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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

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www.elboomeran.com | 30/7/2015

REVISTA GRANTA

Breve historia de la muerte

En este artículo de la revista Granta nº 2  el escritor israelí Nir Baram describe un momento de su infancia marcado por la idea de la muerte, la enfermedad y sus primeros relatos. Escrita originalmente en hebreo, y traducida por Gerardo Lewin, esta remembranza nos habla del recuerdo y la memoria. En un intento por comprender la muerte, Baram comienza un diario que titula "Breve historia de la muerte", donde influenciado por la enfermedad de su madre, la figura misteriosa de su abuela y su capacidad creativa, lo que consigue es mentir, relatar los hechos ficcionados, alterados, no ser fiel a la memoria, a la realidad. Sin embargo, ese diario puede ser el origen de su vocación de escritor.

[Comienzo del artículo]

Por las noches rondaba por los oscuros pasillos de la casa y me detenía frente al cuarto de mis padres. Permanecía allí, reclinado frente a la puerta, contemplando por el ojo de la cerradura la breve figura de mi madre, acurrucada en el lado derecho de la cama. Sucuerpo aparecía cubierto por pesadas sábanas y su cabeza desaparecía entre ellas. La miseria se desplomó sobre mi madre cuando su cuerpo se abandonó en manos de la enfermedad. Una y otra vez mantuvo conversaciones con el destino, pidió aclaraciones (es que jamás le he causado daño a nadie, argumentaba), citando de los salmos aquel versículo que solíamos murmurar cada año, en los responsos por Sara, su madre: «Príncipes me persiguen sin causa».(1)

El último año de la enfermedad, en un mediodía de julio, paseábamos por los cementerios buscando la tumba de mi abuela Sara. Año tras año repetíamos la búsqueda: «parcela C, cuarta fila», afirmaba mi padre; cuya memoria es su principal fuente de orgullo. «No, es allá arriba, junto a la lápida negra», susurraba cansado mi tío; mientras se secaba el sudor del labio. En un determinado momento todos consultaban a Ran, mi hermano mayor, conocida la perfección de su memoria; el cual atesoraba toda nuestra historia en su cerebro. Pero esta vez se quedó mudo, pues su memoria fallaba en cuanto se refería a los lugares: siempre se extraviaba conduciendo su automóvil por Jerusalén.

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(1). Salmos 119, 161. Versión Reina- Valera 1960.

[ARTÍCULO COMPLETO EN PDF]

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