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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 15 de diciembre de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Ninguno es mi nombre'
  • Ficha técnica

    Título: Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero | Autor: Eduardo Gil Bera | Editorial: Pre-Textos | Colección: Textos y pretextos | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-92913-63-3| Páginas: 208 | Formato:  21 x 14 cm.| Encuadernación: Rústica |  PVP: 18,00 € | Publicación: Enero de 2012
  • Foto de Eduardo Gil Bera
  • Biografía

'Ninguno es mi nombre'

Eduardo Gil Bera

PRE-TEXTOS

Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero resuelve la cuestión homérica, y establece por primera vez la autoría y fecha de composición de la Ilíada, la Odisea y las obras de la épica griega antigua. Revisada la biografía de Tales de Creta, poeta y legislador que impuso en Mileto el régimen de tiranía, descubre que fue el promotor de los homéridas, y acredita que el propio Tales publicó un panfleto donde revela ser el poeta de la Odisea y hace saber que Homero, autor de la Ilíada, se llamó así porque su padre, rey de Pafos y sumo sacerdote de Afrodita, fue entregado como rehén por los chipriotas al rey Midas.

 

¿QUÉ FUE DE HOMERO? ¿QUIÉN ESCRIBIÓ LA ODISEA?  

   Las preguntas me parecían bien. Para que tuvieran alguna posiblidad de respuesta, había que leer la Ilíada y la Odisea como si aún no se hubiesen entendido. De otra manera, en caso de seguir la lectura establecida, eran dos cuestiones irrelevantes o irresolubles, que no es lo mismo, pero es igual.

   Lo primero que llama la atención en los dos poemas es su forma nunca vista de venir al mundo. La Ilíada y la Odisea aparecen juntas y de repente. Y las dos adquieren, en muy poco tiempo, un prestigio enorme. Poco antes del año 600 a. C., son conocidas y celebradas del uno al otro confín del mar Egeo. Es imposible que un fenómeno tan extraordinario fuera consecuencia de la calidad de los poemas. Tuvo que pasar algo más. Claro que pasó. Fueron los homéridas, dice la historia. Eran unos señores que andaban por las ciudades jonias, con sus rollos papiráceos y sus bellas voces cantoras, jactándose de poseer el monopolio y la herencia de Homero.

   Eso lo aclara todo. Si antes teníamos un hecho inexplicable, ahora tenemos unos pocos centenares. Porque es lo más natural del mundo que cientos de rapsodas se pongan en función a la vez, en islas y ciudades muy distantes entre sí, provistos de buenas copias de la Ilíada y la Odisea, y las reciten famosamente durante toda una generación.

   ¿Quién pudo tener el poder y el saber necesarios para promover esa empresa hacia la última década del siglo VII a. C.? Ese desconocido fue el primer editor de la Ilíada y la Odisea. 

   Pero mayor prodigio que esa promoción inaudita es la existencia de dos autores, no ya fuera de serie, sino de otra casta, capaces de prepararse como portentosos atletas de la escritura para alcanzar cumbres como la Ilíada y la Odisea. Porque nadie hace obras maestras sin dotes inusuales y adiestramiento desde niño. Del mismo modo que suponemos excepcionales facultades en Mozart y Beethoven, pero sabemos que fue imprescindible un laborioso estudio bajo la dirección de padres y maestros muy exigentes.

[Páginas del libro]


[Etiquetas: ensayo, Homero, Ilíada, Odisea]

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