
Playa de la Franca. Rivadedeva (Asturias)
Unas vistas desde mi habitación al final del verano en una playa del norte. Paseos por los paisajes de montaña, por los lagos, por monasterios en ruinas, cuevas del hombre primitivo, playas que fueron volcanes, dulce mar de sol y lluvia. Dulce compañía. Algunas tabernas en los puertos. Paradas y fondas en las tradiciones de la manera de comer de éste lado del mundo. Lecturas, la única subversión permitida en días de compañía, el ejercicio de soledad más placentero, o casi. ¿A quién le apetece escribir?
Seguramente a otros. Es posible que a mis respetables compañeros de eso que llamamos "periodismo cultural". Pero yo no soy ellos. Yo soy el que contempla. Y de vez en cuando consigue gozar.
Todo hermoso, idílico a la manera de los clásicos finales de verano en el norte y con un toque de otra época. O casi todo. No es fácil convivir con veinte personas. Sean quienes sean. Y si son tus "compañeros", tus semejantes, menos. Nunca fui capaz de convivencias marianas ni de las otras. Ni aunque fueran para orgías de los años setenta. Tengo alergia a los grupos. No me encuentro bien en los rebaños. Aunque se disimular, sobre todo si hay algo de vino en el encuentro. Hay que ser muy creyente en algo para soportar al grupo. No rezo unido. Los que lo hacen me recuerdan a las ovejas: siempre repiten el mismo balido. O unas cuantas formas del balido que ya conozco de cuando fuimos rebaño a nuestro pesar.
Otro día hablaré- se que mis promesas para algunos amigos de ésta barra no tienen mucho crédito- de los encuentros en Verines, en Asturias querida Ellis. Hoy que regreso con parada en San Sebastián, tengo buen humor y sólo me siento capaz de copiar una cita que Vásques recoge de Kundera y que éste recupera de Octavio Paz sobre el humor y la literatura. ¡Casi todo son herencias en la literatura contemporánea! Algunas veces felices herencias.
"Octavio Paz dice: "Ni Homero ni Virgilio conocieron el humor; Ariosto parece presentirlo, pero el humor no toma forma hasta Cervantes...El humor es la gran invención del espíritu moderno" Idea fundamental: el humor no es una práctica inmemorial del hombre; es una invención unida al nacimiento de la novela. El humor, pues, no es la risa, la burla, la sátira, sino un aspecto particular de los cómico, del que dice Paz ( y ésta es la clave para comprender la esencia del humor) que "convierte en ambiguo todo lo que toca"
Hoy me siento bien. Me siento ambiguo.
[Publicado el 20/9/2009 a las 16:31]
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Un placer solitario. Hay otros, pero sin duda el de ser lectores en soledad es de los más adictivos que conozco."la lectura de ficción es una droga; el lector de ficciones, un adicto". Ese es el arranque de un libro que ama esas soledades, que juega con esos solitarios que son los escritores. Un libro sobre escritores y lectores. Dos formas de la soledad, dos expresiones de la adicción. El libro es de Juan Gabriel Vásquez, ese escritor que sueña con encontrarse algún día, en ninguna parte, con Joseph Conrad. ¡Que buen amigo ese viajero que nos enseñó el mal, acompañado de la ilusión del viaje y del placer de la lectura.!
Este contemporáneo nuestro, después de alguna novela ejemplar, de relatos y una biografía de la que un día ya hablamos por esta barra, vuelve a compartir nuestras soledades de lectores y nos invita en "El arte de la distorsión"- así se llaman sus ensayos sobre lectura y lectores publicados por Alfaguara- a entender mejor a esos raros que escriben para procurarnos, de vez en cuando, un hechizo tan deseado.
A Javier Marías le gusta recordar esas razones por las que Stevenson justificaba su deseo de ser escritor, lo contaba en versos: "No digáis de mí que, débil, decliné/ los trabajos de mis mayores, y que huí del mar,/ de las torres que erigimos y las luces que encendimos,/ para jugar en casa, como un niño, con el papel". Dan ganas de ser ese niño, ese que juega con su papel, ese que inventa paisajes, personas, sentimientos, aventuras, navegaciones. Y que, además, lo hace sin dejar de jugar. Lo hace porque sigue jugando.
Como no podemos ser ese, intentemos ser ese lector que describe Philip Roth: "leo ficción para liberarme de mi perspectiva sofocantemente estrecha de lo que es la vida y para entrar en simpatía imaginativa con un punto de vista narrativo distinto del mío. Es la misma razón por la cual escribo"
Leer, como dice Vásquez, "para dejar esos lugares donde no hemos estado. Leemos para dejar nuestra atención y nuestra conciencia en manos de alguien que las llevará a buenos lugares, leemos para ser poseídos por la particular manera de conocer el mundo que es una ficción literaria"
No será verdad, pero me gusta leer esta verdad de las mentiras de Vásquez. Leerlo como si fuera ficción. Y de vez en cuando entender, y sentir que "eso sucede allí, en la soledad de la lectura, mientras el alférez hace una siesta".
Tengo la noche juguetona. Leeré hasta que me el sueño lo permita. Pero ni un segundo más.
[Publicado el 16/9/2009 a las 00:04]
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No somos responsables de nuestros lectores, si acaso los tuviéramos. No lo somos ni los que escribimos "ligerezas" en periódicos o blogs, ni lo son los que se toman el oficio mucho más profesional y seriamente. El otro día pensaba en lo incontrolado y democrático que son los lectores. Lectores pueden ser quiénes quieran, incluso no hace falta leer muy bien. Ni haber leído. Mucho menos importa la "calidad" de lo leído. No lector puede ser cualquiera que lea aunque sea rudimentariamente. Y eso es un negocio importante para muchos editores, libreros y escritores.
Hay lectores de todo tipo, toda condición, cultura, incultura, estupidez, fanatismo, credulidad o escepticismo. Hay lectores reales, imaginarios, mediáticos, secretos, voluntarios, pertinaces, involuntarios y accidentales. Vicente Verdú, y su libro magnífico, lúcido y con muchos menos lectores de los que se merece, ha encontrado un lector que, seguramente, no esperaba. Su ensayo, "El capitalismo funeral"- publicado por Anagrama hace unos meses, y cada día más vigente- tiene uno de esos lectores que pueden hundir un país, un continente, una televisión, un periódico, una familia o un libro con sus intenciones omnívoras de poder, fama, publicidad y otras "virtudes" que le permitan mantenerse en el poder. Hablo del presidente Hugo Chavez. Ese político que habla, visita a Castro, cita la Biblia, canta en su televisión y domina parte del petróleo mundial. Su nueva- "vieja"- manera de entender América, las relaciones internacionales, la democracia, la cultura, la música, el socialismo o el capitalismo y la lectura le llevan a ser un comprador del libro de Verdú. El azar hizo que se tropezara con ese título que le pareció escrito para él. Hubo un tiempo que escritores españoles- no se excluye un Premio Nóbel- escribían al servicio de dictadores americanos.
Ojalá el libro de Verdú que de manera accidental cayó en sus manos sirva para encontrar un nuevo lector.
No espero nada bueno. Se que nunca es tarde pero recuerdo otros famosos lectores y la nula influencia que recibieron de sus supuestas lecturas. Soy un lector descreído aunque mantengo fe en la lectura. Si de verdad Chavez se toma en serio esa lectura le podría ocurrir lo mismo que a la reina inglesa en esa obra cautivadora e inteligente de Alan Bennet, "Una lectora poco común". En ella la lectura genera un cambio fundamental. Observaremos los cambios en tono, estilo y pensamiento de Chavez. Lo dudo.
Recuerdo las lecturas de José María Aznar. Entre sus poetas estaba Luis García Montero. Entre sus narradores Julio Llamazares. Y como escritor de cabecera citaba al imprescindible Josep Plá. ¿De qué sirvieron esas lecturas? ¿Los leyó de verdad? ¿Acaso se puede leer y no enterarse de nada?
[Publicado el 14/9/2009 a las 16:12]
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Hoy el editor, librero y atlético Chus Visor recibe un premio, homenaje o algo así, en la península de la Magdalena, en la Menéndez Pelayo. Ese lugar de Santander dónde durante República comenzaron los cursos de verano, que desde hace tiempo son la cara más saludable y envidiable de la universidad española. Hoy muchos amigos allí estarán "chusvisoreando". Yo no puedo. Me desquito, pero no me conformo, con estas palabras para Chus
He tenido la suerte de chusvisorear bastantes tardes, algunas mañanas y muchas noches. Pienso seguir haciéndolo mientras la mano que mece nuestros vasos nos siga respondiendo. Me gusta chusvisorear, incluso sin beber. Hemos pasado la prueba de la amistad, hemos sabido chusvisorear en sobriedad y abstinencia. Y aquí seguimos. Así que pasen cuatro décadas. Tan contentos, tan cabreados, tan prosaicos, tan civiles, tan poéticos y tan resistentes. Al principio no fue fácil. Tuvimos que superar temporadas en infiernos varios. Y contra todo pronóstico vencimos. Hemos supervivido a dictaduras, dictablandas, incluso a algunos presidentes de gobiernos que presumían de leer poesía. No sólo los de festejos en El Escorial, también a otros que siempre parecen estar en Babia. Y es que muchas veces chusvisoreando nos entran ganas de decir: "A este le va a votar su puta madre...y yo".
Pero no nos apartemos del camino poético, que se note nuestra experiencia. Volvamos a Chus y su amistad. Su presencia, sus risas, sus silencios, sus cantes, su memoria me recuerda a aquello que decían de Federico García Lorca. Cuando estamos con Chus no hace ni frío, ni calor, ni Federico, hace Chusvisor. Me gusta ese clima. Me gusta chusvisorear varias veces por semana. Ahora, con esto de las lejanías vacacionales, le echamos de menos. Aunque para espantar ausencias algunas tardes nos escapamos al chiringuito de Amelia, a pie de la playa de Lapamán y, cuando se han ido los bañistas, un poco antes de ponerse el sol nos tomamos una Larios en compañía. Esa ginebra es la magdalena de Proust de los auténticos chusvisoreadores.
Las amistades no se compran en el mercado, ni juegan en la bolsa ni te tocan en una tómbola. Las amistades que merecen la pena te tienen que encontrar trabajando. Son un azar que requiere estar atentos, tener cierto olfato, no huir del riesgo y saber subirse en marcha a ese tren sin destino definido, un viaje inconcreto, esa feliz rareza que representa tener un amigo. La mayoría de las veces, como los sonetos, se nos escapan volando. Tuvimos suerte, supimos tomar el expreso chusvisor en la estación adecuada. La cosa empezó con un tipo duro llamado Jesús García Sánchez, después, y para siempre, simplemente Chus, que nos mantenía a distancia y en guardia, con esa manera de estar a la defensiva, de su continua pelea contra la estupidez, una aptitud muy suya que sólo se consigue con una sabia dosificación y una peculiar mezcla de boxeador descuidado y poeta atrabiliario. Tres virtudes que acompañan al personaje más allá que nunca se haya puesto guantes, ni escrito un poema ni sea atrabiliario. Pero tiene la esencia de esa mezcla de boxeador lírico y de pegador sentimental Nunca fue de simpático de librería, ni de amable vendedor en su caseta de Feria, ni de editor pelotilla, siempre le dio por pertenecer a unos raros, excéntricos, extravagantes, extravagarios tipos que permanecen empeñados a decir lo que piensan. Aunque circulen por la dirección contraria del pensamiento mayoritario. Sigue siendo un batallador pacífico contra el pensamiento único. Desde que nos conocemos mantiene una insólita forma de ser él mismo. No importa si está solo o rodeado de amigos, si está serio o sonriendo, es el dueño de una manera peculiar de estar en el mundo chusvisoreando.
Uno ya le tenía respeto y agradecimiento desde Rimbaud. Antes de Char, Joyce, Montale, Gramci, Pasolini, antes de todos aquellos libros que desde su negro exterior ayudaron a nuestros deseos de iluminaciones. El responsable de esa editorial que nos inoculó la poesía abierta, el librero que nos ayudó a encontrar lo que aún no sabíamos que buscábamos, ese chico listo de barrio, ese atlético por la gracia de los sin dios, este amigo sin realeza, con Madrid y repúblicas, con sed y cervezas, con coros y de solista, entre poetas y pelotas, ese mal cantante por todas las plazas y en cualquier barra, ese chino tan chamberilero, tierno con geta de duro, sentimental al que no le avergüenza mostrar en público lágrimas de amistad, el hombre menos cursi de un mundo de cursis, el amigo de tantas experiencias, el que supo llegar a los lugares propicios para la poesía, el dueño del club de los chusvisores, ese tipo es nuestro compañero de barra, compañero, que ya está en edad de celebraciones, de aniversarios, de abuelez, de premios y de estudios. Es un animal exótico, una cosa sin plumas, un mirón que da tabaco, un poeta sin poemas, un amigo sin gilipolleces. Presidente de la república de los chusvisores.
[Publicado el 10/9/2009 a las 09:36]
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No recuerdo cómo fue, quién fue y si yo sólo caí en sus tentación. Pero sí recuerdo aquella primera lectura de "Bajo el volcán", querido camino de muchas perdiciones, reivindicación de la borrachera perpetua, amor por las cantinas y reivindicación del placer de beber aunque nos haga daño. Una propensión a seguir los caminos salvajes que todavía no se nos ha quitado. No estamos curados, quizá tampoco lo queremos. Pero ya no somos los que fuimos. Ya no queremos ser como el cónsul Firmin, ni siquiera como el constructor de esos mundos llenos de soledades, de oscuridades, de infiernos cercanos, no, ya no queremos ser como Malcolm Lowry.
Ahora se celebra su centenario. Y la editorial Tusquets edita y reedita su obra. Y volvemos a tropezarnos con ese mundo del que nunca se pudo escapar este hombre que vivió intensamente la aventura y la desventura del alcohol. No cumplió cincuenta años pero nos dejó unos cuantos libros que le mantienen vivo más allá de su afán autodestructivo. Hace años peregrinamos al hotel de Cuernavaca, allí dónde transcurre parte de "Bajo el volcán". Si ya se describe como decadente en los años treinta, en los noventa que fuimos nosotros, aquello ya no tenía más sentido que el espíritu mitómano. Al día siguiente nos cambiamos a otro hotel, otro bar, otra cantina.
También se han publicado en Tusquets sus poemas traducidos por Juan Luis Panero, el poeta que muy bien conoció las sendas de Lowry.
Me siento cercano de muchos, pero de ninguno tan afín como el titulado "Sin miedo al dragón nocturno"
"Todas las nociones de libertad están asociadas al alcohol
y nuestro ideal de vida se reduce a una cantina
donde los hombres puedan sentarse y hablar o tal vez pensar
sin miedo al dragón nocturno.
O quizás otra cantina
sin letreros de "Aquí no se fia"
y con su crédito ilimitado
donde- aparte de innumerables botellas de cerveza-
nos podamos sentar- bien borrachos
y lo suficientemente locos-
a escribir tratados sobre una tierra prodigiosa
en la que los hombres beben un vino maravilloso
que les emborracha suavemente, sin vómitos ni resacas,
mientras tejen el sueño de otra cantina
en la que beberán siempre gratis,
con la puerta abierta, mirando pasar el viento"
Sabía que caminaba hacia la muerte pero nunca dejó de beber. Nunca encontró esa cantina de puerta abierta, ni se pudo sentar mucho tiempo mirando el viento. Nos dejó sus libros, su vida aventurera y un epitafio:
" Malcolm Lowry
fantasma del Bowery
retórico en su prosa
borrachera penosa
de noche vivía, de día bebía
y tocó el ukelele hasta el último día"
[Publicado el 08/9/2009 a las 13:23]
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Estoy en casa sin haber dejado Pekín. "Quien se aleja de su casa ya ha vuelto": como decía Borges en aquél poema que dedicó al I King, o I Ching, es decir al "El libro de las mutaciones". Por cierto el libro más antiguo que la humanidad ha conservado y que sigue ejerciendo su influencia en la poesía, el pensamiento o en la narrativa fantástica.
Sigo con la cabeza en ese país, en esa ciudad que todo lo mezcla, lo transforma, lo asume y lo hace suyo. Mantiene la fuerza de lo sombrío del pasado- del remoto y del cercano- y es capaz de adornarse de belleza para no dejar ver la convulsa belleza de los interiores. Ciudad de secretos, de murallas y de rascacielos. Ha cambiado sus colinas imperiales por edificios de la arquitectura de la posmodernidad. De callejones tan estrechos por dónde solo pasan los gatos o de plazas tan enormes capaces de acoger ejércitos enteros. Plaza por dónde pasó la historia por el lado más siniestro y por dónde sigue pasando la vida cada día de este país que produce terrores y ternuras. Lugares que recuerdan a aquél relato de Kafka sobre la edificación de la Muralla China. Kafkiana ciudad y sin embargo de dulzuras de sal, lugar de todas las agridulzuras. Y ahora mezcladas con un "dry martini" en algún bar abierto en algún "hutong" a la luz de la luna.
Hace días hablé del libro "Brothers" de Yu Hua, una novela que deben leer los amantes de la literatura y los que quieran saber más de China contemporánea y pasada. Mucho más dura que aquella hermosa narración de Dai Sijie, "Balzac y la joven costurera china". Hoy quiero recomendar una novela que estoy leyendo sobre ésta ciudad que me atrapó durante cinco días- que podían haber sido cincuenta y cinco o quinientos cincuenta y cinco o...- y también es el personaje de central de la novela de Ma Jian, "Pekín en coma". Otro escritor que conoció el país y sus miserias, que lo recorrió por trabajo y por placer, que ama y teme a la gente que gobierna en la ciudad, en el país. Mirada poética, mirada crítica, mirada amarga y dulce a una ciudad que todo lo permite y mucho prohíbe.
Ciudad capaz de llenar uno de sus grandes teatros porque uno de sus renovadores teatrales, Meng Jinghui, se enamora del Quijote y se empeña en trasladar al teatro esa obra casi inabarcable llamada "El Quijote". Un moderno almodovariano, un atrevido director capaz de hacer que el Caballero de la Triste Figura baile un rap, Sancho se mueva con un casco de moto o los del Toboso bailen el "Sevilla" de Miguel Bosé. Todo era posible en esa ciudad que culturalmente no está en coma sino todo lo contrario está sobre varios volcanes.
Comienza la realidad. Tendré que desengancharme de esa irrealidad que he llamado Pekín. ¿He vuelto?
[Publicado el 06/9/2009 a las 11:58]
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ENTRE LA CIUDAD SI Y LA CIUDAD NO
HE VISTO BUDAS FELICES
Muy simpático ese Maitreya que va creciendo en cada salón, rodeado de guardianes celestiales, en el templo de los Lamas en Pekín. Los budistas, ya se sabe, son de dónde quieren y hacen lo que les da la gana. Incluso hacen negocio, aquí, en Los Ángeles, en el Tibet o en Sigüenza. El siguiente pachen-lama puede ser de las Alpujarras o de una aldea perdida de la China, pero será un buen negocio. Para eso están las religiones. Desde los principios hasta el fin. Terminarán, también ellas morirán, sí, pero morirán forrados.
Era curioso ver el negocio de los Lamas. Como el de los vecinos de Confucio. O los taoístas. De los "nuestros", de los occidentales no hablemos si no es en presencia de nuestras mafias. Les recomiendo una visita por cualquiera de los "lugares sagrados" desde Lourdes hasta la Virgen de Guadalupe. Del Vaticano a las sectas que dominan América de norte a sur.
En ésta ciudad de quietudes e inquietudes, de misterios y negocios, de capitalismo salvaje y comunismo cínico, en ésta república de trabajadores que están diciendo adiós a la bicicleta, uno se puede encontrar una chica guapísima, delgada como una modelo, vestida con una camiseta con la bandera americana, pasar al rezo, con mucha inclinación y quema de pachulí, en oferta posmoderna al feliz buda. Feliz por lo guapas que son algunas de sus fieles, feliz por el negocio a todo humo que no lo paran ni los nuevos chinos ni los fieles de antaño.
El conductor que me llevó a las murallas era el mismo que había llevado hace unos meses a Juan Gelman, era budista y un loco de la velocidad. Poco faltó para llevarnos a un mundo más feliz a alguna viaja campesina, a mozos paseantes por las afueras de las aldeas o algunas perros, gallinas y otros animalitos que se cruzaban en nuestro camino a la Gran Muralla. No puede hablar con él, tampoco Gelman, sino a través de interprete pero me chocó esa doble condición de acelerado y tranquilo. Un país dónde los budas- y los otros de otras cortes celestiales- están felices. Y los republicanos trabajadores o estudiantes de este comunismo llevan las barras y las estrellas.
Alguien me dijo que era como el orwelliano "1984". Yo creo que habrá que mezclar eso con otras muchas cosas, también con viva las Vegas, con sueños imperiales, fortalezas asediadas y futuro más allá de Blade Runner.
Un lugar para no perderse. Todavía está razonablemente barato. Le quedan dos telediarios.
[Publicado el 02/9/2009 a las 18:56]
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No se cuántos son pero se que cada vez serán más. El país, la ciudad tienen una atracción que supera casi todos los controles emocionales, vitales, de expectativas y de posibilidades. Es el futuro vivido día a día. Un futuro lleno de contradicciones. Un mundo que resume lo mejor y lo peor de una humanidad de caminos inciertos. Cuando hablo de los españoles en Pekín no hablo de los turistas que visitan sus templos, sus mercados, los lugares de los emperadores- desde Qin Shi a Mao Zedong- o de los que compran los iconos supervivientes, copias generalmente, de la barbarie de la revolución cultural o se sorprenden con ésta ciudad inabarcable que cambia cada día. Hablo de otros que viven y aman a ésta ciudad que ya casi no se sabe de dónde viene y mucho menos a dónde va. Tengo que reposar mis asombros, mis sorpresas para poder contar más cosas del paisaje y el paisanaje. Quiero hablar, sobre todo, de una española en Pekín. Un modelo de seducida por éste mundo, esta cultura, esta ciudad.
Llegó hace casi tres décadas para estudiar ese idioma tan hermoso e impenetrable para la mayoría. Lo dominó, lo hizo suyo, como hizo suyas otras muchas cosas del país. Se enamoró. Se asustó y autoexilio en los días negros de Tianamen. Y regresó. Estaba deseando regresar ésta profesora y profunda conocedora de una de las más apasionantes ciudades del mundo. Se llama Inma González Puy, hoy es la directora del Instituto Cervantes. Y es una curiosa impenitente y nada impertinente. Su carácter, su forma de estar en el mundo tiene mucho de reconocible para nosotros españoles de esa generación. Pero tiene otro lado tranquilo que debe venir de su ser voluntariamente china pequinesa. Sin dejar de ser esa chica de Barcelona.
Ha publicado, en connivencia con la Embajada de España y unos cuántos colegas, la más útil de las guías prácticas para moverse en esta ciudad moderna, premoderna, antigua y llena de futuro. No falla en las recomendaciones. Aviso para viajeros y estables.
Todo esto viene a cuento por mi gran sorpresa, por haberme hecho meditar en la capacidad de cambiar, de ser otros, de dejar atrás algo que parece una de esa esencias que nos marcan de por vida. ¡Podemos abandonar nuestra comida! Incluso siendo españoles y catalanes. Eso es negar una de las frases que más me gustan de Julio Camba: "Es más fácil cambiar de religión que de gustos culinarios".
Siempre me pareció una verdad fundamental. Ahora también dudo de eso. Vivan las dudas. Todo sucedió la otra noche, en una de esas cenas chinas llenas de sorpresas- eso sí, con vino occidental- en uno de esos posibles festines a precios tan razonables que uno puede hacer en Pekín. Al lado de la alabanza de la comida China, surgió el tema de seguir unidos, enganchados, casi fatalmente a los sabores de la cocina dónde crecimos. Inma, sin hacer ninguna ostentación, nos aseguró que ella quería vivir siempre en China, sin perder raíces ni contactos con España, pero que ya no podía resistir alejarse mucho de su voluntaria patria "porque echo de menos su cocina".
Es el primer caso que conozco que niega la máxima de Camba. Puede uno no haber cambiado de religión- muchos no cambiamos porque no tenemos- pero sí haber cambiado de gustos culinarios. Esa es una patria esencial. Somos lo que comemos, por eso- y algunas razones más- algunos seguimos siendo fatalmente españoles. Inma, la española en Pekín, ya es otra cosa. Es una española que cuando está en su país echa de menos esa otra verdadera patria que es la cocina China.
Nos quedan más cosas que la comida. Pero sin la comida nuestro desintegrado país desaparecería. ¿Podré dejar español gracias a la comida China?
[Publicado el 31/8/2009 a las 19:48]
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"Un pez seco que cruzó el río se puso a llorar:
¿A qué te arrepientes si no puedes regresar?
Escribió una carta a un besugo y a una carpa:
Tened mucho cuidado si andáis de acá para allá"
Es uno de esos poemas antiguos chinos, un poema popular que resiste el paso de los siglos. Uno de esos poemas que tanto gustaban a Elías Canetti.
Yo lo he leído justo antes de partir hacia Pekín. ¿Por qué sigo de acá para allá?
[Publicado el 28/8/2009 a las 09:36]
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De poca gente conocida he sentido tantos celos como de Ricardo Franco. De los desconocidos habría una lista muy larga. Y sentí esa mezcla de celos y envidia cuando me enteré que sus amores con Jean Seberg no fueron ni una invención, ni una alucinación. La historia comenzó en Madrid y tiene testigos, entre otros el amigo y vecino de estos territorios, Vicente Molina Foix.
La culpa la tuvo Madrid, la noche, las copas, un poco de jazz y la puñetera gracia que tenía el pequeño- en estatura- y muy seductor Ricardo Franco. ¡Se ligó a Jean Seberg! Y no era tan guapo como Carlos Fuentes, ni siquiera como su ex marido Romain Gary.
Era una mujer hermosa, complicada, bebedora, insegura, encantadora y fascinante en camiseta por las calles de París y dejándose seducir por Jean Paul Belmondo. Siempre será la americana de "A bout de souffle". Pero es, fue y será muchas más cosas, en el cine y en la vida-
Ahora surgen sospechas sobre su muerte, su posible suicidio, el acoso de la CIA o lo que sea, el caso es que murió demasiado pronto, demasiado imprevistamente, demasiado estúpidamente como cuando se mueren las personas que queremos, que admiramos. Siempre nos dejan con una pregunta sin responder.
A Jean Seberg-esa americana tan francesa- siempre la recordaremos como un claro e imposible objeto de deseo. Un deseo que se concretó en los amores con un amigo, con alguien que tomábamos algo más que unas cañas. Con alguien., ¡ay!, que también nos tocó despedir de manera inopinada e incomprensible. Han pasado años. Los recordamos. Ahora por un amigo. Siempre porque el cine que nos acompañó cuando entonces de vez en cuando lo sigue haciendo.
¡Como me gustaría haber pasado alguna noche con Jean Seberg!...La lista de los deseos incumplidos es larga, pero ella está muy destacada.
Me voy de viaje largo, pero vuelvo. Seguiremos soñando, teniendo que domesticar los celos y envidiando. En París, en China, en Galicia o en Portugal.
[Publicado el 26/8/2009 a las 20:26]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
21/3/2010 01:39
en ese aeropuerto delante de...
Publicado por: el c
21/3/2010 01:32
Publicado por: elc
21/3/2010 01:27
Publicado por: me está apeteciendo mucho el retroceso. espero que mañana deje de apetecerme y siga adelante. ¿qué día es su cumpleaños?
21/3/2010 01:22
Publicado por: elc
21/3/2010 01:15
Publicado por: elc
20/3/2010 17:34
Es un acierto este post, invocar...
Publicado por: rolando gabrielli
20/3/2010 14:22
apoyo a Javier, no es correcto...
Publicado por: Enea
20/3/2010 10:03
COMENTARIO CENSURADO por IVAN...
Publicado por: Javier
19/3/2010 23:53
Publicado por: rolando gabrielli
19/3/2010 21:16
Publicado por: alex
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