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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 13 de diciembre de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'La noche se llama Olalla'
  • Ficha técnica

    Título: La noche se llama Olalla | Autor: Jesús Ferrero | Editorial: Siruela | Colección: Nuevos tempos | Encuadernación: Rústica con solapas | Páginas: 208 |
    ISBN: 978-84-15937-01-2 |
    Precio: 18,95 euros |
    Epub y Kindle: 9,99 euros

  • Foto de Jesús Ferrero
  • Biografía

'La noche se llama Olalla'

Jesús Ferrero

SIRUELA 

«En agosto falleció mi hija. Se llamaba Olalla y estaba a punto de cumplir veinte años. La policía dijo que fue un accidente de tráfico...» El diario de la joven Olalla parece indicar que fue drogada y violada...

Ese año 2012 fue sangriento y apocalíptico, a pesar de que no acabó el mundo. Fue también el año del Costa Concordia, de los terroristas solitarios, de los asesinos compulsivos y, además, el año más maldito de Olalla, el personaje que flota como un destino y una atmósfera a lo largo de esta novela. La detective Ágata Blanc lleva a cabo su investigación en un Madrid decadente que la conducirá a límites que no imaginaba y que la enfrentará a extrañas dimensiones de la vida y de la muerte. Esta ciudad, que años atrás fue símbolo de la prosperidad y la abundancia, parece ahora sumida en una depresión propia de la posguerra.

Todos los elementos de nuestra época se entrelazan en esta novela: la búsqueda incesante del placer sexual, las drogas, las pérdidas de conciencia, la corrupción, los desahucios y el espíritu de la venganza, fundamentado en un problema existencial: no es posible respetar a los verdugos.

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Diario de Olalla. Madrid, 9 de agosto, 2012


Años atrás, cuando la riqueza brillaba con sus burbujas vanas y las finanzas de corto aliento, cuando se regalaba dinero etéreo y los medios de comunicación proclamaban que España era la octava economía del mundo, las calles y las piscinas de Madrid se vaciaban en agosto.

Los que tenían el buen gusto de quedarse en la ciudad y no llenar las playas con sus cuerpos pringosos y enrojecidos podían disfrutar de un Madrid íntimo y tranquilo, que invitaba a gozar de los placeres de la amistad y del amor, o a tumbarse en el césped de las piscinas lejos del tumulto y con la misma tranquilidad que en una piscina privada.

Pero todo ese mundo reluciente y caduco es ahora solo un sueño del pasado. Muchos madrileños han renunciado a las vacaciones fuera de casa y la piscina del estadio de Vallehermoso, que frecuento desde niña y que otros años se despoblaba en el ecuador del verano, rebosa de madres, niños y vecinos sin un euro en el bolsillo. En el césped del cercado de cipreses adyacente a la piscina principal, ya no caben más cuerpos tendidos al sol. A la incomodidad de una situación que se presenta como novedosa, se une el desasosiego que me produce la lectura de la prensa en este verano tan sangriento del 2012 que los devotos de las falsas interpretaciones del calendario maya consideran definitivo para la humanidad y para todo el sistema solar, ya que no dudan que va a ser el año del fin del mundo. En parte les doy la razón, pues si bien no creo en el fin del mundo, sí pienso que se está constatando, de forma cada vez más evidente, el fin de un mundo vinculado al dinero y los negocios fáciles.

Uno de los periódicos que acabo de leer todavía habla del asesino del cine de Aurora, el que jugó a convertir la virtualidad de la pantalla en realidad sangrienta y desbocada.

Pero la perfomance del cine de Aurora, la ciudad de Colorado, no es el único asunto sangriento que divulga el diario que acabo de leer. Y así, mientras en Londres se están celebrando las olimpiadas más tristes y apagadas de la historia, en España la prima de riesgo sigue disparándose, las necesidades de financiación aumentan, el país avanza hacia la quiebra total, y los desahucios baten un récord histórico. Al mismo tiempo, en el norte de Cataluña avanzan las llamas, con catorce mil hectáreas afectadas, nueve mil arrasadas y cuatro muertos, y al otro lado de la península, en Extremadura, arden también los bosques, en un incendio a todas luces provocado y desde dos flancos.

[Primeras páginas en pdf]


[Etiquetas: La noche se llama Olalla, Jesús Ferrero, Siruela, Novela policíaca, Suspense, Literatura Hispánica, Literatura Contemporánea]

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