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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

lunes, 12 de mayo de 2008

Blog de Clara Sánchez

Violencia machista (2)

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Más de 4.000 hombres cumplen condena en España por violencia machista.

A veces los hijos entran en el lote de esta sinrazón. Pero estos sujetos no se ven tal como los vemos nosotros, sólo ven esas humillaciones que según se dice alimentan su baja autoestima. Algunos tienen orden de alejamiento, pero en otros casos no hay denuncia y hasta supone una sorpresa para el vecindario que jamás se habría imaginado tal cosa. Y con cada nueva víctima todos repudiamos el hecho avergonzados por pertenecer a la misma raza que el energúmeno de turno. Todos nos echamos las manos a la cabeza mientras pelamos la naranja, desconcertados, ¿qué es esto?, no es un hecho aislado, tampoco es terrorismo y, sin embargo, es terrorífico. La familia se desespera ante el ataúd porque de alguna manera el desastre tuvo que ser evitado. Los padres, el hermano, los hijos no  pueden creer que haya ocurrido algo tan cruel y tan absurdo.  Y es que un día el dolor entró en sus vidas bajo la apariencia de un tipo normal. Quién se lo iba a imaginar. No se puede ir pensando que los hombres lleven dentro un monstruo que despierta cuando se encuentra a solas con su mujer.

Y algunos aun nos atrevemos a echarle algo de culpa a la víctima porque no le denunció la primera vez que se le fue la mano, porque aguantó, porque fue débil, porque incluso seguía enamorada de él después de la primera paliza, porque no supo salir de la situación, porque se dejó humillar en silencio y porque nos recuerda hasta qué punto cada uno de nosotros es víctima o verdugo. Debe de ser angustioso y terrorífico sentirse perseguida y amenazada por alguien con quien has compartido tu afecto y tu intimidad y que te conoce bien.  

[Publicado el 04/3/2008 a las 07:00]

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Violencia machista (1)

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Laura Morales y Nestor, su agresor

Las organizaciones feministas contra la violencia machista convocaron este jueves pasado una manifestación en la Puerta del Sol, que reunió, según datos de este diario, a unas trescientas personas. Se protestaba contra la oleada asesina del día 26 de febrero en que murieron a manos de sus novios y exmaridos: Laura M.I. (boliviana de 22 años) en Madrid; Mª Victoria M.I. (49 años) en Puerto de Santa María; M.G.S.U (45 años) en Cullera y Mª José M.C. (54 años) en Valladolid. En un solo día. Mujeres de diferentes edades y distintas procedencias. Tampoco el machismo entiende de edades, parece incomprensible que un chico de 20 haya podido llegar a sentirse tan miserable y maldito como para matar a su novia.

Dentro de la violencia a escala general que rige nuestras vidas, dentro de las cosas que no entendemos, que son muchas y para las que acabamos inventando alguna explicación, hay una que deja la mente helada: esta matanza de esposas, novias, compañeras sentimentales por parte de hombres de lo más variopinto. Pones la televisión y de pronto ves a otra mujer anónima, como las demás, asesinada por un hombre como los demás, sin nada especial salvo que ha empuñado una escopeta de cañones recortados o un cuchillo para cargarse a su compañera, o que la ha lanzado con un empujón por la ventana.  

[Publicado el 03/3/2008 a las 11:47]

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Valencia

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Llegada a Valencia.

Como decía ayer, he estado en Valencia. Llegué por la noche en el Alaris y en lugar de tomar un taxi me fui dando un paseo hasta el hotel Astoria. La temperatura era agradable y había poca gente por la calle. Crucé la plaza del Ayuntamiento entre edificios bellamente iluminados tratando de recordar esta ciudad tal como era cuando viví aquí, de los seis a los doce años, un tiempo clave en el desarrollo de cualquier niño. Siempre que vengo me digo que quiero volver a las casas en que viví, verlas por fuera, hacer un pequeño circuito por el pasado, pero siempre ocurre algo que lo impide y quizá sea mejor así, porque ¿qué vería?, ¿qué tendría que ver esto con aquello? Esa ciudad y aquel tiempo han quedado más que nada en la gente, en su forma de hablar, de ser, de afrontar los problemas. Aunque decimos eso de que no se puede generalizar, creo que si tuviera que definir a los valencianos en dos palabras, diría que son flexibles y tolerantes. Y si tuviera que dar una explicación rápida diría que porque les gusta vivir bien en el sentido de disfrutar de la vida, y al que le gusta disfrutar de la vida entiende que a los demás también les guste. Hay un espíritu festivo (me refiero a que han sido capaces de crear algo tan popular, universal y luminoso como las Fallas) que nace de querer que el otro también se divierta. Vive y deja vivir. Si hay algo que me encanta del valenciano es que no es solemne, el acercamiento al prójimo está por encima de la propia pompa, y en medio de la faena suele encontrar una frase simpática para romper el hielo. No son tímidos, es gente a la que le gusta la gente. Y de la valenciana en particular diría, y no es ninguna exageración, que siempre ha sido y es muy feminista, reivindicativa, independiente y libre. 

[Publicado el 29/2/2008 a las 12:10]

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El debate

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Los minutos de oro del debate.

Continúo mi ronda de entrevistas sobre Presentimientos. Ayer, el día después del milimetrado debate entre Zapatero y Rajoy, estuve en Valencia. No se hablaba de otra cosa, todos teníamos algo que decir, todos queríamos sacarle punta al encuentro como para amortizar tanto esfuerzo en montar el espectáculo y nuestras propias ganas de no ver enfrentarse sólo a Hillary y a Obama, sino a nuestros propios líderes. Y la verdad es que por muchas vueltas que se le dé no ocurrió nada extraordinario, todo un reto para las agudas mentes que a continuación tenían que decir algo, y por eso nos quedamos hasta las tantas contrastando los detalles que habíamos captado desde nuestras casas con lo que habían captado los que opinaban en las mesas de los platós. Me pareció bonito que todo el país a una se pusiera hacer ese ejercicio de fina observación: que si Rajoy no cogía bien el gráfico y lo tapaba con la mano, que si Zapatero llevaba el nudo de la corbata algo ladeado.

El gran éxito del debate consistió sobre todo en que funcionaran los micrófonos, las luces y que ningún detalle nos distrajera de los protagonistas. Ya se nos había explicado que se había escogido el color del escenario y hasta el más mínimo detalle con este fin, sin embargo, yo no podía apartar los ojos del moderador, Manuel Campo Vidal, sin querer el tercer gran protagonista de la noche. Pensaba en lo bien que ha madurado, algunas canas, algunas arrugas, pero con estilo. Salvo los muy jóvenes todos le recordábamos quince años antes entre Felipe González y Aznar. Empecé a divagar sobre el paso del tiempo, el sentido de la vida y a caer en una cierta melancolía, hasta que, menos mal, Campo Vidal nos dijo con fuerza y convicción que estábamos asistiendo a un gran debate y me hizo reaccionar.

[Publicado el 27/2/2008 a las 10:38]

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El escritor corriente (2)

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John Cheever.

Cheever se había montado una habitación sin ninguna comodidad en el sótano del edificio donde vivía y todas las mañanas se vestía con traje y corbata para bajar a escribir allí cumpliendo un horario completo de oficina. O sea, no es que quisiera distinguirse del resto de los mortales con ropas de artista, como estamos acostumbrados a ver, sino que se esforzaba por ser como todos. Nos lo podemos imaginar en el ascensor junto con otros vecinos que sí iban a oficinas de verdad, pero mientras los otros se quedaban en la planta cero él seguía descendiendo a lo más profundo de aquellas vidas de clase media en que encontraba motivo de inspiración. Es como si nos dijera: no se puede escapar, pero podemos abrir los ojos.

Le atraían las zonas residenciales o ciudades dormitorio a las afueras de la ciudad, en que se acentuaba más el tipo de sociedad sin emoción que en el fondo criticaba. Pero no criticaba desde fuera, sino desde dentro, como una rana en la charca, respiraba en las aguas estancadas de las que nos habla. Decía, por ejemplo, que "un cuento o un relato es aquello que te cuentas a ti mismo en la sala de un dentista mientras esperas que te saquen una muela". Exprimía lo que tenía alrededor y a sí mismo hasta conseguir unas pequeñas pepitas de oro, que nadie habría podido creer que se escondiesen por allí. 

[Publicado el 26/2/2008 a las 07:00]

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El escritor corriente (1)

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Fredric Brown fue un escritor de ciencia ficción, novela negra y relatos fantásticos que cuando se sentía bloqueado y no se le ocurría nada que escribir se montaba en la parte de atrás de un autobús y recorría varios estados mirando por las ventanillas y, todo hay que decirlo, bebiendo, hasta que encontraba la inspiración. /upload/fotos/blogs_entradas/fredric_brown_med.jpgImaginamos que entonces regresaría a casa y se pondría manos a la obra hasta dar forma a esos cuentos llenos de encanto y atrevimiento que nos hablan de extraterrestres y de lo absurdo que les resultaría nuestro pequeño mundo. No se sabe demasiado de este hombre porque llevaba una vida corriente y bastante alejada de los ambientes literarios y de la fama. Digamos que vivía comprometido hasta los huesos con algo que sólo se exigía él mismo. Vivía el día a día así, imaginando e inventando lo que tenía alrededor  y cuando la gracia o la intuición lo abandonaban no las esperaba trabajando (que es lo que siempre se aconseja), sino que no tenía empacho en salir a buscarlas en autobús. Desde luego, lo que encontraba no podía llevárselo a casa en una bolsa pero tampoco nadie podía robárselo por el camino. Era tan suyo como él mismo.

Personalmente me gustan mucho los escritores que llevan una vida vulgar porque comprenden muy bien a sus semejantes, sus sueños y frustraciones, su angustia y ratos de ensoñación. Esos escritores, cuyos vecinos puede que ni sepan que son escritores. Sospechar que entre nosotros, en el metro, autobuses o en la cola del pan  circulan seres como Fred Brown pone un punto de lucidez en nuestra existencia. De hecho Brown tenía el oficio de linotipista, lo que le hacía casi demasiado normal, algo que debía de echar mucho de menos uno de los más grandes autores norteamericanos, y completamente distinto al anterior, John Cheever.  

[Publicado el 25/2/2008 a las 11:47]

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El público lee

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El público lee. Jesús Vigorra

Como os contaba ayer he estado en Barcelona y Sevilla. Dos jornadas intensas, pero agradables, no me he tropezado con ningún borde, sino todo lo contrario. En Barcelona el día estaba nublado, ligeramente melancólico, a punto de llover, pero sin llover, la ciudad bonita, con ese toque de humedad que echo de menos en Madrid. Al mediodía nos reunimos a comer unos cuantos amigos en un hotel con nombre de premio, el Pulitzer, y aproveché para meterme entre pecho y espalda un arroz caldoso de chuparse los dedos. Por la noche me marché a Sevilla.

Me encanta ir a Sevilla, siempre lo paso bien. Hacía un tiempo parecido al de Barcelona aunque aquí de vez en cuando caían cuatro gotas. Es una de las ciudades más cuidadas que conozco y donde la gente se ríe más, por algo será. Ahora han puesto un tranvía tan moderno que no tiene pinta de tranvía, parece un tren ligero, lo que me ha dejado un poco fría, prefiero sus tabernas, sus patios, sus hermosos parques. Una maravilla Sevilla, y es una pena que no se pueda ver en todas partes el programa de libros  de Canal Sur televisión, El público lee, que presenta Jesús Vigorra y dirige Diego Abollado. Éste sí que es un buen programa de libros hecho con gracia, agilidad, pasión por la lectura, gusto y con una audiencia fiel y entusiasta. Como reconocimiento, recibió el año pasado un merecido Premio Nacional de Fomento a la Lectura. Tiene una estructura inteligente en que los lectores están presentes en el plató, y muchas cosas más, muchos libros... si pueden véanlo. ¡Viva la imaginación!

[Publicado el 22/2/2008 a las 14:55]

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Me voy volando

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Avión despegando del aeropuerto de El Prat, Barcelona.

Me voy, salgo volando (nunca mejor dicho) para Sevilla desde Barcelona. Me encuentro en plena promoción de mi nueva novela PRESENTEMIENTOS (Alfaguara) y después de hacer unas cuantas entrevistas en Madrid me toca en otras ciudades. Es un ritual que acompaña la publicación de la mayoría de los libros y que ya casi va teniendo tintes románticos. Cuando la gente liga por Internet en lugar de en un bar, cuando hay casorios que salen de un chat, este cuerpo a cuerpo entre escritor y periodista, este traslado del escritor en persona al lugar físico para dejarse ver y ver al mismo tiempo a esas personas (que se van haciendo conocidas a lo largo de las novelas) que escriben sobre él, o ella en este caso, tiene su encanto, y lo echaremos de menos cuando llegue el momento en que no nos veamos las caras. 

Mañana os contaré cómo me ha ido.

[Publicado el 21/2/2008 a las 10:18]

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El muro del sexo (3)

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No hace tanto que en Madrid había institutos de enseñanza media femeninos como el Isabel la Católica o el Beatriz Galindo, incluso piscinas con separaciones para hombres y mujeres, sin hablar por supuesto de la enseñanza religiosa, que dividía automáticamente al personal.  Por fortuna, cayó el muro del sexo en la enseñanza pública y en las piscinas, pero mira por dónde ahora nos vienen con la monserga de la "educación diferenciada" sustentada en matices de aptitudes cognitivas para unas materias y para otras según se sea hombre o mujer. Y entonces ¿por qué no separar por el color de la piel, por la clase social o por el país de origen? Seguro que se encuentran matices para separar. Las diferencias siempre las han sostenido los prejuicios y los privilegios de unos sobre otros. Y por mucha base científica que en este caso se les quiera dar esconden una intención completamente reaccionaria, son forzadas, no se sostienen en la realidad, y lo que habría que cambiar de verdad es un sistema educativo que viene fallando toda la vida porque no es flexible ni comprensivo con la gran variedad de capacidades de las mentes que pretende educar. 

[Publicado el 20/2/2008 a las 07:00]

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El muro del sexo (2)

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Por un lado, jamás hemos salido tanto fuera de casa como ahora, nunca hemos viajado tanto al extranjero. Los aeropuertos y las estaciones de tren están llenos del colorido y divina juventud de chicos que recorren Europa o hacen un intercambio en Estados Unidos. Ya no hace falta ser un personaje de Henry James para hacer y deshacer mochilas sin parar y ya no hace falta ser de una casta especial para aprender idiomas. Con todo lo que se diga, nuestros hijos van y vienen por un mundo más amplio y accesible, mientras que hace unos lustros algunas de nuestras conciudadanas sólo pisaban el aeropuerto para ir a abortar a Londres. Bueno, pues a estas alturas del 2008, seguimos peleando con el aborto. El aborto aún es un pecado en lugar de un derecho, aún es visto como un capricho en lugar de como una lastimosa necesidad.

Por un lado, las mujeres nos estamos dando a valer, nos estamos incorporando al mundo; que se les rebane el clítoris a las niñas por esos mundos de dios (que a veces tenemos puerta con puerta sin saberlo) nos revuelve el estómago; que se asesine a una mujer un día sí y otro también a todos nos conmociona y nos preguntamos por qué esos criminales viven en nuestro mismo barrio, visten como nosotros, parecen normales como nosotros, y sin embargo son capaces de cometer semejante atrocidad. Ha costado sudor y lágrimas poder llamarle compañero al marido, al novio o al amante, no tenerle miedo al padre, ha costado una vida que los hombres se familiaricen con las cosas de las mujeres y que sepan lo que es un tampax o una compresa, ¿cuándo se empezó a hablar de la regla en televisión? ¿cuándo se empezó a ver al descubierto un vientre embarazado? No ha sido fácil que hombres y mujeres mezclen sus vidas, de hecho la llamada violencia de género arrastra una extraña crueldad hacia el otro sexo, hacia lo distinto.  

[Publicado el 19/2/2008 a las 07:00]

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Foto autor

Biografía

Clara Sánchez es escritora española. En la actualidad reside en Madrid, donde estudió la carrera de Filología Hispánica y donde durante varios años enseñó en la universidad. Hasta la fecha ha publicado ocho novelas: Piedras preciosas (Debate, 1989), No es distinta la noche (Debate, 1990), El palacio varado (1993, Punto de Lectura 2006), Desde el mirador (Alfaguara, 1996), El misterio de todos los días (Alfaguara, 1999), Últimas noticias del Paraíso (Alfaguara, 2000), Desde el mirador (Alfaguara, 2004) y Presentimientos (2008).

 

Su obra ha sido traducida al francés, alemán, ruso, portugués, griego...

Ha recibido el premio Alfaguara de novela en 2000 por Últimas noticias del paraíso.

 

Y el premio Germán Sánchez Ruipérez al mejor artículo sobre Lectura publicado en 2006 por la columna titulada "Pasión Lectora" (El País, 6 de agosto).

 

Colabora habitualmente en El País. Y durante unos cinco años lo hizo en el programa de cine de TVE "Qué grande es el cine".

Bibliografía

/upload/fotos/blogs_entradas/9788420473529_med.jpg

 

Presentimientos (2008). Alfaguara, España

Un millón de luces (2004). Alfaguara, España

Últimas noticias del paraíso (2000). Alfaguara, España. (Punto de Lectura, 2001) (Premio Alfaguara de Novela)

El misterio de todos los días (1999). Alfaguara, España

Desde el mirador (1996). Alfaguara, España

El palacio varado (1993). Editorial Debate, España. (Punto de Lectura, 2006)

No es distinta la noche (1990). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)

Piedras preciosas (1989). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)

Enlaces

www.clarasanchez.com

 

Artículo en ABC sobre la autora.

 

Reseña de su nuevo libro en El cultural.

 

Entrevista en la revista Anika entre libros

 

Entrevista en El Semanal Digital

 

Comentario del libro en elmundo.es/blogs

 

 

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