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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 26 de julio de 2017 suscribirse a novedades

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www.elboomeran.com | 27/2/2017

CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA

El retorno de la diosa razón

Salvador Giner escribe para la revista Claves de Razón Práctica nº 250 este artículo donde analiza la aparición de una comunidad de activistas del ateísmo cuyo brío y fe laica les ha conducido a constituirse poco menos que en un movimiento cultural. Sustancialmente, el neoateísmo sufre de la contradicción de haberse constituido con características de cruzada, militancia y fervor ideológico que son más propias de la fe religiosa que aborrecen.

[Comienzo del artículo]

El racionalismo vuelve por sus fueros. El anunciado fallecimiento de la razón, víctima de la irracionalidad de la especie humana y la del mundo moderno, no acabó con su terca presencia en la cultura de nuestro tiempo. Cuando se produjo el anuncio del óbito, en las postrimerías del siglo XIX, ya se había iniciado el contraataque por parte de los siempre briosos creyentes en la razón humana, los científicos y sus aliados, los humanistas racionalistas. Éstos eran los herederos, convictos y confesos, de aquéllos ilustrados militantes del siglo anterior, el XVIII, que se habían inventado una diosa, la de la razón, y se habían puesto con presteza a rendirle culto público. A ella y, cómo no, al Ser Supremo.

Éste, siempre inasequible al desaliento, pasados los sustos revolucionarios, y vueltas las aguas a su cauce, pronto volvería también por sus divinos fueros. Cualquier europeo medianamente culto conoce esta melodramática historia, que le fue contada por vez primera en la escuela. Algunos tienen también nociones bastante fidedignas de doctrinas posteriores al revolucionario invento de la Diosa Razón. Según ellas, la celestial dama había fenecido posteriormente. Eran argumentos que aspiraban a elaborar una explicación convincente de esa divina defunción. Una de las más conocidas es la de Friedrich Nietzsche, que habló de ella con su acostumbrada vehemencia, y la extendió a la de toda la Divinidad. No obstante el primer luctuoso anuncio de un Dios fenecido se debe a un pensador anterior, Artur Schopenhauer, de quien Nietzsche fue tan deudor. Pasarían sólo unos lustros cuando, tanto Darwin como sus seguidores, volvieron a la carga, esta vez armados de argumentos de científico talante. Según ellos a la idea de Dios se había llegado por evolución de la raza humana, mientras que Él mismo, por su parte, no sólo no existía sino que tampoco hacía falta para que funcionara el cosmos. Y encima, sin propósito alguno.

[ARTÍCULO COMPLETO EN PDF]

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