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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 22 de agosto de 2008

Blog de Javier Rioyo

La tristeza, y después

Nos llegó como llegan las malas noticias, como llegan las buenas, nos llegó ausente y desarmado frente a las desgracias. Como tantas veces estamos, también desprevenidos, ante las buenas noticias. Aumentaban los muertos, las malas noticias, lo que no tiene explicación, aunque la termine por tener. La desgracia y la suerte. La tristeza. Y después, otra vez la vida. La vida de los que no fuimos aquellos viajeros. Hemos pasado cientos de horas de nuestra vida en los aviones, volveremos a volar como volveremos a sufrir, como volveremos a sonreír./upload/fotos/blogs_entradas/paul_valry_cuadernos_med.jpg

Estoy leyendo a Paul Valéry, en sus "Cuadernos" me encuentro un pequeño poema abstracto, uno de esos que nos recuerdan que la tristeza es más interior que la alegría. Y que, sin embargo, tenemos que seguir buscando la risa. Algo parecido a la alegría por estar vivos.

 

"Amarga como sabes serlo- oh Vida

¡Amarga y dulce como sabes serlo!

Amarga y dulce y grave como sabes serlo, oh vida

Amarga y dulce y grave y leve y larga y breve como sabes serlo,

oh vida.

Así como tan sólo las lágrimas saben juzgar, compensar, pagar

tus momentos hermosos

Hay tan sólo una risa que consigue responder con acierto a tus males."

[Publicado el 21/8/2008 a las 13:15]

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Mentiras, mentirosos

/upload/fotos/blogs_entradas/los_mares_de_wang_med.jpgLeyendo el magnífico viaje por China de Gabi Martínez, Los mares de Wang, entiendo aquello de "esto es un cuento chino", frase ahora en decadencia pero que usábamos mucho cuando no nos creíamos algo. Siempre he pensado que hay que saber mentir. Y para saber mentir hay que tener cualidades y no viene nada mal tener práctica. No se hace uno mentiroso en un día. Ni en un curso rápido. Saber mentir es un arte antiguo, una dedicación que no se preocupa de aparentar nobleza. La mentira no será noble pero debe ser inteligente.

Cuenta Gabi Martínez que los chinos son el pueblo que mejor miente, el que más orgulloso está de su capacidad para engañar, para mentir no por mentir sino con voluntad de prosperar."Engañar para prosperar", un lema que me parece admirable.

Siempre he sido un mentiroso vocacional. No se si un gran mentiroso pero al menos lo he intentado. Me he pasado una no corta vida contando mentiras. He practicado bastante y sigo en ello. Y, de alguna manera, vivo de ello. Vivo de mis mentiras. De la mentira de las mentiras. Hermana pequeña y menos pretenciosa de la verdad de las mentiras de Vargas Llosa y los grandes mentirosos. Los pequeños no pretendemos la verdad.

Mentiroso de vocación. No hay que descubrirse pero tampoco hay que ocultarse. No hace falta reivindicarnos, somos mentirosos porque hemos querido ser así. Yo me recuerdo mentiroso desde pequeño. Y recuerdo el placer que proporcionaba hacer pasar una mentira como si fuera una verdad. ¡El insoportable prestigio de la verdad!

Los mentirosos tenemos poca fe, en eso no mentimos. El sagaz, certero y descreído de Paul Valéry escribió: "La fe es un vigor que se toma por una verdad". Pues eso, la verdad para los que tengan fe. Yo con los chinos. Con esos que consideran que para ser un héroe no hay que correr riesgos. Con esos que llevan siglos practicando el engaño sistemático y el arte de la mentira.

Escribe Gabi Martínez: "China ha dado gente muy capaz de driblar reglas, en cierto modo porque adoran los inventos y el juego, los desafíos en fin." También destaca otra gran cualidad de este pueblo tan simulador, una característica que también admiro y a la que tanto debe nuestra literatura: la picardía, la picaresca. También son maestros en ese disimulo, ese engaño de sentidos y sentimientos que usan los pícaros.

Tengo que escaparme a China. Vivir experiencias entre chinos esos olímpicos campeones de la mentira. Hay que ser mentiroso para todavía considerarse un país comunista. Unos genios. Una suerte de triunfo de la poesía sobre la realidad.

[Publicado el 20/8/2008 a las 14:00]

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Bares

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He leído un informe sobre la cantidad de bares que hay en España. Se detalla por comunidades, por provincias y por ciudades. La información debería ser más precisa y darnos la estadística de bares por barrio. Estoy en un lugar de España con una de las más altas medias de bares por habitante, en Galicia. Solo superada por Aragón, Asturias y Baleares. Pero si hablamos de Vigo y su comarca la media sube mucho. Así estoy en uno de los lugares con más densidad de bares por habitante de España. Me gusta conocer ese dato. Me gustan los bares. Han sido, son parte de mi paisaje vital y emocional. Son mi guarida y mi confesionario, mi habitación abierta y mi habitación propia. Los bares son el mejor lugar para estar solos y para estar en compañía.

Estoy en un monte, miro una tranquila ría, veo pasar barcos que llevan hombres que salen al mar para el trabajo. También veo otros que llevan grupos de desenfadados veraneantes que nunca tendrán que trabajar en ningún mar, no proceloso ni tranquilo. Cada uno con sus barcos, cada uno con sus bares aunque, de vez en cuando, se mezclan en los mismos bares, las mismas barras, las miasmas bebidas y las mismas estéticas.

Algún día tendríamos que hacer la lista de nuestros bares más queridos.

En Galicia- aunque también tengo algún bar tan exquisito, tan plácido y acogedor como el más mítico de los "Harry's bar" del mundo- me gustan los bares populares, las  tabernas dónde conviven los Ribeiros con el pulpo, la televisión siempre encendida con la máquina tragaperras, las fotos de escenas del mar con alguna reproducción de una marina hiperrealista, las botellas en sus estantes con la imagen de algún santo.

Bares con viejas botellas que guardan aguardientes fuertes como los hombres de la mar, bares de feísmo capaces con sus tapas, con sus vinos de hacerte olvidar la estética con la que veníamos armados desde nuestra cultura. Feos bares que ya hemos hecho tan nuestros.

Cada vez hay menos bares, menos tabernas como aquellas que recorrían por ésta zona dos de los mejores conocedores de sus paisajes y paisanajes, míticas tabernas de el Morrazo que recorrían muchas tardes, con sus noches, Álvaro Cunqueiro y José María Castroviejo. Añoradas y estéticas tabernas que, ¡ay!, ya apenas pertenecen al recuerdo, a la literatura, a esa realidad que tenemos que vivir imaginando. Una pena que me quitaré refugiándome en algún bar de ese feísmo que cada día me gusta más. Bares, ¡qué lugares!

[Publicado el 19/8/2008 a las 12:52]

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Aplaudir al sol

Contaba ayer Luis García Montero la conveniencia de aplaudir una puesta de sol. Unos aplauden los atardeceres del mar de Cádiz, otros aplaudimos la manera de ponerse el sol en este finisterre de otro sur, el sur gallego. Qué hermoso es un atardecer, siempre repetido, siempre igual, siempre diferente. Cuando esperamos el último rayo del sol, esperamos en silencio, admirando, con la pequeña emoción de volver a ver un espectáculo que nos gusta, que conocemos, que cambia cada día pero que lo hace sin grandes sorpresas. El placer, el gozo de volver a ese lugar de los sentimientos dónde están algunas cosas que nos gusta repetir. Volver a mirar una puesta de sol. Volver a besar. Todos los besos son diferentes. Como diferentes son los atardeceres.

Nunca hemos visto el rayo verde. Incluso no estamos seguros de que exista pero no hay atardecer que no tengamos la esperanza de que alguna vez tengamos ese premio. ¿Será una superstición? Es posible pero desde que leímos a Julio Verne siempre esperamos esa última luz que algunas veces, dicen, se produce con el último rayo del sol.

/upload/fotos/blogs_entradas/eric_romher_med.jpgVolvimos a ver la película de Eric Romher, uno de sus cuentos morales, "El rayo verde". Habían pasado más de veinte años desde que una tarde en los cines Alphaville salimos tristes y alegres de esa historia de una mujer vegetariana, espiritual, soñadora, solitaria y maniática. Una extraña mujer que no estamos seguros de haber querido conocer. Una mujer que confía en cuentos, en leyendas, en señales que hacen que la vida pueda cambiar. Ver el rayo verde y cambiarte suerte. Ver el rayo verde y encontrar el amor. Una hermosa manera de engañarse, de ilusionarse cada día con otro atardecer. Me vuelve a gustar ese cuento moral del Romher, siempre me gustan esos franceses moralistas tan inmoralistas, desde los pensadores del siglo XVIII a los cineastas que vinieron con la nouvelle vague. Tengo que volver a Romher.

Sigo sin ver el rayo verde  pero me gusta aplaudir cada día los atardeceres de este sur del norte hacia el noroeste. Este lugar que es como esa Andalucía imaginada, idealizada de Luis García Montero, de Luis Cernuda de otros andaluces que saben que también en Galicia está esa metáfora del sur, esa Andalucía que todos nos merecemos. Unos más que otros. Brindis al sol en esta mañana de luz de Agosto. Aplauso al sol cuando se esconda por nuestro mar de todos los veranos.

[Publicado el 18/8/2008 a las 12:47]

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Fotos, memoria y azar

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Una de las fotografías de la exposición 'Hermanos Mayo. Guerra Civil'

Una gran exposición fotográfica en A Coruña de los hermanos Mayo. Extraordinarios fotógrafos que crecieron en el exilio mexicano. Como tantos habían perdido la guerra, eran republicanos, "rojos". Delatados desde su nombre, eligieron estos gallegos llamados Bouza, en compañía de los madrileños Castillo, llamarse Mayo como homenaje a los trabajadores, a la fiesta del 1 de Mayo.

Fueron fotógrafos desde los días de las revueltas mineras en Asturias, en la Guerra Civil, pero también fotógrafos de los famosos, los deportistas, las celebraciones, los retratos de estudio o la vida en la calle. La vida de un siglo vista por los hermanos Mayo.

Hace diez años conocí a Julio Mayo, el único superviviente ahora nonagenario, en México. Era un vigoroso octogenario lleno de pasión,  memoria, trabajo y azar. De todo eso se había forjado su vida de fotógrafo. Él había estado en la llegada de Trotsky a México. Había fotografiado a Frida, Diego Rivera, Orozco, Manolete o Cantinflas. Había fotografiado a los olvidados de los barrios, a Buñuel, a León Felipe y a la hermosa joven que aprendió a leer poemas en su compañía, Sara Montiel.

Los Mayo se habían pasado la vida mirando y atrapando la vida y sus protagonistas. De los anónimos luchadores del Quinto regimiento cruzando el Ebro a Robert Mitchum en un rodaje mexicano. Pero, además de otras muchas cosas, lo que yo quería hablar con Julio era de ese azar que le llevó a fotografiar a Marilyn Monroe en un hotel de la capital mexicana. Era en el año 62, pocos meses antes de morir, Marilyn, estaba simpática, había visitado un rodaje de Buñuel mientras rodaba El ángel exterminador. Hay una deliciosa foto. Todos contentos y Buñuel sonriente y feliz al lado de la rubia.

Y la otra foto, esa que el azar hizo que se viera que no todo en Marilyn era rubio. Esa en que se ven sus morenos pelos púbicos. Esa conturbadora foto que muestra que Marilyn no usaba ropa interior. Esa que tuvo al pequeño de los Mayo en frente y sin saber que se encontraría al revelar. Allí estaba la sorpresa, producto del azar, no de la rapiña ni de la picardía. Esa foto de Marilyn. Esa foto.

Mayo, después de hablarnos de aquella foto, volvió a confesarnos la imagen que se repetía todos los días de su vida. Él de joven en el frente de Guadarrama, en el regimiento de montaña, vestidos de blanco, escuchando los avances enemigos en los amaneceres fríos de los días de invierno en que Madrid se defendió de los asaltos fascistas. Esa su foto no realizada, su memoria visual y emocional más repetida de una vida que ha visto muchas cosas. Fotos que nunca hicimos. Momentos que no olvidamos.  

[Publicado el 13/8/2008 a las 12:12]

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Libros que cambian la vida

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Tintín.

El ser humano es un animal que ríe, llora, lee y hace listas, como el domingo recordaba Benjamín Prado en El País Semanal. Nos gusta hacer listas. Es divertido y nos permite poner un poco de orden en nuestra tendencia al caos. A cien escritores españoles les pidieron sus cinco libros de referencia. Los cinco libros que cambiaron su vida. Yo creo que todos los que leímos la encuesta hicimos nuestra propia lista, nuestra particular incursión en nuestro pasado de lectores que se iniciaban en este juego interminable. Yo hago mi lista. Así como vosotros, si así os parece, deberíais hacer la vuestra. No será la mía muy reflexiva, ni muy meditada, será la misma que pensé ayer mismo cuando leía la de los otros. La mía podría ser ésta, aunque también podría ser otra con otros cinco, incluso una tercera, cuarta, quinta....cada día se podrían cambiar algunos de la lista y sin embargo me gustaría que estuvieran éstos:

Al principio fue, Tintín.  Así estaría el primero de mi lista como lector. Después vinieron otros de aventuras pintadas, pero sin las historias de Tintín mi vida lectora hubiera sido distinta. Mi otra vida, también.

/upload/fotos/blogs_entradas/la_isla_del_tesoro_med.jpgUn poco después soy un adolescente que quiere vivir aventuras, conocer viajes y piraterías. Soy el que está leyendo La isla del tesoro. Las historias de Stevenson, después vinieron las demás, siempre serán parte de lo mejor de mis recuerdos lectores.

Y llegaron los rusos, algunos españoles- uno como Baroja que todavía viaja conmigo- y apareció Kafka. Primero fue La metamorfosis. Así nos dimos cuenta de que todos podríamos ser Kafka y que el horror, el terror, la angustia o el peligro podrían ser cosas cercanas, cotidianas.

La poesía, que ya había llegado con clásicos españoles del siglo XX, Juan Ramón, Machado, Lorca, Cernuda, se nos hacer más cercana, más nuestra y cotidiana con aquellos que tanto bebieron. Con esos que tanto seguimos leyendo. Primero fue Jaime Gil de Biedma, que nos acercó a Ángel González. Ahí siguen cambiando nuestras vidas.

Un poco tarde, a pesar de nuestra historia alcalaína, nos llegó Don Quijote, nunca nos dejará. Pero con él viajaban Faulkner, Borges, Pessoa, Proust, Rilke, Salinger, Rilke, Cortázar, Nabokov, aunque cómo solo puedo elegir uno. El quinto libro, con la pequeña trampa de que Jaime Gil de Biedma y Ángel González sean sólo uno, sería ese viaje de James Joyce que también nos acercó a la Odisea de Homero. El Ulises de James Joyce fue, después de dos intentos, el más importante de las lecturas que cambiaron nuestra vida de lectores veinteañeros.

Ahora, después de haber pasado la mitad de la vida, seguimos buscando lecturas que nos conmuevan, nos transformen, nos cambien. Y de vez en cuando nos pasa. Pero esa es otra lista.

[Publicado el 12/8/2008 a las 14:30]

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Caídos por Dios

Caídos por Dios y por España. En la mayoría de las iglesias españolas todavía, setenta años después de la barbarie y la injusticia, se sigue recordando a "sus muertos". Eran los salvadores de la "Patria", los mártires de la guerra santa, de la cruzada. Falangistas, tradicionalistas, católicos que estaban contra la República, contra la democracia constitucional que era la España republicana.

Hemos crecido viendo esos homenajes a sus "caídos". Leyendo la relación de muertos en aquella guerra, siempre encabezados por "el ausente", por su más destacado caído, José Antonio Primo de Rivera. La historia era suya, suyo el poder, la palabra, las tierras, las casas confiscadas. Suyos los himnos, las banderas, las iglesias, los cementerios. Suyos eran los caídos. Suya era España.

De eso hace ya muchos años. La mentira, el secuestro de la historia, la represión y la manipulación, fueron destapadas hace muchos años. Hace ya muchas décadas vivimos con la normalidad desigual de las democracias. Rescatamos nuestra memoria, nuestra historia. Se quedaron con mucha parte del botín. Con casas y tierras. Recompusimos nuestra historia. Reivindicamos. Conquistamos parte de nuestro pasado e intentamos superar los rencores. Había que vivir hacia el futuro. La "transición" era eso. No poner el rencor, ni siquiera la justicia, en primer plano. Perder en las "cuentas" y pensar en la convivencia.

Siguen restos de aquella miseria, de aquellos miserables que secuestraron a un pueblo, que gobernaron con la mentira y la amenaza. Siguen, pero son restos de un naufragio que tuvo demasiados muertos. Y siguen los nombres de los "suyos"- los buenos españoles, los buenos católicos- en las paredes de las iglesias. La Iglesia no tiene quién la ordene. Es territorio aparte. Sus muertos son cosa suya, dicen.

Siguen en casi todas las iglesias. La buena noticia, al menos la buena para los gallegos es que en Vigo se quitarán los símbolos franquistas de sus iglesias. El alcalde de Vigo, un socialista, no se si cristiano, Abel Caballero, está en conversaciones con el obispo de la diócesis de Tuy-Vigo, José Díez Reboriego, para que desparezcan de las iglesias estas listas de los "buenos" que nos ofenden al resto. No me importan sus mártires, sus santos y sus buenos, pero no me gusta que me recuerden las infamias en lugares tan visibles. Que la mentira y sus protagonistas no ocupen sitios tan destacados. Las mentiras, en el interior. Como antes decían algunos carteles de tiendas y restaurantes cuando llegaban los calores del verano.

Hablaré de una de las novelas que mejor cuentan aquellos días bárbaros de la guerra civil. Pero eso será mañana.

[Publicado el 07/8/2008 a las 12:36]

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Crímenes no ejemplares

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Acumulación de expedientes en un juzgado especializado en violencia de género.

Cada pocos días tenemos noticia de algún asesinato de esos que ahora llaman "violencia de género". No creo que sea de género, más bien serán de sexo. El único género en el que creo es el género humano. Y tampoco tengo ninguna fe ciega, ni siquiera tuerta. Me falta fe en casi todo, también me falta fe en nosotros: los humanos.

No se pueden hacer muchas bromas con los crímenes reales. Esos crímenes de hombres celosos y machistas. Siempre recuerdo aquellos "crímenes ejemplares" contados por el irónico Max Aub. Una delicia, poder matar literariamente al otro porque no nos gusta su olor, o un insoportable grano en la nariz, porque nos mete el codo en el autobús o porque nos ha dado la lata. Muchas veces hemos matado así a nuestro accidental compañero de viaje. Ese tipo tan molesto y de modales tan broncos que está sentado a nuestro lado. Entre esos crímenes había muchos que nos helaban la risa. Y sobre todo ante la realidad tan tozuda de estos crímenes de hombres que no aman a sus mujeres.

Una de las "razones" más clásicas del llamado crimen pasional es: "La mate porque era mía". Con toda la chulería del más tópico de los machos mexicanos.

Y Max Aub añadía otro que es mucho más real: "La mate porque no era mía". Posesivos  hombres, impotentes asesinos que no soportan el fin del amor. Que no soportan que aquella que vivió con ellos ahora tenga otra vida. Obtusa y mala gente que camina, vive, no sabe amar y sabe matar.

/upload/fotos/blogs_entradas/larsson_med.jpgDicen que Landrú, aquél que mataba a sus mujeres para obtener beneficio, era visto por algunos, y algunas, como un sentimental. Era un torcido asesino en serie. Un cínico matador. Pertenecía a una especie mayor de perversión. No tan perversa como algunos de los personajes de la excelente novela de Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres, pero sí de una calidad en su perversión que les hace personajes literarios. El misterio del mal. Estos otros miserables que matan a la que fue su mujer son de una especie menor, son chapuceros indignos de ninguna literatura. Nada que ver con el asesinato considerado como una de las bellas artes. Nada dignos de aquellos que una vez imaginó el gran Thomas de Quincey.

[Publicado el 06/8/2008 a las 11:57]

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Baroja no envejece

No estoy tan seguro. Es posible que Baroja esté muy envejecido pero que su vejez me sea muy cercana y simpática. No tanto, que también, por compartir muchas de sus opiniones sino por lo vigoroso, atrevido, poco simulador y nada convencional de sus juicios.  

/upload/fotos/blogs_entradas/librobaroja_med.jpgMe acabo de tropezar- es el placer de recorrer las librerías de viejo, esta vez en las casetas de la Feria del Libro Antiguo de Vigo- con un libro de ensayos, de pensamientos dispersos del novelista que no conocía, se titula Chopin y Jorge Sand, aunque habla de muchas otras cosas: las novelas históricas, la imposible objetividad de la historia, los gamberros, los anarquistas, los sentimentales y los críticos, entre otros muchos otros asuntos. 

Su repaso por la música, por los músicos merece que otro día nos acerquemos. Hoy, simplemente, quiero hacer un homenaje más a este escritor que quiso siempre ser él mismo al margen del entorno tan excesivo en que le tocó supervivir. El libro, ¡qué época!, es del casi inimaginable año 1941. Ser escritor en España, y no ser franquista, obligaba a ser, cuando menos, un disidente interior. Así fue en muchas ocasiones Baroja. Un disidente que tuvo que someterse a "lo que fuera costumbre". Un superviviente. Su verdad, en sus escritos. 

No le gustan los efectismos, ni las monotonías e incongruencias de un músico de tanto éxito como Chopin. Le parece que comienza bien pero que en seguida decae. Se hace banal. Para Baroja, Chopin tiene éxito porque es un maestro de lo artificial. 

Habla, cómo no, de su famoso romance con Jorge Sand, una escritora a la que considera superior en su arte que a Chopin en el suyo. Una vez más, Baroja contracorriente. Tan desmitificador. Y desde luego demoledor con el famoso y romántico encuentro de músico y escritora en aquel invierno en Mallorca.  

Dice Baroja: "La conquista amorosa del músico no debió ser grande, porque la escritora había pasado por muchas manos y rodado por todos los caminos. Era, además, una mujerona gorda, cetrina, poco atractiva, ya talluda y con furor erótico, como él era un hombre desquiciado, de genio insoportable". 

No creo que vuelva a leer a Jorge Sand. Prefiero volver a Baroja que entretiene más, y reflexiona mejor. Y no dejaré de leer a Jorge Sand  por esa imagen de matrona, respetable, gorda, mandona y con bigote- imagen que antes había escrito Dickens- sino por el recuerdo de un amaneramiento que me aburre. No me importa que físicamente fuera como la retratan estos dos enormes novelistas. 

Sí, volveré a Chopin, aunque ya no me libraré de pensar en lo artificioso. Un bonito artificio. Un entretenimiento. No siempre podemos estar en Bach.

[Publicado el 05/8/2008 a las 13:15]

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El ruido y la fiesta

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José Tomás.

Mi amigo en Buñuel, en Barros y en otros heterodoxos, el periodista Ramón Rozas- uno de los que mejor conocen los secretos de las piedras y las calles de Pontevedra- me había invitado a los toros en Pontevedra. Una plaza histórica, un reducto, un símbolo de resistencia de una fiesta que sigue viva a pesar de la razón. Única plaza gallega, aunque haya corridas en otras ciudades, en otros pueblos, ésta de San Roque es la única plaza estable en Galicia, territorio poco taurino si exceptuamos Pontevedra. Fue una experiencia, no mística, ni religiosa, ni mucho menos silenciosa. Juerga y ruido en una fiesta que, cuando más me gusta,  se escucha "esa música callada" de la que hablaba Bergamín.

No escuchamos música callada. Había música de banda, pitos, tambores, trompetas y otros ruidos de peñas. También había muñecos de feria, pistolas de agua, litronas, bocadillos y otros elementos que poco tienen que ver con mi forma de entender lo taurino...Y sin embargo, disfruté. Fui masa de pan y circo. No aumenté el ruido, no grité a los toreros, ni usé pitos o cláxones, pero me vi envuelto en esa juerga que me hizo ser joven y estar en San Fermín. Otra forma de la fiesta. Me extrañaba que, como en el fútbol, parte del público gritaban orgullosos "soy Español, Español, Español". Nunca he presumido de esa condición. Lo soy sin prejuicios, sin fatalidad y desde luego sin aquel orgullo de los falsos patriotas. Disfruté de la corrida en compañía de la peña "Los Tiritis", los más civilizados entre los ruidosos. Y lo hice porque allí, en el ruedo, en el lugar de la verdad, dónde la vida y la muerte se miran de cara, allí, más allá de los ruidos, la furia, la juerga y la fiesta, estaba ese torero que ha sabido devolver a la fiesta toda su seriedad, su emoción y su silencio. Toreó José Tomás en Pontevedra. Cortó tres orejas, salió por la puerta grande e hizo, por algunos segundos, que la plaza llena de juerga se callara para escuchar por unos instantes el silencio de lo verdadero. Gracias, amigo Ramón, volveré al circo el próximo año. Se que es un espectáculo razonable, que seguramente sus seguidores somos animales en extinción, pero me gusta y me emociona. También, con otros toreros me divierte o me aburre. Lo de José Tomás es una extravagancia, como la de esos que tanto nos gustan.

[Publicado el 04/8/2008 a las 11:39]

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Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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