En los últimos días de 1967, un semidesconocido poeta canadiense que había viajado y escrito por medio mundo y que era demasiado viejo para el rock’n’roll –y también para una muerte de rock’n’roll, como dejó claro la “generación del 27”: su ocasional amante Janis, su antónimo Jim Morrison– editó casi en el anonimato y acompañando su melancólica voz por apenas una guitarra su primer álbum,
Songs of Leonard Cohen. Artículo de Darío Vico publicado en la revista
Rolling Stone.