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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 3 de abril de 2020 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'El lago desconocido entre Proust y Freud'
  • Ficha técnica

    Título: El lago desconocido entre Proust y Freud | Autor: Jean-Yves Tadié | Traducción: Laura Claravall | Editorial: Ediciones del subsuelo | Páginas: 177 | ISBN: 978-84-941646-1-3 | Precio: 18 euros
  • Foto de Jean-Yves Tadié
  • Biografía

'El lago desconocido entre Proust y Freud'

Jean-Yves Tadié

EDICIONES DEL SUBSUELO


«Por un lado una sola mujer y múltiples libros; por el otro, un solo libro y múltiples amantes», escribe en El lago desconocido Jean-Yves Tadié, el mayor conocedor de Marcel Proust pero también un atento lector de la obra de Sigmund Freud. Proust asocia con esa bella imagen de un lago desconocido todo aquello que escapa a nuestro control y de donde emanan tantas verdades escondidas: el inconsciente. A lo largo de dieciocho breves capítulos, Tadié pasa revista uno tras otro a aquellos temas que ambos trataron casi simultáneamente, a pesar de que nunca llegaran a conocerse: los sueños, la memoria, la infancia, las mujeres, los celos...


«Los dos hombres, de haberse conocido, ¡habrían tenido tantas cosas que decirse! En un género de ilustre y larga tradición se sueña con un diálogo entre los muertos. Con cada tema derivando del anterior, partiendo del sueño hasta llegar a la muerte, nuestra intención ha sido que el uno esclareciera al otro, como si los discursos alternos se fundieran en un único propósito: hay que ser dos para alcanzar la verdad. He intentado comparar dos inteligencias, dos actitudes, dos comportamientos ante los hombres y ante el mundo, ante uno mismo. No pretendo desvelar unos secretos que a fin de cuentas todo el mundo conoce. Como si de los dos términos de la comparación, de los dos polos de la metáfora pudiera, así lo espero, surgir una chispa, una idea, una impresión poética. De este modo, siempre se recordará al uno cuando el otro hable.»

Introducción

El uno vivió treinta y dos años más que el otro, nació quince años antes y murió diecisiete años después. Uno tuvo una familia numerosa; el otro permaneció soltero. Uno apenas se alejó del entorno vienés, tras una estancia en París; el otro, del entorno parisiense. Ninguno de los dos, y hay que subrayarlo porque es una pregunta que se ha planteado a menudo, leyó al otro. Sin embargo, Freud conocía perfectamente el francés y Proust había estudiado alemán en Condorcet. Por su parte, el doctor Adrien Proust, padre de Marcel, asistió a las clases de Charcot en la Salpêtrière, al igual que Freud, quien pertenecía a la misma escuela de pensamiento médico. Se podría por tanto suponer que Freud, como estudiante en París, y Proust, viviendo en su propio país, se habían imbuido de la misma atmósfera científica y médica. En cuanto a la cultura judía, aparece en  Moisés y la religión monoteísta, en las primeras líneas de Presentación autobiográfica (Selbstdarstellung) y en las numerosas citas de En busca del tiempo perdido; ninguno de los dos era creyente: uno deconstruía irónicamente la figura de Moisés convirtiéndolo en egipcio, el otro utilizaba las alusiones bíblicas en tono de burla.

Dos hombres extremadamente cultos, grandes lectores de los clásicos -como todos los innovadores-, ambos amantes del arte, principalmente del italiano; uno de ellos se sentía más atraído por los museos y por los libros de arte, el otro mantenía con el arte, específicamente el estatuario, esa relación tan particular que sólo puede proporcionar una colección privada. Ambos compartían la convicción de que a cada necesidad, a cada deseo, a cada sufrimiento siempre le corresponde un libro. Uno de ellos tuvo a Balzac por maestro; La piel de zapa fue el último libro que Freud releyó antes de morir: «Era justo el libro que necesitaba».

Los dos hombres dirigieron la mirada hacia sí mismos, rompiendo con el pensamiento tradicional: Freud con su autoanálisis (su correspondencia con Fliess nos proporciona un testimonio incomparable, una especie de novela personal elaborada con cartas), y Proust escribiendo, tras unos titubeos que recuerdan a los de Freud, En busca del tiempo perdido, resultado de la misma búsqueda interior. «Desde que he dirigido la mirada hacia mí, cien personajes, mil ideas me reclaman un cuerpo», escribió Proust a Bibesco en 1902.

No pretendemos en absoluto estudiar el recorrido de Proust desde la perspectiva del psicoanálisis, ni mostrar cómo, por ejemplo, no llegó a superar su crisis edípica; este trabajo se llevó a cabo hace ya mucho tiempo. Deseamos más bien comprender la consanguinidad de espíritus; como decía Proust: no es la afinidad de las opiniones lo que acerca, sino la consanguinidad de los espíritus, y a veces de los cuerpos. Proust padecía crisis de asma, Freud se desvaneció durante una discusión, o más exactamente durante su «escena» con Jung. Ambos, Proust y Freud, lucharon durante los últimos veinte años de sus vidas contra una enfermedad que entonces era mortal.  

Partiendo de una intuición central, las dos obras se construyeron lentamente, por etapas conquistadas con enorme esfuerzo: «No hemos dejado de modificarla -escribía Freud-, sometida constantemente a la observación hasta que finalmente adquiriera la forma que nos parecía adecuada a este propósito». Lo mismo ocurre con la Recherche. El tiempo recobrado presenta la obra como una ofensiva militar, una fatiga, una iglesia, un régimen, un obstáculo, una amistad, un niño, un mundo. «La idea de mi obra -declara el Narrador- estaba en mi cabeza, siempre la misma, en perpetuo devenir.»

El lector hallará un inventario de los temas que ambos autores trataron, tan numerosos que sin duda no se han abordado en su totalidad. Los dos hombres, de haberse conocido, ¡habrían tenido tantas cosas que decirse! En un género de ilustre y larga tradición se sueña con un diálogo de los muertos. Con cada tema derivando del anterior, partiendo del sueño hasta llegar a la muerte, nuestra intención ha sido que el uno explicase al otro, como si los discursos alternos se fundieran en un único propósito: hay que ser dos para alcanzar la verdad. He intentado comparar dos inteligencias, dos actitudes, dos comportamientos ante los hombres y ante el mundo, ante uno mismo. No pretendo desvelar unos secretos que, a fin de cuentas, todo el mundo conoce. Como si de los dos términos de la comparación, de los dos polos de la metáfora pudiera surgir, así lo espero, una chispa, una idea, una impresión poética. De este modo siempre se recordará al otro cuando uno de los dos hable.

[Primeras páginas en pdf]


[Etiquetas: Jean-Yves Tadié, Proust, Freud, El lago desconocido, Filosofía, Pensamiento, Narrativa, Investigación]

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