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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 18 de octubre de 2018

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

La cabeza de Murnau (4) Tangos, calambrazos, aviones de Mongolia Exterior, damas de la dinastía Ming...

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La cabeza restaurada

Intenté fugarme de nuevo, pero los hombres de negro me atenazaron, me arrastraron fuera del cine y me condujeron a mi propia casa para recuperar la cabeza de Murnau. El calor africano que envolvía la ciudad había hecho milagros y he aquí que la calavera de Murnau había recobrado su tamaño original. Los alemanes se sorprendieron ante el prodigio. Les tranquilicé susurrando con amable y aterciopelada voz:

-Las altas temperaturas han inflamado la cabeza de nuestro adorado y ya no va a hacer falta utilizar productos regeneradores que además son muy caros.

-Perfecto, ¿tiene en su casa alguna nevera portátil?

-La tengo.

-Pues meta en ella la cabeza y pongámonos en marcha.

 

Como en una ópera de dos centavos


Obedecí sus órdenes y pregunté:

-¿Puedo saber a dónde vamos?

-¿No lo adivina? A Berlín, al gran Berlín, al dulce, febril y festivo Berlín; al Berlín eterno, al Berlín tétrico y vil; al Berlín de siempre, al Berlín de la vida y la muerte; al Berlín de la puerta de Brandenburgo y el París Bar; al Berlín del tango, el tecno y el chachachá; al Berlín de la belleza y la maldad; al Berlín de Marlene Dietrich y algunos más. ¿No siente ya un calor especial, un calor irreal, un calor que da vértigo? ¿No lo siente ya?


Uno de los hombres se puso a bailar conmigo mientra el otro cantaba un tango:


Corrientes y calambrazos

siento en el ascensor

que me sube al cadalso

en lo alto, alto, alto

del hotel, hotel Edén...

Corrientes y calambrazos

siento en el ascensor...


-¿Es una canción de terror? -pregunté mientras bailaba muy pegado a mi opresor.

-No. Es una canción de amor. La cataba mi abuela en el año 24.

-¿Dónde?

-Pues en el salón de baile del hotel Edén. Desde sus ventanales se veía el Tiergarten.


Pensé que o bien me hallaba ante dos locos o bien se estaban burlando de mí. Me aparté del policía que bailaba conmigo y rugí:

-¿Puedo saber cómo se llaman ustedes?

El más delgado de los dos, que tenía la cara cuadrada, ojos negros y la nariz como el pico de un cuervo contestó:

-Yo me llamo Mog.

El otro, rubio y de ojos grises y mortecinos dijo:

-Yo me llamo Mek.

-¿Mog y Mek? No creo que haya gente que pueda llamarse así, ni siquiera en Alemania -les advertí.

Ellos se echaron a reír mientras cataban.


Yo me llamo Mog, yo me llamo Mek,

¿y usted cómo se llama

si es que se puede saber?

¿No nos va a decir,

camarada,

que se llama como Cristo

y se apellida Smith?



-¿Y por qué no puedo

llamarme así?

¿Está prohibido? -canté.


Ellos recibieron con júbilo mi respuesta y cantaron a la vez:


Yo me llamo Mog, yo me llamo Mek

y él se llama Smith.

Qué bien, qué bien, qué bueno,

y nos vamos los tres a Berlín.


Avión de Mongolia y belleza oriental


Los hombres de negro me empujaron hacia la calle, me metieron en su coche y salimos a toda velocidad de Madrid, en dirección al aeródromo de Cuatrovientos. No sabía entonces que me esperaba un viaje alucinante junto a aquellos dos hijos de infierno.

Llegamos al aeródromo. El sol caía a plomo sobre la pista y ante nosotros se veían algunas avionetas destartaladas y un único avión azul y negro, en el que decía, con grandes letras amarillas:

MONGOLIAN AIRLINES/ FOREIGN SERVICE


Con gran violencia me arrastraron hacia el avión. Al final de la escalera nos esperaba una azafata de gran belleza. Parecía una damisela de la dinastía Ming.

[Publicado el 06/8/2015 a las 11:08]

[Etiquetas: La cabeza de Murnau]

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La cabeza de Murnau (3) Aire de comedia

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Alguien llama a la puerta


He confesado en los capítulos anteriores que robé la cabeza de Murnau y la reduje a su mínima esencia. Ya saben, Friedrich Wilhelm Murnau, el mítico director de Nosferatu, de Amanecer, de Tabú, aquel que según dicen murió en un accidente de trafico mientras practicaba ejercicios afrodisíacos con su mayordomo filipino, que conducía el auto. Y también he confesado que no mucho después llegaron a mi casa dos hombres de la policía alemana. Pues bien, uno de los hombres estaba a punto de quemarme los ojos con su mechero cuando sonó el timbre de mi casa. Los policías me miraron desconcertados. Uno de ellos me preguntó:

-¿Quién puede ser?

-No lo sé -contesté-. Lo mejor sería averiguarlo.

-De eso nada. Usted no se va a mover de donde está.

-Puede que sea el cartero -murmuré-, y convendría que abriese la puerta.

-¿Por qué?

-Espero un paquete con un producto necesario para devolver a su estado original la cabeza de Murnau -dije mintiendo.

-Está bien, vaya a abrir, pero no intente maniobras extrañas, porque lo pagará caro.


Regalo milagroso


Bajé las escaleras, crucé el largo pasillo que conducía a la entrada del inmueble y comprobé que efectivamente era el cartero. Por descontado que no me traía ningún producto químico, me traía sencillamente un libro. ¿De Murnau? No, en modo alguno (la vida no suele ser tan simétrica como las novelas). Se trataba de un libro de aforismos titulado Aire de comedia, de Ramón Eder. El regalo provocó en mí un milagro: me olvidé de los policías y comencé a leerlo en el portal. Algunos aforismos me sedujeron de inmediato porque tenían mucho que ver con el momento que estaba pasando:


Los pequeños abismos son los más peligrosos porque son en los que caemos.


Qué difícil es perdonar al que hemos ofendido.


Las cloacas también tiene sus sirenas.


Toda la historia universal ha sido necesaria para que estés donde estás ahora mismo leyendo este libro.


Asombrosamente podemos ser dichosos con la muerte pisándonos los talones.


La vida es una ficción basada en hechos reales.


Alemania es un país que no cabe en sus fronteras.


Hay un tipo de generosidad que consiste en regalar nuestra ausencia.


El libro me da ideas


Tras la lectura me acordé de los policías que me aguardaban en mi propia casa y empecé a hacerme preguntas: ¿Me hallaba en un pequeño abismo o en uno más bien grande? ¿Sería capaz de perdonar a los que estaban ofendiendo? ¿Los dos hombre de negro serían faunos de las cloacas? ¿Toda la historia universal había sido necesaria para que me ocurriera lo que me estaba ocurriendo? ¿Por qué me sentía tan dichoso si era un hombre claramente amenazado? ¿Mi vida era una ficción basada en hechos reales y a la vez totalmente irreales? ¿Alemania era un país que no cabía en sus fronteras como la cabeza de Murnau que yo tenía en mi casa y como los policías que me amenazaban? Si había formas de generosidad basadas en regalar nuestra ausencia, ¿no era esa la generosidad que yo tenía que practicar con los hombres de negro?, me pregunté finalmente. Fue como ver la luz en mitad del túnel: salí corriendo de portal y me perdí por Madrid.


Un amor de Miguel Strogoff


Estaba anocheciendo cuando me oculté en un cine donde reponían una de las películas más fascinantes de todos los tiempos: El sueño de Orlopendo.

Me hallaba ya sumergido en las tribulaciones de Orlopendo y sus amores prohibidos con Miguel Strogoff cuando dos manos se posaron en mi espada: eran de nuevo los hombres de negro. Un instante después sus bocas se pegaron a mis orejas para susurrarme a la vez:

-Buenos noches, amigo. ¿Tendría usted la bondad de acompañarnos o quiere que le metamos dos agujas en los oídos?

Abracé el libro que llevaba conmigo como si se tratase de un talismán y me preparé para lo peor.


[Publicado el 27/7/2015 a las 10:16]

[Etiquetas: La cabeza de Murnau]

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La cabeza de Murnau (2) Los hombres de negro amenazan con dejarme ciego

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En el capítulo anterior tuve el deshonor de confesar que había robado la cabeza de Murnau y hasta lo anuncié en la red. Nadie ignora que la red es el imperio de la mentira y pensé, infeliz de mí, que si decía la verdad nadie me iba a creer, pero no ha sido así. Hace cuatro días recibí la visita de dos inquietantes sujetos.

Nunca pensé que los famosos hombres de negro, esos que amenazan a los ciudadanos que saben demasiado de lo que no deben saber, me iban a visitar alguna vez. De nuevo me equivoqué, y he aquí que vi ante mi puerta a dos individuos de aspecto robótico y enteramente vestidos de negro que decían pertenecer a la policía alemana.

Los dos entraron en mi casa sin decir nada y comenzaron un exhaustivo registro.


-¿Qué buscan? -grite.

-La cabeza de Murnau -dijeron al fin.


Entonces les mostré una calavera de unos diez centímetros de diámetro que se hallaba sobre uno de los anaqueles de mi biblioteca.

-¡Esa no es la cabeza de Murnau! -gritó uno de ellos.

-¡Lo es! -grité a mi vez-, simplemente ocurre que la he reducido a su mínima esencia utilizando la misma técnica que los jíbaros y luego le he colocado encima una rana, también reducida a su mínima esencia. Me encantan los batracios.


Los dos hombres me empujaron contra la pared, pusieron sus manos en mi cuello y escupieron:

-¡Como no la devuelvas a su estado original eres hombre muerto!


Les dije que podía hacerlo, pero que el proceso iba a durar unos tres días. Uno de ellos rigió:

-La señora Merkel la quiere hoy mismo en su despacho. ¡Hoy mismo! ¿Me ha oído? Y no habrá prórrogas, ni quitas, ni demoras de ningún tipo. ¡Queremos ahora mismo la cabeza de nuestro compatriota en el mismo estado que se hallaba cuando la robó!

 

Los miré con terror. Uno de ellos acercó un mechero encendido a mis ojos mientras murmuraba:

-Como no obedezcas te espera el mismo destino que a Miguel Strogoff. Miento, Miguel Strogoff consiguió salvar sus ojos, pero a ti no te va a salvar ni Dios.

(Continuará) 

 

[Publicado el 20/7/2015 a las 11:53]

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La cabeza de Muranu (1) Sé dónde está la cabeza de Murnau

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En mi última época de París estuve explorando los círculos ocultistas. Conocí a individuos que se hacían llamar Nabucodonosor o a individuas que decían llamarse Betsabé. Magos y magas que circulaban por salones penumbrosos recitando jaculatorias mántricas. Una noche, un hombre me dijo que le gustaría mucho tener en su casa la calavera de Édith Piaf, reina de Francia.


-¿A usted no? -me preguntó.

-Bueno -respondí-, a mi me encantaría tener sobre mi mesa la calavera de Murnau.


Se lo dije en broma (o al menos eso creí), pero él se lo tomó con absoluta seriedad y hasta me susurró al oído que conocía un operario del cementerio de Stahnsdorf que quizá podía hacer algo por mí.


Ahora la prensa proclama que han robado la calavera de mi admirado Murnau. Lo sé, nadie lo sabe mejor que yo. La calavera de Murnau es tan deseada como la del marqués de Sade, y los que hayan visto la película de Merhige La sombra del vampiro no dudarán de lo que estoy diciendo, por la sencilla razón de que Murnau era un cráneo privilegiado en el peor y en el mejor de los sentidos.


Ya se han hecho muchas cábalas acerca de tan pintoresca desaparición. Os diré la verdad: se trata, una vez más, de un acto de fetichismo, sin olvidar que el fetichismo suele estar a menudo ligado al mundo de los amuletos y los talismanes.


Siendo adolescente, conocí en Pamplona a un poeta que tenía sobre su mesa la calavera de su madre. Decía que le daba fuerza, que le inspiraba, y que gracias a ella estaba escribiendo versos memorables.


Entiendo a algunos profanadores de tumbas. He sido uno de ellos. Sí, acabo de confesarlo. He pasado tres días en Alemania, acosado por terribles obsesiones, y me he acercado al cementerio de Stahnsdorf.


 

¡Finalmente tengo sobre mi mesa de trabajo la calavera de mi adorado Murnau! La beso continuamente mientras siento que mi mente se va llenado de deliciosas monstruosidades.

 (Continuará)

 

[Publicado el 16/7/2015 a las 11:06]

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Per Olov Enquist o la novela abisal. La biblioteca del capitán Nemo

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A finales del siglo pasado hubo un desembarco de escritores nórdicos en España, entre los que destacaba Per Olov Enquist, al que tuve la suerte de conocer.


Enquist era un hombre delgado y largo, al estilo del actor Max von Sydow. Su rostro esculpido me pareció de una expresividad tan dolorosa como incisiva.


Enquist era amable y a la vez escurridizo. Apostaba por la parquedad; era muy observador y sabía escuchar. Con apacible claridad nos habló de Suecia y de esa variante del cristianismo que obliga a los fieles a imaginarse dentro de las llagas de Cristo. Llagas que se presentan como las cuevas benignas del Dios Hijo en las que poder refugiarse de la ira del Dios Padre, eternamente torturador y castigador.


También nos habló de la endogamia rural de la Suecia que el conoció, de los subnormales, de los pueblos aislados y terribles, de la desolación y de la mezquindad. Finalmente nos habló de El ángel caído: una narración cruzada sobre la conciencia en sus límites más atroces: la conciencia de los que saben que les miran como a monstruos por sus deformaciones físicas, o sus deformaciones psíquicas, o su melancolía mortal.


¿Como puede ser la conciencia de un ser que lucha desesperadamente para que reconozcan su humanidad? La respuesta está en El ángel caído, que dentro de su brevedad es una novela total. (No hacen falta miles de páginas para apresar la plenitud más abismal del mundo). Lo he dicho mil veces y lo vuelvo a repetir.


Más tarde leí, esta vez en francés, su visión de Fedra en tallados versos libres (Pour Phèdre) y la novela La visita del médico de cámara, donde explora la vida del príncipe loco Cristian VII, que tanto nos recuerda a Hamlet. Una vez más, Enquist volvía a adentrarse con coraje en los límites de la normalidad y los límites de la monstruosidad.


En la época en que lo conocí, Enquist me habló especialmente de la novela La biblioteca del capitán Nemo como una de sus preferidas, y que este año ha sido publicada en español por Nórdica-Libros en una excelente traducción de Martín Lexell y Mónica Corral Frías. Él mismo Enquist me regaló un ejemplar de la edición francesa, que devoré en una noche de sofocante calor. Me entusiasmó, y mientras la abordaba comprendí todo lo que nos había dicho su autor sobre la Suecia rural y sobre ese Dios que “significaba la eternidad aterradora”.


También percibí que una vez más Per Olov Enquist nos colocaba ante un ángel caído (y sustituido por su propio doble), evolucionando en un mundo en el que una parte del ser vive es una especie de exilio estremecedor, que nos conduce al universo íntimo e intimidador de Bergman. En ese universo, el protagonista (que sólo protagoniza su doble alienación) busca en el mito del capitán Nemo un universo donde los excluidos hallan el refugio submarino y poéticamente enlazado al de las llagas del Hijo torturado por el Padre.


Per Olov Enquist es dueño de un estilo elíptico, de frases cortas y cortantes, que avanzan formando líneas quebradas, a la vez que ascienden y descienden creando círculos concéntricos de naturaleza absorbente.

 

Su lectura supuso para mí una experiencia parecida a la lectura de Bajo el volcán. El mismo Enquist nos dijo que escribió el libro tras salir de un infierno de alcoholismo y desesperación. Acabé de leerlo al amanecer y miré por la ventana. El cielo parecía una imagen de la aurora boreal como la que se desvanece al final de La biblioteca del capitán Nemo.


Gracias, señor Enquist, por haber escrito libros tan espléndidos.  

[Publicado el 13/7/2015 a las 11:13]

[Etiquetas: Per Olov Enquist, Literatura nórdica]

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¡Socorro, auxilio, temo haber leído demasiado a Cervantes!

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El escritor Miguel Serrano Larraz tuvo la genial idea de juntar en su página de facebook estas dos noticias aparecidas ayer en El País, y que resultan toda una revelación.


En una encuesta que recuerda aquellas fantásticas proclamaciones del franquismo según las cuales éramos el pueblo más feliz de todos los tiempos, ocho de cada diez españoles se sienten en la gloria y dedican sus ocios a pasear y a ver la televisión. Perfecto, pero no conviene olvidar que según otra encuesta solo dos de cada diez españoles han leído el Quijote.


Cruzando las noticias podríamos pensar que únicamente son felices los españoles que no han leído el Quijote, y que en lugar de hacerlo prefieren pasear a sus perritos y empapuzarse de Tele5 (ocho de cada diez). En cambio el otro dos por ciento que sí lo ha leído ha caído en la desgracia, según todos los indicios.


Mucho me temo que se va a crear mucha desdicha en este paraíso de teleadictos con las recientes publicaciones de varios Quijotes antiguos y modernos, que podrían invertir los términos. Si tienen éxito tales empresas, y lo deseo por amor a Cervantes, quizá el año que viene ocho de cada diez españoles habrán leído el Quijote y tan solo dos de cada diez se sentirán felices o muy felices.

 

Yo que lo he leído un par de veces (y además sin notas, a palo seco) tengo asegurada por partida doble la desdicha. Prefiero no pensar en Ángel Basanta, que lo ha leído más de treinta veces, ademas de editarlo y anotarlo primorosamente. Supongo que su vida es un infierno; y ya no digamos la del profesor Rico y todos sus colaboradores, sin olvidar la de Andrés Trapiello, que lo ha vertido con fluidez y acierto al español moderno. A ese no le va a perdonar ni Dios, y tiene la maldición asegurada de Pierre Menard, hasta ahora el autor más famoso del Quijote después de Cervantes.


[Publicado el 08/7/2015 a las 11:45]

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Yo como Lord Byron. Declaración de amor a Grecia

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En esta vida puedo dudar de muchas cosas salvo de una: Grecia es mi segunda patria. En mi época estudiantil creía que era la primera, pues me consideraba totalmente griego, si bien de la antigüedad, e iba con bastante frecuencia a Atenas, a Delfos, a Olimpia y a las islas del Dodecaneso, que eran mis preferidas. Me fascina ese país de gente tan trabajadora como hospitalaria. ¿Cómo decirlo?, rara vez he visto a un griego ocioso. Como los chinos, siempre están trajinando con algo. Y eso sí, todos son medio políglotas. No sé cómo lo consiguen esos hijos de Afrodita, y todos los tópicos que circulan sobre ellos, especialmente en Alemania y en España, son una patraña estúpida y vil.


Nadie sabe mejor que los griegos que Europa está gobernada desde dos dimensiones paralelas: una de las dimensiones la conforma Bruselas (amante de Berlín), y la otra los estados nacionales.


Las dos dimensiones se complementan, pero sólo en la medida en que mandar y obedecer pueden ser actos complementarios. Bruselas ordena y los estados obedecen. Bruselas se puede equivocar gravemente, puede adoptar medidas absolutamente improcedentes capaces de enviar al infierno a colectividades enteras, pero nadie lo dice y hay que obedecer. ¿Obedecer hasta cuando las órdenes son delirantes como si estuvieses en un ejército de borrachos?


Bruselas es el grado cero de la democracia, porque nada sabemos los ciudadanos de lo que se cuece allí, aunque imaginamos el escenario: un charco de culebras donde chapotean todos los lobbies dispuestos a sacar tajada, y la sacan siempre: por algo tiene allí a sus chacales más oportunistas y letales. Los griegos lo saben mejor que nadie. Cuando pienso en ellos recuerdo lo que escribió Lord Byron bastante antes de morir por Grecia:


Soñé que los griegos podían ser libres aún,

y que resistiendo a la dominación extranjera

ya nadie podría calificarlos de esclavos.


Un poeta griego contemporáneo de Byron decía a su vez:


Amadísima Grecia,

siempre te defenderé de la ira de los bárbaros

porque sencillamente te debo

todo lo que hay de divino en mí

y todo lo que hay de humano.


Plenamente de acuerdo con ambos poetas, Oscar Wilde dijo:


Todo lo que es moderno en nuestras vidas

nos viene de Gracia,

y todo lo que es antiguo de la Edad Media.


Con esta sentencia tan indiscutible como definitiva pongo fin a mi declaración de amor a Grecia.


[Publicado el 05/7/2015 a las 21:37]

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Cervantes amordazado

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La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que esconde la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y por el contrario el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres... “ (II. 58)



Alteración del texto del Quijote tras la ley mordaza:


La represión, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que esconde la tierra y el mar encubre; por la represión así como por la prohibición se puede y debe aventurar la vida, y por el contrario la libertad es el mayor mal que puede venir de los hombres, pues desata sus pasiones más bajas y las calles se llenan de pancartas, de escraches, de plataformas antidesaucios y de mujeres en cueros. Así que ya lo sabes, Sancho, aboguemos por la humillación bien entendida, y pongámonos a las órdenes de los alguaciles a fin de castigar debidamente a los que se niegan a considerar la represión como la fuente de todas las delicias.

[Publicado el 04/7/2015 a las 13:37]

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Quevedo amordazado

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No he de callar por más que con el dedo,

ya tocando la boca o ya la frente,

silencio avises o amenaces miedo.


-Francisco de Quevedo-



Los mismos versos tras la ley mordaza:


.......................................................,

..................................................,

....................................................


[Publicado el 03/7/2015 a las 11:27]

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Alemania y sus satélites

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Simon Dawson (Bloomberg) Pensionistas griegos.

Vuelve a notarse una ceguera general, como en la época de entreguerras, un no querer ver que, tras todas estas trifulcas con Grecia, no se busca ni mejorar la situación ni aliviar el dolor, se busca afirmarse en el poder, se busca el poder mismo en su versión más inapelable. ¿Y qué queréis que os diga? No hemos refundado Europa para volver a una oscuridad de la que ya habíamos apartado los ojos.


Todos esperábamos más de Europa (y desde luego no esperábamos algo peor que lo que ya teníamos), por eso Europa se está convirtiendo en un territorio cada vez más ajeno a nuestra sensibilidad y nuestra esperanza. Y Grecia, madre de Europa, lo sabe mejor que nadie.


Ahora mucha gente trabaja gratis en Grecia, en Italia, en España, en Portugal, y puede que también en Francia. Algo así no ocurrió ni siquiera en la época esclavista, ya que los esclavos eran mantenidos, y en ese sentido alguna retribución tenía su trabajo: el vestido y la comida. Ahora ni siquiera eso. ¡Cómo hemos podido caer tan bajo! Hasta la esclavitud de la antigüedad era más justa que el sistema que está humillando a la gente de media Europa; y en lo referente a España, hasta en el período más duro del franquismo estaba prohibido trabajar gratis. ¿Ahora lo está?


Ninguna cultura puede soportar esta negación del futuro, pero no perdamos la esperanza, porque nunca entre nosotros un estado así dura demasiado tiempo. De momento, Bruselas y Berlín ya se están cargando el sur de Europa, y llevan años provocando en el viejo continente algo parecido a una nueva Revolución Francesa, por la sencilla razón de que en toda Europa, y no sólo en el sur, urge restaurar la figura del ciudadano, reducido a menos que una sombra desde que Bruselas y Berlín iniciaran el proceso de deshumanización del poder.


¿De qué sirven estructuras que generan cantidades impensables de sufrimiento y que desde el seno de la cultura más democrática de la tierra están propiciando la aniquilación sistemática de la clase media sin la cual sencillamente no es posible la democracia?


¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar hacia qué universo de desigualdades extremas nos están conduciendo Bruselas y Berlín? En Grecia está una vez más la respuesta.


Si Grecia se va, es evidente que le va a ir mejor (por otra parte no es tan difícil) y eso provocaría un efecto dominó de naturaleza abismal.


Alemania quiere cobrar la deuda en parte porque sus bancos están totalmente implicados en la tragedia griega, y en parte por un deseo de dominación basado en un resentimiento histórico de naturaleza incurable, y que Alemania no ha curado.


En el caso de la deuda griega, se trata evidentemente de una deuda falsificada, inflada y tremendamente desnaturalizada. Si Alemania sigue tan decidida a perpetrar este abuso demencial, no debe olvidar que en Europa el que la hace la paga. Es una tradición histórica de la que Alemania suele olvidarse, en parte por nuestra culpa y en parte por haber sabido perdonar lo imperdonable.


Nadie puede dudar que ahora, al liderar la postura más dura contra Grecia, Alemania está encarnando también la más firme inhumanidad y la más pétrea locura, que podría conducirnos a una nueva desarticulación de Europa.


Mirad la foto. Al otro lado del Rin todo ese sufrimiento les importa un bledo. ¿Es esta la Europa que queremos?

 


[Publicado el 01/7/2015 a las 12:44]

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Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

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