PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 18 de septiembre de 2019 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Una mujer con atributos'
  • Ficha técnica

    Título: Una mujer con atributos | Autora: Lillian Hellman | Traductoras: Mireia Bofill y Marta Pessarrodona | Prólogo: Ángeles González Sinde | Editorial: Lumen  | Género: Memorias | ISBN: 9788426400239 | Formato: 15,7  x 23,9  | Páginas: 576 |  PVP: 24,90 euros 
  • Biografía

'Una mujer con atributos'

Lillian Hellman

LUMEN

No es que los acontecimientos de su vida fueran material de novela: es que ella supo narrarlos de modo que lo parecieran. La vida de Lillian Hellman fue intensa y peculiar, pues estuvo presente en los conflictos más importantes de su época, como la Guerra Civil española, la resistencia antinazi en Austria y Alemania, la oficialidad soviética o la persecución de los cineastas de izquierdas por el senador McCarthy, pero lo fundamental fue su capacidad de seleccionar los mejores momentos de cada experiencia y relatarlos en un cuadro perfecto que nos absorbe y nos coloca a su lado en plena acción.

Quizá lo menos relevante de cuanto Hellman nos cuenta en estas páginas sea su carrera, las once películas y doce obras de teatro de éxito que escribió, y lo crucial sean en cambio las relaciones humanas de cuantos intervinieron en ellas, empezando por su larga y particular historia con el novelista Dashiell Hammett, un vínculo que alternó lo amoroso con la amistad y que estuvo marcado, como casi todo en su vida, por reglas propias.

Ni romántica ni sentimental, Hellman fue una mujer con atributos muy suyos: le gustaba cazar, pescar, y desde luego beber y fumar con su amiga Dorothy Parker, pero más que nada le gustaba narrar. Estas memorias, que quieren recordarla a los treinta años de su muerte, son un homenaje a una gran mujer y una gran escritora, que pisó fuerte y siguió andando hasta el final de sus días. 

«No  pienso recortar mi conciencia para ajustarla a la moda de este año.» Lillian Hellman

1


Nací en Nueva Orleans; mi madre, Julia Newhouse, de Demopolis, Alabama, se enamoró, y continuó enamorada, de Max Hellman, cuyos padres habían llegado a Nueva Orleans con la inmigración alemana de los años 1845-1848 y allí tuvieron a sus hijos: mi padre y sus dos hermanas. Mucho antes de nacer yo, la familia de mi madre se trasladó de Demopolis a Cincinnati y luego a Nueva Orleans, ambas ciudades convenientes, supongo, para tres muchachas casaderas.

     Pero mi primer recuerdo los sitúa en un gran apartamento de Nueva York: mis dos tías jóvenes y muy guapas; su taciturno hermano de rostro adusto, y la mujer callada, poderosa, severa, que era su madre, Sophie Newhouse, mi abuela. Sus hijos, sus criados, todos sus parientes, a excepción de su hermano Jake, la temían, y otro tanto me ocurría a mí. Ya de pequeña me disgustaba sentir ese miedo y fanfarroneaba para protegerme de él.

      El apartamento de los Newhouse poseía, en la calidad de los objetos y en la actitud de las personas, ese talante de la clase media alta que nunca llega a tener verdadero estilo. Un ambiente pesado pendía sobre las preciosas habitaciones ovaladas. Ciertamente, había fi estas para mis tías, pero las fi estas, a juicio de una niña que atisbaba desde el cuarto de los criados, resultaban tan calladas que durante mucho tiempo estuve convencida de que en las ocasiones especiales los adultos movían los labios sin emitir ningún sonido. Los días posteriores a la fiesta se oían anécdotas emocionantes sobre los nuevos pretendientes, pero estos no eran nunca lo bastante buenos y las fi estas, sin duda, no eran lo suficientemente buenas para quienes podrían haberlo sido. Por otra parte estaba la comida de los domingos, a veces con la asistencia de tíos y tías abuelos, llenas de manifi esta maledicencia sobre quién tenía más dinero, o quién lo gastaba con excesiva prodigalidad, quién heredaría qué, quién había comprado una alfombra que duraría eternamente, quién una joya de la que más le valdría haber prescindido.

[Principio del libro]


[Etiquetas: Una mujer con atributos, Lillian Hellman, Lumen, memorias, mujer, escritora]

Compartir:

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2019 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres