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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 21 de agosto de 2019 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Los pájaros amarillos'
  • Ficha técnica

    Título: Los pájaros amarillos | Autor: Kevin Powers |  Traducción: Jesús Gómez Gutiérrez | Editorial: Sexto Piso | Colección: Narrativa Sexto Piso | Género: Novela | ISBN: 978-84-15601-10-4 | Páginas: 192 | Formato:  15 x 23 cm. |  PVP: 18,00 € | Publicación: 2012
  • Foto de Kevin Powers
  • Biografía

'Los pájaros amarillos'

Kevin Powers

SEXTO PISO

A sus veintiún años, el soldado Bartle es enviado a combatir en la guerra de Irak, junto con un compañero de dieciocho años, el soldado Murphy, de quien se hace cargo desde el comienzo. Narrada a través de los ojos de Bartle, Los pájaros amarillos cuenta de primera mano el sinsentido de una guerra librada bajo un sol feroz, combatiendo a un enemigo ubicuo, en ciudades convertidas en fantasmas. Entre muchas otras cosas, la guerra le roba para siempre a Bartle su presente, ya que vivirá atrapado por los recuerdos terroríficos que lo atormentan, intentando comprender acciones que a la distancia ya no le parecen ni suyas ni de nadie más.

Los pájaros amarillos ha sido comparada a grandes novelas de guerra como las escritas por Ernest Hemingway, Erich Maria Remarque, Norman Mailer y Tim O´Brien. Kevin Powers combina el conocimiento que sólo se adquiere en carne propia con una prosa elegante con descripciones poéticas, que provocan que el lector se transporte al campo de batalla, y viva la guerra de Irak como algo más real que la crónica periodística más cruenta que jamás haya leído. 

«Powers ha escrito una primera novela extraordinaria que ocupa, junto al imperecedero libro de Tim O'Brien sobre Vietnam, Las cosas que llevaban los hombres que lucharon, el lugar de un clásico de la narrativa bélica contemporánea.» Michiko Kakutani, The New York Times

«Kevin Powers tiene algo que decir, algo profundamente conmovedor sobre la debilidad del hombre y la brutalidad de la guerra, y todos deberíamos acercarnos y escuchar.» Benjamin Percy, The New York Times Book Review 

 

1
SEPTIEMBRE DEL AÑO 2004
Al Tafar , provincia de Nínive (Irak ) 

La guerra intentó matarnos en primavera. La hierba verdeaba las llanuras de Nínive, el tiempo se volvía más cálido y nosotros patrullábamos las colinas bajas que estaban más allá de las ciudades y de los pueblos. Avanzábamos por ellas y entre los pastos movidos por la fe, abriendo caminos entre el herbazal azotado por el viento como si fuéramos pioneros. Cuando dormíamos, la guerra frotaba sus mil costillas contra el suelo, rezando; cuando forzábamos el paso hasta la extenuación, los ojos se le ponían en blanco y se quedaban abiertos en la oscuridad y, cuando comíamos, aceleraba sin más alimento que su propia penuria. Hacía el amor, daba a luz y se extendía por el fuego.

     Más tarde, en verano, la guerra intentó matarnos mientras el calor robaba todo el color a las llanuras. El sol se nos metía en la piel y la contienda empujaba a sus ciudadanos al abrigo de los edificios blancos, proyectando una sombra pálida sobre todas las cosas, como si nuestros ojos estuvieran cubiertos por un velo. Intentó matarnos todos los días, pero no lo consiguió. Y no es que nuestra seguridad estuviera predestinada. No estábamos destinados a sobrevivir. En realidad, no lo estábamos en absoluto. La guerra cogería todo lo que pudiera coger. Era paciente. No le preocupaban los objetivos ni las líneas divisorias; le daba igual que te amaran muchos o ninguno. Aquel verano, mientras yo dormía, la guerra se me apareció en sueños y me enseñó su único propósito: seguir adelante; sólo seguir adelante. Y supe que la guerra se saldría con la suya.

     Para el mes de septiembre, la guerra había matado a miles. Sus cuerpos se alineaban en avenidas cicatrizadas a intervalos regulares; se escondían en callejones y aparecían en hinchados apilamientos en las depresiones de las colinas del exterior de las ciudades, con rostros verdes y abombados, alérgicos ahora a la vida. Pero había matado a menos de mil soldados como Murph y yo; una cifra que todavía significaba algo para nosotros cuando comenzó lo que aparentemente fue un otoño. Murph y yo lo habíamos acordado. No queríamos ser el milésimo muerto. Si teníamos que morir después, moriríamos; pero que esa cifra fuera el hito de otro.

[Principio del libro]


[Etiquetas: novela, guerra, Irak]

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