
Ilustración de Carmen Juliá.
www.elboomeran.com | 18/3/2008
Claves de la Razón Práctica nº180
La política de Dios
"El ocaso de los ídolos se ha postergado. Durante más de dos siglos, desde las revoluciones americana y francesa hasta el derrumbe del comunismo soviético, la política mundial estuvo girando en torno a problemas eminentemente políticos. La guerra y la revolución, la justicia social y de clases, la identidad racial y nacional: ésas eran las cuestiones que nos dividían. Hoy hemos progresado hasta un punto donde nuestros problemas vuelven a parecerse a los del siglo XVI, pues nos vemos enredados en conflictos sobre creencias que rivalizan entre sí, sobre pureza dogmática y sobre deberes divinos", señala Mark Lilla en las páginas de la revista Claves, que recogen un ensayo adaptado de su libro The Stillborn God: Religion, Politics and the Modern West, publicado en 2007.
Lilla explica que numerosos pensadores musulmanes en todo el mundo han empezado a promover un islamismo "liberal", acorde a las exigencias de la vida moderna, más amable en el tratamiento de las mujeres y de los niños, más tolerante con las otras religiones y más abierto a la disensión. Pero al mismo tiempo señala: "Cuanto más se retoca una fe bíblica para adaptarla a las necesidades de la época, menos motivos ofrece a sus creyentes para aferrarse a esa fe en tiempos difíciles, cuando los autoproclamados guardianes de la pureza teológica ofrecen esperanzas más radicales. Y lo que es peor: cuando se utiliza una fe de esas características para santificar una determinada forma de vida política -incluso una forma tan atractiva como la democracia liberal- dicha fe será percibida como colaboradora de la injusticia cuando el sistema político fracase.
Y al final de su artículo ofrece una conclusión en la que merece la pena detenerse: "Hemos apostado por el principio de que es más sensato mantener a raya las fuerzas que desatan las promesas mesiánicas de la Biblia que intentar explotarlas para el bien común. Hemos elegido que nuestra política no esté iluminada por la revelación divina. Lo único que tenemos es nuestra propia lucidez, que hemos de ejercer en un mundo donde la fe sigue inflamando las mentes de la gente".
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