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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 17 de octubre de 2019 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Constance'
  • Ficha técnica

    Título: Constance | Autor: Patrick McGrath | Traducción: Javier Calvo Perales |Sello: Literatura Random House | Medidas: 135 X 230 mm |Formato: Tapa blanda con solapa | Páginas: 224 |ISBN: 9788439727804 | Precio: 19,90 euros | Ebook: 10,99 euros

  • Foto de Patrick McGrath
  • Biografía

'Constance'

Patrick McGrath

LITERATURA RANDOM HOUSE

Heredera de los mejores maestros del género, Constance, la octava novela de Patrick McGrath, es una historia de suspense psicológico que comparte rasgos temáticos y formales con autores como Patricia Highsmith o Alfred Hithcock.

En la Nueva York de la década de 1960, Constance, la protagonista, es una atractiva y distante joven que trabaja en una editorial. Una tarde asiste a una fiesta literaria y conoce a Sidney Klein, académico inglés expatriado veinte años mayor que ella, con quien se casará en cuestión de meses. Una atmósfera de fatalidad planea sobre la pareja desde el primer momento: el transcurso de los días acentúa la fragilidad emocional de Constance, incapaz de encontrar el más mínimo atisbo de felicidad.

El pasado de Constance es turbulento y la supuestamente idílica infancia en una bella casa del valle del Hudson no es lo que a primera vista pudiera parecer: su pasado familiar esconde un secreto y, como uno de los personajes anuncia, «los secretos nos enferman».

1

Me llamo Constance Schuyler Klein. La historia de mi vida empieza el día en que me casé con un inglés llamado Sidney Klein y dije adiós para siempre a Ravenswood, a Papá y a todo lo que había antes. Ahora tengo un marido, pensé, un nuevo Papá. Yo tenía intención de ser una mujer independiente. Tenía intención... en fin, de todo. Me imaginé que estaba renaciendo. Que desaparecía la voz de la burla y la desaprobación, aquella voz punzante, quejumbrosa e inquebrantablemente convencida de que yo no valía para nada, o peor, de que era innecesaria. A Sidney yo no le parecía innecesaria, y estoy hablando de un hombre que conocía mundo y que podía recitar a Shakespeare de memoria. Sidney me dijo que me quería, y cuando le pregunté por qué, me contestó que era como preguntar por qué el cielo es azul. Aquello lo cambió todo. Si antes yo recorría las calles de Nueva York con los pasos inseguros de una extraña, ahora me regocijaba de todo lo que hasta entonces me había angustiado: las multitudes, la velocidad, los ruidos, las voces.

Los demás se dieron cuenta de mi cambio. La redactora jefa adivinó mi secreto de inmediato. Me dijo que yo estaba enamorada. Intenté negarlo, porque no se me había ocurrido que pudiera ser aquello lo que me pasaba, pero insistió. Me dijo que ella sabía qué cara tenía el enamoramiento, y yo le pregunté qué cara tenía. La tuya, me dijo, y se alejó con una sonrisa inescrutable. En otra ocasión me preguntó si estaba satisfecha con mi trabajo y le dije que sí. Pues entonces aférrate a él. Di por sentado que ella me estaba diciendo que no podía amar a Sidney Klein y mi trabajo al mismo tiempo, y le dije que sí podía. Ellen Taussig era capaz de decirlo todo con un pequeño movimiento de la ceja. Pero es que es verdad, gemí por lo bajo. ¿Por qué no iba a poder? Muchos son los lllamados, me dijo ella, y me echó un vistazo por encima de sus gafas. Dice mucho de lo que yo sentía por entonces el hecho de que toda la carga de escepticismo que transmitía aquella ceja depilada y enarcada no consiguiera quebrar mi confianza.

Y entonces vino la boda.

Solo después, tras el almuerzo en el restaurante, en plena deshonra de mi hermana Iris y en plena furia de Papá, me pregunté a mí misma qué creía estar haciendo. ¿Quién me creía yo que era, una persona normal? Mi nuevo mundo se arrugó como una bola de papel arrojada a las llamas y lo único que me quedó fueron unos pocos restos calcinados y unas cuantas cenizas. Degradada y humillada como estaba, me acordé de la madre de Sidney, una mujercilla demente, reumática y contrahecha que se había presentado a nuestra boda vestida de negro. Yo era un guiñapo igual que ella. Yo era la madre de Sidney. Intenté contarle lo que me estaba pasando pero él no quiso oírlo. No encajaba con su idea de mí. Era la primera vez que yo veía esto con claridad, y al verlo me di cuenta de lo tonta que había sido al pensar ni por un instante que era posible que alguien me quisiera...

[Primeras páginas en PDF]


[Etiquetas: Patricl McGrath, Constance, Novela, Literatura americana, Nueva York, ]

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