Me piden de una revista mexicana que piense en el viaje de mi vida. Y aunque les escribo que okey, que lo escribiré, que les confirmo fechas la próxima semana y gracias por la propuesta y saludos y chao, finalmente, luego de responder el mail, me quedo pensando en cuál ha sido el viaje de mi vida. Peor aún, me quedo pensando en cuál ha sido mi vida. Y sus viajes.Al rato hago encuestas. Una amiga me dice que el viaje de su vida fue en mochila por Europa, recién salida del colegio en Cali, Colombia. Me dice que fueron meses de meses de abrirse libremente al mundo, dejando atrás un círculo de amistades chismosas, además de guardaespaldas, sicarios, balas de plomo partiendo cráneos y secuestros de familiares y amigos. Otro me cuenta que su gran viaje fue a la carretera austral en auto, desde Santiago. Cuatro semanas solo con su papá, con quien por entonces se hablaba poco y nada: a la vuelta del viaje habían hablado de todo, además, claro, de haber ido juntos a putas en Puerto Montt, de haberse emborrachado hasta vomitar en una cantina de madera mientras afuera nevaba y de haber reído tanto, tanto, tanto, que cuando lo recuerda le dan ganas de llorar.
¿Cuál ha sido el viaje de tu vida? La pregunta es simple, aunque Chatwin hizo de su respuesta una profesión. La vida y los viajes a veces se complican y precisamente en esos momentos, por lo general, es cuando se nos hacen inolvidables. Es lo que le pasó a otra amiga, una que recorrió el mundo como instructora de esquí y que dice que el viaje de su vida fue a los 16 años, cuando le tocó su etapa de intercambio a Estados Unidos. Pero a ese Estados Unidos de los viajes de intercambio. Es decir, a un pueblo perdido, terriblemente fofo y con colesterol hasta en los semáforos, de autos grandes y viejos y banderas USA en las chaquetas y donde, finalmente, como casi todos, lo pasó pésimo en el intercambio famoso. En ese viaje tuvo que enfrentar tantas dificultades sola, que a partir de entonces su vida cambió. Otro me dice que el viaje de su vida todavía no lo hace, que lo hará pronto. Me jura que lo hará pronto. Que un día mandará todo al carajo y que pronto (repite la palabra pronto cada cinco frases) dejará el trabajo que detesta, el buen puesto que no lo enorgullece, los planes de previsión que no lo tranquilizan y saldrá de viaje a recorrer el mundo que sabe que se está perdiendo por tener que responderle a no sabe quién.
Quiero creer que a lo largo de nuestra vida tenemos varios viaje de la vida. Que en más de una ocasión todo cruje, todo cambia, la perspectiva se da vuelta y las cosas se sacuden y de ser así, como espero que sea, el problema estaría en elegir uno de esos viajes.
A veces pienso que el viaje de mi vida fue a Boston, cuando mi hermano estudiaba en Harvard. Llegaba la oveja negra a visitar a la estrella de la familia. Después de varias semanas desorientado en el entorno triunfalista de Cambridge, obviamente salí disparado. Escupido por la situación. Dando botes en autos y trenes hasta terminar en Miami, en la casa de una vieja colombiana que conocí en el Amtrak, tras recorrer toda la costa Este pensando que mi vida sí que era mínima. Otras veces, imagino que todo cambió un verano de hace mil años, cuando mi amigo Tuna contó que su papá tenía una casa desocupada en El Tabo y entonces, en grupo de amigos, nos pasamos todas las noches de medio verano recorriendo discotecas desde El Quisco a Cartagena, ida y vuelta, cuando esa zona ya era, y de lejos, la más bizarra de Chile. O puede ser que el viaje de mi vida haya sido el que hice a Aguaviva, un perdido y seco pueblo del interior de España a donde llegué haciéndole dedo a un camión. Iba obsesionado por contar la historia del lugar, un pueblo de viejos españoles repoblado con niños argentinos. Un lugar aburrido y caluroso, al que llegué por voluntad propia y, lo que es peor, gastándome más de la mitad del premio de un concurso de crónicas con el que supuestamente viviría todo un año. O cuando me fui de chico de campamento con mis hermanos y mi padre. O cuando fui al Mundial de Francia compartiendo hoteles con Leonel Sánchez y Chamaco Valdés. O cuando volé de Barcelona a Buenos Aires pensando en alargar para siempre lo vivido en la habitación 503 del hotel Cisneros.
¿Cuál ha sido el viaje de tu vida? En mi caso, la pregunta está abierta y me queda una semana para responderles a los mexicanos. Por lo menos ya tengo claro que, al igual que en las buenas crónicas de viajes, lo más importante del viaje de la vida es qué te sucedió aquella vez. Y que lo menos relevante, como siempre, es el lugar físico donde todo pasó.
@menesesportatil
[Publicado el 09/5/2013 a las 22:24]
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Alejandro Almazán, uno de los autores ¡Bang!, presenta nuevo libro en México. Se trata de un conjunto de crónicas publicadas bajo el titulo de "Chicas Kalashnikov". Una muestra del trabajo de uno de los principales cronistas de la Generación ¡Bang!
Almazán nació en Ciudad de México en 1971. Estudió Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM. Ha sido miembro fundador de Macrópolis, CNI-Canal 40, Milenio Semanal, Milenio Diario, Larevista y Emeequis. Además, ha trabajado para los diarios Reforma y El Universal. Actualmente colabora la revista Gatopardo, en el Grupo Milenio. Ha ganado tres veces el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de crónica. Ha ganado, también, el Premio Nacional Rostros de la Discriminación, el premio que otorga la Sociedad Interamericana de Prensa y el Fernando Benítez.
Es autor de La victoria que no fue (2006), Gumaro de Dios, el caníbal (2007), Placa 36 (2009), la novela Entre perros 2009), Palestina, historias que Dios nunca hubiera escrito (2011) y la novela El más buscado (2012). Sus textos sobre narcotráfico han sido publicados en antologías recientes de España, México y Venezuela.
En la entrevista que le hice para Generación ¡Bang! le dije que entre sus varios libros hay dos novelas ("Entre perros", sobre un sicario, y "El más buscado", con la vida de un capo narco), y me interesaba saber cómo hacía el cruce entre realidad y ficción en su trabajo periodístico.
Esta fue su respuesta:
-Como una vez se lo leí a Martín Caparrós: Sé que es periodismo porque se publica en periódico y sé que es ficción porque se publica una novela. Es decir, como Caparrós, no cambio mi chip de escritura, pero al teclear tengo claro cuál de los dos pactos con el lector estoy utilizando: el del periodismo, donde tecleo lo que me consta, lo que vi, lo que no puedo torcer; y el de la ficción, donde tecleo lo que se me ocurre, lo que quiero transformar. Quizá lo más difícil del paso a la ficción fue que debía mentir, siendo que mi oficio trabaja con la verdad. Entonces sentí un gran alivio al pensar que la ficción había sido creada para los que, en el mundo real, no sabíamos mentir. En la ficción, también, he encontrado un refugio para contar lo que en el periodismo no se puede. Hoy, que están matando a mucho periodista en este país, mucha de la información se desecha. Ya sea por miedo, porque no está confirmada o porque sí lo está. Porque entiendes que las autoridades con partícipes y estás más vulnerable. O simplemente porque entiendes que, aún cuando se publique, no pasará absolutamente nada y tú sólo, en el mejor de los casos, vas a engrosar la lista de sentenciados.
@menesesportatil
[Publicado el 03/5/2013 a las 17:55]
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Dice Alberto Salcedo Ramos "La crónica desarrolla un aspecto secundario o de color de un acontecimiento que ha sido, antes, objeto de tratamiento noticioso. Ese es su valor agregado." Y en el libro Generación BANG los nuevos cronistas del narco mexicano, editado bajo el sello Temas de hoy, queda ampliamente comprobado.
Cuenta el cronista chileno Juan Pablo Meneses, que los viajes que realizara a México durante los años 2007-2012 le abrieron el interés por conocer más a fondo la situación que vivía el país con respecto al narco. Motivo por el cual empezó a buscar información, contactó reporteros, revisó la información de la prensa... Y terminó reuniendo el trabajo de 11 periodistas mexicanos que con sus crónicas mostraban los aspectos profundos, que el trato noticioso deja de lado, para buscar la siguiente nota relevante.
"Si ahondamos en el horror quitamos el disfraz a las mentiras que señalan que esta es una guerra de ‘buenos contra malos', que la mayoría de los que mueren son delincuentes o ‘en algo malo andaban', que muy pocos eran inocentes -o ‘bajas colaterales, como le gustaba nombrarlos al presidente- o que esta guerra debe pelearse a balazos, como se hacía en el Viejo Oeste" Marcela Turati
La selección es buena, la mayoría de los cronistas ya son reconocidos, y los trabajos que se presentan en esta compilación son variados en temática y estilo:
-Un narco sin suerte, Alejandro Almazán.
-Partes de guerra, Daniel de la Fuente.
-La mujer más valiente de México tiene miedo, Galia García Palafox.
-Los Sheriffs de la montaña, Thelma Gómez Durán.
-Los niños de la furia, Luis Guillermo Hernández.
-Un vaquero cruza la frontera en silencio, Diego Enrique Osorno.
-Los desaparecidos de Tamaulipas, Humberto Padgett.
-Juegan a ser sicarios, Daniela Rea.
-La voz de la tribu, Emiliano Ruiz Parra.
-Guerra contra el luto, Marcela Turati.
-¿Qué hay en el más allá de un narco?, Juan Veledíaz.
Las crónicas presentadas en Generación BANG, son el esfuerzo de un grupo de profesionales, que busca ir más allá del frío reporte noticioso, mostrando los rostros y motivaciones de los involucrados en una guerra violenta, que en un principio sorprendía, pero que poco a poco, empieza a ser parte de una rutina de vida. Cada uno de los 11 autores tiene una pequeña biografía y Juan Pablo Meneses le realiza una entrevista, cerrando el círculo de presentación.
"Los cronistas estamos trascendiendo el ‘ejecutómetro' (ese brutal conteo diario de asesinados que realizan los reporteros de la nota roja) y le estamos dando rostro a la guerra, la dotamos de historias, de significados, antecedentes, implicaciones y explicaciones". Marcela Turati.
Generación BANG los nuevos cronistas del narco mexicano, es una buena forma de acercarse a un interesante grupo de escritores y también al conocimiento del ambiente del narcotráfico donde... no todo es como se cuenta en una nota informativa. . . se felizzzz!!
[Publicado el 29/4/2013 a las 04:32]
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La mochila está pasando su peor momento. Algunos ya presagian que el viejo equipaje que colgamos sobre los hombros, viajero como ninguno, vive sus últimos días. Días finales y explosivos que las han mostrado estallando y rompiendo y cortando y atravesando y quemando todo lo que se les interponía. El atentado en el Maratón de Boston ha vuelto a ponerla en los titulares, junto a imágenes de sangre, de muertos, de ciudades del primer mundo acordonadas, de médicos con el mejor equipo del planeta corriendo de un lado a otro, de llanto, de gritos, de testimonios agitados, de testigos, de heridos y de mochilas diseminadas en millones de pedazos por sobre la ciudad.
Pocas cosas están tan asociadas al viaje como una mochila. Por eso las mochilas explotan en aviones, en buses, en trenes, en maratones y no en redacciones de revistas, ni en salas de directorio, ni en acaloradas comisiones, ni en los canales de televisión. Las mochilas están en la espalda de los que se mueven. De los que van de un lado a otro y, de alguna manera - de una rarísima manera- el mundo nos enseña, a partir de ellas, que ya nada es lo mismo: de inofensivos, vagos y descreídos, los mochileros recorriendo el primer mundo han pasado a ser peligrosos, sangrefrías, eventuales terroristas.
Leo que en Estados Unidos, y ahora los sigue Europa, están educando a la gente para que reconozca a un viajero mochila-bomba dentro de los buses y trenes. No sólo eso, me entero que en los últimos años se han matado a balazos a varios mochileros sospechosos en espera de un tren.
Es la guerra, ya lo sabes.
Y la mochila siempre ha sido guerrera: Napoleón decía que cada soldado lleva en su mochila el bastón de mariscal. En Chile algunos estudiantes llevaban adentro de ellas molotov, aunque la mayoría apenas lleva un cuaderno.
Lo que pocos entienden, aunque ahora viva su peor momento, es que las mochilas siempre han tenido una carga. Y una muy explosiva. ¿O creen que el tipo que por fin abandona todo, se pone la mochila en la espalda y sale a recorrer el mundo lleva en la mochila solamente ropa? También carga una bomba de tiempo.
@menesesportatil
[Publicado el 24/4/2013 a las 18:08]
[Etiquetas: mochila; bomba; viaje]
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Un futbolista africano en México
[Publicado el 22/4/2013 a las 02:15]
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Me llaman de una radio de Chihuahua, en el norte de México. Me dicen que espere un minuto en línea dos, antes de salir al aire. La idea es hablar sobre Generación ¡Bang!. Ya casi estamos al aire. El conductor anuncia mi entrevista y lee la contraportada al aire. Le describe a los auditores la portada, y cuenta que ya estoy en línea, desde Sudamérica.
Me pregunta cómo nace la idea del libro, cómo fue la selección de los autores, cómo podría definir el libro.
-Es una crónica coral de México y el narco- le digo.
Repite varias veces "crónica coral", como quién intenta calzar piezas que no cuadran. Y luego comienza a enumerar a los autores de la antología. Cuando nombra a Marcela Turati, le digo:
-Ella es de Chihuahua. Es una gran periodista.
El conductor de la radio se sorprende. Confiesa que no sabía que era de Chihuahua, y confiesa que tampoco sabía quién era Marcela Turati. Nada nuevo. Pasa con la mayoría de los ¡Bang!: en un pequeño círculo se les conoce en detalle, pero la mayoría no los conoce.
Alcancé a decirle que en días pasados, Marcela Turati ganó el premio Lyons de la Universidad de Harvard por su cobertura al tema del narco. ¡Los Bang! siempre están ganando premios internacionales. Esa vez,hablando con la radio de Chihuahua, me quedé con ganas de leer partes de las respuestas de Marcela en la entrevista que le hice para Generación ¡Bang!
Extractos de un coro, como estos:
¿Qué están contando ustedes, los cronistas, de la guerra narco que no esté contando el periodismo convencional?
Los cronistas estamos trascendiendo el ‘ejecutómetro' (ese brutal conteo diario de asesinados que realizan los reporteros de la nota roja) y le estamos dando rostro a la guerra, la dotamos de historias, de significados, antecedentes, implicaciones y explicaciones.
La numeralia y el registro diario de hechos son importantísimos y es admirable la labor que están haciendo los reporteros policiacos. Por nuestra parte, las y los cronistas, con nuestras historias, estamos humanizando la guerra y ayudando a derribar los mitos en los que el presidente basó su estrategia así como el discurso violento e irracional de los narcotraficantes. Si ahondamos en el horror quitamos el disfraz a las mentiras que señalan que esta es una guerra de ‘buenos contra malos', que la mayoría de los que mueren son delincuentes o ‘en algo malo andaban', que muy pocos eran inocentes -o ‘bajas colaterales, como le gustaba nombrarlos al presidente- o que esta guerra debe pelearse a balazos, como se hacía en el Viejo Oeste.
No es lo mismo registrar que aparecieron 12 albañiles asesinados en un bosque cerca del Distrito Federal a viajar a las comunidades selváticas de las que salieron para contar quiénes eran, en qué soñaban, cómo lucen las chozas donde nacieron, quién los contrató para su último trabajo, cómo se les aparecen en pesadillas a sus madres, cómo viven el trauma sus hijos, cómo el rumor fácil que los señalaba como ‘narcoalbañiles' terminó por rematar a su familia.
Cada cadáver que aparece amarrado y colgado de un puente, o apilado con otros, o en una fosa común tiene una partícula de verdad que contar. Si logramos escribir sus historias estamos colaborando para que nuestros lectores salgan del caos en el que la violencia nos ha sumido, encuentren algún sentido a lo que ocurre, comiencen a domar el miedo y a intervenir.
La apuesta de los cronistas es propiciar que nos rebelemos a la normalización de la violencia, picar al lector para que salte de su silla, para que se sienta incómodo, para que reaccione, para que no se sienta ajeno ante esto, para que desee cambiar esta historia.
¿Es más seguro el periodismo narrativo para cubrir hechos de violencia?
El riesgo que se corre es similar aunque diferenciado.
Los más expuestos y valientes siempre serán los reporteros policiacos y los reporteros locales, porque viven en medio de las balaceras y no tienen oportunidad de tomarse un fin de semana lejos de los balazos.
Y los que nos consideramos cronistas y que trabajamos para medios nacionales (lo aclaro porque hay cronistas muy buenos en las redacciones regionales) también vamos a los frentes de guerra y, muchas veces, sin conocer bien el terreno, sin tiempo para prepararnos, o confiando en personas a las que apenas conocemos. Si bien, nosotros podemos darnos el lujo de tomar un avión, regresar a casa y cambiar de tema, pero la dinámica del conflicto nos hace viajar constantemente a zonas de guerra y, algunas veces, cuando menos nos damos cuenta estamos parados sobre arenas movedizas.
¿Cuáles son las cinco cosas que nunca debe hacer un cronista que quiere escribir sobre la violencia que afecta a su ciudad, y su país?
1. Exponer a una víctima a que sea revictimizada.
2. Arriesgar la propia vida por una nota.
3. Hacer tratos con alguna de las "partes" del conflicto.
4. Usar a los reporteros locales para que le surtan a uno de noticias (esos reportajes publicados en medios nacionales o internacionesl generalmente ganan premios y los periodistas locales terminan amenazados).
5. Darse tanta importancia como para pensar que uno mismo es "la nota" (todos lo vimos -asqueados- en Ciudad Juárez).
@menesesportatil
[Publicado el 21/1/2013 a las 21:42]
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Acaba de aparecer en México Generación ¡Bang!
El libro nace de una vieja obsesión: escribir una crónica sobre México y el narco.
Entre el año 06 y el 12, todo el período de Felipe Calderón, siempre viajé al menos una vez cada año a México. Y todas las veces, sin importar el motivo del regreso, volvía a aparecer esa deuda pendiente: escribir una crónica sobre México y el narco.
En cada viaje preguntaba a los nuevos cronistas mexicanos por datos, historias, ciudades y personajes que me pudieran servir para mi propia crónica del tema. Hasta que un día, entre esos viajes, descubrí por primera vez lo que hasta entonces me hubiera parecido imposible: nunca iba a escribir una crónica sobre México y el narco.
Desistí de escribir mi texto, porque estos nuevos cronistas ya estaban -y están, diariamente- haciendo la gran crónica del narco mexicano que me hubiera gustado hacer. En eso se pasaron los últimos años. Sin que ni ellos mismos, tal vez, se dieran cuenta estaban armando un único relato de varios autores y una nueva generación.
Un texto fragmentado, coral, publicado por partes y en medios nacionales y extranjeros, escrito por jóvenes mexicanos inexpertos y enfrentados a cubrir su primera guerra. Un grupo que cronistas que comenzó el sexenio de Calderón con menos de 35 años, que no vivió la violencia política del México de los 70, ni cubrió las guerras centroamericanas de los 80, ni reporteó el despertar zapatista de los 90. Jóvenes que crecieron leyendo del boom de la nueva crónica latinoamericana, y que usaron esa forma de contar para relatar la guerra de Calderón.
El periodismo narrativo, la crónica, para mostrar el México de hoy. Estos jóvenes no estuvieron los últimos años escribiendo eruditos ensayos académicos sobre la violencia, redactados desde un cómodo escritorio de algún barrio fuera de peligro. Tampoco eran los reporteros de primera línea, aquellos que sacrifican su vida por el dato duro y el conteo de balas, y de los cuales hay demasiados muertos. Estos, los de esta nueva generación, relataban historias de violencia más que el número de víctimas. En vez de contar la cantidad de balas, estaban describiendo las consecuencias y el sonido de un disparo. ¡Bang!
Generación ¡Bang!
Son 11 los Bang! del libro: 11 crónicas y 11 biografías de los autores y 11 entrevistas donde ellos me contaron del futuro de México o de cómo terminaron escribiendo de la violencia o de los resguardos que debemos tomar al escribir en zonas de peligro o de por qué elegir un muerto y no otro para contar su historia.
Hace algunas horas llegué a México para presentar Generación ¡Bang!
El historia de una generación.
Mi crónica sobre México y el narco.
twitter: @menesesportatil
[Publicado el 25/11/2012 a las 06:24]
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La mafia es una familia y la familia es una mafia. Esa es la moral que atraviesa Honrarás a tu padre, el libro donde Gay Talese se infiltra en el clan de los Bonanno con una idea comercialmente impecable: revelar el lado menos conocido de la mafia italoamericana.
Considerado como una pieza fundamental del nuevo periodismo estadounidense, el libro se podría leer como una novela de un cajón inverso al de Mario Puzo, autor de El padrino. Pero también, y sobre todo, como una inagotable investigación donde Talese nunca deja de recordarnos que la realidad siempre es más conmovedora que la ficción. Los seis años que le tomó reportear la historia, los viajes a Italia, la vida en Sicilia, el mapa de la familia, los funerales de los mafiosos donde van policías a anotar los números de las patentes de los autos, los detalles comunes de la rutina de los capos, aparecen como pastillas de las que rápidamente uno se hace adicto. Pero no solo eso. El bombardeo de datos concretos, la aparición de nombres y hechos googleables, son un recordatorio constante de que todo lo que leemos pasó. Y si es real, es mejor.
El inicio de la historia ocurre cuando dos gángsters, en octubre de 1965, secuestraron al reconocido padrino Joseph Bonanno, jefe mafioso de Nueva York. La policía de la ciudad informó que estaba muerto, aunque un año más tarde Bonanno reapareció con vida, dando la partida a una larga escena de balazos y traiciones y venganzas entre familias en disputa.
El libro se publicó originalmente en 1971 y cuarenta años después aparece traducido al español por Patricia Torres Londoño, en momentos en que la crónica periodística latinoamericana vive una suerte de boom literario en el idioma. La sorpresa que despierta este libro de periodismo narrativo entre los lectores hispanoamericanos es tardía, aunque no por eso descartable. Tras su primera edición, Honrarás a tu padre se transformó en un bestseller inmediato. La CBS hizo una miniserie televisiva de la obra, y se le considera el libro clave para los realizadores de Los Sopranos: aquí los mafiosos tienen penas, dudas y problemas para criar a sus hijos. La mafia es una familia. Y la familia es una mafia.
Leerlo hoy con el entusiasmo de la primera vez sería una ingenuidad. Gran parte de los secretos, que Talese reveló el 71, ya los hemos conocido por otros libros, otras películas, otras series. De alguna forma, el mayor interés de esta nueva edición es el rescate de un clásico. Cualquiera que tenga ganas de escribir buenas crónicas debería ver cómo un autor se puede meter, obsesionar y mimetizar con el mundo que quiere describir. Cualquiera que pretenda escribir un libro de periodismo narrativo verá cómo se puede llevar un relato sin que el narrador luche por cruzarse delante de la cámara. Y entender que el secreto está en "mostrar", sin caer en el mal gusto de tener todo el tiempo que "decir".
Retratos y encuentros, otro libro de Gay Talese traducido recientemente al español, tiene textos que se pueden leer como la trastienda de Honrarás a tu padre. Ahí cuenta, por ejemplo, toda la historia de cómo se fue haciendo amigo de Bill Bonanno, hijo del capo, su puerta de entrada en la mafia. También revela la relación con su propio padre. Joseph Talese era un sastre italiano que migró a New Jersey en los años 20, y que entre los clientes de sus trajes tenía a miembros de la mafia neoyorkina. Esta cercanía, esta pertenencia, se nota en el libro.
El destino de Gay Talese era seguir a cargo de la sastrería familiar. Eso, hasta que llegó el periodismo y las historias y los libros y el reconocimiento que lo tienen como una de las firmas claves de la no ficción mundial. De aquel mandato familiar quedan los trajes y el sombrero que usa hasta el día de hoy. Pero, además, y tal vez más imperceptible, una mirada que siempre defiende la tradición y el estilo como una moral.
Por lo mismo, Honrarás a tu padre es, todo el tiempo, un libro elegante. Los mafiosos no son asesinos en serie con movimientos robotizados, ni verdugos que matan para calmar los nervios del abuso de drogas. Las familias no están divididas entre buenas y malas, solamente que hay algunas que aparecen más organizadas. Y los capos, que la caricatura dibuja como jefes de la matanza, aquí se ven como señores preocupados de vestir un buen traje. Como los que hacía su padre. Como los que le correspondería estar confeccionando a él.
Publicado en la revista Dossier de la Universidad Diego Portales.
Twitter: @menesesportatil
[Publicado el 05/10/2012 a las 18:23]
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Con el fin de promover el periodismo narrativo en America latina, la Escuela de Periodismo Portátil y la Universidad de Guadalajara lanzan la tercera edición del premio Las Nuevas Plumas. Concurso de Crónicas Inéditas en Español.
En esta tercera edición colaboran los diarios y revistas: Gatopardo (Internacional),SoHo (Colombia), Etiqueta Negra (Perú), La Estrella (Chile), ADN, La Nación (Argentina), Quimera (España) y Emeequis (México).
Para la primera edición, Federico Bianchini resultó ganador con su trabajo "Hombre que nada". El jurado estuvo conformado por Juan Villoro (México), Julio Villanueva Chang (Perú) y Juan Pablo Meneses (Chile).
Para la segunda edición, Eliezer Budasoff resultó ganador con su trabajo "El hombre que se transformó en espejo". El jurado estuvo conformado por Alberto Salcedo Ramos (Colombia), Marcela Turati (México), Alejandro Almazán (México) y Juan Pablo Meneses (Chile).
La convocatoria es emitida por La Escuela de Periodismo Portátil y la Universidad de Guadalajara y permanecerá abierta hasta el 30 de SEPTIEMBRE de 2012. La ceremonia de premiación se realizará en el VII Encuentro Internacional de Periodistas, en el marco de la XXVI Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Bases y premios en la página oficial de Las Nuevas Plumas:
[Publicado el 04/9/2012 a las 21:42]
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[Publicado el 09/8/2012 a las 16:09]
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17/5/2013 03:31
www.letraseneltiempodelourdesaqu...
Publicado por: LOURDES AQUINO
10/5/2013 05:53
Que pregunta más interesante....
Publicado por: Julie Kjaer Gatzwiller
04/5/2013 00:32
Publicado por: María Alicia Valencia Infante
29/4/2013 06:12
Es la primera ocasión que envío...
Publicado por: Luis Cazares R
28/4/2013 20:58
Todos cargamos una bomba de...
Publicado por: Alfonsa Cruz
28/4/2013 20:33
Desde tiempos muy antiguos la...
Publicado por: Sergio Mota
28/4/2013 16:51
Independiente de lo que se dice...
Publicado por: Jose Sinuhe Fabian Marquez
27/4/2013 04:31
Publicado por: vezlo
27/4/2013 04:25
Publicado por: vezlo
27/4/2013 00:57
La Inseguridad en Ambos Países,...
Publicado por: IRENE DE LEON
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