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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 21 de noviembre de 2017 suscribirse a novedades

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www.elboomeran.com | 13/11/2017

CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA

La intimidad vulnerada

En este artículo de la revista Claves de Razón Practica nº 254 el profesor de historia del arte de la Universidad de Granada, Gabriel Cabello comenta la exposición "Piedad y terror. El camino a Guernica", que organizó el Centro de Arte Reina Sofía para celebrar el ochenta aniversario de la realización del Guernica. El autor indica que una de las tesis de la exposición es que a pesar de todos sus procedimientos formales, de la ubicuidad de la sinécdoque, de las transparencias geométricas, del simultaneísmo y de la ruptura del espacio en perspectiva, el cubismo se aferraba a un mundo propio del siglo XIX: el de la intimidad. Otro de los temas planteados es el de la conversión , mediante la vulnerabilidad, de la monstruosidad en tragedia.     
 
[Comienzo del artículo]
 
Conviene empezar treinta y seis años antes, cuando La habitación azul (1901) aún mostraba con claridad el mundo de la intimidad decimonónica. Hay en ese lienzo un desnudo. Es decir, no un retrato de la señora X sin ropa, sino algo que el espectador pudiera “pensar” como un desnudo, tal lo dirá tiempo después a André Malraux un Picasso para quien, “en el fondo, no hay más que el amor” –lo que sea que quiera decir esta palabra. Casi en el centro del cuadro, de ese teatro imaginario que reconstruye una habitación, hay un cuerpo humano que se exhibe en su cuidada fragilidad, una mujer que toma un baño. Y, sin embargo, esa tenue figura está rodeada, arropada por una ternura que se extiende por toda la superficie del lienzo hasta inundarlo por completo: que impregna al azul que domina la tela sin despotismo, sin someterla a los excesos melancólicos comunes en el Picasso de este periodo; que impregna a los detalles y objetos del cuarto (las discretas vistas desde la ventana entreabierta, el pequeño paisaje colgado del muro, la escueta mesa, la cama que retiene algo de calor corporal…); que impregna, en definitiva, al espacio mismo. Aunque por la habitación circule el aire que entra por la ventana, ese espacio es contenido y cerrado. Tan palpable, tan opaco y plagado de texturas y, en definitiva, tan lleno, como en efecto sugiere la sábana caída: sobre una alfombra que parece fugarse hacia el fondo, ella parece en cambio solicitar que se la toque. El espacio, tangible y delicado, es todo una extensión de ese cuerpo frágil cuyo desnudo (“nude”) no está en el fondo constituido por su ausencia de vestido (“nakedness”), sino justamente por el hecho de esa expansión, tejida como una piel superpuesta a los objetos por la pintura misma –que es, en realidad, la pintura–, capaz de transformar ese espacio tan pacientemente construido, y tan fácil de destruir, en deseable. 

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