El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 20 de marzo de 2010

 Blog de Javier Rioyo

Arturo Barea, la educada rebeldía.

 

ARTURO BAREA, REBELDE CON CAUSA

 

Todo el que quiera saber algo sobre los españoles del siglo XX, los barrios populares madrileños en los años veinte, las guerras coloniales con Marruecos, la vida en la segunda República o las tragedias de la Guerra Civil debería leer "La forja de un rebelde", la trilogía autobiográfica, la novela llena de verdad, iluminadora de la historia pequeña y verdadera de un país. Es sin duda una de esas obras que permanecen de aquellos escritores que tuvieron que escribir desde el exilio. Peculiar exilio el de Barea que se tuvo que escapar de "los suyos". No gustaba su independencia, su inteligencia, su libertad a los dirigentes estalinistas que hicieron imposible ser un hombre libre y justo sino se aceptaban sus consignas. Es otro tema, un tema que me ha ocupado mucho tiempo, muchas discusiones y muchas decepciones. La izquierda oficial española del entorno del Partido Comunista hizo mucho daño durante la República y la Guerra Civil.

Después, en el franquismo, fue otra cosa. No estuve con ellos, pero sí entendí esa militancia aunque me mantuviera en un lado crítico. Mis enfermedades de izquierdismo juveniles.

Ahora he vuelto a leer a Arturo Barea en una obra ¡inédita! en español, "La raíz rota". Nos encontramos al  escritor desde su exilio londinense, enamorado de la campiña inglesa, de los pubs, de "la paz del country" y de su nueva mujer Ilsa- una socialista austriaca que antes fue su amante en un Madrid bajo las bombas- que vuelve la  mirada a su país de origen, a su ciudad, Madrid- aunque nació en Badajoz- y la imagina tal como era en 1949. No es un relato autobiográfico, aunque mucho de ello hay en "La raíz rota", en las experiencias españolas de ese hombre que regresa del exilio con pasaporte inglés y se encuentra con su familia que ya en nada se parece a aquella que vivió en tiempos de normalidad y República. Una novela del viaje de regreso que nunca hizo el exiliado Barea. La novela, sin ser de la importancia de "La forja...", está llena de curiosidad, de retrato imaginado pero certero de las miserias morales y reales de un tiempo y un país. Lo han publicado en la editorial Salto de Página. Absolutamente recomendable para los que leyeron "La forja...". O simplemente para los que quieran algo de la verdad literaria vista por un español, por un escritor que tuvo la osadía de ser libre. Un rebelde educado. Una manera culta y abierta de ser español

 

 

[Publicado el 23/7/2009 a las 11:24]

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Verano del 69 y Luna

 

 

 

Me acuerdo más de las chicas que de la Luna. Ese gran paso de la humanidad, la conquista de ese lugar tan incómodo, la pelea por el espacio, la salida del cohete, la llegada de los felices americanos, la derrota de los soviéticos, las narraciones cursis, las poéticas, las emocionadas. Los nombres de los astronautas, el papel de las centrales españolas...Me pareció mejor Tintin y su viaje. Y me quedé fascinado con el viaje de Verne. Será que entonces las chicas no ocupaban tanto espacio como en ese verano de mis dieciséis, caminando a los diecisiete. Para mí la otra cara de la Luna, incluso la cara "A" estaba en la boca de laguna chica y si acaso, también estaba en viajar a París.

Ese era mi viaje espacial. Ir a París, besar en los puentes del Sena, comprar discos, robar libros.

Me gustaba, me gusta mirar a la luna. Pero no pensando en la ciencia, los cohetes espaciales, la ciencia y sus avances. Mirar a la luna como la mira un tonto. Como la mira un enamorado. Quizá como la mira tan cercana un campesino de Segovia. Mirar a la luna incomprensiblemente inmensa como la que vi. una noche desde la cala de Ampurias. Deseando mirar la luna gallega dentro de unos días. Hoy la miro desde La Magdalena. Y en compañía de amigos. Incluso de un poeta. Siempre hay que tener un poeta de cabecera. O mejor dos, para que no me llamen sectario. Hoy quizá cante "sapo cancionero". O mejor "luna, lunera" en versión de Mina. Sí, eso será lo mejor.

 

Los que quieran conocer las emociones de un adolescente español en los días de Julio que el hombre llegó a la luna, que lean "El viento de la Luna". Una novela de Antonio Muñoz Molina, la última publicada por Seix Barral. Lo importante tampoco era la conquista de la Luna. Lo importante era decir adiós a algunas cosas. Soltar la mano del padre. También era importante la llegada de la televisión. Pero eso es otra historia.

[Publicado el 20/7/2009 a las 18:29]

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EL MEJOR BAR

 

 

 

Es muy difícil elegir el mejor bar. Hace días murió unos de los escritores que mejor conocieron algunos míticos bares del mundo, Eduardo Chamorro. Unos días antes, en compañía de mi querido Manuel Ferreras, en esa evocación y nostalgia de los tiempos "chamorristas" de Radio-3, volvimos a recordar sus colaboraciones mientras sonaba la voz del gran Sachtmo.

No olvidaré algunas tardes, algunas noches, en su compañía, con sus británicos modos de beber, su voz profunda, su risa seria y sus conocimientos sorprendentes de todos los mitos y los ritos del saber beber. Fue amigo de Juan Benet, eso imprime carácter. Bebió como un caballero, publicó algunas novelas, algunos ensayos políticos, miles de artículos y decenas de traducciones. Entre su obra hay un delicioso libro- ¡que ahora tengo extraviado!- que se llama "Galería de borrachos". Todo un tratado de cómo, dónde y qué hay que beber. Porqué no tiene explicación o tiene demasiadas.

Recordando su amor por Joyce, y su traducción del Ulises, he recordado uno de los míticos bares de Dublín. Quizá el más conocido de todos, el Davy Byrne, en la Duke Street y uno de los grandes templos de la cerveza, los vinos y los whiskeys. La historia y la literatura viven en sus rincones, en su barra, entre sus paredes. Por allí Michael Collins y las borracheras de Brendan Behan. Allí, en uno de los bares favoritos de Joyce, transcurre una escena del Ulises. Leopold Bloom entra al  bar de Byrne a tomarse unos vinos y unos trozos de bocadillo con mostaza picante y "el sabor a pies del queso verde".

Ese bar, esos clientes, y otros muchos bares, escritores y clientes que serían buenos compañeros del querido Eduardo Chamorro es parte de un libro que le hubiera gustado compartir: "Beber para contarla", una antología de relatos irlandeses, con insignes borracheras e insignes escritores. Lo ha publicado "La otra orilla". Y me está dando sed de malta. Tendré que brindar por Eduardo y dejar de trabajar. "El trabajo es la maldición de la clase bebedora", como decía otro dublinés llamado Wilde.

[Publicado el 17/7/2009 a las 15:56]

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Adornando la ciudad.

 

 

 

En mi particular camino de Santiago, con esos desvíos que son la sal del camino, llegué a uno de los centros históricos del Camino: Burgos.

Recuerdos de acercarme a la adolescencia en veranos de Burgos. Algunos de los primeros cigarros fumados a escondidas en los bajos de un ring de boxeo, el olor de una fábrica de galletas, los paseos a la orilla del río, la sombra de la ciudad levítica, aquella chica y otras cosas plácidas que recuerdo de unos tiempos, de una ciudad.

De vez en cuando me escapo y disfruto entre calles, paseos y lugares cargados de historia. Como toda ciudad ya tiene otros ritos, nuevos lugares, otros bares y un museo de arte contemporáneo. No es tan importante como el leonés MUSAC- que recorrí al trote con la amable compañía del director- pero el CAB tiene su valentía su sentido y su razonable arquitectura que no se lleva mal con sus cercanías históricas. Me gustan esas mezclas de formas, estilos, modernidad y conservación que son capaces de convivir. Desde hace mucho me acostumbré a mirar con agrado lo viejo o lo nuevo. Me gusta un edificio del renacimiento y me interesa la arquitectura industrial. Aprecio esas valentías arquitectónicas que rompen con lo armónico cercano. No creo en los uniformes.

Hace unos meses había esculturas de Plensa en los alrededores de la catedral Burgalesa. Me gustaba esa vecindad de contrarios. Ahora había una exposición de Alberto Corazón. Bien. Así lo comentábamos en un curso con estudiantes de arquitectura.

Todo transcurría plácido, como en el principio de la gran novela de Oscar Esquivias, "Inquietud en el paraíso". La ciudad se gustaba, burguesa, estructurada, plácida y previsible en unos días de Julio de 1936. Después llegó aquello y todo se transformó. Fue capital del franquismo. Fue un horror para los que no fueran ellos, sus militares, sus curas y sus acólitos. Una ciudad que vigilaba la vida desde la moral del casino.

Y por esa ciudad, hermosa, tranquila y burguesa felizmente también han pasado los renovadores. Unos mejores, otros horrorosos. A la cabeza del feísmo la escultura artesana de un "escultor", creo que burgalés, autor de una figura en bronce que representa a una castañera. Una pieza sin arte, sin gracia, sin interés. No importa, un más de las muchas esculturas que pueblan nuestros paisajes urbanos. Lo que realmente importa es que está ubicada al pie del paseo del Espolón, al lado del Arco de Santa María. Como esa "violetera" que estaba en  el inicio de la  Gran Vía. Como ese Goya en la calle de su nombre. Como un Botero que yo me sé. Como un oso. Como tantas estéticas de disneylandia, de bronce artesano, de enanos de jardín o de experimentos pretenciosos que pueblan nuestras calles. Ahora que lo pienso, ¿acaso son nuestras las calles? No. Pero sí es mía, con reparos mi opinión sobre el feísmo según yo mismo.

[Publicado el 15/7/2009 a las 20:04]

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¿no me digas que venís por los libros?

 

 

 

Allí estábamos, entre churros y chorizos fritos, entre chiringuitos y tatuajes, entre norias y cárceles de mentira, entre coches eléctricos y sidras calientes. Allí fuimos por la llamada de la novela negra. Miles de personas, coches sin aparcamientos, botellones en el puerto, amores a pie de playa, fachas, freaks, progres, amas de casa, residentes en ninguna parte, viajeros de pateras cercanas, vendedores del top manta, modernos piratas, camellos, músicas, gritos y mucha tómbola.

 

Hace años que sabía  la conversión- con las pelas de Pepsi Cola entre otras bebidas poco negras- de la "Semana Negra" de Gijón en una enorme Feria para todos los públicos y hasta altas horas de la noche. Pero ahora no daba crédito. No encontrábamos un solo puesto de libros, nadie que llevara una novela, ni rastro de aquello que era el origen del encuentro. Todo parecía de un realismo sucio festivo, quizá bueno para nuestros narradores, pero agotador para uno que quería moverse entre libros y escritores. Nos dedicamos a la sidra. Nos relajamos. Preguntamos al camarero si en algún lugar había puestos de libros. Dudó. Después reflexionó y aseguró que sí, que por el otro extremo de la feria, creía haber visto algo con libros. Y nos preguntó, entre sorprendido y escéptico: ¿"No me digáis que venís por los libros"?

Nos sentimos raros. Éramos unos freakis, unos tipos raros a los que les gustan los libros.

Ya de retirada, entre agotados y decepcionados, se hizo la luz. ¡Habíamos confundido la entrada! Allí, en la entrada más oficial, al principio de la feria, allí estaban las casetas de libros. No había mucho público, pero sí estaban las tentaciones en negro y otros colores con queridas librerías. Con queridos libreros. El maestro de negritudes Paco Camarasa, nos salvó la noche que se presentaba más que negra.

La Semana Negra demuestra estar muy viva, muy visitada pero los feriantes no dejan ver el bosque de libros. ¿Porqué no llevar lo libresco, con sus charlas y sus puestos al enorme y muy notable edificio de la antigua Universidad Laboral? Entre sus dimensiones de fascismo franquista, con ese lado siniestro y misterioso, al lado de su grandilocuencia, quedaría muy bien una toma civil por los amantes de la literatura negra. Y alrededores.

De los libros que compramos hablaré otro día.

 

[Publicado el 14/7/2009 a las 13:18]

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Gritando poemas

 

 

 

Estoy convencido que Góngora hablaba bajito. Que insultaba en susurros. No me imagino al genial cordobés pegando gritos. Las soledades se tienen que leer quedamente. ¿O no? Tengo un antiguo amigo, de los tiempos prehistóricos universitarios, de bares y novias juveniles, que era pintor y degeneró en poeta. Mucho tiempo estuvo, no creo que lo haya abandonado, del lado satírico. Y ahora, con los años, se va desmelenando. Ahora grita poemas por garitos, bares y escenarios que admitan un humor dicho en voz alta. Y no sólo de humor se alimenta Ángel Guache, que de él estoy hablando. De amores y desamores, de soledades y umbrías están poblados sus últimos poemas.

Al principio la declaración del maestro Góngora: "Amor está, de su veneno armado".

Después alguno de sus poemas de "Umbro. Baladas eléctricas y poemas gritados" que ha publicado con los amigos de Huerga y Fierro. Me gustaría que me gritara alguno. Pero también me gusta la cercanía susurrada, la seriedad tapada en poemas como éste:

"nardo de naderiles nadas,

nardo discreto

vacua bacanal

 o flor exhausta

más vivos están los gongorinos trinos,

cifra de la noche,

manantial de sombras".

 

Guache, ¡que bueno sería encontrarte en el Camino de santiago, en alguna taberna de reposo de caminantes y pegarnos unos gritos, después de tomarnos unos vinos!

Me voy, haré camino, practicaré unos días el arte de la fuga. Volveré.

[Publicado el 10/7/2009 a las 08:59]

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Vuelta al ruedo con Cocteau

 

 

 

Me gustaría decir que "estos son mis principios, si no le gustan tengo otros". No me cuesta cambiar de casi nada. No me importa mentir, disimular, ser diplomático, fingir. No valoro a los estrictos de ideas, gustos, principios o finales. Aunque todavía no entiendo tener que pedir perdón- ni perder amigos, que muchas veces me duele y otras me libera- por no ocultar que me gustan los toros. Más estrictamente, me gustaban. Ahora tengo que tener mucha fe, mucha suerte o una entrada para José Tomás para vivir aquella excitación, aquella emoción de cuando fuimos muy aficionados. No discuto sobre legitimidad, barbarie, razón, brutalidad u otras condiciones que para muchos tiene esa fiesta. Hoy vuelvo, como tantas veces en éste misterioso arte, por el lado intelectual. Por el lado de los escritores y los toros. Sin ellos, sin la estirpe de Bergamín, sin su diabólica elegancia, su misticismo terrenal, su amor por la vida y sus bellezas yo no hubiera sido "aficionado". No me trago la parafernalia patriotera, ni sus símbolos, ni su olor, ni a la mayoría de los asistentes.

Vuelvo al ruedo por un libro incalificable y extraordinario. Un libro de una empeñada y pequeña editorial que rescata unos textos inteligentes y directos, como unas confesiones paganas, de Jean Cocteau. Se llama "La corrida del 1 de mayo" y se acompaña de otros textos sobre Lorca, Manolete y Picasso. Tres maneras taurinas de ser españoles. Y de cualquier parte. Es un libro sobre España, sobre ese país injusto- quizá nunca deje de serlo, y no será el único- de esta tierra en los años cincuenta. Ese "país pobre, pero rico" cómo lo llamaba el escritor francés que amaba los toros. N o hace falta ser taurino para leer con placer los textos, casi dichos en un bar, entre amigos, con unas copas y después de una buena corrida.

Así empieza este inclasificable libro:

 

"Sería completamente ridículo considerar a España como un lugar poético y pintoresco. No es ni lo uno ni lo otro. Es mucho más. Es un poeta. Y citaría la frase de Max Jacob que es algo más que una simple ocurrencia: "¿Cayó el viajero fulminado, golpeado por lo pintoresco?". Pongamos a los turistas las trampas de los pintoresco y veneremos a esa España que, de vez en cuando, prende fuego a aquello que adora, ese Fénix que se autoinmola para vivir"

 

Y termina:

"Nada cambia. Un inmenso arco, que se adhiere a su paso a las bóvedas de una capilla romana, y lutos y luchas y ruinas y vacíos que son mis cicatrices de gloria, puede terminar cerrando el círculo del terrible cero de una serpiente de orgullo mordiéndose la cola, del cero del ruedo, en cuyo centro, esperándonos a todos, reina inmóvil hasta dar miedo, ese insecto andrógino de alas blancas"

 

Me gustan. No lo siento. Ni me arrepiento. ¡Pobre de mí!

[Publicado el 07/7/2009 a las 16:24]

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Se hará lo que se pueda

 

 

 

Acabo de ver en todos los periódicos a un torero en la primera página. No es la primera vez, ni será la última, que éste torero, José Tomás, de purísima y oro, de valentía y sangre, llena con esa emoción intrasmisible la retina de los que le hayan visto. Los que  quieran ver. Los que sepan ver. Nada se puede imponer. Tampoco nada se debería negar por decreto. No sé cuanto tiempo durara ésta fiesta, este arte, pero sí que mientras haya toreros como José Tomás habrá fiesta. Aunque sea clandestina. Mientras haya tomasistas, habrá tauromaquia. Esa pasión que tiene que ver con la zona emocional más incomprensible y profunda de un pueblo llamado España. También se puede ser español desde el lado contrario, desde el que niega, ignora o desprecia esa fiesta mortal. Pero en éste ruedo ibérico cabemos todos.

Conservo en mi retina algunas de las mejores faenas que se han podido ver en ésta fiesta desde los años setenta a nuestros días. Por mi emoción han pasado Curro Romero, Antoñete, Rafael de Paula, Paco Camino, Manolo Vázquez, Esplá, Joselito o los jóvenes Morante de la Puebla, Castella, Talavante, El Juli...pero después de haber estado el día cinco de Junio de 2008 en Las Ventas- mi compadre Sabina fue el conseguidor- creo que sólo podría recordar la misma belleza, el mismo clamor interior construido con silencios- como dice Matías Antolín- o esa belleza callada del toreo de la que hablaba Bergamín ante una tarde de Rafael de Paula, precisamente con este torero gitano ya retirado, con el sevillano Curro Romero o con el madrileño Antoñete. Ellos son, de los que yo he podido ver, al lado de José Tomás los que hacen que sea hermoso creer en esta fiesta, perseguir esta belleza.

Me tengo que reunir con mi amigo Matías Antolín -que recorrió España de maletilla, que es un descreído vital, un querido excéntrico con chaleco, un hablador que sueña silencios y un escritor rápido como una guillotina - porque desde hace años es el más fiel seguidor de las tardes sangrientas y las puras, de las tardes grandes y de las gloriosas y que de todas ellas acaba de publicar un libro: "José Tomás. Toreo de silencio", que es un apasionado acercamiento a éste hombre, a éste artista al que en la plaza sólo le falta morir. Eso fue lo que al gran Juan Belmonte le dijo una vez Valle Inclán. El silencioso maestro contestó: "Se hará lo que se pueda"

Alguna vez han comparado a Tomás con Belmonte, algo cercano a un valor suicida les une. Pero yo no creo que con Tomás haya que hacer lo que decía El Guerra sobre Belmonte: "El que quiera verlo torear, que se de prisa". Belmonte no murió por un toro. No cayó en la plaza. Belmonte se quitó la vida de un tiro, por amor o por vejez. Pero desde su libre voluntad. Yo quiero que con Tomás, con Matías Antolín, con Sabina con otros amigos podamos seguir disfrutando de toros y vida, en Madrid o en Pontevedra- con Ramón Rozas-, en Barcelona, en Casa Leopoldo, con Rosa. O en Casa Perico, en la muy febril calle de la Ballesta. La tauromaquia es un erotismo. Aunque no sea un amor mercenario. Es una forma de placer más profunda. Más verdadera.

[Publicado el 06/7/2009 a las 13:50]

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libros para el viaje

 

Siguiendo la invitación de maría flor- sigo con sus minúsculas- hoy propongo otra lectura que me he encontrado buscando libros adecuados para viajar. El libro que leo no es adecuado, según su autor, pues es de un volumen algo mayor que el bolsillo habitual. Pero es un libro por el que merece la pena hacer una excepción. Y así se llega a uno de sus capítulos que da título a lo que nos hace escribir: Libros para el viaje. Son consejos del curioso de muchas literaturas y bastantes drogas, Aldous Huxley. Se llama "Si mi biblioteca ardiera esta noche". Hermoso título que me da escalofríos.

Se habla en él de arte, literatura, música y "otras drogas". Pero hoy, esta tarde, esperando un vuelo a Barcelona, en una cafetería de la madrileña terminal 4, antes de conocer la nueva terminal barcelonesa, me detengo en unas líneas de recomendaciones de Huxley. Yo no conseguiré hacerle caso, pero quizá otros sean más listos.

 

" Las cualidades esenciales de un buen libro de viaje son las siguientes. Tiene que ser una obra de tal tipo que uno pueda abrirla en cualquier parte y estar seguro de encontrar algo interesante, completo en sí mismo y susceptible de ser leído en breve tiempo.

Un libro que exige atención constante y esfuerzo mental prolongado no sirve para un viaje; cuando uno viaja, el ocio es escaso y está teñido de fatiga física, la mente está distraída y es incapaz de realizar esfuerzos dilatados.

Pocos libros de viajes mejores que una  buena antología de poesía en la que  cada página contiene algo completo y perfecto en sí mismo. Las breves pausas del trabajo que el turista autoinmolado se permite a sí mismo no puede ser más deliciosamente colmadas que con la lectura de poesía, que incluso puede aprenderse de memoria; porque la mente, a pesar de ser renuente a seguir una trama, obtiene placer ante la menor tarea de memorizar palabras melodiosas..."

 

Y sigue hablando de otros libros ideales para el viaje, ya no poéticos. Por ejemplo la   "Vida de  Jonson" de Bowell. O las " Máximas" de La Rochefoucauld. Me acuerdo de una: "Hay poca gente que sepa ser vieja". Por eso a los mayores nos sigue gustando la joven Susana.

[Publicado el 02/7/2009 a las 17:07]

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Volver a Onetti

 

 

Desde que en la edad del acné, al empezar los adioses a la adolescencia, encontramos nuestro primer libro de Onetti, nunca lo hemos abandonado. Podemos aplazarlo un tiempo, pero siempre volvemos a él. Sigo volviendo ese infierno tan temido, sigo volviendo a sus calles, sus personajes, a Santa María y a esa ciudad, Montevideo, que conozco mejor por haberme acompañado de sus libros. Ayer, escuchando a Juan Cruz y a Felix Grande, volvimos a transitar por un territorio llamado Onetti. Un mundo que se hace con cigarros, whisky y palabras escritas. También con silencios. Y Onetti se nos hizo cercano, paseante, como si levantado de su cama madrileña nos invitara a compartir extrañezas. Y para seguir en su compañía dos últimos acompañantes: la revista "Turia" que dedica un cartapacio lleno de testimonios, de lúcidos acercamientos y que descubre un cuento inédito. Gracias otra vez a Raúl Maícas capaz de hacer necearía la visita a su periférica revista.

Y también gracias a Hortensia Campanella y a la editorial Galaxia Gutenberg, que avanzan en las obras completas y nos entregan en tercer tomo con cuentos, artículos y miscelánea.

Entre otras cosas encontramos un autorretrato que nos identifica a tantos. El escribía en la edad madura de sus sesenta años pero lo podría haber firmado antes, después con esa forma de escribir de trampas, acaso mentir, acaso decir la verdad:

"...En cuanto a mí, hace muchos años que aprendí el arte de afeitarme al tacto, para evitar la opinión del espejo, para acudir al trabajo sin el peso de otra depresión.

Es que mi imagen avanza desde hace tiempo, separada de mí.

Mientras yo permanezco adolescente, calmo, interesado en lo que importa, bondadoso y humilde por indiferencia y por la asombrosa seguridad de que no hay respuestas, ella, mi cara, ha envejecido, se ha puesto amarga y tal vez esté contando o invente historias que no son mías sino de ella"

[Publicado el 01/7/2009 a las 13:32]

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Foto autor

Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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