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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

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www.elboomeran.com | 18/9/2017

CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA

Robert Altman, la libertad tras la cámara


 Alberto Úbeda-Portugués escribe esta semblanza sobre el cineasta Robert Altman en la revista Claves de Razón Práctica nº 253. Recorre toda su filmografía analizando los temas principales que ha tocado, la estética y los mensaje que quiso legar en cada una de sus obras. Una década despúes de la desaparición del gran cineasta nacido en Kansas City (Misuri) en 1925, el cine se sigue sintiendo huérfano de su mirada humanista y tenazmente crítica, de las rotundas y libertarias películas que realizó a lo largo de su carrera. 
 
[Comienzo del artículo]
 
Robert Altman rodó su primer filme en 1957, Los delincuentes (The Delinquents), un eficaz drama juvenil que seguía la fértil estela de películas de la misma temática como Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause; Nicholas Ray, 1955), pero no tuvo, tras unos años realizando episodios televisivos de La hora de Alfred Hitchcock o Bonanza, oportunidad de desarrollar sus ambiciones estéticas e ideológicas hasta M.A.S.H. (1970), un alegato cómicamente antibelicista ambientado en la guerra de Corea que caló muy hondo en un tiempo en el que la contestación al conflicto de Vietnam incendiaba las calles de Estados Unidos. De todo se burlaban los irreverentes médicos de un hospital de campaña que protagonizaban la despiadada cinta de Altman, de la jerarquía, del honor, de la religión, de los que creían que aquella incursión militar, como la de Vietnam, tenía la misma justificación ética que la lucha contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Espoleado por su éxito, Altman se alineó en la corriente desmitificadora de géneros que ya había comenzando en los 60 y ofreció con Los vividores (McCabe and Mrs. Miller, 1971) un western atípico, desencantado, sin el menor asomo de épica en el
que una pareja de truhanes que regentaban el negocio de la prostitución en una población minera se enfrentaban desigualmente a unos sicarios mafiosos que tenían de su lado la ley inapelable de las armas. Nuestras simpatías se decantaban, claro, por el eslabón más débil, por la ternura y la derrota -la inmensa derrota del Oeste como tierra de promisión- que emanaban de los personajes principales encarnados por Warren Beatty y Julie Christie. 

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