Hola amigos, hoy quisiera hablaros de Juana Escabias. No es la primera vez que la menciono en este blog como dramaturga, porque fundamentalmente es autora teatral, muy buena por cierto. Hace poco ha recibido el Premio 2008 de Literatura Dramática Margarita Xirgu por su obra Tierra Convexa. Pero además de haber escrito una decena más o menos de obras teatrales, de dirigir, de fundar su propia compañía y de algunas cosas más, trabaja como profesora de Arte Dramático. Sin olvidar su larga experiencia como periodista que la llevó a escribir cientos de artículos y reportajes, lo que seguramente le ha proporcionado muchas preguntas que transmitir, temas que abordar, almas que comprender.
Es difícil saber cuál es la clave que maneja el escritor para acercarse a la realidad y a los sentimientos del lector. Puede que en el caso de Escabias se trate de que es una mujer comprometida con su tiempo política, social y emocionalmente hablando. Una mujer que no tiene miedo a ser ni a decir. Tiene mucho que contar y quiere hacerlo. Y lo más importante, sabe hacerlo. Como muestra (y aquí es donde quería llegar), nos podemos adentrar en La vida secreta de Ángela B (Endymion, 2009), en la que asistimos al desenvolvimiento de la vida de Ángela Blanes, que se ha dedicado en cuerpo y alma a escribir, por lo que esta historia también es una reflexión sobre el propio proceso de la escritura y cómo cualquier pasión, cualquier obsesión nos puede apartar del simple vivir. Como ella misma ha declarado en alguna ocasión: "sin la obsesión no habría arte ni creación, es necesario ese demonio que se lleva dentro. El oficio de crear es obsesivo, el arte se nutre de mucha soledad y trabajo". Y al mismo tiempo leemos una historia de amor, una relación compleja, que acoge muchos de los matices que puede desarrollar una pareja desde el romance a la ruptura.
Su primera novela, Penúltima estación, anunciaba lo que en esta segunda podemos saborear sin prisas, con la seguridad de que vendrá una tercera. De momento, Juana nos ha entregado la auténtica vida de Ángela Blanes. La auténtica vida, la que nos duele o nos alegra de verdad, siempre es secreta y se necesita mucha habilidad para saber desplegarla línea a línea, palabra a palabra como si se contara sola.
[Publicado el 25/6/2009 a las 10:24]
[Enlace permanente] [Imprimir] [4 comentarios] [Enviar a un amigo]
Si a estas alturas hay alguien que no conozca a Alfons Cervera, le diré que es un escritor valenciano que hace una literatura universal, de hecho ha calado tan hondo en Francia que casi nos lo tienen secuestrado por allí. La verdad es que nunca he visto, literalmente hablando, a Alfons separado de los libros, porque siempre mantenemos nuestras charlas firmando en una caseta, caminando entre el calor de una feria del libro, hablando de lo que estamos escribiendo o de lo que escribiríamos con lo que nos está pasando en la vida. Alfons se pasea por este mundo de las letras con el aire suelto y desprendido de quienes no van cargados de equipaje, con su pelo ligeramente rizado, ligeramente rebelde, ligeramente largo, lo que le aleja un poco de nosotros hacia ese mundo suyo, propio e intransferible con el que escribe lo mejor de su narrativa. Y sin embargo, es una de las personas más cercanas y humanas que he conocido. No necesita cargar las tintas ni en su manera de ir por la vida ni en su manera de escribir para tener una personalidad propia.
Pero para conocerle mejor, para entrar en sus emociones y recuerdos, para lograr tocar esa sensibilidad que seguramente le ha hecho escritor, se podría empezar leyendo su última novela, Esas vidas (Montesinos, 2009), en la que la figura de su madre se convierte en una forma de mirarse y entenderse a sí mismo. Un libro en que el aprendizaje de la vida y de la literatura se funden milagrosamente. Y no diré más porque llega un momento en que en lugar de hablar hay que leer.
[Publicado el 18/6/2009 a las 11:20]
[Enlace permanente] [Imprimir] [4 comentarios] [Enviar a un amigo]
El jueves, a eso de las doce, asistí al bautizo civil del pequeño Leo, el hijo de Cayetana Guillén Cuervo y de Omar Ayyashi, en la Casa de la Panadería del Ayuntamiento de nuestra ciudad. Y al llegar a casa por la noche y enchufar la tele me encontré con un programa de debate en que se estaba poniendo a caldo dicho acto. De todos modos, esa noche algunos tertulianos estaban especialmente faltones, despreciativos, insultones, tal vez era porque la proximidad de unas elecciones siempre agria el carácter. Es llamativo que en los programas de este tipo no haya nunca un contertulio que dude, que cambie de parecer, que se deje convencer por el rival, en definitiva que escuche algo de lo que dicen los demás. Ese ser imposible sería tachado de ambiguo, escurridizo, poco claro, ese ser despistaría a la audiencia, que parece que no entiende nada si no se llama al pan, pan y al vino, vino a gritos. La audiencia parece que tiene la mollera bastante dura. Aunque ojo, con la audiencia no hay que meterse. Al votante, al público, al consumidor hay que darle coba constantemente y desde Larra (cuyo bicentenario celebramos este año) nadie ha vuelto a criticarlo por miedo a que nos apague, a que aparte su mirada de nosotros, a que no nos escuche, por miedo a su indiferencia, casi más dolorosa que la de un amante. Larra incluso se atrevió a cuestionarse su existencia en el mítico artículo "¿Quién es el público y dónde se encuentra?" con un par de narices. Ahora le podemos meter los dedos en los ojos a una película, a un libro, a los políticos, pero no a los que van a ver la película, leen el libro o votan. En el fondo no nos creemos eso de que hayamos alcanzado la mayoría de edad, los consumidores no soportamos que se dude de nuestro gusto o de que estemos en posesión de la verdad.
La triste realidad es que sólo hay que hablar con contundencia y un punto de prepotencia para que algo suene a verdad. Como titubeemos porque las cosas no nos parezcan tan claras, como nos dejemos dominar por la complejidad del mundo, por la relatividad, la física cuántica y los océanos de estrellas en los que vagamos sin rumbo estamos perdidos. Es mejor marcar posiciones firmes, a poder ser rígidas, no ponerse nunca en el lugar del otro y cargarse de razón como si se llenara el depósito de gasolina. ¡Cómetelos! y que sea lo que dios quiera. El problema es que estos modos se trasladan a la calle, donde la vida no se juega como si fuese un partido de fútbol. Por eso la literatura sigue siendo el lugar donde encuentran cobijo seres perplejos y llenos de incertidumbre que nadie soportaría en ninguna otra parte.
No sé a quién se le ocurrió eso de "vive y deja vivir", es un gran lema. Deja que los niños puedan ser bautizados de forma civil. ¿Por qué no? No solamente no perjudica, ni daña, ni arrincona al bautismo religioso, sino que es necesario porque el bautismo civil como las bodas civiles son una manera de separar la iglesia del estado. Esta ceremonia del hijo de Cayetana es ya el cuarto que se celebra en nuestro país, el primero se hizo en Rivas-Vaciamadrid. Y según el concejal Pedro Zerolo, hay muchas más peticiones, por lo que sería deseable un registro en que constase la bienvenida al mundo de quienes ponen por encima de cualquier otra consideración su identidad como ciudadanos. Frente a la sumisión a un poder divino superior del bautismo religioso, la entrada en una sociedad con derechos y deberes de este otro bautizo laico. Y deja, por favor, que podamos llamar a este rito de iniciación social "bautizo". Nadie está robándole esta palabra a la iglesia. En el Diccionario de Seco también se le atribuye el significado de "ceremonia de presentación o de inauguración de algo". Del mismo modo que en el Diccionario de la RAE se llama "bautismo de fuego" al hecho de entrar por primera vez en combate y "bautismo de sangre" al hecho de ser herido por primera vez en combate. Aparte de que la costumbre de purificarse con el agua es muy antigua y un ritual presente en muchas culturas y religiones.
Pero además no es un invento nuevo, pertenece a la tradición republicana francesa y también en nuestro país se celebraron bautizos civiles durante la II República. Personalmente me sentí liberada cuando dejaron de pedirme la partida de bautismo para cualquier cosa. De momento prefiero figurar en un registro terrenal y dejar los cielos para más adelante cuando aquí ya no ocupe sitio.
[Publicado el 10/6/2009 a las 16:51]
[Enlace permanente] [Imprimir] [9 comentarios] [Enviar a un amigo]
"Marinero,/ siempre te hallas inquieto, de lecho/ la mar azul salada, de techo/ la ligera nube celeste. En los ojos/ la cruda luz de las estrellas!/ Balanceándose/ el velero embrujado./ Por ello, por ello no olvides que te espera,/ que te espera alguien/ en la costa." (Marinela,/ Zuk bethi ezi-egona!/ Ohetako,/ itxaso gazi urdina!/ Teilatutzat,/ zeruko hedoi arina!/ Begietan/ izarren argi gordina!/ Kulunkari,/ beladun untzi sorgina/ Hargatik, hargatik,/ ez gal gogotik,/ zure goait,/ zure goait/ Dagola norbait,/ itsas-hegitik!).
El poeta Jean Baptiste Camoussarry escribió este precioso poema hace dos siglos y podrán leerlo y disfrutarlo junto con muchos más en la Poesía vasca. Antología bilingüe (UNED) del profesor Patricio Urquizu, que se ha empeñado (y lo ha conseguido) en reunir en esta obra, la más completa al día de hoy, una tradición poética que va de la Edad Media hasta nuestros días y que se hunde en las eternas inquietudes y angustias del alma humana como la naturaleza, la búsqueda de sentido de la vida, el amor y la muerte. Los que asistimos a la presentación de este libro en Madrid nos sentimos por momentos trasportados a los verdes valles de una tierra poética, mítica, moderna, a la que tanto mal le ha hecho la mucha sangre derramada y la intolerancia. Pero volvamos a la poesía que, al final, como demuestra esta antología, es lo que queda. No hay fronteras ni tiempo que sirva de dique a las palabras (sea cual sea su lengua), cuando esas palabras contienen las emociones que nos hacen humanos. Quizá por eso Urquizu presentó la poesía vasca como "patrimonio de toda España, de Europa y de la humanidad" y la considera un elemento clave para el conocimiento de la prehistoria e historia de nuestro país.
La verdad es que cuando se habla de que la literatura es universal, porque lo que cuenta va más allá de la mesa y la silla en que se ha escrito, porque funciona en una frecuencia que es capaz de llegar muy lejos, hay que entenderlo en sentido literal. Dentro de nada escribiremos y leeremos en la Luna (el 17 de junio se inician los preparativos para el regreso del hombre a nuestro satélite natural) y en Marte, y esta sección de El País, dedicada a nuestra Comunidad, tendrá también que ocuparse de qué ha sucedido en los Cercedilla, Guadarrama y Madrid marcianos, porque esta semana nos hemos enterado de que científicos de la NASA han llamado con estos nombres a tres rocas del cráter Victoria. ¿Por qué? Parece ser que no hay ningún motivo claro. Parece que ha sido un gesto espontáneo. Puede que alguno de dichos científicos (ninguno es español) viniera por aquí a pasar unas vacaciones y el paisaje de nuestra sierra le llegara tan hondo que le hay hecho ilusión trasplantarlo al planeta de los canales, las colinas azules, las casas con columnas de cristal y los libros de metal, como los describía Ray Bradbury en sus maravillosas e intemporales Crónica marcianas.
Los libros seguramente no serán de metal, ni de papel, por ese entonces ni siquiera serán electrónicos, pero lo que es seguro es que habrá un medio por el cual inventar historias sobre el cráter Victoria y sus famosos rocas madrileñas. Por lo pronto, gracias a esos dos todoterrenos llamados Opportunity y Spirit (nombres que de alguna manera resumen el alma aventurera del conquistador: espíritu y oportunidad) sabemos que hubo agua por allí y también que lamentablemente no existen marcianos espectrales con rostros de plata, orejas talladas en oro y labios adornados con rubíes conduciendo naves sobre mares de arena. Aunque siempre nos esperarán con los brazos abiertos en el libro de Bradbury, y de alguna manera tanto han calado en nuestra imaginación que los terrícolas nos hemos ido pareciendo a ellos clavándonos piercings por orejas, narices, labios y cejas.
Ahora bien, también Bradbury nos alerta sobre el peligro de trasladar allí lo peor de nosotros mismos y aniquilar la civilización y las cualidades de esos imaginarios seres invadiéndolos con gasolineras, con hamburgueserías, con centros comerciales, con nuestras costumbres y rutinas. ¡Estos extravagantes terrícolas!. Probablemente no será con gasolineras ni con hamburgueserías, pero los invadiremos con otros inventos, de eso no hay duda, y los madrileños haremos millones de kilómetros para sentarnos a comernos el bocadillo sobre Cercedilla, Guadarrama y Madrid. Y nos quedaremos mirando el cielo estrellado mientras pensamos "En los ojos/ la cruda luz de las estrellas!/ Balanceándose/ el velero embrujado."
[Publicado el 26/5/2009 a las 08:34]
[Enlace permanente] [Imprimir] [8 comentarios] [Enviar a un amigo]

Por la ventana veo ya venir el próximo puente de San Isidro. Y con los puentes llegan las salidas, los atascos y la consiguiente vuelta al trabajo o al paro, en cualquier caso a un estado que nos impone la sociedad o la dura realidad, que viene a ser lo mismo. Por eso, en cuanto se nos da la más mínima oportunidad huimos en coches, aviones y trenes a los paraísos de la playa o del extranjero, aunque sea de una forma bastante artificial, porque al terminar el puente regresamos como corderos al matadero, lo que viene a significar que vivimos atrapados en una isla de la que es muy difícil escapar. Algunos lo intentan y deciden quedarse en Bali u otro de esos paraísos de vacaciones para el resto de su vida. Deciden no volver a quitarse el pantalón corto ni la camisola hippy, ni volver a afeitarse, y cambian el coche por una motocicleta. De alguna manera se las han arreglado para fingir unas eternas vacaciones. Algunos se quedan para siempre en la orilla del mar y otros en la orilla de la vida. No está nada mal ver la vida desde la orilla, sentirse extranjero siempre. El extranjero no es siempre un inmigrante, ni el inmigrante un extranjero. Ser extranjero, como nos enseñó Albert Camus, es un estado de ánimo.
También muchos se las han arreglado para alargar la vida de estudiante hasta los cuarenta o más. Becas, cursos, masters. Llevan compartiendo piso desde que salieron de casa y no parece que les tiente demasiado la idea de cambiar la mochila por una maleta, ni su cocina comunal por otra alicatada y solitaria. Desde luego el mercado laboral no favorece lo contrario. Ya nadie aspira a un puesto de trabajo para toda la vida. Hemos pasado de la falsa estabilidad a la inestabilidad total. Por otra parte, estos mismos jóvenes tardan bastante en encontrar el amor definitivo, ese amor sobre el que fundar una familia y un patrimonio, un amor al que atarse y que bloqueará otros posibles amores, porque su permanente estado de formación se lo impide. Sin contar con que uno se ha ido acostumbrando al maravilloso romance. Sabemos, porque todos los poetas del mundo nos lo han dicho, que el amor champanoso, el burbujeante que hace cosquillas hasta doler, se acaba para dar paso a la complicidad y el cariño, que es más seguro y más adulto. Pero ¿quién quiere ser adulto? Vivimos en el planeta de la eterna adolescencia. El poderoso quiere ser poderoso para ser más joven. De nada vale ser bella si no se es joven. El joven quiere ser más joven aún. Ya no hay hombres de solapa ancha y corbata. Del hombre con cicatrices de cuchilla porque apenas se miraba en el espejo al afeitarse ha salido éste de pelos a lo tintín.
¡Ay!, ¡ay!, y ¡ay!, el amor. En la escueta (75 páginas con muchos claros), esencial y completamente encantadora novela de la francesa Annie Ernaux, Pura Pasión (Tusquets), se dice al final:
"Cuando era niña, para mí el lujo eran los abrigos de pieles, los vestidos de noche y las mansiones a orillas del mar. Más adelante, creí que consistía en llevar una vida de intelectual. Ahora me parece que consiste también en poder vivir una pasión por un hombre o un
a mujer." ¿Algo más que añadir?
También puede uno resistirse a salir fuera en cuanto toca puente y fomentar algo así como una rebeldía pasiva quedándose en Madrid, y aprovechar para mirar la ciudad con ojos de extranjero. O para leer la magnífica novela de Luisgé Martín, Las manos cortadas (Alfaguara). No se la pierdan, se trata de un thriller policial, de una apasionante intriga política y también de una historia de amor profundamente humana. Luisgé Martín, que es el protagonista y narrador de la novela ha pretendido indagar en los límites de las libertades democráticas, en la manipulación descarada de la historia y en los mecanismos que se emplean para conservar los privilegios de las castas dirigentes. La trama arranca de unas cartas inéditas de Salvador Allende que le hacen llegar al narrador en un viaje a Chile. Lo demás, su inquietante atmósfera, su pura pasión, la manera natural de contar y la gran aventura en que zambulle al lector, sin que el lector se dé casi cuenta, tendrán que descubrirlos por sí mismos, en cuyo caso les deseo unas felices fiestas de San Isidro anticipadas.
[Publicado el 12/5/2009 a las 10:33]
[Enlace permanente] [Imprimir] [7 comentarios] [Enviar a un amigo]

"Cuando empecé a ser homosexual sólo me acostaba con peluqueros, y no era manía, sino la realidad del momento. Así te darás cuenta de lo mayor que soy. Tardarían bastante en llegar los ingenieros gays, los concejales, deportistas y carniceros gays. La palabra gay ni se conocía. Los homosexuales entendían, y todos los que entendían en los bares a los que yo iba a ligar se dedicaban a las labores propias del pelo". Se acabó la cita, no quiero seguir porque lo que viene a continuación es aún mejor. Se trata del primer párrafo del relato "El peluquero de verdad", del volumen de cuentos aparecido hace unos días Con tal de no morir (Anagrama), de Vicente Molina Foix.
No se lo pierdan, es muy bueno. Me ha divertido tanto que he leído todo lo despacio que he podido, aunque inevitablemente se acabe llegando a la última línea. He pasado de la seriedad a la sonrisa (mucha) en cuestión de segundos, como si la vida no nos la tuviéramos que tomar ni demasiado en serio ni demasiado en broma, ni a nosotros mismos, como si debiéramos mirarnos en el espejo y disfrutar de lo que somos con nuestras grandes imperfecciones y azarosos encuentros humanos, unas veces para reírse y otras para llorar. Hay algo muy cálido en estas páginas que nos abriga, es el aliento de alguien que no tiene miedo a contar la verdad sin pelos en la lengua, pero sin querer amargarnos, sino tratando de elevarnos por encima de nuestras pequeñas miserias, enseñándonos a no aburrirnos nunca.
No sé si será por la suave ironía, por su inteligente sentido del humor o por la calidez de unos personajes muy humanos, o por todo junto, por lo que no podía soltar el libro. Da la impresión de que el Diego del primer relato, que da título al conjunto, es este hombre que tengo ahora mismo al lado en la cafetería y que rasga el sobre del azúcar con gran parsimonia mientras piensa en algo, ¿en qué estará pensando? Un bar cualquiera de Madrid, con gente como la que llena estas páginas, gente cotidiana que lleva ropa de Zara y conoce a sus parejas por Internet. Gente con la que nos rozamos, con la que nos encontramos y de la que a veces nos enamoramos.
Me agarro a estos cuentos como a un clavo ardiendo para volver a la realidad. Porque tanto que se habla de la realidad en ese tono de crudeza que pone los pelos de punta, tanto que nos restriegan la "dura realidad" por la cara cuando no quieren darnos algo, cuando nos niegan el préstamo, cuando descubrimos que nos engañaban, resulta que la única realidad que al final queda es la de las novelas y los cuentos, la del cine. El resto se evapora. Cuando pasa el tiempo sólo podemos volver a la realidad inventada, a la que ha sobrevivido encerrada en unas páginas o en unas imágenes, mientras que la auténtica realidad nos ha dicho adiós para siempre.
Por eso ahora más que nunca se puede insistir en la eterna pregunta de Watzlawick, ¿Es real la realidad? El caso es que la realidad sólo parece real cuando es dura, desagradable e inevitable, cuando te pasa por encima como un tanque, porque la realidad apacible, la despreocupada, la alegre, la enamoradiza, la feliz, siempre nos parece un sueño, y a algunos hasta una imbecilidad. Tal vez haya llegado el momento de cambiar la realidad, aunque continúe siendo escurridiza. Pensemos, si no, en lo que ocurrió en la cumbre del G-20 en Londres cuando los ejecutivos cambiaron la chaqueta por una camiseta para ir a sus trabajos y así pasar inadvertidos y que no les apedrearan. De pronto, dejaban de ser los dueños de la realidad, y los antisistema ya no eran los cabezas locas, los quiméricos, los fantasiosos. Habían cambiado las tornas, y la realidad ya no estaba de parte de los de traje (que se lo digan a Francisco Camps). Se les acababa de descubrir el truco de magia chapucera, que había creado una realidad tan falsa como dura. Por lo que ha llegado el momento de preguntarse muy seriamente: ¿de verdad es dura la realidad?
Por lo menos estos días, días de libros, la vida se ha portado bien y nos ha traído como nuevo premio Cervantes a Juan Marsé, cuya novela Últimas tardes con Teresa, siempre será maravillosa, con o sin premio. Y nos ha traído como nuevo académico de la RAE a José María Merino, cuyo lúcido discurso de ingreso pone el dedo en la llaga al hablar de este mundo nuestro a través de La ficción de verdad.
[Publicado el 29/4/2009 a las 10:50]
[Enlace permanente] [Imprimir] [10 comentarios] [Enviar a un amigo]
Coincidiendo con las salidas y entradas de Madrid típicas de estas fiestas, se han producido salidas y entradas en el Gobierno. Unos se van y otros vienen, unos se apean y otros suben al tren. Los ya antiguos no tienen más remedio que verse cara a cara con los nuevos y decir algo ingenioso para demostrar que no se han tomado a mal que los quiten. ¡Qué suplicio!, encima tengo que hablar, piensa el del adiós, mientras que los nuevos sólo tienen que sonreír y dejarse querer, aunque quizá sea éste el momento de ir pensando en la frase ingeniosa de una futura despedida para adelantarse y tener ese trabajo hecho, no sea que dentro de equis tiempo, con la emoción de última hora y tener que recoger el despacho deprisa y corriendo, se quede uno sin palabras.
Personalmente si yo fuese una o uno de los ministros salientes me habría agarrado al espíritu de la crisis, a la necesidad del ahorro y a la economía del lenguaje y, al entregar la cartera, habría dicho simplemente: "toma". Y se acabó, me habría vuelto a mi sitio junto a la pared y me habría dedicado a mirar al techo, que para eso los artistas se han dejado las cervicales pintando hermosos frescos, para que uno pueda distraerse de la dura realidad.
Sin embargo, se trata de una ceremonia que a los ciudadanos nos gusta y echamos de menos que no dure un poco más. Es demasiado rápida, no nos da tiempo de ver cómo van vestidos, ni de analizar las miradas, ni profundizar en el tono de las frases, que pediríamos que fuesen más irónicas, más de doble filo, con más juego para comentar en casa. Casi todo el espacio lo ocupa una gran cartera negra, símbolo de entrega de poderes, que casi siempre se presta a alguna anécdota como que en lugar de ministro ponga ministra o al revés o que en la de Educación hayan tenido que borrar alguna. ¿Es que no nos podemos permitir comprarle una cartera nueva al ministro? ¿Tiene que ser esa y sólo esa con vocales borradas unas encima de otras y palabras enteras tachadas con típex? Quizá se trate de una bella metáfora sobre la efímera temporalidad del cargo, de modo que el ministro siempre tenga la cartera a mano, junto a la mesa del despacho, para de un vistazo recordar que antes hubo otros y que después también los habrá y que todos han dejado y dejarán sus huellas en esa machacada cartera. Esa cartera representa el tiempo, por eso es negra como el cosmos y abultada como el vacío. Es un trozo de materia oscura, que se pasan unos a otros, tratando de desentrañarla.
¿Hasta que edad se remontan estos enormes carterones negros, a la Edad del Bronce? Y otra curiosidad, ¿se usan sólo en estos actos o los ministros y ministras guardan dentro el ordenador? La verdad es que precisamente una cartera le habría venido bien al jefe antiterrorista de Scotland Yard que llevaba bajo el brazo, como si fuesen unos apuntes de clase, una información de máximo secreto que podía leer cualquier que pasara por su lado y sobre todo que pudo ser fotografiada por teleobjetivos. Estoy completamente a favor de las carteras ministeriales y espero que nunca se sustituyan por un pendrive porque no habría ceremonia ni metáfora.
También podría significar algo que el cambio de ritmo del Gobierno haya ocurrido en Semana Santa, que a diferencia de las Navidades no tiene fecha fija. Unas veces cae en marzo, otras en abril, lo que está muy bien porque así tenemos tradición, pero no monotonía. Aunque no es monotonía lo que nos sobra porque acabamos de venir de las Fallas y ya termina la Semana Santa y a continuación nos espera la Feria de Abril y San Isidro, y mis queridas fiestas de San Antonio de la Florida. Ahora la Semana Santa no tiene nada que ver con la de aquellos tiempos en que se paralizaba la vida y no tenías más narices que ver Los Diez Mandamientos y escuchar música religiosa o escaparte a alguna playa, porque a las dictaduras siempre les ha encantado entristecer a la gente. Cuando estamos tristes tenemos menos energía y menos capacidad de respuesta, somos más manejables. Y lo que tienen las procesiones es que, en medio de todo lo que significan y que le sirvió a Mel Gibson para rodar ese otro Apocalypto, en versión latín, llamado La pasión de Cristo, es que son alegres y los que participan lo pasan bien, aunque algunos hayan querido agriar la fiesta con los dichosos lazos blancos.
[Publicado el 13/4/2009 a las 19:27]
[Enlace permanente] [Imprimir] [7 comentarios] [Enviar a un amigo]
Juan Eduardo Zúñiga es delgado y moreno, elegante, discreto, no habla alto, no es que hable bajo es que mantiene el tono de la cercanía, de la complicidad con quien habla. Ha escrito algunas de las mejores páginas de nuestra literatura sin altivez, por eso nos suenan humanas, y sin darse demasiada importancia, por eso él nos resulta creíble, y lo convierte en una rara especie de escritor que habría que proteger a toda costa. Lo convierte en un ejemplo para esas nuevas generaciones que buscan en la literatura la manera rápida de triunfar y hacerse rico, jóvenes impacientes que confunden la originalidad con no tener ni idea de lo que se ha hecho antes. En ese caso aconsejo fijarse en J.E. Zúñiga que ha tenido la paciencia de dedicar toda su vida a escribir sin esperar nada a cambio (lo que no ha impedido que haya sido premiado y valorado), salvo sus propias palabras iluminándonos a todos. Es muy humana la tentación de sentirse el mejor, pero sentirse el mejor no le hace a uno realmente bueno, también en ese caso es urgente acudir a Zúñiga y ver cómo se interesa por el trabajo de los demás, cómo valora lo que hacen otros. Nunca por ejemplo le he oído cuestionar a los jóvenes escritores impacientes como estoy haciendo yo ahora, ni a los maduros, ni a los ancianos, porque seguramente nunca se le ha pasado por la cabeza que la literatura ni los literatos necesiten su aprobación. No creo que haya caído nunca en esa megalomanía tan extendida de creerse con cierto derecho de propiedad sobre la calidad literaria en general, cuando bastante tendríamos con no ser tan benevolentes con nuestro propio trabajo. Él desde luego no lo es, se zambulle en el tiempo alternativo de la literatura, en ese tiempo en que los minutos y las horas tienen otra medida. Es el tiempo de la ensoñación, la imaginación, la memoria. Y con esto no quiero decir que sea un santo, es sólo un escritor que sabe que escribir no supone automáticamente un salto a la fama y que ir en ese plan sería alimentar una frustración difícil de controlar.
El estilo Zúñiga marca su manera de escribir y también una manera de ser escritor que ha llevado con clase y cuellos altos durante muchos años.
Lo vi antes de conocerle allá por el año 93, por supuesto lo conocía como escritor, pero no personalmente. Asistió como oyente de una mesa redonda en la que hablábamos del por entonces imprescindible en todas las salsas Thomas Bernhard. El prestigio le precedía. Cuando entró en la sala se oyó un rumor: ha venido Juan Eduardo Zúñiga. Ni siquiera recuerdo dónde se celebraba el asunto, pero sí de la situación. Zúñiga sentado y escuchándonos con sus gafas de concha puestas.
No es frecuente que los maestros vayan a oír a los que empiezan. Bueno, pues a lo largo de los años he vuelto a verle una y otra vez sentado discretamente en mesas redondas, conferencias, presentaciones sin ser él protagonista, lo que tiene narices. Y es que le interesa la literatura y lo que piensan y escriben los demás. El estilo Zúñiga.
Su manera de escribir es difícilmente sencilla y natural. Escribe "como él es" y eso se nota. Aunque no se le conozca personalmente uno sabe que detrás de Largo invierno de Madrid, La tierra será un paraíso o Capital de la gloria hay una personalidad serena y lúcida, que ve la vida desde el lado de la comprensión humana. Precisamente estas tres libros, publicadas por Alfaguara (donde ha salido la mayoría de su obra, si no toda) y recogidos posteriormente en un volumen en Cátedra, forman una trilogía de esta ciudad nuestra que cambia según los estados de ánimo, los sitios que se iluminaron a los quince años y que se oscurecieron a los veinte, la calle del primer trabajo, el parque de aquel amor, una ciudad que sufrió una Guerra Civil y una posguerra y todo lo demás. Madrid está escrito en cada uno de nosotros, queda en nosotros con lo bueno y lo malo, como los hijos.
Zúñiga lucha desde la página contra el olvido como si su compromiso social tuviese que ir a la par con su compromiso literario, y tal vez es esa exigencia la que le ha obligado a ser una escritor que se toma su tiempo o que no se deja presionar por la urgencia de los años ni por las modas editoriales. Al estilo Zúñiga.
[Publicado el 31/3/2009 a las 16:43]
[Enlace permanente] [Imprimir] [6 comentarios] [Enviar a un amigo]
Llega la primavera y con ella la eterna polémica sobre el aborto. Enseguida sale a relucir eso del derecho a la vida y las opiniones más absurdas y extravagantes que uno se pueda imaginar. Uno de los comentarios más idiotas que he oído lo soltó un sociólogo en televisión, recostado en una silla del plató. Con voz agotada de pensar tanto, dijo que por lo general detrás de la defensa del aborto se esconde alguna experiencia personal de esa mujer en particular o de su entorno. Con un par de narices. Pues no señor, son millones las mujeres que no han tenido ninguna experiencia personal en ese sentido, que no necesitan haber abortado ni que lo haya hecho alguien de su familia para ponerse en la piel de quien se encuentre angustiada ante la tesitura de traer o no un hijo al mundo por los motivos que sean (puede que en su situación yo hubiese hecho lo mismo), porque no olvidemos que es ella quien lo trae, ni los obispos, ni los que se echan las manos a la cabeza, ni los puros de pensamiento, palabra y obra, es a ella y sólo a ella a quien se le hincharán los pies, la barriga y los pechos, la que tendrá que parir y amamantar, la que verá peligrar su trabajo y muchas cosas más y la que será madre para el resto de sus días. Y aún así, teniendo que soportar todo esto, para una mujer merece la pena y le cuesta un verdadero calvario dar el paso de interrumpir su embarazo.
Otro comentario sin igual fue el de una lumbrera que dijo que de seguir así el aborto iba a ser usado como método anticonceptivo. Llegados a este punto, lo mejor sería que los hombres no opinaran sobre algo que es tan abstracto para ellos.
Por suerte no todos son como este elemento que no tiene ni idea de lo agresivo que es para el cuerpo de una mujer abrirse de piernas y que hurguen en su interior y que le arranquen una parte de sí misma, aparte de lo tocada que la deja emocionalmente. Los hombres (y las mujeres) que hablan así consideran a las mujeres puros recipientes de vida, una fábrica de células o algo así y que hay que vigilarlas para que no estropeen el producto. Los que hablan así consideran a las mujeres unas desalmadas que a la mínima se deshacen de sus fetos. Pero la cuestión es que es la mujer quien sufre esta experiencia dentro de su propio ser con multitud de implicaciones que pueden llevarla a abortar, un acto siempre traumático y nunca por capricho. Por capricho se hacen las cosas agradables, no las desagradables.
El concepto del derecho a la vida tiene tantos campos donde desarrollarse que parece ridículo que se centre exclusivamente en el aborto, en proyectos de seres que aún no han llegado a serlo. También tendrán derecho a la vida las legiones de niños que ya están realmente vivos y además hambrientos con moscas revoloteándoles sobre sus pobres huesos. Y las legiones de niños armados que han visto y hecho cosas en la guerra que los marcarán de por vida, y los que son usados sexualmente y los que trabajan de sol a sol sin que casi nadie piense en ellos, ¿hay derecho a eso?
[Publicado el 18/3/2009 a las 10:42]
[Enlace permanente] [Imprimir] [16 comentarios] [Enviar a un amigo]
No he tenido tiempo de contaros que el viernes, día 6, me marché a Toledo para celebrar el Día Internacional de la Mujer. Se trataba de un acto institucional de la Junta de Comunidades y de su Presidente José María Barreda en el que a diez mujeres se nos reconocía nuestro trabajo en distintas áreas.
Me habría encantado que hubieseis compartido aquel momento conmigo. Fue muy emocionante porque el lugar (la Fábrica de Armas del campus universitario de Toledo) estaba hasta los topes de mujeres (y hombres) de todos los sectores sociales con verdaderas ganas de fiesta. No fue un acto de trámite, uno de esos actos que se olvidan en cuanto te vuelves a casa. Había autenticidad, ganas de decir aquí estamos, cada día mejor, cada día más dueñas de nuestros sueños y nuestro destino. Y es que la mujer castellano-manchega es muy auténtica, muy libre y está hambrienta de futuro y novedad.
Me gusta haber nacido en Castilla-La Mancha y que algún crítico literario se refiera a mí como la "escritora manchega". Sin los espacios alucinatorios de La Mancha El Quijote no habría sido posible, y sin esos mismos paisajes grabados en mi cerebro desde niña la realidad no tendría para mí tanto interés, no sería tan misteriosa ni tan extraña y seguramente no escribiría sobre ella.
A la escritora castellano-manchega, que escribe estas líneas, le tocó agradecer en nombre de todas las homenajeadas el reconocimiento que se nos hacía, y en ese momento de quienes más me acordé fue de mis dos abuelas, una manchega y la otra castellana. Eran más fuertes y con más temple que yo y ahora lamento no haberlas conocido más a fondo, pero algo me dejaron, algo aprendí de ellas: a no tenerle al futuro más miedo que el estrictamente necesario.
Puedo decir de mis compañeras de reconocimiento que son unas mujeres espléndidas y que volveremos a reunirnos en alguna cena.
De verdad fue un placer conoceros.
Rosario Moratalla Villalba: esta investigadora de Motilla del Palancar (Cuenca) dispone de una excelente y premiada carrera profesional desarrollada en las universidades más prestigiosas del mundo. Su talento y capacidad se centran en desenmarañar los mecanismos íntimos del cerebro y en participar en importantes proyectos de investigación, incluido en el realizado por un Premio Nobel. Actualmente desarrolla su carrera científica en el Instituto Ramón y Cajal de Neurología.
Asunción Díaz del Río: Empresaria de gran capacidad al frente de un potente negocio. Dirige el Centro Comercial y de Ocio "Puerta de Toledo", ubicado en Olías del Rey. Destaca por su valentía e inteligencia a la hora de apostar por un importante sector empresarial y situarse al frente de la dirección del proyecto. La trayectoria de esta mujer emprendedora le ha llevado a desempeñar distintos puestos de decisión en varias empresas de gran calado.
Sara Simón Alcorlo: Se trata de la alcaldesa más joven de la región, con 24 años. Su capacidad y espíritu de liderazgo le han permitido ocupar la alcaldía de Motarrón en Guadalajara y desempeñar desde este cargo todas sus habilidades e inteligencia para hacer progresar su municipio y mejorar la vida de sus gentes. Sara demuestra la preparación de la que disponen las mujeres jóvenes de la región para desempeñar puestos de decisión política.
Amparo Sánchez Casanova: Esta arquitecta y funcionaria de la Administración regional es un ejemplo de tesón y cualificación dentro de este sector. Desempeña su labor como Jefa de Servicio en la Consejería de Ordenación del Territorio y Vivienda y dispone de una trayectoria impecable. Ha defendido los valores colectivos en la planificación y diseño de nuestros pueblos y ciudades y supone un ejemplo de las personas que dedican su talento y su carrera profesional buen funcionamiento de la Administración Pública.
Isabel Baladrón Perezagua: Fiscala Jefa de la Audiencia Provincial de Guadalajara que aporta al ámbito de la Justicia toda su preparación y trayectoria profesional. Esta toledana licenciada en Derecho está seriamente comprometida con los temas sociales y durante muchos años dedicada a temas de menores y mujeres. Ha sido condecorada con la Cruz de San Raiumundo de Peñafort.
Alicia Merino Fajardo: Mujer joven comprometida con su tierra y con las desigualdades por cuestión de género, tanto en nuestro país como en otros puntos del planeta. Es Trabajadora Social y actualmente desempeña su labor en un recurso de acogimiento de la región.
Bienvenida Pérez Montejano: La larga trayectoria de pertenencia y desarrollo en los movimientos asociativos de la región le hacen merecedora a esta ciudadrealeña del reconocimiento del Gobierno Regional. Sus aportaciones y experiencia son recogidas en el Consejo Regional de la Mujer de Castilla-La Mancha, del que Bienvenida forma parte.
Rocío del Campo García: Joven deportista castellano-manchega perteneciente al Club Paraolímpico de Castilla-La Mancha y al Club de Atletismo de Puertollano. Su tesón y preparación en el ámbito del deporte le han permitido convertirse en campeona nacional y plusmarquista nacional en salto de altura y hacerse con los récords de España tanto en pista cubierta como al aire libre. Sus éxitos cosechados son muchos y su sueño es conseguir una medalla en una Paraolimpiada.
Mercedes Sotos Prieto: Con 24 años, esta ibañesa es ejemplo de tesón, de estudio y dedicación. Consiguió en 2008 la nota media más alta de toda España dentro de su licenciatura en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, por lo que recibió el Primer Premio Nacional de manos del Rey. Su currículo y expediente académico es un reflejo de la alta preparación de las generaciones de mujeres jóvenes de Castilla-La Mancha.
[Publicado el 10/3/2009 a las 09:50]
[Enlace permanente] [Imprimir] [26 comentarios] [Enviar a un amigo]
Clara Sánchez es escritora española. En la actualidad reside en Madrid, donde estudió la carrera de Filología Hispánica y donde durante varios años enseñó en la universidad. Hasta la fecha ha publicado ocho novelas: Piedras preciosas (Debate, 1989), No es distinta la noche (Debate, 1990), El palacio varado (1993, Punto de Lectura 2006), Desde el mirador (Alfaguara, 1996), El misterio de todos los días (Alfaguara, 1999), Últimas noticias del Paraíso (Alfaguara, 2000), Desde el mirador (Alfaguara, 2004) y Presentimientos (2008).
Su obra ha sido traducida al francés, alemán, ruso, portugués, griego...
Ha recibido el premio Alfaguara de novela en 2000 por Últimas noticias del paraíso.
Y el premio Germán Sánchez Ruipérez al mejor artículo sobre Lectura publicado en 2006 por la columna titulada "Pasión Lectora" (El País, 6 de agosto).
Colabora habitualmente en El País. Y durante unos cinco años lo hizo en el programa de cine de TVE "Qué grande es el cine".

Presentimientos (2008). Alfaguara, España
Un millón de luces (2004). Alfaguara, España
Últimas noticias del paraíso (2000). Alfaguara, España. (Punto de Lectura, 2001) (Premio Alfaguara de Novela)
El misterio de todos los días (1999). Alfaguara, España
Desde el mirador (1996). Alfaguara, España
El palacio varado (1993). Editorial Debate, España. (Punto de Lectura, 2006)
No es distinta la noche (1990). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)
Piedras preciosas (1989). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)
Artículo en ABC sobre la autora.
Reseña de su nuevo libro en El cultural.
Entrevista en la revista Anika entre libros
Entrevista en El Semanal Digital
Comentario del libro en elmundo.es/blogs
Los pasadizos de Clara Sánchez por Jesús Marchamalo
Reseña de Presentimientos El Comercio (Perú)
Artículo en El Universal de México
01/7/2009 13:03
Hola Angel,thanks, muy bonitas y...
Publicado por: Jose
01/7/2009 02:59
Publicado por: ANGEL
29/6/2009 05:42
Publicado por: Susana Castro Avendaño
28/6/2009 16:52
pues a mi parecer si es verdad...
Publicado por: jessica
25/6/2009 18:38
Publicado por: Félix
25/6/2009 12:40
Hola Clara, hola Angel, hola a...
Publicado por: Jose
20/6/2009 20:01
Publicado por: Isa
20/6/2009 00:27
Jose: mil gracias por el mensaje...
Publicado por: ANGEL
19/6/2009 18:25
Publicado por: jbv a 10.710 km
18/6/2009 12:45
Fina y ligera estampa, Clara, la...
Publicado por: Jose
© 2005 | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres