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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 9 de agosto de 2020 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Trasfondo'
  • Ficha técnica

    Título: Trasfono | Autora: Patricia Ratto | Editorial: Adriana Hidalgo | Páginas: 142 | Formato:130 x 200 mm. Rústica | Precio: 14 euros | ISBN: 788492-857661

     

  • Foto de Patricia Ratto
  • Biografía

'Trasfondo'

Patricia Ratto

ADRIANA HIDALGO

 

 

Trasfondo es una ficción basada en una historia real, la de la campaña del submarino ARA San Luis en el conflicto armado de Malvinas, en el año 1982. Treinta cinco hombres, treinta y nueve días de patrulla y ochocientas sesenta y cuatro horas de inmersión en el Atlántico Sur, sin ver el océano ni el cielo ni el sol...

Von Clausewitz decía que una de las grandes exigencias de la guerra es la paciencia, porque durante la mayor parte del tiempo no hay cosa alguna para hacer. Patricia Ratto ha escrito con "Trasfondo" una perfecta novela de guerra. Perfecta en la dosificación de la acción y la inacción, perfecta en la narración de lo más difícil de narrar, que es la espera. "Trasfondo" es una novela de guerra y una novela de espera, contada por los sumergidos en un submarino de combate. Ese submarino funciona como barco fantasma. Sus habitantes, es decir los combatientes, no saben lo que está pasando afuera, no saben lo que está pasando arriba, porque quien está en el lugar de los hechos puede ser el que menos los entiende.

 

 

Comienzo del libro

 

Entonces ese ruido me despierta con un sobresalto, es un rechinar áspero que raspa con rabia contra el casco del barco. Se ve que me he quedado dormido sobre unas lonas en la sala de máquinas y el ruido, que se origina afuera pero lo invade todo aquí adentro, me ha despertado. Se replica el ruido, y ahora también a estribor algo raspa, rasca, arrastra. Estoy solo, no hay nadie a la vista, parece que todos están donde el ruido, o que todos son el ruido, como si el ruido se los hubiera tragado, a ellos, a los otros, no a mí que ahora me incorporo, y estoy bien, y aliso el overol con las palmas de las manos algo engrasadas, me agacho, agarro las lonas, las enrollo y las saco del
medio. Tengo que decir que después de la descompostura de hace unos días me siento mejor, mucho mejor. El ruido sigue, pero el oído se va acostumbrando y empieza a distinguir otros sonidos, otra realidad fuera del ruido: alguien está entrando, alguien que todavía no es más que el golpeteo de unas botas descendiendo
por la escalerilla metálica hasta tocar el piso; me acerco a la puerta de la sala de máquinas y compruebo que ese alguien es ahora un cuerpo que gira y comienza a venir hacia popa, una cara que se va haciendo más definida hasta tomar los rasgos de Soria, un buen chico Soria, con mucha voluntad; otras botas, mientras el ruido
raspa, raspa, raspa, descienden ahora por la escalerilla; entonces Soria se detiene, se da vuelta hacia el que viene detrás, ¿cuándo empezaron?, creo que le pregunta;
hace un rato, contesta el otro con una voz que parece la de Albaredo mientras termina de descender; ¿y con qué los sacan?, continúa preguntando Soria con una
intensidad que trata de sobreponerse al ruido que ruge y retuerce y rompe; con unos chapones, le informa el otro a la vez que ambos avanzan hacia la sala de máquinas; estilo argentino, agrega, buzos con snorkel, chapa y a raspar, a mano nomás, y a pulmón. Rasca, raya, rasguña el ruido. Son unos bichos jodidos los dientes de perro, se incrustan tanto que no salen así nomás, explica Albaredo. Y yo creo que aún no me han visto así que Soria sigue preguntando: ¿y por qué el apuro, si hace años que están? No sé, se apresura a responderle el otro, vino la orden y hay que cumplirla.
Ahora se escucha el repiqueteo de otras botas y otras botas y otras voces y yo me vuelvo a la sala de máquinas y me quedo pensando en los dientes de perro agarrados a la chapa como si fueran la chapa misma, haciendo que el barco pese demasiado, se
ponga lento y pese, pese, y el casco se estropee y no resista toda la presión que tiene que resistir cuando tenga que sumergirse a profundidad, todo porque a alguien se le ocurrió construir ese rompeolas y no previó que, al cambiar la corriente del mar, el casco del submarino iba a llenarse de esos bichos; tampoco se planeó con tiempo llevarlo a dique seco para hacer la limpieza como corresponde, quién sabe por qué se
les habrá dado ahora por... raspa el ruido, raspa hasta el hartazgo, raspa y aturde. Se agarran los dientes de perro, como perros rabiosos a la carne viva, como el ruido a mis oídos, muerde, muerde, restalla. Muerde.

[Primeras páginas del libro]


[Etiquetas: Novela, Las Malvinas]

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