El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 23 de noviembre de 2008
Una vez más un nuevo libro de Cristóbal Serra es una celebración literaria. Ahora en Pre-Textos nos deja éstas "anotaciones vecinas a un diario impuntual" como llama a reflexiones, digresiones y confesiones de un delicioso libro titulado "Tanteos crepusculares".
Se habla de muchas cosas, de escritores, literatura, aforismos, asnos y otras afinidades del sabio socarrón de Mallorca. No disimula, no tiene porqué, su poco cariño a los nacionalismos. Lector atento y prologuista de un curioso libro de un investigador polaco, católico y heterodoxo, llamado O.V. de Milozs, que escribió un, al parecer, muy documentado ensayo: "Los orígenes ibéricos del pueblo judío". Un libro que desmonta algunos de los mitos de nuestros nacionalismos históricos.
Partiendo de ahí, pero caminando por su cuenta y riesgo intelectual, Cristóbal Serra dice algunas cosas tan interesantes, como rotundas y polémicas. No me resisto a transcribir algunas de ellas, que los editores me comprendan.
"Estoy seguro que, con lo que voy a decir, los vascos que me lean van a tener una pésima idea de mí, y voy a estar en el censo de los gentiles (españoles)
Los vascos, como buenos judíos, no son ni carne ni pez. Allí ha arraigado el catolicismo, pero un catolicismo judaico, no racista, aunque muy racial.
Hoy, después de luengos años, por no decir milenos, de iberismo, aún no están más seguros de que son más ibéricos que nadie. Siendo los puros y legítimos descendientes de los primitivos habitantes de España, son los ibéricos por excelencia. ¿O no? Su lengua deriva de la que hablaron los primitivos habitantes de Iberia...
...Veamos lo que tenemos en la babélica Iberia. El basco (con b de burro) no se siente ibérico, cuando es el más ibérico de todos. Hasta la palabra Iberia es vasca.
Pasemos a los catalanes. Salvo que los moros no les dejaron acequias y norias, en lo demás son tan ibéricos como tú y como yo. El catalán hablado es el producto más directo del latín que el castellano, porque el languedoc tuvo mucho romano que le dio ser lingüístico y jurídico.
Somos más unos (no hunos) de lo que parece. El problema de las dos Españas es problema de historicistas. Si está tan vivo en Vasconia y Cataluña, debe ser por la importancia que a la historia le dan basconulios y catalanes. Jamás me atuve a lo que tenía visos de verdad inapelable"
Palabra de Serra. Pues, eso, menos palos de ciego, menos tiros, menos lobos. Ibéricos, aunque sea a su pesar. Ibéricos, sí, pero no como el jamón. Ese no conoce nacionalidades. ¡Vivan los asnos de Serra! Y vivan los cerdos, ibéricos.
[Publicado el 07/12/2007 a las 14:07]
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Se acaba de publicar en España -en la editorial Mondadori- la biografía de uno de los más incorrectos, interesantes, provocadores, importantes y desconocidos cantantes y compositores franceses. Él fue un absoluto ídolo, no sólo por sus canciones, en Francia y casi un desconocido en el resto del mundo. Se llamó, se llamará siempre, Serge Gainsbourg. Del anonimato y del olvido fuera del territorio francés le salvó una canción. Un escándalo de canción que todos conocemos, un himno jovial al placer del amor: Je t'aime, moi non plus. En la biografía, de Silvie Simon, se dedican muchas páginas a la historia de esa canción. Una canción que fue escrita y grabada para una de sus amantes de entonces, una tal Brigitte Bardot. Que era muy hermosa, pero que ya era tonta, temerosa y convencional. Cuando la canción se persigue en Francia, después se prohibiría en medio mundo, la acobardada con mucho cuerpo y pocas luces , la famosa BB, le pide a Serge que no saque el disco, que, por favor, por sus horas felices en la cama, retire el disco. Lo hace. Y busca otra que quiera cantar ese himno amoroso lleno de jadeos y suspiros.
Después de tentativas fallidas -¡qué pena que Marianne Faithfull dijera no, y no por cuestiones morales o cobarditas como BB sino por el control que sobre ella ejercía su novio de entonces, Mick Jagger- se grabó con una chica de piernas largas, ojos grandes, minifaldas cortas y con la deliciosa seducción de las andróginas. La chica se llamaba, se llama, Jane Birkin. Desde entonces estamos enamorados de su voz, su cuerpo, sus dientes, su sonrisa, sus hijas y de todo lo que haga este delicioso ser que por un tiempo fue capaz de domar, amar, hacer padre y amigo al más genial de los músicos pop de Francia.
Hace años murió Serge. Sin haber follado con Whitney Huston -como claramente lo dijo en directo en un programa de televisión- pero habiendo estado con algunas mujeres muy hermosas. Y habiendo compuesto algunas canciones que nos acompañan desde hace años. Murió por haber bebido demasiados cigarrillos. Bebió demasiados Gitanes. En su casa, en los exteriores del número 5 de la Rue Verneuil, en pleno Saint Germain, no queda un trozo de pared sin graffitis. Muchos se lo imaginan divertido en el cielo. Como aquel dibujo de una revista satírica francesa y famosa, se lo imaginó atacando sexualmente a la mismísima Virgen María, prometiéndole una bella canción.
Se nos olvidarán otras canciones, pero nunca olvidaremos los susurros de aquella canción que cantó con Jane Birkin. Por cierto, que algo le debe a su amigo Dalí. Algo del título. El de Cadaqués había dicho aquello de : "Picasso es español, yo también. Picasso es un genio, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco". Moi non plus.
[Publicado el 05/12/2007 a las 14:40]
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Ficha policial de Felipe Sandoval.
El domingo pasado en el periódico El País, en mi sección "Fuera de casa", publiqué unos comentarios sobre el muy notable documental, El honor de las injurias del pintor, escritor y cineasta, Carlos García Alix. Un texto a favor de su obra, de su investigación y del nada retórico rescate de una de las figuras más oscuras del anarquismo arrabalero. De uno de los representantes de una suerte de acracia cutre, que si bien se puede entender en un tiempo y en un país, si los miramos desde hoy -incluso con cariño- sus actos, sus componentes, sus intenciones y otras utopías, resultan entre disparatadas, desacertadas, marginales, oscuras y sin salida. Las salidas de la acracia española siempre fueron peores que sus entradas. Su realidad peor que su idea. Sus gentes, tan injuriados, perseguidos y masacrados, tienen toda nuestra mirada sentimental, nuestro cariño por el honor imaginario de un tiempo poco honorable. Tienen los anarquistas españoles nuestro respeto para lo que quisieron ser. Nuestra cercanía intelectual para sus deseos. Nuestras dudas para sus realidades.
Yo hablé de Felipe Sandoval -el anarquista pistolero, el protagonista del documental -sin apriorismos, sin pensar en él heroicamente, ni denigrarlo como un asesino. Sin que el personaje me deje de inquietar, interesar, incluso sin que me caiga mal, no deja de ser el exponente metafórico de una historia negra.
Dice García Alix que mucha parte de la acracia "oficial" está enfadada con mis comentarios. Y también otros lo están con su película. Algunos no quieren escuchar lo que pensamos/escribimos de esa parte de la acracia. Y otros, como no podía ser menos, están dispuestos al debate. Yo, de verdad, con los anarquistas hasta la muerte... pero ni un paso más. Lo que dije de Sandoval, de su vida, sus actos, su acracia y su "malditismo", todo eso y otras cosas más que no tenían allí espacio, lo pensé después de haber visto, con interés, con emoción, sin pasiones, el excelente trabajo de García Alix. Ahora creo que en Madrid se puede ver en el Cuartel del Conde Duque. Si pueden pasen y vean. Y de paso, con uno poco más de tiempo, se acercan a uno de nuestros grandes de la fotografía de la Guerra Civil y de la primera modernidad fotográfica, Agustí Centelles.
Salud y anarquía para todos los que se lo merezcan.
[Publicado el 04/12/2007 a las 19:27]
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Ernest Hemingway.
Hace años que no queremos tanto a Hemingway. Quiero decir tanto como lo quisimos. La culpa, además de la parte que tenga el escritor, la tiene el uso comercial, banal que muchas veces se hace de su vida, su imagen, sus obras y sus pasos por la tierra. Sobre todo por la tierra española. También en Europa, en París, Roma, Venecia, se usa como reclamo -sobre todo de famosos bares- la conocida figura del escritor vividor, bebedor y fotogénico que fue ese ser tan complicado llamado Ernesto.
También rebajamos nuestra admiración cuando supimos sobre su mirada a otro lado, a ninguna parte, su manera de cerrar los ojos ante algunas cosas que pasaron a su lado en plena Guerra Civil. No nos gusta su indiferencia ante la desaparición de José Robles, el amigo y traductor de Dos Passos. O ante la de Andréu Nin.
Algunos relatos, sobre todo Los asesinos, siguen siendo aquella obra conmovedora, maestra, que nos deslumbró. Otras de sus obras no han sido tan vigorosas para soportar el paso del tiempo. No por aquello que decía Faulkner de su obra: "con Hemingway no hay que molestarse en buscar ninguna palabra en el diccionario". En esa descalificación, el gran escritor americano, el mejor de su tiempo, se equivocó. Así se lo señaló su contrincante, Hemingway dijo que le daba pena Faulkner si pensaba que para transmitir emociones había que buscar en el diccionario palabras desconocidas o usar términos poco comunes. Hemingway tenía razón. No es por eso que nos guste más Faulkner. Y no es que despreciemos a Hemingway, pero quizá su personalidad, su demasiada fama, demasiada presencia, nos hace tomar distancia, desconfianza, del escritor. Y además, también cambiamos con las lecturas, con los años. Aquello que nos pareció lleno de garra y fuerza al cabo de los años se nos aparece como algo más tramposo. Como si hubiéramos descubierto el truco. Seguimos pidiendo deslumbramiento. No dominio.
Todo esto viene a cuento porque el otro día en Pamplona, después de soportar en bares su presencia iconográfica. De tropezarnos con Hemingway en el hotel, el café, las calles, la plaza de toros y en casi cualquier rincón del centro de la ciudad, abrumados y entregados, decidimos hacer un homenaje al escritor. Beber en uno de esos bares que llevan su nombre. Un hermoso bar, una barra clásica, un tamaño adecuado, unas cuántas mesas y unos taburetes a su medida. Un pequeño bar anejo al famoso Café Iruña. Un bar con estilo, aunque el nombre de Hemingway estuviera puesto como reclamo para turistas. Con buen ánimo, pedimos un "dry martini". La amable y muy dispuesta camarera, una mujer de mediana edad que se mueve por una barra con la perenne presencia en un horroroso bronce que quiere parecerse a Hemingway, no sabía de qué le hablábamos. Dudaba si aquello que queríamos era un coñac, un dulce o un seco martini, con hielo, con agua, combinado o solo. Cambiamos el deseo, nos conformamos con un gin tonic, que también era propio del escritor. Desde luego no era como aquellos que recuerda en un relato que le servían en Chicote. La literatura todo lo transforma, lo deforma, incluso lo mejora. Era, una vez más, una de esas bebidas servidas con la desgana y la falta de información de la mayoría de los camareros de nuestro tiempo. Bares y camareros que no quieren enterarse que beber también es cultura. O al menos que es un arte menor y divertido.
Tengo un bar cerca de casa, en Madrid, que se llama "Aquí nunca estuvo Hemingway". Esta tarde haré la prueba. No quiero pensar que todo lo que toca Hemingway se convierte en un producto banal para el consumo de turistas poco exigentes y mitómanos de bajo perfil.
[Publicado el 03/12/2007 a las 14:48]
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Mi recordado, y lujurioso, amigo Xavier Domingo unía la lujuria a los otros placeres. Beber, comer, etc. Y le gustaba acercarlos a las lecturas y las músicas. Los que quieran saber algo más de éste peculiar gozador a la española, nacido en Barcelona y bien vivido en París, que busquen su libro sobre la erótica ibérica. O sus libros de cocina, Cuando sólo nos queda la comida o De la olla al mole. Pero no era de él de quien quería hablar, se me bifurcan los caminos. No, hoy quería hablar de un escritor que admiraba Domingo y por eso se me cruzan los nombres. Hablo de Pietro Aretino.
Recatado por la gracia de Luis Antonio de Villena, autor de la traducción, el prólogo y las notas de esta edición hermosamente verde que acaba de aparecer de sus Sonetos lujuriosos. No los dejen cerca de los niños.
Este libertino que para muchos -dice Villena- fue tenido como un hombre piadoso, bondadoso, jovial y para otros era un chantajista, libelista, pornógrafo y vividor. Admirado o repudiado, tenido por culto y por todo lo contrario, fue un buen representante de un siglo, de una cultura y un tiempo -1492-1556- donde todavía no se habían expulsado ni la vitalidad ni cierto paganismo que no le sientan mal a esa Italia divertida y desvergonzada.
Vida apasionante de un poeta libertino que cuenta con la excelencia de Villena en el prólogo. Sus sonetos no son de hombres y mujeres en el momento del sexo, son el sexo mismo. Como dice el prologuista son "coños y pichas que se imbrican en goce feliz y natural".
Me callo y les regalo un soneto de Aretino. Perdón y que se aparten mojigatos y menores:
"Jodamos, alma mía, jodamos enseguida,
pues todos para joder hemos nacido;
que la polla te gusta y amo el chocho
y el mundo sin eso ni una figa valdría.
Y si post morten joder fuese aún honesto,
diría: De tanto joder nos moriríamos;
y además Adán y Eva aún joderían,
que hallaron un morir tan deshonesto.
-Verdad es lo que dices, que si los bribones
no comieran de aquél fruto traicionero
ardencia los amantes no tendrían.
Más basten ya palabrerías, y hasta el corazón
clava la polla, y haz que el alma se
me parta, que por la polla muere o está viva;
y si posible fuera,
guárdame en el chocho los cojones
que del placer son testigos de primera."
[Publicado el 30/11/2007 a las 13:09]
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Voy camino a Soria. Es decir, camino del recuerdo de un poeta, Antonio Machado. Es una ciudad pequeña, resistente al paso del tiempo, con muchos rastros en sus calles, sus caminos, sus paseos de la ciudad que conoció el poeta. Es una ciudad perfecta para ver transcurrir lentamente el tiempo. Es una ciudad fría, aunque acogedora. Una ciudad para poetas y escritores de paso. La ciudad en la que conoció el amor y la desgracia su más famoso habitante. Fue feliz -a pesar de las burlas, entre envidiosas e hipócritas, de los mojigatos que no entendían su diferencia de edad- con su joven enamorada. Muchos versos surgieron de esos momentos felices. De esas ilusiones amorosas del hombre mayor. Pero no he venido con esos poemas. Estoy en esta tarde de invierno claro más cerca de leer algunos de sus imperecederos proverbios y cantares. Lo hago por las mismas calles del poeta, por sus riberas, bajo árboles helados como un corazón lleno de durezas.
Recuerdo otra Soria, solitaria y extraña, que contó un viajero escritor que aquí llegó en autobús, y en los días de la Navidad en los años ochenta. El viajero era Peter Handke y la memoria de aquellos días sorianos las dejó escritas en su curioso libro de viajes El juke-box.
Hay más escritores vinculados a Soria, no me olvidaré del camaleónico Dionisio Ridruejo. Ni del muy vivo, vivaz y en su mejor momento narrativo, Javier Marías.
"Hoy es siempre todavía", decía Machado, y me acompaña en mi paseo solitario, me hace sentirme otro, uno que está acompañado. "En mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad." Pues eso que estoy contento, paseante y soriano. "Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa. Adivínala"
[Publicado el 29/11/2007 a las 11:42]
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Emilio Sanz de Soto, Truman Capote, Pepe Carleton (entre otros)...
Estoy leyendo al muy querido periférico llamado Fogwill -gracias, Julián Rodríguez- que acaba de publicar entre nosotros Help a él. Una vez más me seduce y me atrapa la obra de este raro que nos hizo conocer Vila-Matas.
Y he recordado aquella cita de Fotwill que recoge el Bartleby de Vila-Matas: "Escribo para no ser escrito. Viví escrito muchos años, representaba un relato." La cita, que es más larga e interesante, volvió a mi memoria al conocer la noticia de la muerte de un hombre que pudo haber escrito mucho, que así lo reclamamos quiénes lo conocimos, que era un libro por escribir y que terminó casi sin escribir, Emilio Sanz de Soto. Recuerda Molina Foix, que Emilio fue "un genio oral". Otro de los subyugadores de la palabra, de la memoria que se muere este mes de tantas muertes. Noviembre sí es el mes más cruel.
Murió Emilio en silencio, como un buen Bartleby. Murió el tangerino más singular, simbólico y metafórico de esa ciudad abierta y sin sacristías. Un español razonable, moderno, cosmopolita, curioso que no quiso escribir su vida. Ni la vida de los demás -de los muchos interesantes que conoció en vida-de los que pudo haber contado tantas cosas. Todo, casi todo, lo que vio y vivió prefirió callarlo. No ocultarlo. Lo contaba en su casa llena de libros, fotos, fetiches y recuerdos pero no quería escribirlo. Preferiría no hacerlo. Y no lo hizo.
Conseguí que hablara ante cámaras. Que hablara de él. De su vida en aquella ciudad mítica que fue Tánger. De sus relaciones con Truman Capote, con los Bowles, Gore Vidal o Tennesse Williams. De su amistad con Ángel Vázquez, Buñuel, Cecil Beaton, Ángel González, Pepe Hernández o Carmen Laforet. Conseguí que con su amigo, su cómplice, el nervioso y vital decorador, Pepe Carleton, evocaran momentos de una vida que ya no podía volver. De unas voces y unos ámbitos que pertenecieron a lo mejor de un mundo que tuvo mucho de juerga culta, de fiesta civilizada, de desmadres elegantes, de osadías privadas.
Excéntricos y cultos, algunos hicieron muchas cosas, otros, como Emilio Sanz de Soto, prefirió no hacer demasiado. Vivir, recordar, contar y callar. Ser parte un relato que no escribirá él. Ser una novela que no le importó que escribieran los otros. ¿Quién escribirá la vida de estos españoles, de estos dos modernos que fueron la mejor contribución patriótica a una vida sin patria en una ciudad abierta y puñeteramente divertida? Pepe Carretón está vivo. Y nunca escribirá de aquellos días, de aquellas noches. Emilio acaba de morir. Uno de los personajes que merecerían estar en la compañía de Bartleby.
[Publicado el 27/11/2007 a las 10:44]
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Un poeta que no estuvo en su funeral

Fernando Fernán Gómez.
No le gustaban los funerales y no quiso estar en el suyo. No quiso, pero estuvo a su pesar. No quise verlo. No quise mirarlo, no miro a los muertos. Pero lo recordaba muy bien. Me impresionaba, desde pequeño y nunca dejó de hacerlo. Ni mucho menos cuando lo conocí, cuando algunas veces pude estar con él, cerca de él. Fernando Fernán Gómez ha sido parte de nuestras vidas. Una de las mejores partes. En el cine, en el teatro, en sus escritos, sus biografías, sus charlas y sus poemas. Sí, sus poemas. Fue un poeta roñoso, temeroso, controlado, pero fue un poeta. Le gustaba ser poeta. Se puso muy contento cuando publicó en una de las mejores colecciones poéticas de nuestra lengua. Hace años publicó en Visor una selección de su obra poética.
Ayer, después de cabrearme con la noticia, después de buscar sus recuerdos en mi memoria y después de volver a algunas páginas de sus emocionantes, libres, tragicómicas y divertidas memorias, El tiempo amarillo, volví a sus poemas reunidos. El canto es vuelo los llamó. Y no es mal lugar para acudir y conocer más a este tipo tan grande que ya no nos podrá impresionar más. No podrá hacerlo en directo. Lo seguirá haciendo con su cine, sus escritos, sus charlas grabadas, sus palabras y sus poemas. Algunos me hacen reír con sonrisa cómplice, otros me emocionan.
Ayer, la tarde de una noche en que un poeta recibirá en premio Loewe, el mejor pagado de los nuestros, la misma tarde en que se presenta la poesía completa de Pedro Salinas, yo vuelvo a leer este poema de Fernando Fernán Gómez:
"VERGÜENZA
Qué vergüenza, hermanos míos,
este dolor.
Este dolor tan vulgar,
pequeño,
cotidiano.
He crecido en un tiempo de dolores.
Duele y dolía la injusticia.
Duele y dolía el hambre.
Duele y dolía la guerra.
Cuando niño, a cada instante
estallaban huelgas
y alborotos con sangre.
He oído los disparos.
He visto llorar a las mujeres de los obreros.
He visto luego los paseos.
Más luego aún, las represalias.
Y el mundo entero estalló
y se partieron muchos hombres en miles de pedazos.
Pero, gracias a Dios, poquito a poco,
volvieron a construirse las injusticias.
Y algo sangriento pasa
y algo horrible no deja de pasar.
Y os pasa a vosotros hermanos.
Hombres de genio calculan,
místicos sufren,
valientes siguen ofreciendo su carne para los destrozos.
Y yo, aquí,
pobre, cobarde, ridículo,
insensible a tanto dolor,
cornudo caracol diminuto y encerrado,
creo que mi alma es nueva,
porque os olvido
y me duele sólo mi dolor.
Qué vergüenza, hermanos.
Aprovecho una pausa en mi llanto
para pediros perdón."
[Publicado el 23/11/2007 a las 11:43]
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La Venus del espejo
Dicen que es el primer culo de nuestra pintura. No estoy seguro pero sí es uno de los más hermosos. El culo que disfrutó Diego de Velázquez, ya mayor, muy mayor para aquellos tiempos, y solazándose, entreteniendo sus días con una joven y hermosa modelo de Venus algo más para el pintor. Es una de las recompensas de los artistas, de los buscadores o de los muy aficionados.
Gran culo inicial de nuestra pintura, sublimado culo que no está solo. Viaja en compañía de sus rotundas nalgas y de una espalda femenina difícil de superar en la pintura y en la vida. Modernidad de formas, perfección que traspasa el tiempo y las modas.
Nada que ver la Venus del espejo de Velázquez con los desnudos de Rubens. Cuando éramos pequeños, como esa Venus velazqueña estaba en Londres, los cuerpos de mujeres desnudas que podíamos mirar, los que nos hacían excitarnos pensando en las hermosas desnudas, eran casi siempre muy pasados de kilos y de michelines. Después llegaron las flacas con culo -léase Jane Birkin- y las de poco culo, el mayor ejemplo es Audrey Hepburn.
El culo de Velázquez, el culo y el resto, que pudimos admirar en la National Gallery de Londres, ahora lo tenemos a tiro de cola y en Madrid. Es una hermosura, lo digo con conocimiento de causa, de mirada, de muchas miradas. Ningún tocamiento está permitido.
Creo que habrá que guardar un sitio a uno de los más sabios en cuestión de culos y de otros desnudos. De la desnudez y sus miserias, de los desnudos y sus bellezas, como es Oscar Tusquets Blanca. Su mirada tan libre, su inteligencia tan peculiar, su admiración por el desnudo y su rechazo de algunos desnudos, los cuenta admirablemente en su libro último e imprescindible llamado Contra la desnudez. Un placer de texto, además acompañado de los mejores desnudos del arte de todos los tiempos. No todos los desnudos son hermosos. Ni todos los cuadros. Ni todos los libros. Y yo sólo les he hablado de los hermosos desnudos. El que no esté de acuerdo que pague su prenda.
[Publicado el 20/11/2007 a las 15:56]
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El fin de semana estuve con Claude Lelouch, seguramente el cineasta francés más famoso durante las décadas de los 60 y 70. Y el que menos me interesa ahora y entonces. Sigue rodando y estrenando cada año, no nos llega su cine. En realidad ya no llega el cine de casi ningún europeo. Cuando lo hace es en pocas pantallas, pocas ciudades, poca publicidad y poco tiempo. El cine europeo hay que verlo en festivales o comprarlo en dvd en algún viaje.
Lelouch era contemporáneo de los cineastas más renovadores del cine francés, de aquellos que llamamos "la nouvelle vague". Contemporáneo no quiere decir compañero de viajes cinematográficos. No lo fue ni el fondo, ni en la forma. Nada, o muy poco, que ver su cine con el de Godart, Truffaut, Romher, Rivette, Resnais, Chabrol, Melvilla, Rouch y todos los demás. No, Claude Lelouch, a diferencia de los otros no estaba por casi ninguna ruptura, por ninguna revolución estética, ni ética. Aunque comenzó imitando movimientos de cámara de Raoul Cutart, el emblemático fotógrafo de la "nueva ola", muy pronto retornó a maneras más clásicas y no poco eficaces.
Buen cámara, como demostró en su película más conocida, "Un hombre y una mujer", pero como director y guionista con una propensión al sentimentalismo. Un cine popular que se llenó de trucos formales, de una manipulación de los sentimientos que le hicieron conquistar públicos mayoritarios. Conoció el éxito en festivales, premios y hasta dos Oscar. Y sin embargo la crítica nunca le quiso. Su cine hacía grandes taquillas, emocionaba a muchos, se exportaba al mundo, tuvo grandes repartos fijó el mito de algunas estrellas tan hermosas como Anouk Aimé, trabajó con los mejores actores... y sin embargo no gustaba a la crítica. Ni gustaba a la mayoría de sus compañeros. Ni a los cinéfilos.
Muy pronto Lelouch nos pareció tramposo, no porque siguiéramos la senda de los críticos de la época, sino porque también en el cine -como en la literatura, la pintura, la música- muchas veces el éxito camina por un lado y la verdad poética, la emoción que resiste el tiempo, el verdadero arte va por otro lado.
No estuve cómodo en compañía de Lelouch, no porque no fuera afable, sino porque me sentí mentiroso, falso por decirle cosas que no pensaba de su cine, por disimular que ninguna de sus películas me parece que sean capaces de resistir el tiempo. Lo suyo eran inteligentes manipulaciones, cuando más, buen espectáculo de masas. Lo otro, lo de alguno de sus "compañeros" fue una ventana que se abrió a un cine con más riesgo, más verdad, más compromiso y menos espectadores. No importa, no tenemos prisa. El éxito para el que se lo trabaja.
Ah, otro día, si quieren, hablamos de los críticos de cine.
[Publicado el 19/11/2007 a las 12:43]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
23/11/2008 15:14
Oeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...
Publicado por: el cartero
23/11/2008 09:14
Publicado por: oe
22/11/2008 23:10
Publicado por: me gusta me gusta y me gusta
22/11/2008 22:21
oeeeeeeeeee, el formol es un...
Publicado por: el oe y el cartero con la cartera vacía quieren piruletas
22/11/2008 22:11
Publicado por: hola!
22/11/2008 21:54
Publicado por: adiós
22/11/2008 20:19
Publicado por: oe
22/11/2008 20:11
hemos ganadooooooooo. veremos...
Publicado por: adiós
22/11/2008 19:57
Publicado por: oe se recupera de la fiebre del viernes noche
22/11/2008 19:48
todos centrados en el tenis. me...
Publicado por: el cartero
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