos de corrupción en el seno de los gobiernos, otorga todavía más poder a la empresa, ya que los datos y vidas personales de todos esos políticos también pasan a integrar su inconmensurable base de datos.

De manera que todas las promesas de aumentar la libertad personal, de fomentar la seguridad vital, de erradicar la corrupción y, en definitiva, de mejorar la vida de los usuarios se convierten, a los ojos de Mae Holland, en un control absoluto sobre la vida de esos mismos usuarios, los cuales, paradójicamente, aceptan voluntariamente que sus vidas estén monitorizadas por el Círculo, empresa que incluso consigue convencer a la población mundial de que guardar secretos es una forma de mentir a los demás y de que, por tanto, la entrega absoluta de la intimidad no sólo es una muestra de sinceridad y transparencia, sino una manera de mejorar la condición humana. Y es que el mensaje que Dave Eggers quiere dar en esta novela es, en realidad, algo que ya empezamos a intuir todos los usuarios de las redes sociales y, en general, de Internet: que la red nos controla y, todavía más preocupante, que nosotros aceptamos alegremente ese control.

Dave Eggers ha creado una de las parábolas más interesantes sobre el futuro que la tecnología nos depara si continuamos regalando nuestros datos y permitiendo el acceso a nuestras vidas a empresas de las que no sabemos absolutamente nada. El "mundo feliz" de Huxley o el "Gran Hermano" de Georges Orwell se convierten en El Círculo en una multinacional que domina todo el mercado digital y que, disfrazada de modernidad, suprime nuestro derecho a la intimidad tanto física como mental.

[Comienzo del libro]

Dios mío, pensó Mae. Es el paraíso.

El campus era enorme y laberíntico, inundado de los colores del Pacífico, y sin embargo no había detalle que no hubiera sido tenido en cuenta y diseñado con la máxima habilidad. En unas tierras que antaño habían sido unos astilleros, después un autocine y por fin un mercadillo y un solar deprimido, ahora había lomas suaves y verdes y una fuente de Calatrava. Y una zona para picnics, con mesas desplegadas en círculos concéntricos. Y pistas de tenis, tanto de tierra como de hierba. Y una cancha de voleibol, donde ahora estaban los niñitos de la guardería de la empresa, corriendo, chillando y reverberando como el agua. Y en medio de todo esto también había un centro de trabajo, más de ciento sesenta hectáreas de acero pulido y cristal que albergaban la sede de la empresa más inf luyente del mundo. El cielo era impoluto y azul.

Mae estaba cruzando todo esto en su travesía a pie, desde el aparcamiento al edificio central, intentando transmitir la impresión de que se sentía cómoda allí. El sendero serpenteaba alrededor de las arboledas de limoneros y de naranjos, y entre sus adoquines rojos y silenciosos destacaban losas desperdigadas con mensajes suplicantes de inspiración. En una de ellas había la palabra «Sueña» grabada a láser en la piedra roja. En otra ponía: «Participa». Y había docenas más: «Encuentra tu comunidad», «Innova», «Imagina». A punto estuvo de pisarle accidentalmente la mano a un joven con mono de trabajo gris que estaba instalando una nueva losa con la inscripción «Respira».

Aquel lunes soleado de junio, Mae se detuvo frente a la entrada principal, bajo el logotipo grabado en el cristal. Aunque la empresa todavía no tenía seis años de antigüedad, su nombre y su logotipo -un círculo rodeando una trama de líneas entretejidas, con una pequeña «c» en el centro- ya se contaban entre los más conocidos del mundo. En aquel campus central trabajaban más de diez mil empleados, pero el Círculo tenía oficinas por todo el planeta, y seguía contratando todas las semanas a centenares de mentes jóvenes y brillantes. Llevaba cuatro años seguidos siendo elegida la empresa más admirada del mundo.

A Mae ni se le habría ocurrido que tuviera posibilidades de trabajar en un lugar así de no haber sido por Annie. Annie era dos años mayor que ella y ambas habían compartido habitación durante tres semestres en la universidad, en un feo edificio que habían hecho habitable gracias a lo extraordinariamente unidas que estaban; eran algo a medio camino entre amigas y hermanas, o bien primas a quienes les gustaría ser hermanas y así tener una razón para no separarse nunca. El primer mes que habían vivido juntas, Mae se había roto la mandíbula una tarde-noche, tras desmayarse durante los exámenes finales por culpa de la gripe y la mala alimentación. Annie le había dicho que se quedara en la cama, pero Mae había ido al 7-Eleven en busca de cafeína y había despertado en la acera, bajo un árbol. Annie la había llevado al hospital y había esperado allí mientras le cosían la mandíbula, y después se había quedado toda la noche con Mae, durmiendo a su lado en una silla de madera, y luego, ya en casa, se había pasado días alimentando a Mae con una cañita. Era un nivel tremendo de compromiso y aptitud, que Mae no había visto nunca en una persona de su edad o más o menos de su edad, y a partir de entonces Mae le había sido leal de una forma que ella misma no habría imaginado nunca.

[Primeras páginas del libro en PDF]


[Etiquetas: El círculo, Dave Eggers, Literatura Random House, Penguin, Novela, Ciencia Ficción, Sociedad, Mundo digital, ]

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