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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 17 de diciembre de 2017

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

Cervantes amordazado

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La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que esconde la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y por el contrario el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres... “ (II. 58)



Alteración del texto del Quijote tras la ley mordaza:


La represión, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que esconde la tierra y el mar encubre; por la represión así como por la prohibición se puede y debe aventurar la vida, y por el contrario la libertad es el mayor mal que puede venir de los hombres, pues desata sus pasiones más bajas y las calles se llenan de pancartas, de escraches, de plataformas antidesaucios y de mujeres en cueros. Así que ya lo sabes, Sancho, aboguemos por la humillación bien entendida, y pongámonos a las órdenes de los alguaciles a fin de castigar debidamente a los que se niegan a considerar la represión como la fuente de todas las delicias.

[Publicado el 04/7/2015 a las 13:37]

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Quevedo amordazado

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No he de callar por más que con el dedo,

ya tocando la boca o ya la frente,

silencio avises o amenaces miedo.


-Francisco de Quevedo-



Los mismos versos tras la ley mordaza:


.......................................................,

..................................................,

....................................................


[Publicado el 03/7/2015 a las 11:27]

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Alemania y sus satélites

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Simon Dawson (Bloomberg) Pensionistas griegos.

Vuelve a notarse una ceguera general, como en la época de entreguerras, un no querer ver que, tras todas estas trifulcas con Grecia, no se busca ni mejorar la situación ni aliviar el dolor, se busca afirmarse en el poder, se busca el poder mismo en su versión más inapelable. ¿Y qué queréis que os diga? No hemos refundado Europa para volver a una oscuridad de la que ya habíamos apartado los ojos.


Todos esperábamos más de Europa (y desde luego no esperábamos algo peor que lo que ya teníamos), por eso Europa se está convirtiendo en un territorio cada vez más ajeno a nuestra sensibilidad y nuestra esperanza. Y Grecia, madre de Europa, lo sabe mejor que nadie.


Ahora mucha gente trabaja gratis en Grecia, en Italia, en España, en Portugal, y puede que también en Francia. Algo así no ocurrió ni siquiera en la época esclavista, ya que los esclavos eran mantenidos, y en ese sentido alguna retribución tenía su trabajo: el vestido y la comida. Ahora ni siquiera eso. ¡Cómo hemos podido caer tan bajo! Hasta la esclavitud de la antigüedad era más justa que el sistema que está humillando a la gente de media Europa; y en lo referente a España, hasta en el período más duro del franquismo estaba prohibido trabajar gratis. ¿Ahora lo está?


Ninguna cultura puede soportar esta negación del futuro, pero no perdamos la esperanza, porque nunca entre nosotros un estado así dura demasiado tiempo. De momento, Bruselas y Berlín ya se están cargando el sur de Europa, y llevan años provocando en el viejo continente algo parecido a una nueva Revolución Francesa, por la sencilla razón de que en toda Europa, y no sólo en el sur, urge restaurar la figura del ciudadano, reducido a menos que una sombra desde que Bruselas y Berlín iniciaran el proceso de deshumanización del poder.


¿De qué sirven estructuras que generan cantidades impensables de sufrimiento y que desde el seno de la cultura más democrática de la tierra están propiciando la aniquilación sistemática de la clase media sin la cual sencillamente no es posible la democracia?


¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar hacia qué universo de desigualdades extremas nos están conduciendo Bruselas y Berlín? En Grecia está una vez más la respuesta.


Si Grecia se va, es evidente que le va a ir mejor (por otra parte no es tan difícil) y eso provocaría un efecto dominó de naturaleza abismal.


Alemania quiere cobrar la deuda en parte porque sus bancos están totalmente implicados en la tragedia griega, y en parte por un deseo de dominación basado en un resentimiento histórico de naturaleza incurable, y que Alemania no ha curado.


En el caso de la deuda griega, se trata evidentemente de una deuda falsificada, inflada y tremendamente desnaturalizada. Si Alemania sigue tan decidida a perpetrar este abuso demencial, no debe olvidar que en Europa el que la hace la paga. Es una tradición histórica de la que Alemania suele olvidarse, en parte por nuestra culpa y en parte por haber sabido perdonar lo imperdonable.


Nadie puede dudar que ahora, al liderar la postura más dura contra Grecia, Alemania está encarnando también la más firme inhumanidad y la más pétrea locura, que podría conducirnos a una nueva desarticulación de Europa.


Mirad la foto. Al otro lado del Rin todo ese sufrimiento les importa un bledo. ¿Es esta la Europa que queremos?

 


[Publicado el 01/7/2015 a las 12:44]

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Los innombrables

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Surgen periódicamente de las entrañas de América y lanzan mensaje sangrientos al mundo. Son los innombrables.


Suelen ir armados hasta los dientes y alguien les llenó la cabeza de odio racial. Probablemente sus padres, los mismos que les regalaron una pistola el día de su cumpleaños.


De la noche a la mañana se convierten en hijos monstruosos: superan a sus padres en todo, como quiere la ley natural. Son más fanáticos, más ansiosos, más devotos de las armas que sus padres, los que les hablaban de la superioridad de los blancos el día de Acción de Gracias.


Representan la banalización del mal que vemos en el cine y los videojuegos, pero en el seno de la realidad. Encarnan la verdad de la ficción y la ficción de la verdad.


Su película suele durar tan sólo unos minutos. Cuando concluye y se ven rodeados de cadáveres no despiertan, siguen en su ficción hermética de la que nunca se van a librar.


Parecen terroristas solitarios y quizá lo son, pero todas las herramientas de su locura se las da el sistema en el que crecen: intolerancia, ansiedad, narcisismo, delirios interpretativos, delirios de persecución, delirios de grandeza.

[Publicado el 19/6/2015 a las 09:44]

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Cuidado con ese escritor infinitamente delgado

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Ahora que vivimos en la edad de la grasa, resulta estimulante acordarse de aquel escritor “infinitamente delgado” llamado Kafka, y volver a explorar un poco sus alucinantes creaciones.


Entrando en materia, confieso que he leído con placer el relato de Jesús Marchamalo Kafka con sombrero. A través de tan solo treinta páginas vamos viajando por la vida de Kafka y sus momentos fundamentales, guiados por un narrador que destila un humor muy fino y una sana ausencia de patetismo, sin por eso dejar de mostrar verdadero amor hacia el autor de Praga.


Como indica Marchamalo, la vida de Kafka parece estar presidida por “la frialdad austera y silenciada de la muerte”, de la muerte que él mismo experimentó en una clínica para tísicos y de la que conocieron sus hermanas en los campos de exterminio. Kafka llegó a pesar cuarenta y cinco kilos, como el “artista del hambre” de uno de sus relatos, y empezaron a circular sobre él muchas leyendas, como les ocurre a todos los escritores que inauguran una época. De algunas de ellas se hace eco el relato de Marchamalo, que me ha animado a revisar un poco la obra de Kafka. Tras hacerlo he sacado las siguientes conclusiones:



Hay en Kafka mucho de fabulista, y a veces la fábula se impone a la narración, como ocurre en La metamorfosis, novela con la que Kafka supo resucitar de forma original y sorprendente las antiguas fábulas de animales. Es el regreso de Esopo, pero de un Esopo agobiantemente existencialista.


En otras novelas Kafka nos presenta un poder muy deshumanizado, desplegando ampliamente los tres elementos de la deshumanización: el hermetismo, la autosuficiencia y la atomización. Recordemos El proceso. Ahí el poder es tan hermético que está más allá de toda comprensión, y es tan autosuficiente que no precisa del apoyo de nada ajeno a su propia estructura, lejana, muda, absoluta. Lo mismo ocurre en El castillo. Y ese poder lo atomiza y lo desarticula todo: es un poder que no permite al individuo hacerse una idea general del mundo.


Nadie ha desplegado mejor que Kafka la geografía de la incertidumbre y el caos, nadie nos ha colocado de forma tan paradójica y tétrica en el hombre de nuestro tiempo, que ha visto la muerte de Dios y la descomposición de la idea de destino, y todo con cierto humor. Siempre se oyen risas en los pasillos del extravió, y a veces sus novelas pueden leerse como una disparatada diversión.


Cuando lees a Kafka en la adolescencia te lo tomas de forma demasiado trascendente, y sólo en la madurez descubres que es un gran humorista, sobre todo en algunas de sus narraciones breves. Pocas veces me he reído tanto como cuando leí El topo gigante. Un cuento que acaba en su punto más culminante, y que tiene que acabar ahí porque está sujeto a una tensión que no se puede prolongar, como ocurre en más de un cuento de Carver.



Y Kafka inauguró como quien dice nuestro tiempo y nuestro ámbito: la incertidumbre y el caos. Alegra que la mejor narrativa esté siempre conectada con otros espacios del saber, en contra de lo que suelen creer los que ven la literatura como un territorio autosuficiente que se nutre de sus propias heces. Los relatos de Kafka, por ejemplo, parecen anunciar el principio de incertidumbre del físico Heisenberg, si bien con cierta antelación, ya que Heisenberg formuló su célebre principio en 1925, y para entonces Kafka llevaba un lustro en el país de los justos.


Se supone que las narraciones sirven para ordenar el mundo. Kafka consiguió que sus narraciones sirviesen para desordenarlo. A menudo sus relatos no tiene final porque no pueden ni deben cerrarse. Cerrarlos supondría enmarcarlos en un orden y caer en la tentación de la certidumbre. Por alguna razón, Kafka no cayó en esa tentación en la que es tan fácil caer.


Un hueso duro de roer: Kafka es la escritura de la no consolación.

[Publicado el 10/6/2015 a las 11:15]

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La deshumanización del poder

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De todo lo que nos ha ido ocurriendo últimamente, quizá lo más inquietante ha sido la deshumanización del poder que se ha ido llevando a cabo entre nosotros; una deshumanización basada en tres elementos básico: el hermetismo, la autosuficiencia y la atomización.



El hermetismo sería para Ortega una de las características de la deshumanización del arte, pero todo indica que es sobre todo una de las características de la deshumanización de la política y el poder. Justamente es eso lo que está ocurriendo en Bruselas: un centro de poder ya por encima de los gobiernos nacionales que se presenta ante el ciudadano como hermético, tanto en su funcionamiento como en su lenguaje, siempre encaramándose en las supraestructuras económicas, a no se sabe cuántos metros del suelo.



El hermetismo suele ir vinculado a la autosuficiencia. El poder desde Bruselas se presenta como autosuficiente además de como inapelable. Lo que dicta Bruselas no admite réplica. Por más que nos asombre, regresamos a formas de poder de naturaleza imperial.



A la par que el poder se va haciendo cada vez más hermético y exhibe una autosuficiencia cada vez más irritante, va llevando a cabo un proceso de atomización, de desintegración y de destrucción de los nexos lógicos entre las disciplinas y las cosas. Es el momento en el que la economía se desvincula completamente del sufrimiento que puedan causar sus movimientos en la oscuridad.

 

El poder se deshumaniza cuando, partiendo del pedestal que le concede el ciudadano, impone medidas que provocan enormes cantidades de sufrimiento, en buena parte evitable. Los viejos partidos llevaban ya un tiempo ubicándose en esa misma deshumanización del poder, a través del hermetismo referido a sus finanzas, la corrupción a gran escala, la desarticulación del estado del bienestar y del Estado sin más, la atomización, que implicaría la escisión de economía y sociedad, y una autosuficiencia basada en la impunidad.



La prensa habla de programas, proyectos, líderes, lenguajes, ideologías, populismos, creyendo poder explicar desde esos ángulos el ascenso de Podemos y Ciudadanos, pero lo único que de verdad está ocurriendo es que los nuevos partidos dan una imagen más humana del poder, no solo por su aspecto, también porque no arrastran tras ellos toneladas de corrupción. Al no parecer unos cínicos, resultan más humanos porque el cinismo ataca el núcleo mismo de la conciencia social, y aunque en política el cinismo es muy habitual, cuando se hace muy evidente engendra repulsión. Se engañan gravemente los que piensan que todo es una cuestión de formas. Cuando los viejos partidos dicen que no han sabido acercarse a la ciudadanía y guiados por sus necios publicistas creen que se trata de mejorar la gramática gestual están confundiendo la velocidad con el tocino. De nada sirve poner caras amables y estrechar manos si por debajo están llevando a cabo una política de la devastación y el cinismo. Y es evidente que el uso y abuso del concepto “barón” para designar a los dirigentes no ayuda a humanizar el poder, como ya indiqué en mi texto anterior. Paradójicamante, un político deshumanizado ni siquiera alcanza a ser un ciudadano, como sugiere El Roto en su viñeta, por más que lo consideren o se autoconsidere todo un “barón” (de opereta, por supuesto).



El poder deshumanizado nos hace muy desdichados porque, por definición, hace abstracción de la desdicha. A veces me torturo imaginando las ingentes cantidades de desdicha que el poder ha generado entre nosotros en los últimos tiempos. Se trata de inmensas conglomeraciones de sufrimiento de naturaleza impensable, que han corroído profundamente nuestro carácter, que nos han convertido en otros, que nos han colocado al borde del abismo mientras en el parlamento se dedicaban y se dedican a echarse la mierda unos a otros.



 

En cambio los dirigentes de los nuevos partidos emplean un lenguaje imaginativo y próximo, se les ve llenos de energía, y resultan cercanos y amables. Representan una nueva humanización del poder, sin olvidar que para que esa humanización se lleve de verdad a cabo es exigible una conciencia plena del sufrimiento de los ciudadanos. Con esa idea fundamental en la cabeza, con esa gramática de la existencia guiando tu mente y tu lenguaje se pueden evitar millones de tragedias.

[Publicado el 03/6/2015 a las 10:50]

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Sobre el uso de la palabra “barón”

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Al hilo del artículo que Clara Ferrero ha publicado en El País sobre el sexismo en la lengua (Por qué ser una zorra es malo y ser un zorro es bueno) creo oportuna una reflexión sobre la palabra “barón” que quisiera compartir con vuesas mercedes.


Ignoro en qué momento el concepto barón empezó a emplearse metafóricamente para designar a los dirigentes de los partidos políticos, pero me consta que en los años sesenta el semanario socialdemócrata francés Le Nouvel Observateur acuñó el término “barones del gaullismo” para designar a miembros relevantes del partido conservador. Es posible que a partir de entonces se empezara a hablar también de los barones del Partido Socialista en la misma Francia, y de Francia pasó a España, quizá. Es algo que no he contrastado porque en el fondo me da igual. Me preocupa más el significado de la palabra que localizar el momento en que empezó a ser utilizada en el ámbito de la política.


Los diccionarios etimológicos tienden a decir que varón viene de barón, y que en realidad se trata de la misma palabra. Barón tendería a significar “hombre fuerte”. En otras palabras: “macho dominante”. Y ello sería así tanto si procede del latín como del germano.


No hace falta se un lince para saber que es un concepto machista.


Como título nobiliario, habría que ubicarlo en la baja nobleza. El barón se hallaría por debajo del vizconde, y sólo por encima del señor y del hidalgo.


Uno se pregunta por qué se eligió “barón” para designar a los miembros de la élite política. Aventuro una respuesta: no los podían llamar duques o condes porque quedaría muy grotesco, muy pomposo y demasiado ancien régime, de modo que eligieron un título más modesto, perteneciente a la petite noblesse. No optaron por títulos más bajos como señor o hidalgo por razones obvias. Decir los señores del PP o los señores de PSOE puede sonar a señores de la guerra, y llamarlos hidalgos apestaría demasiado por lo que ha supuesto la hidalguía en nuestra historia. Por eso eligieron un título de apariencia más neutra. Erraron como siempre, ya que en realidad se trata del título más machista de todos al incidir en la idea de “hombre fuerte” o “supermacho”.


Tenía la esperanza de que los nuevos partidos se librasen de ese sambenito. Vana ilusión: una vez más han podido los arcaísmos masculinistas.


El uso de barón (o macho dominante) en un régimen democrático, laico y que aspira a la igualdad de sexos es una aberración. Pero más aberrante me parece que los viejos partidos hayan aceptado con complacencia ese presunto “título”, y les agrade verse tratados como barones de pacotilla en los periódicos, o más bien como barones de opereta. Confieso que toda vez que leo esa palabra en lo periódicos me cuesta seguir leyendo.


Como Podemos y Ciudadanos acepten ser definidos con esa terminología sexista, cursi, kitsch, arrogante, ajena a la horizontalidad democrática y a la igualdad de género, los ciudadanos de a pie (que ni somos barones ni aspiramos a serlo) podríamos empezar a dudar de ellos.


Una cultura verdaderamente democrática evitaría esas metáforas y empezaría por hablar del ciudadano Iglesias, la ciudadana Colau, el ciudadano Rivera, la ciudadana Carmena... Los otros pueden seguir llamándose barones, hasta que ese título bufonesco les acabe pareciendo, también a ellos, tan hiriente como patético.


Por encima de las instituciones y de lo que representan, o bien somos todos ciudadanos o el sistema se envilece y se arcaiza.


Asombrosamente, no creo que los periódicos se den cuanta de lo mucho que envejece la política esa palabrería ancien régime de la que tanto abusan y que tanto hiede.


Si los nuevos partidos quieren imponer un nuevo estilo, a tiempo están se sublevarse contra esa terminología ubicada en el campo semántico del machismo. Se quejaban los periódicos del uso populista de la palabra “casta” y sin embargo ellos no dudan en abusar de conceptos como barón, rigurosamente inseparables de la idea de casta superior y hasta de superhombre.


Todo cambio verdadero empieza por un cambio en el lenguaje.


[Publicado el 01/6/2015 a las 11:58]

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Giro histórico sorprendente: ahora la guillotina es el arma del antiguo régimen

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Hay conceptos que nunca he soportado por su naturaleza pútrida, uno de ellos es la nostalgia, sentimiento que rara vez he padecido pues no soporto las fugas al pasado en ninguna de sus variantes. Tampoco soporto el concepto felicidad por toda la falsedad que conlleva y porque lo vinculo a una forma de sentimentalidad que aborrezco.


Por ciento que Amélie Nothomb (que a pesar de haber estado cinco años en Japón sabe menos japonés que yo) ha tenido la feliz idea de titular una de sus nouvelles La nostalgia feliz, basándose en una palabra japonesa que interpreta a su manera, falseándola desde su misma raíz. Pero no voy a enjuiciarla porque no acostumbro a hablar de las novelas que no me gustan. Es mi política. Cuando hablo de una novela que no me gusta le quito espacio a otras que sí me gustan, y eso me parece una forma de injusticia ahora que están cerrando dos librerías por día. Si algo se puede salvar, salvemos lo mejor, que no está el horno para bollos ni para ir de matarife a sueldo.


Sí que voy a hablar sin embargo del último discurso de una señora de la Edad Media vinculada al partido conservador donde aparecen los conceptos de felicidad y nostalgia. Cito textualmente: Como siempre que hay una gran mutación, emergen las nostalgias, y la nostalgia puede ser Ada Colau con una idea, o Podemos con una idea de una Arcadia comunista feliz, o puede ser ISIS que yo no diría que es una vuelta al siglo XVII, es una nostalgia del siglo XI...


De entrada parece el delirio de un borracho, también parece un texto surrealista concebido por un poetastro que olvidó en alguna parte las reglas de la sintaxis. El fragmento está lleno de contradicciones y confusiones históricas.


Veamos: el concepto mutación se opone muy a menudo al concepto nostalgia. La nostalgia mira hacia atrás y la mutación suele mirar hacia adelante, si bien no siempre. La nostalgia puede mutar, como la melancolía, pero en el caso de la señora que mento tendría que hablarse de nostalgia inmutable, porque su partido es pura nostalgia, lo ha sido siempre, pero además es una nostalgia inmóvil como el granito de San Lorenzo de El Escorial.


La señora a la que me refiero nos dice que la nostalgia puede ser Ada Colau (en una frase que no sabe acabar y que queda en el aire, siguiendo su estilo deshilachado y senil), a pesar de que resulta bastante evidente que Ada Colau es la negación de la nostalgia y la apuesta por la acción. Y la acción se opone muy a menudo a la nostalgia que suele ser paralizadora, como bien sabía Sastre.


Seguidamente vincula a Podemos con una presunta “Arcadia comunista feliz”, con el Estado Islámico y con el califato cordobés del siglo XI.


Digamos que para esta señora un mundo de pastores como fue la Arcadia de los poetas es lo mismo que un estado comunista y que el estado islámico, y lo mismo que la Córdoba solar, llena de cultura, de refinamiento y de grandeza del siglo XI. Nadie ignora que vincular ISIS con la Córdoba de los Omeya es un disparate, si bien menor que el que supone vincular a Podemos con la Arcadia pastoril o con el mítico califato, porque eso ya es simplemente un delirio sin el más mínimo sentido.


En España sólo conozco una nostalgia paralizante y de un arcaísmo aterrador: la nostalgia oligárquica del PP, que nunca ha sabido ser un partido realmente liberal, como ya advertí en un articulo publicado en El País el 18 de enero del 2013 titulado ¿Liberalismo o barbarie?


¿Dónde habrá aprendido historia esta representante de la derechona?, me pregunto lleno de estupor. Ella sí que representa el populismo en estado de máxima descomposición, además de representar el grado cero del pensamiento.


Miento, su discurso está muy por debajo del grado cero y es todo él una aberración sin paliativos. Jamás en mi vida había asistido a semejante parada de los monstruos, jamás en mi vida había visto hacer tanto el ridículo a un partido político.


Y mientras ella hilvanaba esas palabras tan precarias y estúpidas, los hornos y las guillotinas de los ayuntamientos de Madrid trabajaban a destajo. Toneladas de papeles comprometedores ardían o se convierten en viruta. Se trata de la forma más grotesca de sentirse limpios: ahogándolo todo en materia oscura y dificultando a los que llegan la gobernabilidad y la orientación.


Y es también la política de la tierra quemada y la infamia reiterada. Antes relacionábamos la guillotina con el terror derivado de la Revolución Francesa, ahora habrá que vincularla al período del miedo del ancien régime.


[Publicado el 30/5/2015 a las 12:09]

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Los antiguos partidos o el grado cero del pensamiento. La ceguera ante la historia reciente

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¿Los antiguos partidos han superado alguna vez la mitología? Observemos un poco su narrativa respecto a los nuevos partidos.


Primero anunciaron la llegada de una desdichada generación perdida. Hablaban de ella con paternalismo, fatalismo y frivolidad, como si el abismo vital de esa generación lo estuviese dictando el destino y no se pudiese hacer nada. Pura mitología de la inmovilidad empeñada en ocultar una realidad siempre en movimiento. La estúpida negación del río de Heráclito.


Más tarde no quisieron vincular a la generación perdida con el 15-M, al menos no en un primer momento, porque les interesaba destruir nexos y hacer incomprensible la realidad. Así que convirtieron a los jóvenes del 15-M en un subproducto del antisistema. Se les acusó de no tener un proyecto político y de limitarse a formular demandas imposibles de asumir. Se les acusó de ignorantes y patanes, y cuando el movimiento aparentemente se desinfló y desaparecieron las carpas de la Puerta del Sol, se les acusó de flor de un día. Las antiguos partidos podían de nuevo respirar tranquilos y seguir su proceso de descomposición casi sin darse cuanta mientras la prensa nos contaba los cuentos de Carpanta y las hermanas Gilda.


Cuando se dieron el susto de muerte que les produjo ver a Podemos entrar por la puerta oblicua en Bruselas, empezaron a hablar de radicales ultraizquierdistas, de bolcheviques y bolivarianos. Abusaron de un lenguaje efectista, absurdo y mitológico, y sucumbieron al populismo que tanto les rasgaba las vestiduras. La demagogia del miedo inundó la política.


Justamente por eso, los verdaderamente populistas han sido los antiguos partidos y sus altavoces en la prensa impresa, y basta con analizar su lenguaje, populista en grado sumo hasta cuando va disfrazado de economía, y siempre proclive a recurrir a palabras melodramáticas y facilonas como catástrofe, error infinito, desorden, caos, hundimiento de los mercados, precipitación, suicidio... Términos por cierto a los que no han recurrido los nuevos partidos, y si lo han hecho nunca con tanta insistencia y tanta demagogia.


Resumamos el relato mitológico al que estamos haciendo referencia: la economía se desmoronó por dedicarnos a gastar y golfear más de lo que podíamos, como la cigarra de la fábula, y de pronto surgió una generación perdida, sin sueldo y sin futuro, a la que se le exigía regresar a la esclavitud y trabajar gratis para hacer méritos. Luego esa generación perdida se hizo antisistema, por ignorancia y por rencor, y se fue a la Puerta del Sol a proclamar simplismos. Duraron lo que duraron y regresó la bonanza. Pero de pronto la generación perdida volvió a aparecer, ahora convertida en bolchevique y bolivariana.... ¡Cuánta estupidez y cuánta fantasmada para perturbar el camino de unos partidos que en realidad son menos izquierdistas que la social-democracia del siglo pasado, por la sencilla razón de que las estructuras europeas no permiten otra cosa! ¡A ver si pensamos un poco, que como sigamos con este relato nos vamos a morir de risa y de asco al mismo tiempo!


A los antiguos partidos y a sus aliados en la prensa les pasó desapercibido un flujo muy claro, les pasaron desapercibidas la resistencia, la consistencia, los nexos y evoluciones de ese flujo, tanto a derecha como a izquierda. Les pasó desapercibida la historia, y ni supieron ni quisieron explicarla.


Y bien, eso es lo que pasa cuando llegamos al grado cero del pensamiento que vengo denunciando desde hace algún tiempo en este blog y del que voy a ir haciendo una autopsia a ser posible divertida. El mundo que estamos configurando exige una alta dosis de ironía.

[Publicado el 26/5/2015 a las 12:36]

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¿La deuda infinita es más perdonable que la finita?

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El economista francés Thomas Piketty se pregunta por qué no proceder con los griegos como procedieron los aliados con los alemanes en 1953, cuando perdonaron a Alemania su inmensa deuda y le permitieron ascender y convertirse en una potencia económica.


¿Acaso los errores que cometió Alemania para llegar donde llegó son superiores a los cometidos por Grecia en los últimos tiempos?, se pregunta Piketty. Respondamos por él:


Al perdonarle la deuda, los aliados también le perdonaron a Alemania la aniquilación industrializada y el haber ejercido el racismo hasta límites desconocidos, o hasta más allá de todo límite. Dígamoloslo de otra manera: le perdonaron una deuda infinita y además la nutrieron de dólares para que pudiese llevar a cabo su milagro. ¡Así es fascil resurgir de las propias cenizas!


¿Ahora resulta que la deuda infinita es más perdonable que la finita?


Sí, por más que nos asombre. La deuda infinita es tan excesiva que más vale anularla para no sucumbir al vértigo. En cambio con las deudas finitas puedes cebarte hasta lo indecible.


Alemania no se va a librar tan fácilmente de su mayor problema: siempre que exija algo a los otros, los otros le recordaran la deuda infinita que nunca pagó. Una deuda tan desmedida que fue necesario perdonar para poder olvidar un poco el horror, en realidad para poder soportar la vida.


[Publicado el 21/5/2015 a las 10:38]

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Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

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