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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

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www.elboomeran.com | 31/8/2017

REVISTA DOSSIER

La muerte de Federico García Lorca


En este artículo de la revista Dossier nº 34, Gabriele Morelli habla sobre los ochenta años de la muerte de Federico García Lorca, de su asesinato, y de sus verdades y misterios, sus luces y sombras. Gabriele Morelli es conocido internacionalmente por su profundo interés por García Lorca: por su obra, su vida, su figura, por todo lo que Lorca era y es, por lo que representaba para su generación, para la poesía, para España y para el mundo. Morelli se refiere a los hechos tal cual parecieron ocurrir. García Lorca muere -mejor dicho es asesinado- en julio de 1936, mismo año y mismo mes en el que comienza la guerra civil española. Muy poco o casi nada se sabe de lo que ahí pasó. Se especula mucho, como ocurre siempre con estas cosas, pero las certezas son muy pocas. Quizás ese misterio en torno al fin del poeta haya contribuido a la creación del mito.  
 
[Comienzo del artículo]
 
 En Madrid, durante la primavera de 1936, la confrontación ideológica llega a un ápice y la situación política empeora. A partir de entonces viene un momento de incertidumbre y de gran convulsión social. El poeta siente pánico, según lo relata Juan Gil-Albert, quien ve a Federico por última vez en la capital en compañía de Martínez Nadal. En ese estado deja este recado para sus amistades: «Voy a Granada, venga lo que Dios quiera». Nadal, su amigo, describe cómo García Lorca entra repentinamente a la casa de la calle Alcalá a preparar su equipaje. Al salir de su departamento le entrega un paquete con las siguientes instrucciones: «Toma. Guárdame esto.

Si me pasara algo lo destruyes todo. Si no, ya tú me lo darás cuando nos veamos». El paquete contenía el manuscrito de la obra de teatro El público. A continuación, sigue el relato de Nadal, un corto viaje en taxi a la estación de Atocha, a tiempo para coger el tren. Ya sentado en el tren Lorca ve en el andén a un diputado por Granada. «Qué mala suerte y qué mala persona», alcanza a decirle a su amigo. Este nerviosamente le responde desde el andén que se guarde apenas cierren las cortinas del coche-cama. No quieren ser vistos ni hablar con «la bestia». Todavía recuerda Martínez Nadal: «Nos dimos un rápido abrazo y por primera vez dejaba yo a Federico en un tren sin esperar la partida, sin reir ni bromear hasta el último instante».

 

[ARTÍCULO COMPLETO EN PDF]

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