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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 4 de diciembre de 2020 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Pero hermoso.Un libro de Jazz'
  • Ficha técnica

    Título: Pero Hermnoso. Un libro de jazz | Autor: Geoff Dyer | Traducción: Cruz Rodríguez Juiz | Editorial: Mondadori / Literatura Random House | Formato: Tapa blanda con solapa | Medidas: 135 X 230 mm | Páginas.: 224  |ISBN: 9788439728085 | Precio: 16,90 € | EBook: 10,99 €
  • Foto de Geoff Dyer
  • Biografía

'Pero hermoso.Un libro de Jazz'

Geoff Dyer

MONDADORI / LITERATURA RANDOM HOUSE

Pero hermoso es un libro de jazz. Ocho historias imaginadas que recogen anécdotas de las vidas de Lester Young, Bud Powell, Charlie Mingus, Chet Baker, Ben Webster, Thelonius Monk y Art Pepper, todas ellas hilvanadas por el relato (imaginado también) de un viaje en coche de Duke Ellington y Harry Carney en una de sus giras a través de EE.UU.
Inspirándose en fotografías y textos sobre los músicos, Geoff Dyer compone estas variaciones de episodios conocidísimos de las vidas de las ocho leyendas del jazz, y las acompaña con un breve ensayo acerca de la evolución estética del jazz, tradición, influencia e innovación.

Fragmento:

Eran las horas tranquilas de la tarde, entre la salida del trabajo de la gente diurna y la llegada al Birdland de los noctámbulos. Contemplaba desde la ventana del hotel cómo una lluvia desganada oscurecía y ensuciaba Broadway. Se sirvió una copa, puso un montón de discos de Sinatra en el tocadiscos... tocó el teléfono silencioso y regresó a la ventana. Enseguida su aliento empañó las vistas. Rozó el reflejo neblinoso como si fuera un cuadro y trazó con el dedo líneas mojadas alrededor de sus ojos, boca y cabeza hasta que lo vio convertirse en una cosa con forma de calavera chorreante que borró con el pulpejo de la mano.

Se tumbó en la cama, hundiendo apenas el mullido colchón, convencido de que se notaba encoger, desvanecerse. Por el suelo había platos de comida que apenas había picoteado. Había probado un bocado de esto y quizá una pizca de aquello, y luego había vuelto a la ventana. No comía casi nada, pero no obstante tenía sus preferencias culinarias: su favorita era la comida china, que era de la que dejaba casi todo. Durante mucho tiempo se había alimentado de crema de leche y Cracker Jacks, pero ya ni eso le gustaba. Cuanto menos comía, más bebía: ginebra seguida de un jerez, Courvoisier y cerveza. Bebía para diluirse, para desleírse todavía más. Hacía poco se había cortado un dedo con el borde de un papel y le había sorprendido lo roja y densa que tenía la sangre, que suponía plateada como la ginebra, salpicada de rojo, o pálida, rosácea. Ese mismo día lo habían echado de un bolo en Harlem porque no se tenía en pie. Ahora, incluso levantar el instrumento le agotaba, como si pesara más que él. Probablemente hasta su ropa pesaba más que él.

Hawk con el tiempo terminó igual. Fue Hawk quien convirtió el saxo tenor en un instrumento de jazz y definió cómo debía sonar: panzudo, grande, a pleno pulmón. O sonabas como él o no sonabas a nada... que es exactamente como pensaban que sonaba Lester, con su tono liviano como si patinara por el aire. Todos le presionaban para que tocara como Hawk o se cambiara al saxo alto, pero él se daba unos golpecitos en la cabeza y decía: 

-Aquí dentro pasan cosas, tío. Algunos de vosotros solo tenéis barriga.
 

Cuando improvisaban juntos, Hawk lo intentaba todo para cortarle, pero nunca lo conseguía. En Kansas, en 1934, tocaron sin parar hasta la mañana siguiente, Hawk en camiseta, tratando de volarlo con su tenor huracanado y Lester, desplomado en una silla con aquella mirada distante tan suya y el tono todavía ligero como la brisa después de ocho horas de actuación. Los dos fueron agotando pianistas hasta que ya no quedó ninguno y Hawk se bajó del escenario, arrojó el saxo al asiento trasero del coche y salió disparado hacia el concierto de esa noche en Saint Louis.  

El sonido de Lester era delicado y perezoso, pero siempre con un algo incisivo. Sonaba como si estuviera a punto de perder el control, sabiendo que no pasaría jamás: de ahí nacía la tensión. Tocaba con el saxo ladeado, y a medida que se adentraba en el solo el instrumento iba desplazándose unos grados de la vertical hasta que terminaba horizontal, como una flauta. Nunca tenías la impresión de que lo levantara él; era más bien como si el instrumento cada vez pesara menos y se alejara f lotando (y si tal era su deseo, Lester no iba a impedírselo).

[Primeras páginas en PDF]


[Etiquetas: Geoff Dyer, Mondadori, Pero hermoso, Jazz, Ficción moderna, ]

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