
David Hume. Ilustración de Loredano.
elboomeran.com | 31/1/2008
Claves de la Razón Práctica nº179
David Hume/Adam Smith: Dos testimonios trágicos
Danubio Torres Fierro recoge y traduce en estas páginas una breve autobiografía que David Hume escribió en abril de 1776, y la complementa con una carta que redactó su compañero de aventura intelectual Adam Smith en noviembre de aquel mismo año, en los días previos a la muerte de aquel philosophe maudit.
En la presentación, que abre con el epitafio del propio Hume -"Nació en 1711. Murió en 1776. Deja a la humanidad que añada el resto" -, el autor describe al filósofo escocés como un hombre atrevido y precoz, que impuso el ensayo corto y la narración histórica como forma de exponer su pensamiento y convirtió la conciencia en asunto de estudio científico.
A continuación rescatamos algunos pasajes de su testimonio personal: "Descubrí una aversión irremontable a todo lo que no fuera el estudio de la filosofía y del conocimiento. Mientras mis familiares estaban convencidos de que me dedicaba al estudio de los doctos legalistas Voet y Vinnius, yo devoraba secretamente a Cicerón y a Virgilio".
"A mi regreso de Italia, mucho me mortificó encontrar a Inglaterra bajo los influjos de la investigación acerca de los poderes milagrosos de la Iglesia primitiva del doctor Middleton, mientras que mi trabajo era puntualmente ignorado. Una nueva edición de mis Ensayos, morales y políticos, no gozó de mejor recibimiento. Tal es la fuerza del carácter, que esas desilusiones reiteradas no lograron abatirme".
"Mi amistad no fue rechazada ni por los jóvenes y los rebeldes ni por los estudiosos y los conservadores. Si experimenté una curiosa atracción por las mujeres humildes, no tengo razones para sentirme decepcionado con el recibimiento que ellas me proporcionaron (...). Nunca la calumnia me tocó, con su maligna voz, como lo hizo infortunadamente con otros hombres".
"Lo que sigue son extractos de la carta de su amigo y también filósofo Adam Smith, palabras que vuelven aún más grave y crepuscular el texto de Hume: "(...) Luego de su regreso a Edimburgo, aunque más débil pero no abatido, continuó distrayéndose como de costumbre: corregía sus escritos para una nueva edición, leía para entretenerse y frecuentaba la conversación de sus amistades para divertirse; y a veces, en las tardes, jugaba una partida de whist, su pasatiempo favorito".
"Hasta en sus momentos de incierta fortuna, su notable y congénita frugalidad le permitió ejercer, en las ocasiones que así lo requerían, actos caritativos y generosos. Era la suya una frugalidad basada no en la avaricia, sino en la pasión por la independencia. La larga cortesía de su naturaleza nunca debilitó la firmeza ni de sus ideas ni de sus decisiones. (...) Sobre todo, le consideré siempre, en vida y ahora a partir de su muerte, como alguien que se acercaba más y más a la idea de un hombre de rara y virtuosa perfección, una perfección con que la naturaleza humana pocas veces premia".
[Etiquetas: filosofía]
[Imprimir]
[Enviar a un amigo]
Compartir:
Claves de la Razón Práctica
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres