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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

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Novedades

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Javier García Sánchez (Uly Martín/El País).

www.elboomeran.com | 03/7/2008

Revista Eñe

El cocido de la suegra, de Javier García Sánchez

Se publica aquí del volumen de la revista Eñe dedicado a la cocina en otoño de 2005, un relato de Javier García Sánchez, uno de los nombres importantes de la actual narrativa española alrededor de este "universo".

Comienza así: "No se puede ir por la vida atacado. Y Gustavo lo hace, aunque la mayor parte de quienes le conocen apenas se den cuenta de tal circunstancia (...). Pero a partir de ahora todo será distinto, porque en la vida siempre hay un antes y un después, incluso para los histéricos que saben disimular, como él. Sencillamente, luego de un largo y desagradable periplo emocional y una no menos agotadora época en la que se sintió devorado por las dudas, ahora ya es después, ya empieza a serlo. Ha decidido poner en orden la cocina, que durante varios años más parecía un campo de batalla después de la batalla o un estercolero".

En apenas una decena de páginas el autor de ‘Ella, Drácula' o ‘Dios se ha ido', nos revela algunas de las máximas que, muchas veces, se cumplen entre uno y su suegra yendo más allá de los tópicos y provocando la sonrisa -una sonrisa que termina por congelarse-. Nuestro protagonista, Gustavo, queda viudo y al cargo de la anciana madre de su difunta mujer, "a la que no le faltaba de nada Parkinson, Alzheimer, esquizofrenia, bipolaridad crónica, mala leche y, sobre todo, lo que ha sido motivo de constante mortificación para Gustavo, algo que los médicos calificaron en su momento como cinesia paradójica, y que se traduce en que a veces no parecía capaz de hacer ciertas cosas, como levantarse ella solita de una silla, o siquiera coger el tenedor, mientras que en otras lo efectuaba a la perfección, con una rapidez y eficacia inusitadas". Y es un fánatico del cocido que le preparaba su suegra. "Tras el último intento que hizo Gustavo para que su suegra preparase uno de sus exquisitos cocidos, y pese a haberle comprado los ingredientes necesarios para ello, la mujer se dedicó a plantar hojas de col en sendas macetas mientras le largaba a los susodichos vegetales unos monólogos de impresión. Como un cencerro, así estaba".

Jamás consiguió que entrase en la cocina para preparárselo y sus nervios, que resistían por la promesa que le hizo a su mujer antes de morir, estaban casi permanentemente a punto de estallar y las discusiones entre ambos se sucedían. "... De ese modo la veía, como una piraña con forma de persona. O más bien, como un caimán directamente traído del Amazonas, pero disfrazado de ancianita gruñona y tocacojones, pues eso es lo que era". No vamos a desvelar más, salvo que finalmente acabó cocinando el deseado plato. "Ahora, sin embargo, y ya alcanzado el límite físico y mental de su maltrecha paciencia, se complacía interiormente con la decisión tomada de ponerse manos a la obra él mismo. Le costó lo indecible hacerlo, pero ahí estaba, casi ultimado. Y lo que más regocijo le causaba era, precisamente, la idea de que iba a zampárselo él solito, pues un plato así no puede compartirse con nadie".

 

[Etiquetas: Narrativa]

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