El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 6 de septiembre de 2008
La ciudad donde me gustaría vivir
Creo que vivo en la ciudad en la que me gustaría vivir. Aunque siempre tengo una puerta abierta a las infidelidades, promiscuidades, alternancias y otras fugas. Al menos tengo la disposición intelectual. Otra cosa es la realidad, como casi siempre. Como estoy con un poco de fiebre, un trancazo de esos del cambio climático y de ser residente en mi ciudad. Contaminada, seca, extrema y tan encantadora. Y tan puta. Pero me gusta. Es rebelde. Si fuera mujer sería Lilita. Aquella mujer de Adán, enemiga de los partos y de los recién nacidos. Mujer libre, un poco ‘viriloide', con mucho morbo y con la atracción de las cazadoras. Atractiva, compleja, libre y poderosa mujer, en fin, un hermoso peligro.
No quería hablar de Lilith, aunque me gusta tanto como la Valentina de Crepax. La mujer preferida de Fellini, hermosa y libre. Recuerdo ahora Valentina porque hay en este blog una amable desconocida llamada Valentina, y siempre imagino que es físicamente como aquella mujer pintada. En fin, disculpen este desvío para llegar a Santiago, como le pasó a Cees Nooteboom y lo contó en un espléndido libro de viajes. Yo vuelvo al principio, vuelvo a eso de la ciudad donde me gustaría vivir. Entonces me acuerdo del poema de otro Adam, el Zagajewski. Y me gustaría vivir en esa ciudad. En algunas cosas se parece a la mía, en otras en nada. No se si habrá otras más parecidas. No se si existe esa ciudad.
El poema así la describe:
Es una ciudad silenciosa al atardecer, cuando
las pálidas estrellas despiertan de su desmayo,
y ruidosa al mediodía con las voces
de filósofos orgullosos y mercaderes
que traen terciopelo de oriente.
Arden en ella los fuegos de las conversaciones,
pero no las piras.
Las iglesias antiguas, piedras enmohecidas
de una vieja oración, son su lastre
y su cohete espacial.
Es una ciudad justa,
donde no se castiga a los extranjeros,
una ciudad de memoria rápida
y de lento olvido,
tolera a los poetas, a los profetas perdona
su escaso sentido del humor.
En una ciudad construida
según los preludios de Chopin,
reducidos a la tristeza y la felicidad.
Pequeñas colinas la rodean
en un ancho anillo; allí crecen
fresnos de campo y el esbelto álamo,
juez en la nación de árboles.
Un río impetuoso atravesando el centro
de día y de noche murmura saludos
misteriosos de las fuentes,
de las montañas, del azul del cielo.
[Publicado el 31/1/2008 a las 11:44]
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Cuatrocientos euros, cuatrocientos golpes

Oído en el centro de Madrid hace unos minutos. Dos hombres de unos cuarenta años estaban hablando en una calle de mucho tránsito. Uno callaba. El otro estaba tranquilo pero serio y decía: "Yo no acepto esa propina. No cambio mi voto por cuatrocientos euros, ni por ochocientos. Me parece de vergüenza. De falsa caridad. Claro que eso es lo que suelen hacer. Nos subvencionan para que estemos callados, para asegurarse su poder. ¡No les voto!... ¿Has visto lo que pasa en Andalucía, en Extremadura, en los sitios dónde tienen la mayoría de sus votos? ¿Has visto?...Pues eso que se callan porque están subsidiados. Están mantenidos, con cuatro duros, pero con poco trabajo. ¿Tú sabes lo que es el PER? Pues eso. Que conmigo no cuenten. Tampoco les regalaré los cuatrocientos euros, pero no les voto"...
La conversación seguía pero yo tuve que dejar de poner mi oreja, tenía que seguir mi camino. El amigo hablador y el silencioso estaban en horario de trabajo, y con uniforme, eran dos funcionarios del servicio de limpieza del Ayuntamiento de Madrid. Antes basureros.
No era un pensamiento basura el del trabajador hablador.
Me puse a recordar las promesas de Zapatero. El juego del "yo más" en tiempo electoral. Y reflexioné sobre mi voto. Descartada la derecha que está desde hace siglos aliada con lo peor de España. Con dudas sobre los socialistas y con la creencia que un voto fuera de esa posibilidad es poco útil. ¿Qué hacer?
Tomar los cuatrocientos euros. Votar con la nariz tapada. Abstenerme y dedicar ese día a ver películas de Truffaut, por ejemplo. Volver a ver "Los cuatrocientos golpes". La cosa está fea. El talante no es suficiente. Y un puñado de euros no compra el voto de un trabajador, ¿o sí?
[Publicado el 29/1/2008 a las 14:41]
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Una de las tres cajas encontradas con fotografías.
Una de las más emocionantes noticias últimas es la aparición en una casa mexicana de más de tres fotografías de Robert Capa, Gerda Taro y David Saymour. Fotografías del tiempo más apasionado y cruel de nuestra historia. Fotografías de la vida cotidiana en la Guerra Civil, en el frente y en la retaguardia, en los campos, los pueblos y las ciudades.
Robert Capa y, su compañera, Gerda Taro- elegante hasta para moverse entre las balas, elegante hasta la muerte que encontró un desgraciado día en el frente de Brunete- son dos de los más famosos e importantes fotógrafos de los muchos que por aquí estuvieron en aquellos días dónde la vida y la muerte se cruzaban demasiado.
Robert Capa, el más conocido de los fotógrafos de aquella guerra- o al menos tanto como Cartier- Bresson- encontró la muerte en otra guerra. En una que todavía no se llamaba de Vietnam, en la guerra de Indochina le esperaba una traicionera mina. Sus fotos son parte de nuestra historia, de nuestra memoria y de nuestras emociones. El seductor de Budapest, el atractivo y conquistador Capa, fue capaz de apurar la vida y saberla mostrar. También, o sobre todo, cuando la vida coqueteaba con la muerte. Algunos de los grandes fotógrafos tenían una especie de noviazgo con las guerras. Capa lo tuvo, jugó, ganó muchas veces y terminó perdiendo.
Dentro de poco podremos ver escenas inéditas de aquellos días, de aquellas gentes, de aquellos de los nuestros y del mundo entero, que pensaron que España sería la tumba del fascismo. Se equivocaron. Perdimos. Pero gentes como aquellos fotógrafos en tiempos de guerra nos permiten vivir de manera cercana los sueños, la lucha, la vida y la derrota de un tiempo y un país.
No sabemos cuál será la calidad de las imágenes que estuvieron casi setenta años esperando en una maleta. Fotos exiliadas en México. Recuperadas fotos del exilio. Una manera de recuperar las vidas rotas, dispersas, exiliadas.
[Publicado el 28/1/2008 a las 15:23]
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Me gustaría escribir un cuento. Aunque fuera uno de aquellos de Monterroso. ¿Cómo? ¡Sobre todo uno de aquellos eficaces cuentos de Monterroso! Poder terminar una buena línea y sentirse un Balzac. ¡Qué placer!.
No estoy seguro de poderlo conseguir. Incluso no estoy seguro de intentarlo. Me gusta mucho leerlos. Incluso leer sobre cómo se hace un cuento. El último libro que aconseja cómo se debe escribir un cuento es de un buen cuentista. No es poco. Se llama Guillermo Samperio, es mejicano, hay bastantes de sus cuentos publicados en España. Ahora acaba de publicar un libro con 500 tips para los que quieran ser cuentistas. Algunos de los ejemplos vienen muy bien a cuentistas y a blogueros.
Muchos de ellos son consejos, reflexiones, apuntes de algunos de los más incontestables cuentistas del mundo. Algunos ejemplos:
"El camino del escritor, de principio a fin, está lleno de espinas, clavos y ortigas, y por eso una persona de sano juicio debe apartarse por todos medios de la escritura", A. Chéjov.
"Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión o la pobreza", A. Monterroso.
"Contar un cuento es saber guardar un secreto", Erskine Caldwell.
"Un cuento debe mostrar, no enseñar. De otro modo, sería una moraleja" Julio Ramón Ribeyro.
"Terminar un cuento es saber callar a tiempo", otra vez Caldwell.
Hay 496 más. Es toda una lección de lo difícil que es alcanzar imaginación, belleza, emoción y precisión. Para los valientes y los que no estén en su sano juicio. Editado en la editorial Berenice.
[Publicado el 25/1/2008 a las 11:03]
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Antonio Gamoneda.
Pedía Esther, una amable lectora, que aclaráramos qué era eso de la disonancia "gamonediana". Es posible que antes de eso debiéramos detenernos en quién es el poeta Gamoneda. Y es un buen poeta. Un tanto frío, aislado y desconocido, pero un buen poeta. No de los grandes, ni de los mejores, ni de los imprescindibles, digo, es un decir, pero un buen poeta. Hay muchos, nunca demasiados, poetas. Incluso hay bastantes buenos. Gamoneda, digo, es un decir, es de esos. De los buenos. Otra cosa es su talante. Aún diría más, su fe. Algún día hablaré de la fe que mueve las montañas poéticas de la Moncloa. Hay fe. Incluso mala fe. Y nos queda la esperanza. También podríamos hablar del olvido. Pero eso son otros talantes.
Hoy lo que tocaba era el talante de Gamoneda. Muy dueño de sus poemas. Incluso muy dueño de sus opiniones. Es de Oviedo. Y es poeta, como Ángel, pero nada más. Hasta ahí los parecidos. Porque él es premio Cervantes. No como ese Ángel.
Y los que quieran entender su talante -y las opiniones de Almudena Grandes, Joaquín Sabina y los diez mil hijos, amigos, lectores de un poeta llamado Ángel- que acudan al diario La Vanguardia del día 13 de enero. Era domingo, sin aguacero, y las cenas del poeta pasaban por un cementerio madrileño. Tranquilas, sin soberbia, sin rencores, sin mandatarios, sin zapateros, sin mala fe, sin envidias, sin miserias, sin ínsulas, sin extraños. Con otras cosas. Con poemas, con amigos. Así se hizo un hombre. Así un poeta.
Y un epílogo sobre Barcarrota -repito: ¡Barcarrota!- ese pueblo de Badajoz. El de la biblioteca. Que conozco, aprecio y sé cómo se nombra. Ayer, después de corregir en mi ordenador esa corrección ciega de lo correcto que se empeñaba en cambiar su nombre por el de Barcarrota. ¡Claro, era el día de las caídas de la Bolsa! Espero que hoy, con ese respiro bolsista, los correctores del blog no se empeñen en dejar en bancarrota la dignidad de Barcarrota.
[Publicado el 23/1/2008 a las 12:18]
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Cuando el albañil Antonio Pérez dio ese golpe con su pico en aquella pared del "sobrao" de una casa en Barcarrota hizo un agujero en un libro del siglo XV. El libro se llama "Alborayque". Es una castellanización de Al-Burag, nombre del animal que trasportó a Mahoma hasta el Séptimo Cielo. Quedó dañada por un pico la ilustración de ese fabuloso animal que no es caballo, ni mulo, ni macho, ni hembra... Así la palabra Alborayque sirvió para insultar a los conversos que no eran ni cristianos ni judíos. Fabuloso animal que hubiera encantado a Borges, Cunqueiro, Perucho, Serra y otros de nuestros escritores de zoologías fantásticas. En el texto de ese libro sin fecha, ni impresor encontrado en compañía de otros en una casa de Barcarrota, se dice que es "menor que caballo y mayor que mulo. Tiene rostro de caballo, ojos de hombre, orejas de perro, cuerpo de buey, una pierna de águila, otra de hombre, otra de león sin uñas, la punta de la cola es una cabeza de grulla, las riendas son espadas y el freno de fuego encendido...". ¡Cuántas maravillas nos hemos perdido los que hemos nacido en unos tiempos sin animales mitológicos!. Por no quedar, ya no quedan ni unicornios.
Así, "Alborayque" se llama una nueva revista que quiere ser, que ya es, un nuevo espacio de encuentro en torno al mundo del libro. Y, como debe ser, comienza por esa fabulosa, pequeña y de enorme valor, llamada la biblioteca de Barcarrota. Los preciados libros que escondió en su casa el médico judío converso Francisco de Peñaranda, cuando en 1557 tuvo que salir precipitadamente para salvarse de la Inquisición. Negra historia, una más de la historia de España. Historia de libros perseguidos, prohibidos, quemados.
Felizmente también los hubo que se pudieron salvar como éstos de Barcarrota. El día que el albañil dañó, sin querer esa joya del llamado "Alborayque", también sacó a la luz ejemplares en perfecto estado como dos de Erasmo, el manuscrito erótico de " La Cazzaria ", unas quiromancias de Tricasso y esa rareza del Lazarillo en ejemplar único editado en Medina del Campo.
En un pequeño pueblo extremeño, hace casi quinientos años, un ilustrado habitante leía poesía, al pícaro de Lázaro, se entretenía con astrología y cartomancia, reposaba con Erasmo o jugaba a los exorcismos.
Apenas una docena de tesoros que una vez tuve en mis manos, gracias a la amabilidad de Justo Vila, escritor, bibliotecario y ahora director de esta revista. En aquellos días, además de al profesor Serrano Mangas, el que supo aclarar la identidad del propietario de la biblioteca, tuvimos cerca de Sánchez Paulete, erudito y cercano, que desde hace tiempo echamos de menos en éste blog. No solo se nos extravían, se nos pierden algunos libros, también algunas personas. Lo sentimos.
[Publicado el 21/1/2008 a las 15:28]
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Me llega un libro de la editorial "El tercer nombre", es de título llamativo y viene precedido de éxito y algún escándalo, se llama: Sin tetas no hay paraíso, del escritor y guionista colombiano, Gustavo Bolívar Moreno.
Una historia que pasó a la televisión y resultó un éxito en Colombia, en gran parte de América y que ahora acaba de llegar a nuestras pantallas en adaptación española. Ya se han quejado algunos ayuntamientos, creo que alguno en los que se supone ocurre la historia.
Más o menos así es la historia: una adolescente de una barriada colombiana cree que la única salida de aquel infierno, de aquella sordidez y pobreza, es conseguir a cualquier precio unas tetas que causaran la admiración de los hombres. Por la silicona al paraíso. Los modelos en esos ambientes populares, las más queridas por los ricos narcotraficantes son mujeres de grandes tetas.
Así, si no tienes esas tetas, te quedarás marginada y en tu pobre barrio. Para conseguir esas tetas hay que hacer cualquier cosa, prostitución incluida. En el mejor de los casos, se consigue un paraíso construido con miserias morales y estéticas. Después, la mayor parte de las siliconadas, vuelven a ser expulsadas del falso paraíso. Los paraísos son imaginarios, falsos, engañosos y, además, no existen.
¿Ese modelo de las grandes tetas es el modelo del mundo marginal u hortera?
¿Cuál es ahora "nuestro" modelo? ¿Qué le pasaría hoy a Audrey Hepburn o a Jane Birkin?
Estaba pensando en mis propias preferencias. Y me encontré pasando de los brazos de Keira Knightley a los de Scarlette Johansson. En fin, me di cuenta que el tamaño no importa. Al menos que no me importa. Es decir que todas las tetas valen para soñar con paraísos. Esos pequeños de andar con el placer.
[Publicado el 17/1/2008 a las 14:21]
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No diré lo que pienso. Pero intentaré pensar lo que digo. ¿Hay que ser honorable para ser poeta? ¿Se puede ser poeta viviendo con deshonor?
¿Hay que ser bueno machadianamente, angelgonzalezmente para ser poeta? Para ser llamado poeta no. Incluso para ser premiado, alzado a los altares de un gobierno que anda en compañía de la poesía secreta. Yo creo, sigo queriendo creer que se puede ser poeta y buena persona. Incluso otras cosas, otros cargos. De vez en cuando lo dudo. Pero es ponerme prosaico.
Hay poetas y otras cosas. Hay premiados y poetas. Hay clases también en los poetas. Y hay poetas con clase. Hay poetas tapados, silenciosos y fríos que quizá así han estado porque era su condición de oscuros poetas. Como la negra provincia. Como la patria oscura. Hay poetas sentidos y poetas resentidos. Hay poetas que no soportan su premio. Que no soportan la falta de lectores. Hay poetas que presumieron de todo lo que después negaron con los laureles de los amigos. Hay poetas leídos y poetas galardonados. Hay poetas para el abrigo y poetas para los desnudos. Hay poetas que no perdonan la muerte. Hay que no perdonan la vida. Hay mezquindades disfrazadas de falsas bondades. Hay sufrimientos inventados, incapacidad para la alegría.
Acabo de recibir el regalo de las navidades del editor Chus Visor, con perdón.
El libro, el "visorín", es un texto del poeta que más quería mi querido Luis Buñuel, Benjamín Peret. Un texto que escribió en México en los momentos finales de la Guerra Mundial. Se llama El deshonor de los poetas, dice cosas, hermosas, inteligentes y de hombre bueno, verdadero y honorable. Si pudiera se lo mandaría a algún poeta laureado..."pero el poeta no está para mantener en el prójimo una ilusoria esperanza humana o celestial, ni para desarmar a los espíritus insuflándoles una confianza sin límites en un padre o en un jefe contra el cual toda crítica se vuelve sacrilegio. Por el contrario le corresponde pronunciar palabras siempre sacrílegas y blasfemias permanentes"
Como no soy poeta callaré mis blasfemias, contendré mis sacrilegios y no señalaré a los poetas hincases de voces sacrílegas ni blasfemas. El silencio les vendrá a visitar algún día, de noche.
[Publicado el 15/1/2008 a las 20:28]
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Ángel González, en Oviedo.
No quiero que este blog parezca el Spoon River de Edgar Lee Master, siendo un apasionado del libro y del poeta. Pero tantas muertes me superan. Me extrañó que se muriera un eterno como Pepín Bello pero lo de Ángel es tremenda injusticia de distinta dimensión. Lo de Ángel me rompe muchas más cosas. Hacía tiempo que no lloraba, quiero decir algo más que una de esas furtivas lágrimas que de vez en cuándo pueden caer al leer, ver, escuchar algo que te emociona. No era eso. Eran lágrimas que no pude contener cuando en ese lugar tan extraño donde se van a convertir en cenizas personas que queremos, escuchamos a su amigo de infancias y complicidades literarias, Manuel Lombardero. Y la emoción siguió con otro de sus grandes amigos, su cómplice, de vida y generación, nuestro amigo José Manuel Caballero Bonald. Sintiendo que le han dejado sólo. El último de aquella generación de plata, de aquella generación del cincuenta que tanto bebió. La generación del alcohol. La mejor de los poetas que hemos podido conocer, querer, tratar y disfrutar.
No puede decir muchas cosas sobre Ángel que no me resulten pequeñas, banales, prescindibles. Le quisimos. Le seguimos queriendo. Hasta unas horas antes de morir con él estuvimos compartiendo cosas de vida. Cosas de leer, de beber, de fumar o de fugarnos. Penúltimo de los grandes poetas vivos de su generación. Poeta sin Premio Cervantes. Poeta con lectores.
Si acaso seguir leyendo a Ángel. No olvidaremos su cercanía. Y siempre nos acompañará su poesía.
Ahí, donde fracasan las palabras, nos acompañan sus poemas.
Siempre lo que quieras
"Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo
-pero luego no digas que no sabes lo que haces.
Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos
como te muevas te arrancaré el aroma.
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte esta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto".
[Publicado el 14/1/2008 a las 15:07]
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Pepín Bello.
Estoy harto de que se muera todo el mundo. Incluso los que son como Pepín Bello. No me importa que casi tuviera ciento cuatro años. No hay derecho. No molestaba, no ocupaba mucho sitio y era la mejor memoria lúcida de un país que solo existe en los libros, en algunas fotos y en poemas, canciones, músicas y otros restos de aquella pandilla que pasó por la Residencia de Estudiantes, se hicieron de una generación en el año 27, ganaron la República y perdieron la guerra. Pepín Bello, mi amigo más mayor, era el último de aquella extravagancia española. Un ser atípico que nunca hizo mucho más que ser amigo de los que más hubiera uno deseado conocer. No es pequeño mérito. Hoy, me quedo un poco más solo. Desde hace meses era más raro poderle ver, pero cada vez que estábamos con él sabíamos que teníamos unas horas de risas, inteligencia, felicidad y recuerdos conquistados. Me han robado uno de los mejores paisajes españoles. Con él terminan muchas cosas. Entre otras termina el vivo recuerdo de unas gentes y de un país que fue mejor. También se acordaba del otro, del peor, del cruel, estúpido y asesino que también fue nuestro país.
Como me hubiese reído de eso tan "putrefacto" como la letra de un himno de España. No está Pepín para reírnos. Nos tendremos que acostumbrar a la injusticia de que también los inmortales terminan por morir. Me gustaría hacer un anaglifo, pero me falta la gallina. Perdón por la tristeza.
[Publicado el 11/1/2008 a las 19:39]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
05/9/2008 23:24
Publicado por: Una ET en Euskadi
05/9/2008 19:26
Publicado por: escarola
05/9/2008 18:41
Me gustan especialmente las dos...
Publicado por: oe
05/9/2008 18:37
Pues no se me ocurre nada que...
Publicado por: oe
05/9/2008 13:23
Publicado por: aLex
05/9/2008 13:11
Publicado por: escarola
04/9/2008 16:18
el cuerpo de bomberos con casco...
Publicado por: marea
04/9/2008 14:03
Lo malo es que con el uniforme...
Publicado por: Enea
04/9/2008 13:58
Publicado por: Enea
04/9/2008 12:53
Publicado por: Enea
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