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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 25 de junio de 2017 suscribirse a novedades

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www.elboomeran.com | 08/10/2015

REVISTA GRANTA

Signor Hoffman

En este artículo de la revista Granta, nº 2 de su nueva época, Eduardo Halfon relata un viaje que hizo a Italia para participar del Día de la Memoria del Holocausto celebrada en el Campo de Concentración italiano Ferramonti di Tarsia. Allí el director del campo lo presenta ante el público como Il signor Hoffman, hecho que parece sin importancia, aunque luego se entera que a esa misma hora pero en Nueva York moría Seymour Hoffman. En este relato, que forma parte de su libro "Signor Hoffman" (2015) Eduardo Halfon juega con la superposición de tiempos, lugares, muertes y vidas pasadas y presentes, para crear un ambiente etéreo, casi onírico. 

[Comienzo del fragmento]

Ferramonti di Tarsia, decía en un pequeño rótulo amarillo. Ex Campo di Concentramento. Fondazione. Museo Internazionale Della Memoria. Y encima de todo, como emblema o logotipo de todo en el rótulo amarillo, una linda espiral de alambre de púas. Un señor de pelo blanco fumaba de pie en el portón de ingreso. Sólo me observó mientras yo salía del viejo Fiat y caminaba con Fausto hacia él. Parecía desesperado. Casi enfadado o molesto por algo. En eso lanzó su colilla con fuerza en mi dirección, acaso directo hacia mí. Herr direktor, supuse.

Fausto nos presentó. Su apellido era Panebianco. Todos le decían así, Panebianco. Estaba vestido como de luto, con abrigo negro y camisa blanca y corbata negra. Llevaba puesto un gorro también negro, típico siciliano, llamado coppola. Yo le dije que mucho gusto y le estreché la mano, pero Panebianco, diciéndole algo a Fausto que no entendí, pareció no verla frente a él, y sólo continuó hablando. No supe qué hacer. Mi mano seguía ahí, entre nosotros, olvidada en el aire. De repente llegó caminando una chica de pelo negro muy corto, y grandes ojos negros, y botines negros, y medias negras, y abrigo negro, y se paró justo detrás del director. Su hija, quizá. También de luto, quizá. Panebianco por fi n paró de hablar y bajó la mirada y me dio el apretón de manos más débil de mi vida. Dice el director que llega usted tarde, me dijo Fausto como si fuese mi culpa. Dice también que la gente está arribando, ahora mismo. Panebianco volvió a decirle algo a Fausto que no entendí, y supuse entonces que le estaba hablando en dialecto. Yo sabía un poco sobre los tantos dialectos que aún se usan por toda Calabria, decenas de dialectos, algunos de los cuales, de hecho, apenas se comprenden entre sí. Dice el director que podemos esperar unos minutos más, me dijo Fausto, para que usted, signor Halfon, conozca un poco el campo de concentración antes de empezar.

[FRAGMENTO DEL ARTÍCULO EN PDF]

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