PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 27 de mayo de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Crónicas de Nueva York'
  • Ficha técnica

    Título: Crónicas de Nueva york | Autora: Maeve Brennan |Editorial: Ediciones Alfabia | ISBN: 978-84-938909-2-6 |Pág: 336 | P.V.P 21,50 euros | Formato: rústica 20 x 13 cm
  • Foto de Maeve Brennan
  • Biografía

'Crónicas de Nueva York'

Maeve Brennan

EDICIONES ALFABIA

 

En Crónicas de Nueva York, Maeve Brennan nos ofrece certeras y evocadoras viñetas de la vida neoyorquina en los 50 y los 60, revelando al lector las mil caras fugaces de esta fascinante ciudad, todas las pequeñas historias sin nombre que palpitan en su seno, las pequeñas alegrías y tragedias que transitan sus calles y que ella, no en vano admirada por escritores como John Updike o Alice Munro, supo captar como nadie.

 

"Devolvió el Nueva York real a The New Yorker (...) constantemente alerta, con el ojo agudo de un gorrión para ver las migajas del evento humano, lo que ape­nas se oye y lo que se atisba y adivina, el entretenimiento más económico para el solitario urbano".  

John Updike 

 

 EN EL TREN A

Anoche no quedaban asientos libres en el tren A, pero conseguí un buen trozo de poste al que agarrarme en el extremo de uno de esos asientos y me puse a leer la columna de belleza del Journal-American, que un pasajero sostenía frente a sí. De pronto sentí un golpecito en el brazo, bajé los ojos y vi un hombre que empezaba a levantarse.

-¿Quiere sentarse? -me dijo.

Y yo le respondí lo primero que me vino a la mente, tan sorprendida y complacida estaba de que me ofrecieran un asiento en el metro.
 
-Oh, muchas gracias -dije-, pero bajo en la siguiente parada.
 
Él volvió a sentarse y eso fue todo, pero yo sentí que todo tenía una razón. Me puse a pensar en que debía de ser un hombre encantador y me pregunté cómo sería su mujer y en la suerte que ella tendría con un marido tan educado, cuando de pronto me di cuenta de que no tenía que bajar en la siguiente parada sino en la otra, y me sentí espantosamente mal. Decidí bajar en la próxima igualmente, pero luego pensé que si bajaba y esperaba al siguiente tren perdería el autobús y solo pasan cada hora, así que sería una estupidez. Decidí negar la evidencia lo mejor que pude y cuando
el tren aminoró la marcha al llegar a la siguiente estación, miré fijamente a aquel hombre hasta captar su mirada y le dije: «Acabo de acordarme de que esta no es mi parada». Entonces pensé que él creería que pretendía que se levantase y me cediera el asiento y dije: «Pero no quiero sentarme, porque bajo en la siguiente». Y con mi expresión intenté transmitirle que todo aquello me parecía divertido, y él sonrió, más o menos, y asintió y levantó su sombrero, volvió a ponérselo y apartó la vista. Era uno de esos hombres pequeños, cabizbajos o melancólicos que siempre miran a lo lejos al
acabar de decir lo que sea, cuando hablan. Me sentí orgullosa de mi resolución por no haber flaqueado y bajado del tren antes de tiempo, arriesgándome a perder mi autobús solo por temor a una situación algo embarazosa, pero justo cuando el tren cerraba sus puertas miré y ahí estaba, la calle Ciento sesenta y ocho.

[Páginas del libro]


[Etiquetas: Crónicas, Nueva York]

Compartir:

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2017 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres