BOUVART , PÉCUCHET Y OTROS ESTÚPIDOS
Hace tiempo leímos ésta obra inmensa, inacabada, mayor de uno de los mayores de la literatura. Hemos sido igual de inocentes, ingenuos, estúpidos y voluntaristas, como ésta pareja de oficinistas que quieren entender el mundo, las ciencias, la literatura, la agricultura, la química y casi todo el conocimiento humano. Historia de un desastre anunciado. Camino disparatado de dos seres desvalidos, solitarios, oscuros que van hacia ninguna parte. Aunque quizá el empeño, el camino haya merecido la pena. Así lo señala una frase del capítulo 8 del primer volumen. Después de tantas desastrosas experiencias, parece- como señala en su extraordinario prólogo Jordi Llovet, los personajes adquieren un claro discernimiento de la tontería ajena, lo cuál les hace menos tontos: "Entonces se desarrolló en su espíritu una facultad molesta, como era la de reconocer la estupidez y no poder ya soportarla"
Gran asunto, ¿podemos librarnos de la estupidez? O el necio lo sigue siendo aunque no se de cuenta. Hay un duro proverbio francés que dice: "Cuando uno estúpido, lo es para siempre". Sin embargo, cada vez que me acerco a ésta novela que nunca me abandona, me siento menos estúpido.
Estoy leyendo varias cosas, algunas comentaré por aquí, pero no hay ninguna lectura- si no volvemos a Cervantes, Joyce, Proust, Kafka- que tengan esa capacidad de ser lecturas para una vida. Siempre se debe volver a ellas.
Y volver en una edición tan exquisita como ésta de Mondadori, con traducción de José Ramón Monreal, edición de Jordi Llovet, que por primera vez en castellano incorpora todas las notas, el material que Flaubert pensaba incorporar en el segundo volumen. Además de tapa dura. Perfecto y menos democrático, como le gustaba a Flaubert.
Seguramente iré a votar el domingo. Siempre me he sentido Europeo, lo he sido incluso cuando algunos creyeron que Europa terminaba en los Pirineos, lo seguiré siendo aunque tengamos esos representantes. Me gustaría tener mandatarios que hubieran leído a Flaubert. Se que el mundo avanza, cómo se dice en ésta obra, hacia el patetismo universal. Quizá no porque vaya a ser "una gran francachela de obreros" sino porque será una gran francachela de estúpidos viendo las mismas películas, leyendo lo mismos libros- o ninguno- y mirando las mismas diversiones. Seamos más europeos, menos estúpidos. Leamos "Bouvard y Pécuchet". O no lo lean. Seamos libres hasta en nuestra estupidez.
[Publicado el 04/6/2009 a las 13:50]
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Nada fue igual después de aquella guerra. Hasta entonces, hasta aquél verano del 1936, las gentes, sus trabajos, sus días y sus noches, tenían sus desiguales fortunas, sus opiniones diversas- incluso divergentes- sus amistades, su suerte o su mala fortuna.
Francisco López Martínez había nacido en aquellos años de final de siglo XIX en los que nacen algunos de nuestros más destacados artistas de la vanguardia. Como Buñuel o Dalí, también nació en "provincia", en Sigüenza, ¡que no es cualquier sitio!
La familia de López Martínez, entre excéntricos y liberales, tenía una tienda de paños fijos y traían las novedades de París. El pequeño López Martínez debió olfatear en algún viaje juvenil con su padre a la capital de las vanguardias. El joven comenzaba a pintar, estudiaba medicina en Madrid, había contactado con pintores y poetas de las primeras vanguardias. Estaba encontrando un hueco vital y creativo en compañía de amigos como Francisco Bores, Carlos Saénz de Tejada o Miguel Pérez Ferrero. Francisco López Martínez, dibujante, ilustrador, pintor, actor ocasional, vanguardista de provincias, joven que se vino a triunfar a la capital, cambió su nombre por el de Santa Cruz. Así, con ese nombre de la tienda de tejidos familiar, fue creciendo en su carrera de pintor en los apasionantes años veinte.
La suerte muchas veces había sido roñosa con este joven artista con maneras. Muertes familiares, aplazamientos de exposiciones, incomprensiones y otras carencias, demostraban a Santa Cruz que el camino no era fácil. Con el tiempo llegaron las colaboraciones, los primeros encargos, los reconocimientos comenzaron a funcionar. Su primera exposición individual sería en uno de los lugares de referencia de "los modernos" de la época, el culto, feminista "Lyceum Club"- ese lugar por el que pasaban casi todos los jóvenes que querían cambiar las cosas en la vida, el arte y la política- se había organizado la primera exposición individual de Santa Cruz. Fue el 13 de Abril de 1931. El mismo día en que la ciudad estaba alegre y a punto de ser republicana. Todos se preparaban para recibir la deseada República. Madrid era una fiesta. El arte había tomado las calles. Nadie se acordó de la exposición de Santa Cruz.
Estaba curtido en la mala suerte. Más proclive a esconderse que a enfrentarse, una vez más el abnegado pintor prefiere callarse. Todo sería mejor, más fácil, más libre con la recién nacida vida republicana. Al menos así lo esperaba la mayoría de su generación. Él también, era un republicano no muy ideologizado. Como su pandilla, ni rojos ni fascistas. Al menos hasta que estalló la guerra. Dos de sus amigos, más republicanos que otra cosa, Saénz de Tejada y Pérez Ferrero se pasaron al franquismo. Francisco Bores se marchó al exilio. Y Santa Cruz se quedó como un indefenso animal asustado entre Sigüenza y Madrid. Escondido, callado, con su obra oculta, con sus obras que caminaban por la vanguardia, el humor y la moderna ilustración, se quedaron atrapados en el miedo y el olvido.
El fue un oscuro funcionario del Ministerio de Industria- ocultando su nombre de pintor, ocultando su familia republicana, ocultando amistades pasadas, olvidado por los que cambiaron la "chaqueta". Juan Manuel Bonet, en su imprescindible "Diccionario de las vanguardias, se preguntaba por el enigma de la obra desaparecida de Santa Cruz. Ahora, para " rescatar las aguas del olvido", el trabajo de dos periodistas, de dos buscadores de rarezas, amantes de "rastros" y de Sigüenza, Alicia Davara y Lorenzo de Grandes, rescataron una obra olvidada en armarios familiares, perdida en pueblos que no querían mirar con rencor el pasado. Pero esa es otra historia.
Lo mejor de éste argumento de intriga, misterio, guerra, miedo y mala fortuna, es que décadas después, la vida y la obra de Santa Cruz, ya no volverá a la región del olvido. Les recomiendo la exposición: "Santa Cruz, la vanguardia oculta" en el museo del Conde Duque madrileño. La suerte tarda. Algunos la siguen esperando.
[Publicado el 03/6/2009 a las 00:07]
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DIOSES, DIABLOS, FIERAS Y LIBROS
DIOSES, DIABLOS, FIERAS Y LIBROS
Íbamos al Retiro para montar en bici o subir a las barcas. Después volvimos para darnos la fiesta en tiempos de sexo sin píldoras. Y casi sin sexo. También íbamos a la Casa de Fieras. La vuelvo a recordar gracias a Gonzalo Hidalgo Bayal, novelista esencial que nos descubrió Rafael Conte. La evoca en uno de los paseos madrileños que su tribu de provincias, más ebrios que beatos, hacen por aquél lugar que también nos hizo soñar con cabalgar a lomos de elefantes africanos. Para eso sirve la literatura, para imaginarnos juglares, profesores de latín sin vocación de padres, ni de hijos, tal vez sólo de espíritus no tan ásperos.
Necesitamos la literatura para ser dioses, diablos, asesinos, víctimas o náufragos. Para ver como William Blake, "un mundo en un grano de arena". Sentarse cerca del Ángel Caído- "a menudo el Infierno he deseado, por que me aliviara del cielo"- y disponerse a leer sus poemas, por ejemplo la "instrucción espartana: "Acércate, hijo mío, y cuéntame lo que allá ves: Veo a un tonto enredado en un trampa religiosa". Y quizá seguir con la "respuesta al cura: "¿Por qué no aprendes paz de las ovejas?: Porque no deseo que usted me esquile". Un placer santificar el domingo con lecturas tan purificadoras de las fatales influencias de los traficantes de rebaños.
Lecturas que nos llevan a mundos extinguidos. Al rescatado universo de "Bearn" esa sala de muñecas qué Llorenc Villalonga- entonces Lorenzo, refinado burgués aristocrático, colaboracionista con el fascismo, afrancesado y cobarde- supo contar como nadie. Unas vidas de nobles ensoñaciones, con adulterios, asesinatos y rosacruces. Decadentes y elegantes seres de un final de raza que no quería perder sus privilegios. Y al lado de "Bearn", las diabólicas noches y días de la guerra en isla tan refinada, tan plácida pero que en los primeros días sangrientos fue capaz de aliarse con el mismo Diablo para matar en nombre de Dios. Tiempos terribles que cuenta Dalmau en forma de novela dónde aparecen con nombre y apellidos historias que algunos pretenden olvidar para seguir viviendo a la sombra, entre gatos y curas. No leer ni al católico Bernanos que ya lo escribió en "Los cementerios bajo la luna".
No todo son tragedias. También está lo otro. Como recuerda en sus escritos pornográficos el snob Boris Vian, el escritor Havelock Ellis tenía razón: "Los adultos necesitan una literatura obscena como los niños necesitan los cuentos de hadas, a modo de alivio contra la fuerza opresiva de las convenciones". Terminaré la adictiva novela de Coe, "La lluvia antes de caer" y, antes de las lluvias, vuelvo a las obscenidades. ¿Estará bien esa novela de Dessal? Comienza con dos jóvenes muertas, mientras su compañera de piso, una rubia hermosa, masturba a un cerdo en directo en un late show británico. En un rato despejo incertidumbres.
[Publicado el 01/6/2009 a las 11:45]
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La belleza del fútbol estaba en Roma. Y yo miraba el atardecer de inmenso sol rojo, y mar color de vino, en Capri. Dos formas de belleza, dos decorados que nos hacen más felices. Ni el fútbol normalmente es cómo lo está haciendo el Barca, ni los paisajes habituales son cómo éstos de las islas del Golfo de Nápoles.
De Capri nos trasladamos a Ischia, una de las joyas casi mitológicas de las bellezas del mediterráneo. Aquí está el más antiguo vestigio griego, esa copa de Néstor en la que hay una inconclusa frase: "yo soy la hermosa copa de Néstor, el que bebe de esta copa de inmediato será dominado por el deseo de Afrodita, la de la hermosa corona". No bebí en su copa, pero confieso que bebí otras copas, aquí al lado, en la isla de Procida es dónde Neruda bebió muchas copas entre cartas, amores y carteros silenciosos.
Esta mañana entraba el sol a mi habitación y apenas se podía ver la silueta imponente del Vesuvio, a la derecha el castillo de Los Aragoneses, con fascinantes historias de monjas que se pudren, amores que se esconden y dudas sobre los amores de Leonardo da Vinci y su posible modelo la española Constanza de Ávalos, la que Benedetto Croce decía era la modelo de "La Gioconda". No se mucho de la historia, pero nuestra hermosa guía isleña, una joven arquitecta que estudió en Madrid, dice que los dos eran "gays". El tiempo saca de sus armarios a los más recatados de los artistas y las princesas más misteriosas. Me divierto con esas historias.
Estoy en un festival de Cine y Gastronomía, en la isla que fascinó a Visconti, y todo un mundo de la "dolce vita" que hasta aquí vinieron atraídos por el mecenas, editor y agitador cultural, Ángelo Rizzoli. Estas islas están llenas de cine, llenas de decorados de películas que amamos, de escritores a los que hemos querido, a los que seguimos queriendo desde Virgilio hasta Patricia Highsmith.
A veces la belleza parece un decorado, un hermoso decorado. También la belleza tiene su lado convulso- si no es convulso, ¿podrá ser belleza?- y también recordamos que vivimos sobre las larvas de viejos volcanes. Y no tan viejos.
La belleza, este decorado casi perfecto, también cansa. Mañana cruzaré a otra realidad, también hermosa pero tan humana, tan ferozmente humana, como esa ciudad que se llama Nápoles. Seguramente haré una parada en Campo Flegrei y me acerque a ese lago que está en el fondo de un cráter. Se llama el Averno. Sí, el lugar dónde Virgilio en la "Eneida" coloca la puerta del infierno. El infierno serán los otros, pero a mi imaginación le impresiona esa puerta de ese lugar. No creemos, pero nos gusta volar libremente.
[Publicado el 29/5/2009 a las 19:06]
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La verdad es que gustaría ver el desnudo de Carla Bruni. Varias veces he confesado mi afición por esa susurradora cantante. Me gustaba antes de que la conociera el tal Sarkozy, y después de que pasara por la cama de algún Rolling. No importa, no soy celoso. También me gustó, y mucho, la anterior mujer de Sarkozy- ¿qué tendrá éste tipo?- Cecilia, la nieta de Isaac Albéniz. Ella, también guapa, inteligente, interesante, no parece tener tanto mercado de desnudos. No sé bien qué me ha llevado pensar en los desnudos. Está claro que leí la noticia de las ventas de las fotos de los desnudos de la Bruni y mi imaginación se disparó imaginando los desnudos. Y de un desnudo a otro.
Será por eso que también está investigando Yoko Ono, ¿qué tienen los hombres en su cabeza? Yo desde luego tengo bastantes desnudos imaginarios.
El otro día, en un homenaje a Albéniz, otro familiar, Alberto Ruiz Gallardón, contó que tenían en la familia una foto de su antepasado desnudo, feliz y mayor. Una foto de un genio cincuentón, un poco tripón y a punto de darse un baño. ¿Cuánto y quién pagaría por ella? Y una foto de Kafka desnudo? Seguro que hay un mercado de los desnudos de los seres que admiramos. Recuerdo una foto de Sabina desnudo. Quizá haya quién la tenga guardada. ¿No tengo yo la de Catherine Deneuve con cara de estar desnuda, aunque nada nos muestre? Pues eso.
[Publicado el 27/5/2009 a las 18:01]
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Tampoco me pondré a llorar. No me sale. No me creo las lágrimas en los crematorios, cementerios, velorios ni en ningún ágape de recuerdo a nuestros muertos. Se llora en privado. Se llora por dentro. Yo llevo unos días más cabreado y sorprendido que plañidero. Hace un tiempo aquí conté el pacto de no interferir nuestras lecturas, en seguir a los nuestro, en un viaje del AVE con Carlos Castilla del Pino. Ahora he recordado tantas conversaciones pendientes, posibles, cercanas...ocasión perdida. Todo por ese viejo enganche a la lectura. ¡Con lo que me gusta hablar!
Después fue Benedetti, ese bondadoso cascarrabias. Tampoco era mi poeta, pero era mucho más de lo que dicen algunos. Mucho más que unas gracias, unos cantos, unas ternuras. Fue cercano, tierno, triste, melancólico, futbolero, soñador y otros sonidos del pasado cercano que conserva su ciudad.
Y murió Rafael, "el gordito" como le llamaba Chus Visor. Hace tiempo que Rafael Conte, el crítico que nos enseñó a leer, ya no era el gordito. Había perdido demasiados kilos. Estaba un poco más sordo. Con ese genio sonriente, con una amabilidad restrictiva y con su pasión, su enganche, para la lectura de casi todo lo que merecía la pena. Y no quería salir. Pasaba de nosotros. De esa tertulia irregular, de esa pelea entre "El Manolo" y "Belarmino" que desde hace muchos años algunos teníamos la suerte de compartir con el más importante de nuestros críticos. Entre el entusiasmo y el disimulo, entre el descubrimiento y algún encubrimiento, desde hace décadas fue uno de los pocos que podíamos seguir sabiendo que no perderíamos el tiempo. Discrepar, eso sí. Pero siempre desde un nivel, una exigencia que no es común en nuestra crítica.
Y Ullán, nuestro irónico, memorioso, feroz, claro y oscuro, José Miguel Ullán. Uno de los raros necesarios. Poeta, culto, popular, buscador, erudito, cosmopolita, pueblerino, dandi, original, irrepetible cantor español. En su primer libro, tan borgiano, "Ficciones", ya dejó escrito su testamento:
"la voz es voz
hiciera
añicos las palabras redentoras
-...la quijada blandida,
la mueca de tu hermano,
la saliva secreta, la agonía
capaz de darte posesión primera,
última ya (oh cuerpo ensangrentado),
herencia de este salmo, tierra ajena,
fuga por siempre, libertad cautiva...-
la voz es voz
no existe
no existe aroma nuevo
cerrad mis párpados"
Hace poco se publicó su poesía reunida. Es un hermoso epitafio.
No bailaré sobre sus tumbas.
[Publicado el 26/5/2009 a las 00:17]
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No quiero ser una canción de Parálisis Permanente, aquél grupo que tanto me divertía, que tanto gustan al radicante Fernández Mallo. No quiero ser un radical de esos que buscan el regreso al lugar originario. Prefiero a los radicantes que están en el camino, sin tener ningún lugar al que regresar. Y, por favor, no quiero ser poeta agroaburrido. Ni laureado bajo sospecha. No quiero tener su mala leche. Ni su valentía para insultar a los muertos. No quiero su mística, ni su metafísica del límite, ni su viaje hacia la nada. No quiero despreciar cuanto ignoro. Ni quiero parecerme a esos personajes de un haiku de Kobayashi Issa: "en el ciruelo, unos cuervos no dejan de blasfemar" Los cuervos, esos pájaros blasfemos. Se vistan con levita. O con premio Cervantes.
Prefiero otros pájaros. Ser ese jinete viajero que quiere moverse por esta habitación que es el mundo. Quiero ser ese pecador que nunca insultaba, ese que seguía siendo ateo a pesar de haber visto a Dios, el poeta que conoció el frío de la posguerra en las montañas de León, el niño y el hombre que amaban el circo, el joven republicano que tuvo que cantar cuatro veces el "Cara al sol" en un cine de Oviedo, el pequeño hermano de una familia de buenos y rojos. Sí, me hubiera gustado ser como ese poeta claro que supo llamarse Ángel González. No pudo ser. Somos lo que somos. Pero, al menos, podemos decidir que "mañana no será lo que Dios quiera".
Cuando Paco Rico continúe su antología de la mejor poesía de los próximos mil años de Europa- ¡estoy disfrutando con su Pentecostés del primer milenio!- allí estarán González y su amigo de noches y días, de versos y tragos, de vidas contadas y escritas: Luis García Montero. Y si no están, da igual porque mañana tampoco será lo que Rico quiera Y mañana, mucho después que los muertos tan vivos de nuestra poesía de la indiferencia hayan quedado en el olvido, González y García seguirán siendo recordados, repetidos, dichos y cantados. Benedetti también lo será, en otra liga, de otra manera. Otros volverán a sus cerrados jardines de invierno.
A cada uno sus premios, sus méritos. Para Ángel, que nunca ganó el Cervantes, sus premios fueron ser huérfano de republicano, niño crecido entre las ruinas de una ciudad asediada, superviviente de un golpe de Estado, de una guerra civil, adolescente que llevó a su madre la noticia del asesinato de su hermano, hijo de mujer castigada, hermano de maestra depurada, joven con tuberculosis, maestro de niños pobres en una pobre aldea de la pobre España, funcionario en algún Ministerio en el áspero Madrid de los años cincuenta. Y poeta.
Una vez fue un joven recién llegado a Madrid y fichado por "maricón". No por su condición de poeta, ni por homosexual, era heterosexual, sino por una orgullosa honradez que siempre lo acompañó. Para detalles buscar "Mañana no será lo que Dios quiera"
[Publicado el 25/5/2009 a las 09:23]
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Pensaba escribir algo sobre Montevideo. La ciudad que contó Benedetti. La ciudad que contaron otros poetas, una de las ciudades que quiero- soy promiscuo con límites- y la ciudad de Onetti...pero Ellis, ¿puedo decir yo también la dulce Ellis?, me lleva reflexionar sobre los gustos, los disgustos y las mentiras. Con sus verdades sueltas y absueltas. ¿De verdad me gusta Leo Dann? No creo. No fue de mis cursis cercanos, lejanos. Y con eso tranquilizo a la, también dulce, ET, lo de Leo Dann era un guiño al raro, cursi, intenso, complejo, irónico y demasiado peronista para mis tragaderas, llamado Leonardo Favio. Ese sí me gustó con todas sus "cursiladas". Siempre quise hacer un corto sobre una deliciosa- y cursi/irónica- canción que se llama "Ding, dong, son las cosas del amor" La historia de amor interclasista, el obrero y la niña pija, se termina como un corto de Chaplin, los dos enamorados confesando sus acuerdos tiernos unidos por la música de Leo Dann. No recuerdo a Leo Dann. Eso quiere decir que no me gusta, al menos no tanto como María Ostiz. Me gustó, ¡incluso físicamente!, en esos tiempos de chicas de toque entre intelectual, monjil y con secretos. Y me gustó no por eso de "un pueblo es, un pueblo es", que nunca llegaba a ninguna parte; me gustó, entre otras cantigas de amiga, por culpa de Aute. María Ostiz cantaba "a la manera" de Aute. La diferencia es que Aute era descreído, amigo de diablos queridos y sus aleluyas estaban en las antípodas del estilo "opusino" de María. Pero sí, confieso que me sabía, y que aún recuerdo canciones como "Yo me vi rodeando el mundo", "Mi amiga Catalina", "Un pueblo es" y otras inconfesables músicas y letras de cuando fuimos jóvenes, tan jóvenes. Tan cursis. Hoy me siguen gustando cursis, pero más malas, más irónicas. Hoy me gusta "La Shica", "La bien querida" o Vega. Hay gustos que nunca se arreglan.
[Publicado el 21/5/2009 a las 01:50]
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Lo sigo siendo. Bueno, ahora soy dos tontos. Y me gusta la música. Los tontos tenemos esas cosas. Esta mañana un amigo, un curioso genio de varias artes y sin embargo un tipo encantador y sensible- que no nombraré para no dar pistas a tontos de otros gustos- me ha regalado un disco de "Salomé" en catalán. Le había comentado la impresión que causó en un niño de casi diez años, uno que se parecía a mí en un día de final de verano, ver en un Festival del Mediterráneo por televisión cantar en ese idioma, cercano pero extraño, como era entonces el catalán. Recuerdo a una señora muy elegante- Salomé- y un señor con camisa negra y flequillo, que se llamaba Raimon. Ya no estoy seguro si uno de los dos interpretaba en castellano y el otro en catalán. Da igual. El caso es que siempre recordé esa canción que se llama "Se'n va anar". Ahora tengo el vinilo, una rareza de la prehistoria del pop español. Y me sigue gustando.
Un poco después me gustaron "Los Bravos", "Los Salvajes" y "Lone Star". Después llegaron Aute y los catalanes, el primer Serrat y el montón de jueces. Y Pí de la Serra, Pau Riba, Guillermina. También había descubierto a los franceses, desde Francois Hardy a Michel Polnareff. Después vinieron Boris Vian y el capullo de Dutronc, que se casó con la Hardy. La legión italiana del Festival de San Remo, desde Mina a Luigi Tenco...Pero sobre todo había llegado la música inglesa. Ellos eran lo que hubiéramos querido ser. Hasta que desde la costa Oeste, antes de New York- la capital de nosotros los catetos- nos arrasó. Más o menos eran los años en que descubrimos a Tete Montoliú en aquél "Whisky Jazz" de una plaza de Madrid que no se merece esa bandera tan cañí.
Nos gustaban las coplas que se habían quedado en la memoria de nuestra madre, de nuestras vecinas y por supuesto conocíamos bastantes zarzuelas.
Después sería imposible imaginarme sin el jazz. ¡ Respetadme yo escuché y casi pude tocar a Miles Davis!.También nos había llegado por circuitos incomprensibles, por radios y viejos vinilos la música que llamaban clásica. Y nos pusimos Bartok muchas tardes. Y aterrizamos en aquella explosión de alegría- y otras cosas- que eran las óperas italianas. Wagner vino después. Cuando llovía escuchábamos a Satie en aquella casa en el campo. Otras veces Stravinsky nos acompañó.
Soy amigo, admirador, seguidor de Sabina, Miguel Ríos, Ana Belén, Víctor Manuel y compartimos la admiración por los hermanos Conte y Francesco de Gregori. Me gustan los napolitanos y los de Jerez. Con Mikel Laboa, como con Patti Smith, me he pasado muchas horas. Pero, ¡joder!, si me gusta hasta Leonardo Favio. Aunque, la verdad, ¿sabes quién me gusta?: Leo Dann...Y con Julio Iglesias, en compañía de Juan Cueto y Feliciano Hidalgo, disfruté de viajes y conciertos. La lista de mis tonterías musicales es mucho más larga. De la "movida" hablaremos otro día. O no. Me aburren algunos listos. Me gustan mis tontos.
[Publicado el 19/5/2009 a las 23:25]
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No estuvimos en las fiestas de la Factory en New York. Ni fumamos kif en Tánger con Burroughs, ni con Ginsberg. Ni siquiera con Paul Bowles como parecía haberlo hecho todo el mundo. Pero ya habíamos leído "Aullido" y "Almuerzo desnudo", comenzábamos nuestro discreto camino salvaje. Conocíamos las tristes canciones de la hermosa Nico, estuvimos en el primer concierto que en Madrid dio el colocado Lou Reed y el San Juan Evangelista, cuna de drogotas del jazz y el flamenco, fue nuestro refugio. Todos fuimos drogadictos. El resto eran tipos raros. Alegres del estilo "Viva la gente", seguidores de María Ostiz o candidatos a llevar bigote.
Éramos cultos y malditos. Habíamos tomado Malasaña, después de haber tomado nuestras cabezas con polvos, de haber viajado con LSD y de fumar cosechas de Ketama. Algunos se movían por los caminos de falsos paraísos que entraban por las venas y te llevaban hacia la nada. Más cerca de la evasión que de la revolución, enterrado Franco y cambiando la música y las letras quejicas de los cantautores por las ternuras del pop, la moda juvenil o las ganas de matar hippies en las Cíes. Los tiempos habían cambiado. Nos tocaba admirar el alma bohemia de los drogadictos. Desde ese caballero llamado Sherlock Holmes, que ocultaba su adicción entre las paredes de su biblioteca en Baker Street, siendo capaz de alternar "una semana de cocaína con otra de ambición" hasta los hermosos cadáveres de nuestros ídolos del rock. Seducción fatal, atractivo camino de imperfecciones que había matado a Joplin, Hendrix o Morrison pero también el alimento culpable de que Burroughs siguiera escribiendo. "Soy realidad y en realidad estoy colgado. Dadme una vieja pared y un cubo de basura y por Dios que me sentaré ahí para siempre. Porque soy la pared y el cubo de basura. Pero necesito a alguien para sentarme ahí y mirar al cubo de basura y a la pared. Esto es, necesito un huésped humano".
Me acuerdo de Antonio Vega. Le recuerdo joven y atrapado desde aquellas noches del Penta. Y le recuerdo desvalido, entre la pared y el cubo de basura, con la mirada herida y el corazón desnudo. No había manuales del usuario para las drogas, o no servían ni a quienes los escribían. Bien lo supo Eduardo Haro Ibars. Muchos se perdieron en aquellas navegaciones sin rumbo. Otros nos salvamos. No se bien cómo, pero sí para qué. Aprendimos a batear la basura y a ser suficientemente cobardes como para no querer compartir la nómina de ángeles, ni demonios, caídos.
En la muerte de Antonio Vega, con permiso de Patxi López, yo también recordé un poema de Kirmen Uribe: "Y el día que el viento sur me lleve/ devolved mi cuerpo a la tierra en que nací,/enterradlo cerca del mar, junto a mis amigos,/ rodeado de gente de buena voluntad: con los marinos, con los heroinómanos, con el poeta.". Se llama "devolvedlo". Mejor quedárselo.
[Publicado el 18/5/2009 a las 11:49]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
21/3/2010 01:39
en ese aeropuerto delante de...
Publicado por: el c
21/3/2010 01:32
Publicado por: elc
21/3/2010 01:27
Publicado por: me está apeteciendo mucho el retroceso. espero que mañana deje de apetecerme y siga adelante. ¿qué día es su cumpleaños?
21/3/2010 01:22
Publicado por: elc
21/3/2010 01:15
Publicado por: elc
20/3/2010 17:34
Es un acierto este post, invocar...
Publicado por: rolando gabrielli
20/3/2010 14:22
apoyo a Javier, no es correcto...
Publicado por: Enea
20/3/2010 10:03
COMENTARIO CENSURADO por IVAN...
Publicado por: Javier
19/3/2010 23:53
Publicado por: rolando gabrielli
19/3/2010 21:16
Publicado por: alex
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