El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
El reciclaje del ayuntamiento (1)

Símbolos reciclar.
[Publicado el 10/1/2008 a las 09:15]
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Las rebajas de los Reyes Magos (2)

También los Reyes Magos, aparte de marcar la frontera entre la realidad y la fantasía, la marcan entre el esplendor y las rebajas. No me digáis (perdonad el tuteo, pero no me imagino contándole todo esto a alguien a quien tenga que hablarle de usted) que no tiene mérito que, tras haber conseguido que nos gastemos todo en Navidades, aún nos rasquemos el bolsillo en enero. No sé a quién se le ocurriría este fenómeno comercial global, pero hay que llamarle genio.
Así es, los que nos dejamos tentar por todo no podemos hacer feos a un reclamo ni a otro, porque tras acabar hartos de las visiones lujosas de Nochebuena y Nochevieja, de tanto arreglo de mesa rimbombante, de tantas burbujas doradas y regalos superfluos, cuando ya no nos queda un euro, entonces en los escaparates sofisticados de hace unos días aparecen los rudos carteles de TODO AL 50%. Aquella ropa individualizada en perchas se revuelve ahora en montones. Los dependientes atienden de peor gana, como si por ese precio no nos mereciéramos su interés. Las maneras cambian de lo fino a lo burdo. Digamos que las caras también se ponen de rebajas. En las etiquetas hay escrito precio sobre precio, lo que produce la sensación de que nos llevamos la superganga. Nadie tiene que venir detrás convenciéndonos de que compremos algo, lo compramos con la esperanza de que si ahora no lo necesitamos, ya lo necesitaremos, sobre todo, después de haber esperado una hora en la cola de los probadores, y a continuación, otra hora en la cola de caja. Las maravillosas bolsas satinadas de antes se han convertido en bolsones con la palabra REBAJAS en grandes letras para que nadie se confunda. Pero además las rebajas suponen un alivio porque significa que no todo se acaba con las fiestas, sino que una cosa lleva a otra y que hay un cierto orden en el universo, aunque sea... al 50%.
[Publicado el 09/1/2008 a las 09:15]
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Las rebajas de los Reyes Magos (1)

Los Reyes Magos.
Los Reyes Magos siempre llegan cuando empiezan las rebajas. Vienen tan despacio, los camellos balanceándose suavemente sobre las dunas del desierto y sobre nuestros deseos más infantiles, que cuando aparecen en lontananza todo ha terminado, y sólo los nostálgicos esperan ya algo de estos ancianos, cada vez más borrosos y con las barbas más postizas. Pero en algún momento de nuestra infancia sus capas fueron majestuosas y las coronas brillaron bajo la noche estrellada como centellas y fueron capaces de hacernos creer cosas imposibles como que existen unos seres lejanos y espléndidos pendientes de satisfacer nuestros sueños más profundos. Quizá su mayor encanto residía en que formaban un pequeño grupo multirracial, sin líder, cuya verdadera riqueza consistía en ser magos, sabios, estudiosos, que iban buscando una revelación y con quienes nos podíamos identificar según nuestros gustos. Lamentablemente este bonito invento se ha usado generación tras generación para bajarnos de las nubes de golpe y para siempre. Pobres criaturas. Pronto entrarán en el terreno de la sexualidad, que según el sin par obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, es "algo más complejo de lo que parece". Él sabrá, parece muy informado cuando manifiesta eso de que "hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan." De verdad, es difícil entender cómo los católicos que asistieron al encuentro "Por la familia cristiana" en Madrid pueden tragar con semejantes declaraciones.
Señores, el hábito no hace al monje, y el ser religioso o creyente no tiene por qué impedir ser crítico con los dirigentes de su iglesia, ni con el partido político al que se pertenece, ni con la empresa en la que se trabaja, porque los aprovechados y los depredadores se cuelan en todas partes y, sobre todo, porque uno nunca ha de permitir que nada ni nadie manipule su libertad, al menos, de pensamiento. Así que me sumo a lo que en una carta al director de este periódico un ciudadano de Madrid, Pepe Mejía, decía muy sensatamente: "Es el momento de articular un amplio movimiento social y ciudadano en defensa de los valores humanos y la laicidad. No esperemos a que los partidos lo hagan en función de sus intereses electores. ¡Ya está bien!".
[Publicado el 08/1/2008 a las 09:15]
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Laura Albert, la escritora que se escondió bajo la firma de J. T. Leroy.
Sea como sea, labrarse un pasado desgarrado cuesta lo suyo. Por eso a algunos literatos la impaciencia por vivir deprisa les ha consumido muy jóvenes. En cambio otros han tomado un atajo. ¿Para qué esperar? ¿Para qué gastar energía y sufrimiento en volverme completamente toxicómano, desperdiciar días y días en la cárcel y luego tener que rehabilitarme cuando puedo estar ya escribiendo esa mandanga en una novela autobiográfica que va a vender un millón de ejemplares?, pareció pensar el novelista estadounidense James Frey, cuya auténtica realidad resulta ser mucho más cómoda. Aunque el caso más bonito ha sido el de J.T. Leroy que nos novela su cruda y rentable historia en varias entregas: chapero a los doce años, toxicómano más tarde, seropositivo después. Todo inventado. ¿Alguien da más? Pues sí, Leroy en realidad es una mujer.
Por supuesto la indignación ha sido general, pero la culpa la tienen los lectores que le piden a la ficción un certificado de realidad imposible de ofrecer al cien por cien.
Publicado en El País (Babelia) el 22-12-2007
[Publicado el 04/1/2008 a las 09:30]
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Ilustración de Fernando Vicente.
Dicho de otro modo, nos caen bien los escritores alcohólicos: Edgar Allan Poe, Joseph Roth, Malcolm Lowry, Carson McCullers, John Cheever... y un largo etcétera que ocuparía varias páginas. La delincuencia, cárcel y cualquier modalidad de caída libre de Jean Genet. Los jueguecillos eróticos del Marqués de Sade, por no hablar de ese minucioso incesto de Anaïs Nin con su padre que hay que leer de reojo (¿quién ha dicho que las escritoras son cursis?). La locura de Virginia Woolf o la desesperación suicida de Sylvia Plath sumándose a la nutrida lista de los Larra, Gabriel Ferrater, Horacio Quiroga, Cesare Pavese y unos cuantos escritores japoneses. Los "monos" literarios de William Burroughs o Irvine Welsh pasando por Aldous Huxley. A diferencia del atletismo o ciclismo, el dopaje del escritor es visto con simpatía ¿por qué...? no se sabe por qué. También confiamos en aquellos que proceden de familias desestructuradas, pobres o enloquecidas como el genial John Fante o Frank McCourt, a quienes sus parientes les han dado un maravilloso juego.
Y ha rendido lo suyo no tener un euro y haber tenido que alternar la biblioteca municipal con oficios de poca monta para ir arrancándole a la existencia toda su mala baba y su sabor, lo que nos parece un buen reflejo de democratización de la cultura.
[Publicado el 03/1/2008 a las 09:30]
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Voy por ejemplo en un taxi y si el taxista se entera de que soy novelista automáticamente dice: "Si yo le contara...", y de esta forma he tenido que escuchar de la gente más diversa historias tan truculentas que a veces habría preferido no oír. La humanidad piensa que el escritor puede ser un estupendo depositario de todo lo sórdido e inconfesable de la existencia, porque se le supone una capacidad de comprensión sin límites y sobre todo porque se da por supuesto que las propias vidas de los escritores se sostienen sobre desórdenes y extravagancias envidiables.
Por eso, a este ser para muchos privilegiado, ensalzado y machacado, nombrado y olvidado, leído e ignorado hasta la paranoia, no sólo no se le afea un pasado trasgresor, maldito, marginal y cualquier suceso que otro trataría de borrar de su biografía, sino que es buscado y alentado porque en el fondo nos preguntamos qué nos puede contar, de esta vida sin sentido, alguien que no se haya arrastrado por el fango.
[Publicado el 02/1/2008 a las 11:17]
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Por lo pronto era maravilloso contemplar desde la silla toda aquella nieve azulada de puro blanca bajo el sol que daban tantas ganas de pisar aun sabiendo que una vez machacada por nuestras enormes botas resultaría bastante menos maravillosa. El aire venía tan frío y limpio que empecé a quedarme afónica. Será que a lo bueno también tiene uno que acostumbrarse. Pero, en fin, allí estaban mi grupo y mi monitor y un duro día para las piernas. Las pistas comenzaron a llenarse de vestimentas multicolores de primera calidad y entre caída y caída tuve un cursillo acelerado de lo que se llevaba y lo que no, lo mío no se llevaba en absoluto, aun así aguanté el tipo y me pareció increíble que al poco rato ya hubiésemos aprendido a hacer la cuña y a deslizarnos por suaves pendientes, lo que para mí era más que suficiente, sobre todo cuando a eso del mediodía, una vez que los novatos ya nos habíamos soltado, empezaron a aparecer camillas por las pistas. En mi grupo por ejemplo había un tiarrón impaciente que se creía que ya sabía esquiar y en su alocada carrera arrolló a una chica y le rompió no sé cuántas cosas, así que procuraba separarme de él lo que podía y estaba deseando que lo enviaran a esas cumbres que llamaban rojas o negras desde las que los esquiadores de verdad bajaban haciendo eses a una velocidad de vértigo. En el fondo me horrorizaba que pudiese aprender tanto en los cinco días que quedaban que me hicieran subir allí. Cuando eso ocurriera, tenía pensado volver a apuntarme en el nivel A y seguir en las suaves pendientes. ¿Es esto cobardía? Sin duda alguna. Da mucho miedo tener que bajar desde tan alto.
De todos modos, por la tarde, con unas agujetas tremendas, me compré un equipo precioso. Mono rosa fucsia, unas gafas blancas y otras negras de espejos, una pequeña mochila del tono del mono y manoplas malva haciendo juego con una cinta ancha para el pelo. Este equipo me dio tal fuerza y seguridad que el monitor se empeñó en pasarme al nivel B, donde el itinerario se complicaba con unas placas de hielo que te mueres. El ejercicio, el peligro, el frío, el sol reverberando en la nieve, mis botas, mis gafas ajustadas a las sienes. Me sentía la Teniente O'Neill. Aunque me aterraba la posibilidad de pasar al nivel C, sobre todo cuando la cafetería del hotel empezó a poblarse de brazos doblados y piernas estiradas escayolados como si fuera lo más normal del mundo. Así que cada tarde que regresaba entera, sin un hueso roto, me parecía milagroso y me prometía no volver a subir, pero volvía. Como ahora vuelvo. ¿Será esto valentía?
[Publicado el 28/12/2007 a las 09:30]
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En Formigal.
Los esquiadores están de enhorabuena, por lo que he visto en televisión es uno de esos inviernos en que hay nieve para dar y tomar. Siempre me da un poco de envidia cuando los veo deslizarse por las altas cumbres en medio de ese aire tan puro pegándoles en la cara. Me entra una gran nostalgia y me tienta la idea de sacar mi equipo del trastero. ¿Y por qué no?, me digo quitándole el polvo a las tablas. Nunca olvidaré la primera vez que lo usé, fue en la estación de Formigal. Entonces no tenía ni idea de lo que eran unos esquíes, ni unos bastones, ni unas botas de après-ski. Ni tampoco comprendía la importancia de sentirse bien equipada y a la moda. Ingenuamente creía que bastaba con ir bien abrigada. Así que como no sabía si me iba a gustar este deporte y no quería invertir mucho dinero en una ropa que luego no iba a utilizar, me hice con unos pantalones de una amiga, un anorak de mi hermano, unas manoplas de no sé quién, un gorro de lana que tenía por casa. En el pueblo alquilé las botas y las tablas. Pero al día siguiente pagué mi error. Al principio con el lío de las taquillas, el telesilla, el funcionamiento de los tickets y todos esos detalles que hay que tener presente en cuanto uno entra en un nuevo mundo aunque sea por diversión, no reparé en que aquello era un poco como la pasarela Cibeles y que según trascurriese la mañana mi modelito iría desentonando cada vez más y yo perdiendo fe en mis posibilidades.
Podría no haberme importado, podría haber tenido una personalidad tan fuerte que todo aquello me pareciese una soberana tontería porque desde fuera es muy fácil juzgar lo que es una tontería y lo que no, sin embargo, cuando se está dentro de las situaciones todo es importante. Y es importante que los demás piensen que eres de su club y no un mamarracho...
[Publicado el 27/12/2007 a las 09:30]
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Felicidades a todos los que hayan superado este primer tramo de las navidades sin reñir con la familia. Según una estadística publicada estos días, en Nochebuena un treinta por ciento de las familias reunidas en torno al cordero y los turrones acaba mal. ¿Te extraña? Pues a mí no, porque imagínate a esos cuñados que en el fondo no se tragan y que con el vino se les empieza a soltar la lengua, y luego botella viene y botella va de cava, a uno se le ocurre una broma que al otro le sienta como un tiro; y las hermanas, sus esposas, a quienes ya se les están agriando hace rato los langostinos en el estómago, deciden apoyar cada una a su marido porque es con el que más tarde, al fin y al cabo, ha de volver a casa y meterse en la cama y entre todos montan el pollo. O bien una decide ponerse al lado del contrario y entonces la pareja se coloca al borde de la ruptura. O quizá ellos son los hermanos y ellas las cuñadas, que no pueden verse. O puede que uno de los niños pegue a otro y esa sea la gota que desborda el vaso. O puede que..., las posibilidades de encontronazo son tantas cuando la familia se ve forzada a celebrar la dichosa noche todos juntos. Y también ocurre que en otros casos se trata de una reunión redundante que no aporta nada a las relaciones porque hay familias muy pegajosas que siempre están de comilonas y celebraciones y que no necesitan una noche especial para ser felices una vez más.
[Publicado el 26/12/2007 a las 09:30]
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...Pero pensemos por un momento que no existe Marte. Sería un auténtico desastre porque entonces tampoco existiría el Capitán Wilder de Crónicas Marcianas (Ray Bradbury) extrañado ante su propia existencia en un planeta que no comprende, pero cuyo misterio respeta. No existirían sus marcianos espectrales con rostros de plata, orejas talladas en oro y labios adornados con rubíes conduciendo naves sobre mares de arena. No existirían, sus canales, sus colinas azules, sus casas con columnas de cristal, sus libros de metal.
Y no existirían los invasores terrícolas atolondrados e ignorantes cuyo fin es llevar con ellos sus maravillosas gasolineras y hamburgueserías porque son incapaces de salir de la rutina y porque más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. A veces a alguno de estos terrícolas de Bradbury, por un ataque de ira o por pura diversión, le da por destruir alguna de las milenarias ciudades ajedrezadas y blancas que caen fulminadas en el fondo del tiempo. Porque son capaces de viajar miles de millones de kilómetros sin ánimo de aprender nada, salvo el capitán Wilder y algún otro personaje a los que Bradbury salva de la estupidez humana para poder salvarnos a todos.
Un esfuerzo inútil porque ni siquiera hace falta ir hasta Marte para hacer lo que haríamos en Marte, siempre se ha repetido la misma historia allá donde haya habido una tierra marciana de la que apoderarse. Y ahora que el planeta vecino está tan cerca lo miramos con ojos codiciosos, quizá porque brilla como las joyas marcianas y porque sabemos que algún día será nuestro.
[Publicado el 21/12/2007 a las 09:30]
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Clara Sánchez es escritora española. En la actualidad reside en Madrid, donde estudió la carrera de Filología Hispánica y donde durante varios años enseñó en la universidad. Hasta la fecha ha publicado ocho novelas: Piedras preciosas (Debate, 1989), No es distinta la noche (Debate, 1990), El palacio varado (1993, Punto de Lectura 2006), Desde el mirador (Alfaguara, 1996), El misterio de todos los días (Alfaguara, 1999), Últimas noticias del Paraíso (Alfaguara, 2000), Desde el mirador (Alfaguara, 2004) y Presentimientos (2008).
Su obra ha sido traducida al francés, alemán, ruso, portugués, griego...
Ha recibido el premio Alfaguara de novela en 2000 por Últimas noticias del paraíso.
Y el premio Germán Sánchez Ruipérez al mejor artículo sobre Lectura publicado en 2006 por la columna titulada "Pasión Lectora" (El País, 6 de agosto).
Colabora habitualmente en El País. Y durante unos cinco años lo hizo en el programa de cine de TVE "Qué grande es el cine".

Presentimientos (2008). Alfaguara, España
Un millón de luces (2004). Alfaguara, España
Últimas noticias del paraíso (2000). Alfaguara, España. (Punto de Lectura, 2001) (Premio Alfaguara de Novela)
El misterio de todos los días (1999). Alfaguara, España
Desde el mirador (1996). Alfaguara, España
El palacio varado (1993). Editorial Debate, España. (Punto de Lectura, 2006)
No es distinta la noche (1990). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)
Piedras preciosas (1989). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)
Artículo en ABC sobre la autora.
Reseña de su nuevo libro en El cultural.
Entrevista en la revista Anika entre libros
Entrevista en El Semanal Digital
Comentario del libro en elmundo.es/blogs
17/5/2008 08:58
A veces solo nos fijamos en las...
Publicado por: Antonio
16/5/2008 18:47
Publicado por: Martín
15/5/2008 23:49
Publicado por: Rose Marie
15/5/2008 22:41
Publicado por: Juani
15/5/2008 00:32
Que importante es leer para...
Publicado por: Fran
14/5/2008 16:50
Quise decir,-Los Fibro-. Ese es...
Publicado por: el cartero
14/5/2008 15:26
Todos los Fibros se han puesto...
Publicado por: el carter
14/5/2008 12:51
Publicado por: The Fisher King
13/5/2008 22:19
Publicado por: Alejandro
13/5/2008 19:57
Hoy, trece de mayo, a las diez y...
Publicado por: lkdjj
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