El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 23 de noviembre de 2008

Con placer leo los acontecimientos culturales preferidos por determinados críticos en un suplemento cultural. Digo con placer porque muchos de los elegidos "mejores del año 2007", coinciden con mis gustos. A uno le gusta encontrar complicidades y afinidades, aunque no sean las electivas.
Por ejemplo, en la lista de las películas españolas más valoradas, la primera una desnuda, hermosa, doliente y poco complaciente película de Jaime Rosales, "La soledad". La preferida por los críticos y una de las más ignoradas por el público. Esperemos que tenga otra vida con sus candidaturas a algunos premios Goya.
He dicho que "La soledad" es una de las películas más ignoradas del cine español porque hay otras que ganan en fracaso de taquilla y espectadores. Por ejemplo, las otras tres elegidas por los críticos: "Yo", de Rafa Cortés, "En la ciudad de Silvia" de José Luis Guerín y "El silencio antes de Bach" de Pere Portabella. Casi marginales en su distribución, con muy pocos espectadores y sin embargo tan meritorias, tan originales y, espero, tan duraderas en el tiempo. Una vez más los críticos caminan por un lado y los públicos van por el contrario. No es nuevo. Y seguirá pasando.
También me alegran las elecciones en literatura. Reconforta que el libro de poemas más valorado haya sido el de Juan Antonio González Iglesias, "Eros es más". Y que cerca caminen "La familia nórdica", de José Luis Rey, "Casa de misericordia" de Joan Margarit o "Dinero" de Pablo García Casado. Ignoro si venden mucho, no lo creo, pero sí que sus lectores se van ampliando, que también dentro de años podremos volver a ellos y sentir emociones.
Y una de las grandes alegrías es la lista de lo mejor de nuestra narrativa para los críticos- para "unos pocos críticos"- porque, en algunos casos, y esperando que sí sirva de precedente, coinciden las ventas con la con la calidad. Me alegra que la novela de Almudena Grandes, "El corazón helado", una obra redonda, la mejor de sus novelas, sea además de un best seller, la segunda más valorada por la crítica. No importa tanto si es primera o segunda, sí que en ella coinciden los críticos y los lectores de novela. Como una alegría literaria produce ver entre los más considerados a Javier Marías, también gran vendedor y de innegable calidad. Un escritor de referencia. Como lo es, desde hace muchas novelas, el primer colocado de ésta lista, Rafael Chirles y su última novela "Crematorio". Narrando nuestra propia, cercana y reconocible degradación y consiguiendo lectores y traducciones. Espero que crezcan, que aumenten. Es uno de nuestros mejores narradores. Y por esa lista están los "clásicos" Luis Mateo Díez- emocionante su novela "La gloria de los niños", más cerca de Corman MacCarthy que ningún escritor español- Luis Landero, Belén Gopegui o José María Merino. Todos con muchos, nunca demasiados, lectores.
También queridos por la crítica, y espero que cada vez más por los lectores, son Jordi Soler. Vuelve a acertar con su novela de familiares memorias mexicanas. Y Ricardo Menéndez Salmón, con su pequeña gran joya literaria, su narración sobre un soldado nazi, "La ofensa". De Menéndez Salmón hay que esperarlo todo. Más allá de su realidad en libros dispersos, periféricos y no fáciles de encontrar como "Los caballos azules", "Panóptico", "La filosofía en invierno" y otros relatos y novelas que andan por esas librerías del diablo. Busquen sus libros. No creo que sea un gran vendedor, pero sí es un gran escritor. Como Gonzalo Hidalgo Bayal, un culto, raro y excelente escritor universal "de provincias".
Podía citar unas cuantas novelas que me han gustado. Creo que me estoy pasando de recomendaciones. Otro día seguiremos hablando de lo que nos gustó del pasado año. No quiero olvidarme de la anual cita con Vila Matas, "Exploradores del abismo". Ni el feliz descubrimiento de Javier Pérez Andujar, con esa novela de barrio y recuerdos juveniles, "Los príncipes valientes". Ni quiero ni puedo terminar sin citar una de las más emocionantes prosas del pasado año, la del veterano Juan Cruz con su novela/memoria buscando a su padre,"Ojalá Octubre". Ojalá siga escribiendo de esa manera y por esos caminos del pasado más o menos feliz. Hay otras novelas, otras películas, otros poemarios, pero éstos, con buenas críticas y con desigual público, de verdad merecen la pena. Otro día seré más conciso. Feliz año lector.
[Publicado el 28/12/2007 a las 16:25]
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Julien Gracq.
Hace ya bastantes años pudimos unas de las obras más espléndidas de la literatura europea, una de esas prosas poéticas que nos hacen seguir teniendo fe en la literatura y sus escritores. Hablo de El mar de Sirtes de Julien Gracq. Su potente mundo onírico nos llegó en una traducción de José Escué, creo que la misma que años después recuperó Galaxia Gutenberg.
Después leímos su primera obra, esa pieza, joya, de la literatura gótica, su primera y rechazada novela En el castillo de Argol. Esta vez traducido por Mauro Armiño. Después hemos seguido por tierras, mares y acantilados lo que a nosotros llegaba de uno de los grandes. Del más silencioso, y menos mediático, de los escritores contemporáneos. Murió el otro día, entre tranquilidad y silencio, pero con muchas páginas a él dedicadas. También le dedicó unas profundas -no se cuánto sentidas- palabras el mediático presidente francés. ¡Que vidas tan diferentes! ¡Qué mundos tan diferentes!
A los que no hayan conocido a Gracg vivamente se lo recomiendo. Para acercarse a la literatura, la imaginación y la extraña belleza que pueden esconder las palabras. También para huir de los ruidos mediáticos del presidente y su novia, la hermosa cantante susurrante.
Me extraña que Sarkozy, con sus prisas y sus risas, con sus fotos, sus mujeres y sus encuentros en todas las fases, haya tenido alguna vez el tiempo rescatado para acudir a los expresivos mundos secretos como hermosos bosques de Julen Gracg. Es posible que lo haya leído, incluso que haya apreciado su poética prosa. ¿No es Carla Bruni una buena lectora de poesía? Seguramente. Pero no puedo evitar mis prejuicios, ahora que están en las primeras páginas, aún me los creo menos. Quiero decir a ella. A él nunca le tuve mucha fe.
No importa. Existen escritores lejos de toda estupidez como Gracg. Amante de la provincia, el campo, la tranquilidad, el whisky, los mitos, Wagner y el bumerán.
Muy hermosa la historia que cuenta Julia de Jódar. El niño Julien soñaba con tener un bumerán decapitador de pájaros en su viaje de ida y vuelta. Se lo regalaron, y comprendió que nunca lo conseguiría, además que ni siquiera era capaz de que volviera a sus manos. Insistió, se fabricó caseramente uno que acabó estampado contra las rocas. Hizo un tercero que nunca llegó a lanzar. Que reposó sobre su lecho. Y así sigue Julia de Jódar: «De mayor, cierto día, tras contemplar un bumerán en un escaparate del Bulevar Saint Germain, volvía Gracg sobre sus pasos decidido a "conceder aquella recompensa póstuma de su infancia", cuando, ya en el umbral de la tienda, se echó atrás porque -dicho en francés, que suena con más propiedad- "il ne faut pas remuer les amours mortes"».
Quizá es cierto, quizá no hay que remover los amores muertos. Adiós, Carla.
[Publicado el 27/12/2007 a las 16:31]
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No me han llegado muchos regalos...quiero decir que no han llegado jamones, champanes, caviares o cosas así. Bueno para no ser injusto y olvidadizo, sí llega desde hace muchos años un champán exquisito y clásico que manda el Mercader de los Rolling- no el del piolet contra Trotsky- y las perdices escabechadas mejores del mundo: las de la tasca de Cuenca llamada " La Ponderosa", algunos entenderán ese raro nombre. El resto son libros y buenos deseos. Unos mejores que otros. Un pequeño gran placer ha sido- una año más- recibir ese objeto pequeño y tan querido que llamamos el "crisolín". Es un libro de pequeño, mínimo, formato. Se puede aguardar hasta en el bolsillo de un pantalón tejano. Pocas veces en su larga historia ha sido prescindible, éste año es imprescindible. Quiero decir que si se quiere prescindir de él se puede, pero será una tontería. Por ese texto han pasado los años, y se le notan... sin embargo nos sigue haciendo jóvenes y, posiblemente, desinformados, volver a sus pequeñas utopías, sus panfletos y sus maniqueos textos. Estamos en fechas cursis, en fechas de ser más pequeños, ni importa que también seamos más o menos felices. Quiero decir, y digo, que con mucho placer me llevo en mi bolsillo el "crisolín" de éste año, se llama "Historias de cronopios y famas". Lo escribió Julio Cortázar. Lo publicó en el año 1962 y todavía colea, alegra y anarquiza. No es poco.
Como felicitación navideña, o lo que sea, copiaré una de sus ocurrencias, se llama "Flor y cronopio", me gusta:
"Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar,pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz.
La flor piensa: Es como una flor".
Algunas veces, también los hombres se parecen a los hombres. No tanto. Ni tantas veces como las mujeres.
[Publicado el 21/12/2007 a las 12:09]
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El otro día, en compañía de Vicente Molina Foix- que tiene nuevo libro de cine y humedades del que hablaré otro día- estuve presentando un nuevo, rescatado, libro del admirable en muchos frentes creativos Pier Paolo Pasolini.
Un libro homenaje/idea de uno de los muchos pasolinianos que andan por varios mundos. Una idea de un fotógrafo francés para rescatar un relato que Pasolini hizo durante el verano del 59 para una revista italiana. La revista se llamaba "Sucesso" y era un semanario ilustrado. Durante un verano Pasolini, y un fotógrafo que nunca nombra, recorrieron toda la costa. El relato es admirable, lleno de miradas del poeta que era el cineasta y filólogo Pasolini. También demuestra ser un peculiar, sagaz y certero, narrador de una manera de hacer periodismo que está casi en el recuerdo de otros tiempos, otras lecturas, otras fotografías.
El libro, como el reportaje, se llama "Larga carrera de arena", las fotos de Philippe Séclier, son magníficas. Y el texto es de una belleza extraña, de un paseo por un mundo que ya no existe. No está ya ese mediterráneo, ni esos pueblos, ni ese paisaje, ni ese paisanaje que vio Pasolini. Es un libro sobre el pasado...y sin embargo, ¡tan vivo! Así es el arte. El cineasta, que todavía está tan presente en el cine en casa, en el cine en las filmotecas, en el cine que no se olvidará- unas más que otras, es verdad- está vivo por muchas más cosas. Por su poesía. Su cine, sus libros y por él mismo. Por su dignidad ciudadana, por su ejemplo de estética y compromiso. Y también, porqué no decirlo, por su absurda muerte. Su injusta, terrible y enigmática muerte.
Pues por eso, y por muchas cosas más Pasolini sigue vivo. Y sigue su realidad, y su mito, viva y vibrante para jóvenes que están muy alejados en el tiempo de su vida, su obra y su pensamiento. Fue una de las referencias de mi generación, y de la anterior, lo que no sospechaba, lo que alegró el otro día es que también sigue siéndolo de otras que ahora tienen la edad del joven Pasolini que aparece en éste libro. Sigan a ese hombre. No hace falta vivir peligrosamente como seguramente él vivió con su sexualidad pero no viene mal seguirle en lo demás. Rejuvenece.
[Publicado el 20/12/2007 a las 10:16]
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Víctor Manuel.
Tengo de fondo la dulce voz de Carla Bruni. Esta hermosa tiene muchas caras y mucho fondo de armario. Tiene bonitas canciones. Y otras cosas bonitas, al menos hasta donde yo he podido ver. Ahora la veo de otra manera, casi con sus últimos discos me pareció una musa de algo así como un post-existencialismo. Ahora, con otros amigos, otros trajes, otras fotos, la veo distinta.
El querido Joubert decía que "el pudor inventó los ornamentos". Es posible que por pudor nos vistamos, disfracemos, cambiemos de ropa, de aspecto y así creamos ser otros. Seamos lo que parecemos.
¿Somos lo que vestimos? Me he sorprendido con una foto de Víctor Manuel -en compañía de José Ramón de la Morena y Alonso- en una mina y disfrazado de minero. De repente ese que conozco, ese tan cuidadoso de que sus ropas se parezcan a sus maneras de estar en el mundo, de cantar, el sobrio y elegante Víctor Manuel, ese cantante que casi siempre sabe combinar bien los negros y grises; ahora, vestido de minero, podría parecerse a cualquier minero. A ese abuelo que fue picador allá en la mina. Una vez más me daba cuenta de lo importante que son nuestros hábitos. Somos lo que aparentemos, lo que parecemos, lo que vestimos. Para ver de verdad a la persona hay que mirar mucho, mirar el rostro, despojarlo de los vestidos. Incluso de los desnudos. Vuelvo y cierro con otro pensamiento prestado, robado a Joubert:
"Es casi exclusivamente a través del rostro cuando somos nosotros mismos; el cuerpo desnudo muestra el sexo más que la persona: no se piensa en el rostro de alguien cuando vemos su cuerpo desnudo; el vestido, pues, hace destacar el rostro.
La persona está propiamente en el rostro; sólo la especie está en el resto"
Así será. Muchas veces me cuesta distinguirnos de las especies.
[Publicado el 18/12/2007 a las 19:30]
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Hace años, en México y por azar, me encontré con un libro que siempre me acompaña: Pensamientos de Joseph Joubert. Lo compré sin saber nada del autor, lo compré porque tuve la fortuna de abrir sus páginas. Lo primero que leí: "Es imposible volvernos instruidos si sólo leemos lo que nos gusta". Y miré a la página de la izquierda: "Cuando se escribe con facilidad siempre se cree contar con más talento del que se tiene". No me extrañó que este escritor sin obra, que este pensador que prefería pasear a escribir, fascinara a Chateaubriand. Me parecía que los pensamientos de Joubert, como me ocurre con otros cuantos, están escritos y pensados como a uno le gustaría pensar y escribir.
Era un bien casi oculto el poder acceder en español a los pensamientos de Joubert. La edición mexicana tiene el prólogo, traducción y notas de Luis Eduardo Rivera. Y esa es la que ahora, los muy afinados editores de "Periférica", rescatan en una edición resumida. Se quedan con las reflexiones "sobre arte y literatura". Y así titulan a esta edición que les recomiendo se hagan con ella. Es pequeña, bonita y acompaña muy cerca. Se puede llevar en un bolsillo, acariciar con la mano, sobar y hacer que acompañe nuestros paseos. No me extraña que su prosa tan precisa, inteligente y libre también haya fascinado a Leonardo Sciascia y que Paul Auster lo haya adorado y traducido al inglés.
Dos pensamientos literarios más: "No es necesario que haya amor en un libro para que nos encante, pero sí es necesario que haya mucha ternura". "Para escribir bien se necesita una facilidad natural y una dificultad adquirida".
Y otro de regalo: "Todo carácter ardiente tiene algo de loco; todo carácter frío, algo de estúpido".
Guárdense de los fríos.
[Publicado el 17/12/2007 a las 15:02]
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Lou Reed.
Nunca he sido muy drogadicto. Sí he conocido, probado y frecuentado muchas de las más conocidas. O casi todas, nunca me atreví con los pinchazos. Pero nunca demasiado. Nunca me sentí obligado a comprar, tener, aspirar, digerir o aspirar drogas. Lo hice porque sí, algunas veces me gustaron, otras me complicaron. Me retiré de las ilegales y seguí frecuentando las legales. Seguí fumando hasta hace un poco más de un año. He seguido bebiendo, y creo que seguiré, si la salud o la enfermedad no lo remedian.
Yo también he visto caer a muchos de mi generación. Uno de los emblemas de la droga como relación vital, artística, emocional, como hermana más o menos querida, fue Lou Reed. Él, y todos los de su pandilla de la Velvet y alrededores malditos. Él caminó, e invitó a muchos, a que le siguieran por el camino salvaje. Se retiró a tiempo. No se perdió en el camino. Pero las cosas que hizo entonces, su voz canalla, sus letras poéticas, unas veces más alucinadas, otras más lúcidas. Sus canciones tristes y sus temas irónicos, muchos de ellos fueron en el tiempo de sus adicciones.
Hace tiempo que está "limpio". Al menos eso es lo que dice. En Madrid, no hace muchos años, nos prohibió que fumáramos en su presencia. Pudimos beber güisqui con agua, pero tampoco era partidario.
Han pasado otros años. Ha vuelto, le hemos vuelto a ver. Está bien, pero como repitiéndose en sus temas de una vida, unas cosas que ya no son las suyas.
Ahora termina de sacar un nuevo disco. Un amigo me aconsejó que no lo comprara. Me aseguró que era el disco más aburrido de los últimos años. Yo, que no me fío ni de mí mismo, me hice con el disco... y no me aburrí. Pero no lo hice porque me gusta el sonido industrial del agua cuando pasa un canalón. Me gusta el viento artificial y el de verdad. Me gusta la música de la vida, con sus ruidos. Me gusta Cage. Pero este producto de Lou Reed, estas meditaciones en el río Hudson, pasadas por el Tai Chi, el relax del cuerpo y la mente, es una cagadita al lado de todo eso. Y de verdad no es nada de lo que identificamos con Lou Reed. Aviso para seguidores.
¿Qué pasa con su capacidad para acercarse a la música? ¿El hombre limpio ya no puede hacer canciones como las que hizo? ¿Las drogas no estaban tan mal para ser el Lou Reed que nos gusta? Quizá es que ha cambiado de drogas. Ahora se droga con espiritualidad, con vida sana, cuerpo sano, cabeza sana...y la música, y sus letras, se han ido a otra parte.
[Publicado el 14/12/2007 a las 11:35]
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Audiencias de televisión.
Acaba de llegarme el "Panorama Audiovisual 2007", editado por Egeda que es la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales. Es un estudio pormenorizado de lo que hemos visto, desde el lado del dato y la estadística y no tanto desde el análisis. Aquí está el dato de lo que han visto los españoles en televisión o cine. Hoy comentaré lo más visto. Naturalmente lo más visto está en televisión- todavía no se contabiliza por Egea lo que se ve por la Red- y con mucha diferencia de lo que vemos en pantallas de cine. El cine en el cine, ¡ay!, una rareza en trance de desaparición.
Si somos lo que vemos, somos primero fútbol, después fútbol, seguido de carreras de Fórmula 1. Entre los diez programas más vistos -los datos son del 2006- en televisión sólo hay una ficción, la serie Hospital Central en el número 8 del ranking. La lista sigue hasta los cien programas más vistos. La mayoría son programas de deportes. Crecen las series españolas de ficción: Aquí no hay quién viva, Los Serrano, Siete vidas, El comisario, Cuéntame, Camera Café, Aída o Manolo y Benito. También series americanas, C.S.I, una en Nueva York, otra en Miami -no tengo ni idea de qué me hablan- y desperdigados por el ranking algunos de entretenimiento o lo que sea: Gran Hermano, Mira quién baila, Festival de Eurovisión, Operación Triunfo o Salsa Rosa. Y, por completar lo que vemos -es decir lo que los españoles ven por televisión- señalar que en puestos medios, más bien medios altos, también hay algunas películas: Como Dios, El señor de los Anillos, Asterix y Obelix, Cleopatra, El regreso de la momia, Pretty woman y Harry Potter, son los largometrajes más vistos en televisión el pasado año.
Debo reconocer que cuando leo estas listas me siento un bicho raro. Un ser extraño, fuera de la realidad, un marciano, un excéntrico, un solitario, un pedante, un desinformado, un listo, un tonto, un tipo peor que un comunista: un mal español. Menos mal que me salvo por ser espectador de algunos, muchos, partidos de fútbol. Aunque muchas veces voy en contra de los míos. Yo en eso, menos para el Atlético de Madrid, soy como el poeta Ángel González, voy contra todos, sobre todo contra los que ganan. Soy de muy pequeño espíritu deportivo, me gustan marrulleros, que jueguen, que ganen los míos aunque sea con trampas. Y como no tengo míos, voy con los peores.
Me alegra que se vean tantas series españolas. Incluso alguna vez trabajé en alguna, pero no soy consumidor ni se me espera. Soy, otra vez, del juego sucio, de Los Soprano. Y de programas llamados de entretenimiento, soy un analfabeto. Y no me importa. Creo que soy rebelde porque el mundo me hizo así. El caso es que antes, cuando fui mejor, más pequeño y más español, me encantaban los programas de concursos. Y los de entretenimiento que presentaban unos vieneses. Incluso las series, americanas, del tipo de El fugitivo, Los intocables. Estoy perdido para la tele. Estoy nostálgico. Soy un tonto, y lo que he visto me hacen dos tontos.
[Publicado el 13/12/2007 a las 11:13]
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John Lennon abrazado a Yoko Ono.
La revista, las más duraderas, famosas y universales de las revistas de la modernidad, entre la cultura de masas y la contracultura- también de inmensas minorías masivas- cumple cuarenta años. "Rolling Stone" está de celebración, recapitulación, listas y mirada atrás.
Una revista que no solo sigue viva, sino que tiene descendientes. Su hijo, ¿o hija?, español/a está creciendo muy bien. Ha salido con un número especial, un número de coleccionistas, eso es el reclamo al uso, la llamada para conseguir más ventas. Y ojalá lo consigan. Es un número que realmente resulta extraordinario por la puesta en escena, las entrevistas y la mirada más o meno nostálgica al tiempo que esa marca cultural ha sabido congregarnos a muchos que hace ya más de veinte años ya tenía más de veinte años. Crecimos con sus mitos, sus ritos, sus músicas, su cine, su humor y sus portadas. Muchas portadas vuelven a nuestra memoria. Una de las más vistas y revisitadas es aquella de un flaco John Lennon abrazado a Yoko en posición fetal y discretamente denudo. Yoko vestida como una existencialista enamorada. Y Annie Leibowitiz en la mirada, en la cámara de aquella declaración de amor más allá del rock. Me gusta más que la portada más famosa, esos culos sosos y blancos de la misma pareja que fueron capaces de irritar y marcar tendencia al mismo tiempo. Sin la pareja Lennon y Ono, seguramente nuestras músicas, nuestros recuerdos hubieran sido distintos.
Después, o antes o al lado, están los otros: Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, la pareja más Rolling: Mick Y Keith....Y antes Dylan, después Bowie, Springsteen, Sex Pistol o Kurt Cobain. Es verdad que hay muchos más, que las músicas, y sus letras, siguieron, siguen, pero a mí los Red Hot Chili Peppers me pillaron muy entretenido en otras músicas, otros ámbitos.
Me gusta mucho este número cumpleaños de la revista. Pero lo que más me gusta es la selección que hacen de las músicas y los libros de mi amigo Corto Maltés. Mi amigo el marino si tiene que elegir música se queda con esa joya última de Tom Waits, llamada " Orphans". Con las primeras grabaciones eléctricas de Dylan, "Master of War" o con los tangos de Piasola, en la versión de Gotan Proyect. También me siento cercano a las lecturas de Corto, además de su habitual libro de poesía de W.B. Yeats, se acompaña de Boris Vian, Rimbaud y Conrad. Con esa compañía, y soñando con alguna mujer, en algún puerto, yo también me embarco una larga temporada.
[Publicado el 12/12/2007 a las 10:35]
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El otro día en el suplemento Babelia, dedicado a Alberti y a los ochenta años de la generación del 27, se publicaban tres poemas inéditos de Alberti. Primerizos poemas, poemas que vivieron en el olvido y que una vez rescatados, encontrados por el trabajo del azar de una investigadora, el poeta -aunque ilusionado con el encuentro- no los quiso publicar. Veinte años después se publican. Hoy el poeta ya no puede decir nada. No puede aplaudir la publicación. Ni la puede negar. No se puede alegrar, ni se puede quejar. ¿Quién decide que se publiquen? ¿Está bien publicarlos? ¿Nos ayudan a conocer mejor su obra, su vida? Tengo muchos más interrogantes y no tengo respuestas claras. Es una pregunta que me hago, que hago a todos los que se interesen por el creador, por su poesía, por su vida. ¿Debemos contradecir los deseos del autor una vez que este está muerto?
Si Max Brod hubiera seguido al pie de la letra las instrucciones de su amigo Frank Kafka para el destino de sus textos después de muerto, no hubiéramos conocido una de las mayores obras literarias del pasado siglo.
Estos poemas de Alberti, desde luego, no son el mismo caso, ni tienen apenas trascendencia en su obra. O en el conocimiento de su vida.
Uno de los tres poemas, el llamado "Es una frente la que hoy pide auxilio", tiene toda esa intención provocadora, transgresora, de un joven recién convertido al ateísmo. Rafael, que tantos ángeles cantara, que recordara toda la vida, los ritos y los santorales cristianos, se muestra como un ingenuo blasfemo. También como un experto en meadas, algo que acompaña toda su vida y su obra.
En fin, no sé si es muy necesario rescatar ese poema que termina con estos versos:
"¿Qué buscas hacia el este si el mar es el último gargajo desprendido del Gran Ano Supremo?
Lloro y me la meneo ante los sagrados cojones de la Virgen."
Después de escribir esto se marchaba con la no virgen de Maruja Mallo. Y juntos pensaban en más blasfemias. Por ejemplo, que Maruja entrara desnuda en medio de una misa de doce. Eran como niños, perversos y blasfemos. El poeta todavía estaba en pañales.
[Publicado el 10/12/2007 a las 15:18]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
23/11/2008 09:14
Publicado por: oe
22/11/2008 23:10
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22/11/2008 22:21
oeeeeeeeeee, el formol es un...
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22/11/2008 22:11
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22/11/2008 21:54
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22/11/2008 20:19
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hemos ganadooooooooo. veremos...
Publicado por: adiós
22/11/2008 19:57
Publicado por: oe se recupera de la fiebre del viernes noche
22/11/2008 19:48
todos centrados en el tenis. me...
Publicado por: el cartero
22/11/2008 19:34
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