El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 16 de mayo de 2008

Creo que estamos de acuerdo en que el bar aborrece las atmósferas envolventes y las florituras porque ahí se va a lo que se va, a tomarse el vino con la tapa a codazos con otros parroquianos pongamos un domingo al mediodía. De todos modos Madrid ha ido perdiendo ese realismo del pulpo pintado en el cristal, y en los restaurantes van desapareciendo los escaparates con el cochinillo mirando a los transeúntes y el chuletón tal cual ha sido cortado. Estos bodegones de tan realistas casi eran surrealistas y ahora en su lugar no hay nada, la pared o la hornacina con la carta. No sé, es todo muy soso, menos mal que el bar continúa siendo el local estrella de esta ciudad.
En cada esquina, en cada calle hay uno o varios, muchos en general. La presencia del bar es abrumadora, y cuando servidora era más tiquismiquis, el bar me parecía muy basto y populachero con los huesos y los palillos por el suelo y ese aire de tierra de nadie, hasta que leí en una guía para extranjeros que en los bares de Madrid después de limpiarlos a conciencia cada mañana se esparcen por el suelo huesos y palillos para dar la sensación de trasiego y atraer a la gente, lo que de ser verdad merecería una reflexión aparte, y de ser mentira, también. Cada bar dispone de una clientela más o menos fija entre los vecinos de los alrededores que acuden a sus entrañas a ver algún partido importante, a distraerse un rato y sobre todo para no estar en casa. Lamentablemente con las franquicias se están perdiendo los familiares nombres de Bar Flori, Bar La Escalera, o esos otros que contrariamente a su aspecto, que no es precisamente versallesco, parecen salidos de un joyero: El brillante, El diamante, La perla. Es lo que menos ha cambiado desde que tengo uso de razón tanto en la forma como en el fondo, salvo que ya no se juega al dominó ni a las cartas, pero eso no quita para que el bar de abajo siga siendo una alternativa, por lo que se puede decir que cumple una función social y terapéutica de primer orden. Además tiene la ventaja de estar muy a mano, frente al café que siempre pilla más lejos y que requiere una cierta planificación...
[Publicado el 18/12/2007 a las 10:13]
[Etiquetas: bar]
[Enlace permanente] [Imprimir] [5 comentarios] [Enviar a un amigo]

Un amigo irlandés que vive en Madrid desde hace un año me dice que lo que menos le gusta de aquí son los bares. Dice que están iluminados con una luz tan fuerte que parece que se está tomando la cerveza en un quirófano. No es de extrañar que piense esto alguien que viene de pubs en penumbra decorados con muebles de madera añeja, donde la caña se llama pinta y es tan espesa que se puede cortar con un cuchillo. Mi amigo no entiende la estética del bar, que consiste en no tener estética. Su decoración auténtica es muy simple: acero inoxidable, mostrador lo más largo posible con vitrinas redondeadas encima donde se exponen las tapas y los pinchos y donde nunca falta la ensaladilla rusa, que los comedores de ensaladilla rusa como yo nos hemos dado cuenta de que ahora es exactamente igual en todos los bares, ¿por qué?, ¿dónde hacen esa ensaladilla comunal?
El bar es feo de narices. Y tiene que cumplir ciertas características como: no ser acogedor, ser destartalado aunque sea pequeño, sus sillas han de ser incómodas y tienen que contar con una buena televisión con un partido de fútbol intemporal e infinito hacia el que levantar las cabezas. ¡Ah! y el café con leche ha de servirse en vaso cristal, aunque te abrases los dedos al cogerlo. En el bar te miran con asombro si pides un café en taza. Hasta ahora no había entendido el porqué de esta moda, pero me acabo de dar cuenta de que es simplemente para aumentar la sensación de incomodidad y de feísmo. En el bar el ambiente tiene que ser esquinado, frío, como si no quisieran retenerte, y tú te empeñaras en quedarte. Todo para que el parroquiano (así se llama el cliente asiduo del bar) pueda sentirse en un sitio que no se parezca absolutamente en nada a una casa, a "su casa" para ser más precisos, porque el parroquiano acude al bar cuando la casa se le cae encima, que es muy a menudo. Todo lo contrario que el dichoso pub con sus cálidas y hogareñas atmósferas. No sé si se habrán hecho estudios sobre el fenómeno bar; si hay alguno me gustaría leerlo; si no existe, alguien debería hacerlo.
En mi barrio se conservan tres o cuatro locales que tendrían que designarlos patrimonio nacional: mesas de formica de antaño, aire desangelado hasta los huesos, luz fría y tres o cuatro parroquianos que se pasan allí el día con la mirada perdida incluida la del dueño. Son el eslabón perdido entre el bar y la legendaria taberna, que popularmente llamamos baretos y que ahora, señoras y señores, hacen furor entre los jóvenes. Los jóvenes los reivindican, se encuentran bien allí y cuando llega algún amigo extranjero, tipo el irlandés de estas líneas, se lo enseñan como algo típico, por lo que sus dueños, acostumbrados a su escasa y fija clientela y a tanta paz, se encuentran abrumados por estas nuevas hordas de bebedores...
[Publicado el 17/12/2007 a las 11:34]
[Etiquetas: bar]
[Enlace permanente] [Imprimir] [10 comentarios] [Enviar a un amigo]
Clara Sánchez es escritora española. En la actualidad reside en Madrid, donde estudió la carrera de Filología Hispánica y donde durante varios años enseñó en la universidad. Hasta la fecha ha publicado ocho novelas: Piedras preciosas (Debate, 1989), No es distinta la noche (Debate, 1990), El palacio varado (1993, Punto de Lectura 2006), Desde el mirador (Alfaguara, 1996), El misterio de todos los días (Alfaguara, 1999), Últimas noticias del Paraíso (Alfaguara, 2000), Desde el mirador (Alfaguara, 2004) y Presentimientos (2008).
Su obra ha sido traducida al francés, alemán, ruso, portugués, griego...
Ha recibido el premio Alfaguara de novela en 2000 por Últimas noticias del paraíso.
Y el premio Germán Sánchez Ruipérez al mejor artículo sobre Lectura publicado en 2006 por la columna titulada "Pasión Lectora" (El País, 6 de agosto).
Colabora habitualmente en El País. Y durante unos cinco años lo hizo en el programa de cine de TVE "Qué grande es el cine".

Presentimientos (2008). Alfaguara, España
Un millón de luces (2004). Alfaguara, España
Últimas noticias del paraíso (2000). Alfaguara, España. (Punto de Lectura, 2001) (Premio Alfaguara de Novela)
El misterio de todos los días (1999). Alfaguara, España
Desde el mirador (1996). Alfaguara, España
El palacio varado (1993). Editorial Debate, España. (Punto de Lectura, 2006)
No es distinta la noche (1990). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)
Piedras preciosas (1989). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)
Artículo en ABC sobre la autora.
Reseña de su nuevo libro en El cultural.
Entrevista en la revista Anika entre libros
Entrevista en El Semanal Digital
Comentario del libro en elmundo.es/blogs
15/5/2008 23:49
Publicado por: Rose Marie
15/5/2008 22:41
Publicado por: Juani
15/5/2008 00:32
Que importante es leer para...
Publicado por: Fran
14/5/2008 16:50
Quise decir,-Los Fibro-. Ese es...
Publicado por: el cartero
14/5/2008 15:26
Todos los Fibros se han puesto...
Publicado por: el carter
14/5/2008 12:51
Publicado por: The Fisher King
13/5/2008 22:19
Publicado por: Alejandro
13/5/2008 19:57
Hoy, trece de mayo, a las diez y...
Publicado por: lkdjj
13/5/2008 10:59
Publicado por: Lourdes
13/5/2008 10:57
Publicado por: Feliciano
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres