PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 16 de diciembre de 2017

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

Las junglas íntimas del deseo

imagen descriptiva

Christine Angot es una gran exploradora de la angustia existencial vinculada a los abusos en la infancia.


Nadie como ella ha hecho autopsias tan reveladores de las fuentes del trauma.


Nunca sale del bucle familiar, pero lo va explorando cada vez más, con insistencia atroz, travesando de parte a parte fronteras que da miedo atravesar.


Es carnal y a la vez metálica como los aparatos quirúrgicos.


Unos la creen genial, otros la desprecian.


Ella sigue adelante, examinando el pasado, colocándolo bajo un foco cuya luz divide el relato en dos territorios: a un lado la odiosa claridad, al otro las odiosas penumbras de los hechos y los ecos que dejan en la memoria.


[Publicado el 24/7/2017 a las 13:30]

[Etiquetas: Literatura francesa]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Paradoja mortal

imagen descriptiva

En el problema de la anorexia puede haber un cierto efecto de imitación: las muchachas imitan la inquietante escualidez de las modelos. No hay que descartarlo. Pero si es así, habría que preguntarse por qué en ciertos momentos se "pone de moda" la delgadez casi cadavérica, y por qué los modistos recurren a ella. ¿Sólo por que la delgadez es mejor percha? ¿Sólo por eso? Creo que hay un cierto "lolitismo" en la imagen de la anoréxica, y supone la regresión a un cuerpo anterior al desarrollo adolescente, un regreso al cuerpo de la niñez. La anoréxica quiere volver a la niñez, y lo hace adelgazando, disminuyendo, desapareciendo: es un extraño viaje hacia atrás.


La escritora Geneviève Brisac supo como nadie hacer el retrato de una anoréxica, en parte porque ella misma padeció la enfermedad. Leyendo su novela Petite se advierte que los anoréxicos tienden a drogarse con su propia hambre, recurriendo a un saber muy antiguo: el ayuno provoca delirios, el ayuno transporta más que un narcótico. El anoréxico entra así en un proceso de narcosis del que le cuesta salir, pues le conduce a un mundo de sensaciones nuevas que le hacen sentirse diferente a los demás.


En la novela de Brisac es observable además otro fenómeno: los padres de la narradora no se dan cuentan de que tienen una hija sintiente y viviente hasta que la muchacha está a punto de desaparecer de pura delgadez. De pronto, un día, se dan cuenta de que la niña es de una delgadez extrema, y se echan las manos a la cabeza. ¿Estarán los anoréxicos pidiendo que les miren? En la narración de Brisac eso parece. La narradora de la historia empieza a ser anoréxica en un período en el que sus padres no la ven, no la observan. Involuntariamente, la niña decide desaparecer. Empieza a refugiarse en su anorexia como un autista en su autismo. Deja de comer y empieza a sentir experiencias parecidas a las que dicen sentir los místicos. El mundo se empieza a diluir, el cuerpo deja de pesar, el cuerpo flota. La experiencia se siente no sólo como una rebelión y una aniquilación, también se siente como una gravitación en el vacío. Todo lo cual para decir que nos hallamos ante un problema muy complejo, lleno de enrevesadas motivaciones; lo que podríamos llamar un verdadero laberinto emocional en el que ni es fácil entrar ni es fácil salir. Más que una enfermedad, la anorexia es una paradoja mortal.

[Publicado el 03/5/2017 a las 12:41]

[Etiquetas: Pasiones, Literatura francesa]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Doble fuga de amor y muerte de Jean Legrand

imagen descriptiva

Para encontrar la misma dimensión sensorial que impregna todas las páginas de la Doble fuga hay que acudir a los relatos de Djuna Barnes, Julien Gracq, Violette Leduc o Pierre Michon.


El concepto sensorial hace referencia a la apreciación de la exterioridad a través de la intimidad de los sentidos, y encaja perfectamente con el relato de Legrand, donde la interioridad y la exterioridad forman la misma sustancia indivisa.


El lecho en el que se abordan y desbordan los amantes parece indisolublemente fundido al entorno húmedo, vegetal y lujurioso que lo envuelve, como en las escenas de deseo y horror de El bosque de la noche, donde Djuna Barnes despliega todo el poder selvático y emponzoñado de su prosa salvajemente lírica.


Pero que no se engañe el lector: no nos hallamos ante una narración de fácil lectura, si bien tiene la ventaja de tener sólo cuarenta páginas. Doble fuga de amor y muerte es un relato de una densidad que eleva desde la carnalidad más intensa del deseo, y comienza con la exhaustiva visión de una rosa que reposa en un vaso de agua iluminado por una lámpara cónica. Es la imagen de la rosa de oro de los herméticos, y de hecho Doble fuga es un poema en prosa sobre la alquimia del amor, que convierte el plomo de la existencia en oro ardiente y prístino.


Doble fuga habla de la muerte, pero también del renacimiento y de ese doble de nuestro ser que surge en los momentos más culminantes del amor, cuando nos convertimos en la visión más resplandeciente de nosotros mismos.

 

Doble fuga es una narración aconsejable para los que amen de verdad la novela lírica, discontinua y con una gran carga de abstracción. No en vano se anticipa claramente al nouveau roman. A continuación transcribo algunos aforismos entresacados del libro que me han parecido especialmente hermosos e incisivos:


Toda belleza es una mentira cuando se cree eterna.”

El día danza por la noche.”

El amor es temible.”

La habitación estaba suspendida entre los pinos.”

Nuestros sentidos: pájaros soltados en un océano de maravillas.”

Aquella voz suya tan clara cuando hablaba de la locura.”

En ella tenía lugar la danza del fin del mundo.”

Vencido el pudor, el amor es un don perfecto.”

[Publicado el 22/2/2016 a las 09:54]

[Etiquetas: Literatura francesa]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Delirando con el Islam

imagen descriptiva

Elena Tchoudinova es una escritora moscovita nacida en 1959, de tendencia muy conservadora, que cree en la supremacía de la cultura cristiana occidental. En el 2005 publicó en Moscú la novela La mezquita de Notre-Dame. 2048, que se convirtió enseguida en un superventas en Rusia. En Francia no fue publicada hasta el 2009, porque hasta entonces nadie quería hacerlo, al considerar que se trataba de una novela confusa, islamófoba, y que narraba una historia de política-ficción altamente improbable, ya que Elena Tchoudinova supone que en el 2046 Francia y toda la Europa comunitaria estarán en poder del islam ¿Les suena esto? El resto del sermón puede que ya lo conozcan: las mujeres llevan velo, se expande la poligamia, los que no aceptan la fe islámica son perseguidos. Al parecer Francia, y de paso toda Europa, han caído en semejante abismo debido a una emigración masiva y sin control.


La novela generó muy pocas reseñas en Francia, y puede decirse que pasó sin pena ni gloria. Todos le reprochaban a la autora moscovita su tremendismo delirante y el hecho de que intentase hacer creer al lector que en tan solo cuarenta años el avance del Islam en Europa iba a ser tan amplio y devastador.


 

Nadie duda que en la novela de Tchoudinova hay mucha precipitación temporal. Cierto, pero ¿entonces qué decir de la novela Sumisión de Houellebecq, que nos propone un problema parecido pero en el 2020, es decir: a la vuelta de la esquina? ¿Por qué cuando la crítica francesa aborda la novela de Houellebecq no cita el precedente de Tchoudinova! Ni siquiera Pierre Assouline, el reputado crítico de La république des livres, lo hace. Verlo para creerlo.

[Publicado el 30/1/2015 a las 12:49]

[Etiquetas: Houellebecq, Literatura francesa, Situación crítica]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Desaparición, reaparición y disolución

imagen descriptiva

“Ahora todo desaparece antes de reaparecer de forma fragmentaria”, ha dicho Modiano en una rueda de prensa en Estocolmo.

 

Supongo que se refiere a Internet, donde todo desaparece, como devorado por un Moloch de boca de tiburón, y luego vuelve a aparecer en forma de fragmentos que ya no va a unir ni Dios.

 

Aunque me pregunto si eso no ha ocurrido siempre. Pensemos en alguien que muere. Tras el duelo, nos olvidamos de él. Luego vuelve a aparecer en nuestra mente, pero en forma de recuerdos aislados más o menos significativos y al mismo tiempo sin significación, porque la memoria es menos racional de lo que parece.

 

Sí, ocurre siempre, pero dándole la razón a Modiano (un escritor que me hipnotiza y que al mismo tiempo siempre me deja insatisfecho), puede que ahora mismo ese proceder esté llegando al paroxismo, y aún faltaría lo peor, pues el paroxismo sería el momento anterior al último (Baudrillard).

 

Volvamos a la idea inicial y cerremos el ciclo: primero algo desaparece en las fauces de Internet, luego Internet lo vomita en forma de fragmentos, y luego esos fragmentos desaparecen diluidos en la inmensa papilla digital. Punto final.

[Publicado el 08/12/2014 a las 21:22]

[Etiquetas: Modiano, Literatura francesa]

[Enlace permanente] [9 comentarios]

Compartir:

Más sobre Sade

imagen descriptiva

Hay un tipo de lector que siempre va a confundir autor con narrador.

 

Ya he dicho más de mil veces que los límites del narrador son los límites del texto, los límites de su narración, pero ¿cuáles son los límites del autor? Ni siquiera son los de su propio cuerpo, porque en el caso de los autores cuenta también su espectro: la imagen que de ellos circula en el cuerpo social.

 

Los que acusan a Sade de satánico, demoníaco, criminal, malnacido y demás, están confundiendo al ciudadano Sade, que comparado con otros ciudadanos de su época fue incluso ejemplar, con el narrador de sus novelas, cuentos, poemas, panfletos y ensayos.

 

Hay un ciudadano Sade que rara vez se ubicó fuera de la ley, y un narrador sadiano que empieza y acaba donde empiezan y acaban sus narraciones más o menos insensatas.

 

Confundirlos en un error elemental en el que han caído, además de los lectores mentados, muchos escritores que lo han abordado como personaje novelesco. También han caído en el mismo error autores que pretendían abordarlo desde un punto de vista histórico y objetivo.

 

Estos últimos no tienen perdón.

(Ver tambien "El animal que habita en nosotros". Cultura, El País)

[Publicado el 05/12/2014 a las 13:56]

[Etiquetas: Sade, Literatura francesa]

[Enlace permanente] [7 comentarios]

Compartir:

Felices los felices

imagen descriptiva

Felices los felices: he aquí una novela ácida e incisiva, escrita por la autora sefardita Yasmina Reza, que opta por un minimalismo lleno de aristas cortantes, por una sucesión de voces que hablan desde la intimidad menos amable: ascuas que queman y que solo a veces acarician.


En tan solo ciento noventa páginas Yasmina Reza consigue una narración coral que deja, bien al desnudo, la corrosión del carácter que desde hace algunas décadas nos determina y nos convierte en almas desmembradas y tétricas.


Para decir lo mismo otros autores necesitarían más de quinientas páginas.


Su estructura, concebida como un carrusel de monólogos encadenados, le debe más a la música que al teatro, y halla su unidad fundamental en los personajes que protagonizan el primer capítulo, y que conforman un leitmotiv de algún modo presente en casi todos los soliloquios: la familia Toscano.


En ningún momento la narración pierde interés y la intensidad dramática va creciendo, hasta alcanzar sus momentos más logrados en los últimos capítulos, y muy especialmente en el dedicado a la cremación del cadáver de uno de los personajes en el cementerio de Père-Lachaise.


Toda la novela proyecta una mirada lúcida e irónica sobre la vida, y ahonda mucho en una idea poco consoladora: a pesar de que todos tenemos algo que ocultar, nuestras almas empiezan a ser de una trasparencia aterradora porque ante todo están llenas de vacuidad y de miseria moral, sin por eso dejar de ser profundamente humanas.


Dicho lo cual me apresuro a indicar que todas las novelas configuradas a base de monólogos encadenados tienen como única fuente un poemario fundamental donde ya aparece este modelo narrativo: la Spoon River Anthology de Edgar Lee Masters (1869-1950): libro en el que asistimos al despliegue de más de doscientos monólogos-epitafios más o menos vinculados entre sí.


Para su Spoon River Anthology, Edagar Lee Masters se inspiró a su vez en la Antología Palatina. Normal. Casi todos los procedimientos narrativos que empleamos tienen su verdadero origen en Grecia. Curiosamente, dos de los monólogos de Felices los felices son con toda claridad epitafios.

[Publicado el 22/11/2014 a las 10:03]

[Etiquetas: Yasmina Reza, Literatura francesa]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

La balada de Violette Leduc

imagen descriptiva

Violette en el cine

Finalmente resucita Violette Leduc, que tuvo su momento de gloria relativa en los años sesenta y que más tarde fue olvidada por completo, también en Francia. En 1993 estuve en unos encuentros literarios en Toulouse y pregunté por ella a algunos profesores de literatura de París. Asombrosamente, no sabían nada de Violette Leduc y por descontado no la habían leído. Era como si hubiesen borrado su nombre de la historia de la reciente literatura francesa. El mismo Martin Provost, artífice de la resurrección de Violette gracias a su último filme, asegura que no la conocía, y que oyó hablar por primera vez de ella en voz del guionista de su película Seraphine.

Yo accedí a su obra en el verano de 1981, cuando me hallaba refugiado en un barrio periférico de París, intentando acabar mi segunda novela. En una librería de libros de segunda mano que había muy cerca de mi casa compré la novela Térèse et Isabelle. Nada más iniciar su lectura percibí el poder del estilo de Leduc, su ritmo percutante y vertiginoso, su lirismo implacable y profundamente nuevo, y su increíble naturalidad al narrar un amor profundo, y profundamente sexual, entre dos escolares de un internado de olor a represión y a lejía. Recomendé vivamente su publicación a varias editoriales en las que confiaba, pero no me hicieron caso.

La injusticia que se cernía sobre la obra absolutamente esencial y ejemplar de Violette Leduc (una novelista mucho más moderna y desinhibida que Sartre y Beauvoir) me ha resultado siempre de lo más enigmática, pues los franceses no suelen caer en olvidos así con sus escritores más sobresalientes, y Violette Leduc es uno de ellos sin la más mínima duda. Quizá la sepultaron otros escritores existencialistas más populares y más mediáticos, quizá... Aunque yo más bien tiendo a pensar que Violette Leduc fue una adelantada a su tiempo que sabía abordar con profundidad y precisión el incesto, el amor-pasión entre niños, los amores secretos y los manifiestos, en un estilo único.

El verano que la descubrí de la mano de Térèse e Isabelle, dos personajes radiantes y temblorosos como la sensación de pecado, no había visto nunca una foto de Violette Leduc, y fascinado por la belleza de su nombre, imaginé que podía haber sido una mujer muy guapa. Nada más lejos de la verdad. Violette Leduc era una rubia muy poco agraciada. Simone de Beauvoir la llamaba "la fea". ¿Solo ella? Juraría que no, juraría que todo el Barrio Latino la llamaba así.

Ahora resucita, como digo, y era previsible que en el filme de Provost apareciera dulcificada una relación que fue bastante feroz y marcada casi siempre por el desprecio. Pero da igual... Hay que dar por bienvenida esta resurrección más bien fortuita de una de las escritoras más subversivas y hondas del siglo XX. 

[Publicado el 23/9/2014 a las 09:00]

[Etiquetas: Violette Leduc, Literatura francesa]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

Vídeos asociados

Obras asociadas

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2017 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres