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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

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Antonio Muñoz Molina (Miguel Gener/El País)

www.elboomeran.com | 30/4/2008

Revista Eñe

Diario de Antonio Muñoz Molina

El 25 de julio de 2005, en Madrid, comienza el ‘Diario de Eñe' de Antonio Muñoz Molina. Ese día el escritor y académico escribe: "La novela que estoy escribiendo me hace recordar las efemérides que punteaban el tiempo en mi infancia". Las anotaciones que recoge la revista Eñe concluyen el 11 de noviembre de ese mismo año en Nueva York, con estas palabras: "Leyendo los periódicos españoles estos días parece que las obras no cuentan nada ni importan a nadie, que sólo tiene crédito público el griterío y el insulto. Pereza de volver".

Entre ambas fechas, Muñoz Molina desvela cómo aborda la escritura de un nuevo libro. "Hoy vuelve el miedo, aunque tengo borradores adelantados, puntos de fuga que será valioso explorar. Lograr un artificio a la vez cerrado y flexible, que tenga unos cuantos límites temporales y espaciales muy claros y sin embargo admita la máxima libertad", comenta.

También incluye este autorretrato provisional: "Un hombre que aspira a ser justo, sentado al fresco de su jardín, una mañana de verano, con un perro a sus pies. La serenidad procede del bienestar de los suyos, de su amor correspondido, de su salud aceptable y de su moderada solvencia económica. También del hecho de que se dedica a un trabajo que le gusta mucho y por el que obtiene un razonable reconocimiento, si bien no se obsesiona con él ni está dispuesto a sacrificarle los otros dones de su vida".

Imagen de la revistaMuñoz Molina plasma en este diario no sólo lo que sucede puertas adentro. Entre anotaciones sobre lecturas, hechos cotidianos y reflexiones literarias, escribe sobre el huracán Katrina -"Hay desgracias cuya magnitud uno no sabe calibrar, menos por falta de imaginación que por mezquindad de espíritu"- poco después de relatar este sueño: "Estoy mirando hacia el interior de la cocina de nuestra casa de Madrid, desde el jardín, y mi madre está haciendo algo en el fregadero, y a su lado está mi padre, bastante joven, conversando con ella, como tantas veces que volvía de hacer la compra y le ayudaba en la cocina. La melancolía y la dulzura permanecen cuando vuelvo a dormirme. Es un regalo del sueño, ver a mi padre en esa casa que él no llegó a conocer, y que le habría gustado tanto. Una corrección piadosa del pasado".

Estas memorables páginas demuestran que Muñoz Molina, como bien saben sus lectores, no sólo es un excepcional novelista sino también un sagaz cronista de nuestro tiempo. "El silencio hosco del metro está poblado de palabras que no oye nadie, de músicas que permanecen tan secretas como los pensamientos de cada uno. Palabras: las de los periódicos gratuitos y las de los anuncios en las paredes del vagón, las que algún trastornado murmura en voz baja, las de las canciones que escucha la gente por los auriculares de los iPods. Auriculares blancos, delgados cables blancos: más que para escuchar música, para lo que sirve el iPod es para satisfacer la pasión neoyorquina por el aislamiento físico en medio de la gente. La mirada perdida, para no cruzarla con los que están tan cerca, el cuerpo muy erguido, a la defensiva, retráctil ante cualquier roce, la mano que sujeta una barra metálica y que procura no rozar otras manos. Y ahora el iPod para perderse en un remoto paisaje sonoro, como esos paisajes de playas tropicales que se ven en los anuncios durante lo más crudo del invierno".

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[Etiquetas: diario, literatura, Nueva York]

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