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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 11 de diciembre de 2017 suscribirse a novedades

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www.elboomeran.com | 06/4/2017

REVISTA LA GACETA

Hubo alguno una vez

En este artículo de la revista La Gaceta, Mauricio Electorat realiza una semblanza del poeta chileno Gonzalo Rojas, a quien tuvo el privilegio de conocer y con el que tuvo una relación muy cercana. Electorat reivindica la figura de gran profesor y maestro, aquel que sabe dialogar, escuchar. Describe al poeta chileno como un gran formador, incitador de conciencias estéticas y políticas, un hombre de letras y también de justicia. Para Electorat la obra de Rojas es una "obra abierta", se lee en su poesía pero también en su actitud.

[Comienzo del artículo]

Una tarde de verano del año de 1984, lamentablemente ya remoto, me encontré con Gonzalo Rojas por primera vez. Digo por primera vez porque tuve la fortuna de estar con él muchas veces en mi vida y la fortuna aun mayor de corresponder con él desde bastante antes de ese primer encuentro, o sea, visto con la perspectiva de los años, podría decir ahora, desde siempre. Conocí a Gonzalo Rojas por escrito, primero leyéndolo, claro, cuando, adolescente aún, di en alguna parte con un viejo ejemplar de Contra  la muerte. Lo leí con dos poetas que fueron fundamentales en mis años de formación: Apollinaire y Saint-John Perse. A Apollinaire y a Saint-John Perse no los leo hace mucho, pero a Gonzalo Rojas lo leo y lo releo hasta el día de hoy.

En fin, esa tarde me estaba esperando en la estación de Chillán y lo primero que hizo fue llevarme a dar una vuelta por la Plaza de Armas. Y allí se puso a recitar a Virgilio. En latín. Yo nunca había estado en Chillán y nunca había escuchado a alguien recitar en latín. Y no miento si digo que, hasta el día de hoy, no he vuelto a encontrarme con nadie que sea capaz de recitar a Virgilio en latín... ni en Chillán, ni en cualquier otra parte del vasto mundo. Yo era por aquel entonces, como dice García Márquez, joven, feliz e indocumentado, pero a pesar de esas carencias, recuerdo que tuve una conciencia nítida de estar viviendo un momento excepcional. Ese señor que, de no haber sabido uno quién era, podría habernos parecido un notable de provincias -el rector del liceo, el presidente de la corte de apelaciones- pasaba de Virgilio a Horacio y de Horacio a Heidegger y de Heidegger a Breton y de Breton a Mao y de Mao a Octavio Paz con la naturalidad de quien está leyendo una receta de cocina.

[ARTÍCULO COMPLETO EN PDF]

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