PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 17 de octubre de 2018

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

La ley de la narratividad

imagen descriptiva

Cuando pasa por una buena época, el arrogante vive saturado de sí mismo en la plenitud de su yo, y está totalmente convencido de que eso va a durar. El presente es el tiempo de la arrogancia, y el presente es la eternidad, pero cuidado, es una eternidad muy breve.


Si examinas un poco el sistema moral de los arrogantes, puede que te encuentres con el vacío.


Cuando les oyes hablar, enseguida percibes que se creen especiales. Representan el idiota clásico: el adorador de su presunta peculiaridad, la mayoría de las veces insignificante. Los arrogantes a los que me refiero, que ante todo son idiotas, tienen en muy alta estima su supuesta particularidad.


No piensan en lo que dicen porque los guía la vanidad, pésima consejera. A tal punto no piensan en lo que dicen que ni siquiera cuando rebobinan lo que han dicho caen en la cuenta de que se han pegado un tiro en la pierna.


La arrogancia es coja y ciega. A lo largo de la vida he visto cómo muchos arrogantes se quedaron en la cuneta. Algunos no, porque fueron buenos estrategas y supieron ocultar su arrogancia bajo un manto de humildad. Una humildad podrida e instrumentalizada, diría alguien, la humildad del “bienqueda”: la diplomacia. Sí, de acuerdo, pero la diplomacia es ya una domesticación de la arrogancia.


Resulta grotesco pertenecer a un país empeñado en representar, una y otra vez en la historia, el grado cero de la diplomacia, dejando el campo abierto y abonado para el desarrollo de toda clase de arrogancias, algunas de ellas monstruosas. Resulta desmoralizador.


Desmoralizador y a la vez sorprendente, porque mientras los políticos exhiben actitudes arrogantes, el país sigue funcionando tranquilamente. El vacío de poder no lo detiene. Funciona automáticamente, como en realidad ocurre con todo sistema, a pesar de los pesares y sobre todo a pesar de los arrogantes.


Los vacíos de poder sirven para pensar en la inutilidad del poder, sirven para pensar en la inutilidad de la arrogancia, sirven para pensar en la estupidez


Los vacíos de poder son por eso mismo beneficiosos para la filosofía, esa disciplina tan denostada y cada vez más relegada a los suburbios del saber, y son beneficiosos para el ejercicio de la diplomacia y la humildad. En un sentido más perverso y a la vez más honesto podría decirse que son beneficiosos para el ejercicio de la ironía.


Sean más irónicos los unos con los otros, sean más sabios, señores de la guerra. Nadie les pide en este teatro que salgan a escena con puñales o que se rasguen las vestiduras hasta cuando no viene a cuento. Saben perfectamente que están en un teatro, en plena sociedad del espectáculo, y que la obra tiene que avanzar y no puede quedarse en un punto muerto. Sigan la ley de la narratividad. 

[Publicado el 08/2/2016 a las 11:06]

[Enlace permanente] [3 comentarios]

Compartir:

Tras los guerreros de la tumba del primer emperador chino se hallan los escultores griegos

imagen descriptiva

Ahora lo sabemos finalmente: un grupo de historiadores y antropólogos orientales y occidentales han descubierto que tras los guerreros chinos de la tumba del primer emperador, Qin Shi Huang, se hallan las proporciones griegas, trasladadas directamente a las urbes de las rutas comerciales por Alejandro Magno. Algunas de esas rutas tenían su origen en China, y las novedades que circulaban por ellas podían llegar con cierta velocidad al Imperio del Medio.


Queda desvelado el misterio de por qué los chinos pasaron de una escultura tosca y totémica, como era la estatuaria china en tiempos del primer emperador, a una imagen del hombre habitada por las proporciones clásicas y tremendamente figurativa y realista.


Algunos artistas de la China del Norte captaron pronto el mensaje que habían trasportado hasta extremo oriente los escultores que acompañaban a Alejandro Magno, y lo hicieron suyo de inmediato.


He aquí un buen ejemplo de cómo las culturas son sistemas abiertos además de ser vasos comunicantes.


Asombra pensar que de no haber sido Alejandro un monarca tan abierto, y de no haber llevado a cabo su travesía hasta el Indo, ahora no veríamos esos guerreros tan enigmáticos, tan serios, tan vivos. El helenismo deslizándose en el sepulcro del primer emperador de los chinos. Occidente penetrando estéticamente en Oriente, y no en cualquier sitio: en el sepulcro del Hijo del Cielo. 


Se trata de uno de esos milagros que cuando se producen te reconcilian súbitamente con el género humano.

[Publicado el 01/2/2016 a las 12:08]

[Enlace permanente] [2 comentarios]

Compartir:

David Bowie en la ciudad irreal

imagen descriptiva

La canción que más me gusta de Bowie habla de una casa de locos al otro lado de la ciudad. El mismo Bowie confesó una vez que procedía de una familia de locos. Su hermano, por ejemplo, padecía esquizofrenia. A ese hermano Bowie lo abandonó, como el personaje que interpreta en la película Feliz navidad, Mr. Lawrence, donde un militar británico confiesa haber abandonado a su hermano discapacitado, en circunstancias terribles.

 

 

Feliz navidad, Mr Lawrence es quizá la mejor película de Bowie, que nunca fue un buen actor, quizá porque toda la imaginación y toda la fuerza que ponía en sus interpretaciones escénicas como cantante pop-rock, le abandonaban cuando tenía que interpretar un personaje cinematográfico. Misterios de la naturaleza.


Tenía un ojo de cada calor. Todo empezó la noche en la que uno de sus amigos le dio un puñetazo. Bowie pudo haber perdido la visión, pero tras varias operaciones consiguieron salvar su ojo, si bien la pupila le quedó permanentemente dilatada, haciendo que pareciera de otro color. Bowie se inventó historias mucho más pintorescas para explicar el milagro de su rostro, y en más de una ocasión lo esgrimió como prueba de su naturaleza extraterrestre.


Aunque David Bowie procedía del Swinging London y de finales de los sesenta, como músico llegó a la madurez, a una madurez deslumbrante, a finales de los setenta con la trilogía de Berlín: Low, Heroes y Lodger. En esa época llegué a sumergirme profundamente en su música. Antes de editar Low, Bowie hizo un viaje a Rusia y la recorrió en el Transiberiano. Se notaba aire estepario en sus nuevos discos. Su luz empezó a decaer en los años noventa, en parte porque el mismo David Bowie decidió huir de su propia sombra bajo los cielos de Nueva York y en compañía de una mujer que, según dicen, se parece mucho a la reina de Saba.

 

 

Muerto el héroe y el antihéroe, los que negaban sus últimos discos ahora lo alaban hasta el límite de lo posible. En toda sociedad, la necrofilia siempre ha sido una pasión muy por encima de la tendencia a cantar a los vivos y a la vida. Yo me he limitado a presentarlo como mito, como “relato compartido” por muchas personas que disfrutaron de su música, sus cambios, sus sobresaltos, sus noches a tumba abierta, sus amores de uno y otro signo, y sobre todo de su descubrimiento del verdadero Berlín, más allá de su propia fábula de espías, muros infranqueables y cenizas de la guerra.


En 1987 estuve en Berlín, a los dos lados del telón de acero, en parte por lo atractiva que me parecía la ciudad tras el filtro que le ponían Lou Reed y David Bowie, y en parte porque quería constatar que Berlín era una ciudad real.


Seguramente David Bowie había ido a Berlín por la misma razón. Se trataba de una ciudad que exigía ser constatada, no solo imaginada. Como todas las ciudades apocalípticas y vinculadas a la destrucción, Berlín era pura sustancia mítica. O te acercabas a ella y la tocabas, o te parecía más irreal que Avalón.

[Publicado el 18/1/2016 a las 11:47]

[Enlace permanente] [6 comentarios]

Compartir:

Me encontré con Francisco Umbral en un país sin nombre (3) Pactos con el diablo

imagen descriptiva

"Mira, las puertas de las tinieblas se han abierto."

-Fausto, Murnau-


Ayer volví a encontrarme con Francisco Umbral en el país sin nombre. Extraño país en el que había un lago parecido al Ladoga y un mar parecido al mar Negro. Era verano en el país sin nombre. Espléndido y apacible verano. Los robles rumorosos formaban bosques interminables. Nos hallábamos en una especie de embarcadero junto a una playa del lago. Una playa desierta en la que se veían sus pisadas, las de su hijo y las mías. Su hijo llevaba con él una gata que decía palabras en egipcio. A nuestra izquierda, en una pequeña playa de guijarros se estaba bañando un unicornio, y muy cerca de nosotros daba saltos, sobre las maderas del embarcadero, la cabeza de Murnau, la que habían robado meses atrás, la increíble cabeza de Murnau a la que no le hacíamos el más mínimo caso. Mientras contemplábamos el agua estuvimos hablando de pactos con el diablo. Umbral me dijo:


-Como los gángsteres, los políticos suelen pactar con el diablo. Cuando un presidente con buenas intenciones se sienta en la mesa presidencial y revisa papeles que incitan al vómito real y al vómito existencial, ¿qué hace? Mayormente pactar con el diablo. La práctica del poder le obligará a colocarse más allá del bien y del mal, sea de la ideología que sea.


-Sí -le dije yo-. Supongo que es entonces cuando empieza a envejecer de verdad. Para él comienza un extraño viaje por un universo de relativa oscuridad y en torno a él ira creciendo una sombra vinculada a la muerte.


-No lo dudes. Cuando pactas con el diablo prepárate para el estrés. Ante ti se alza una frontera: la del antes y el después del pacto con las tinieblas intrínsecas del poder. La ventaja de llegar al poder es que lo empiezas a ver todo desde arriba. La muerte de los demás se convierte en una cifra. La muerte se convierte en una abstracción, que sin embargo se va apoderando de tus moléculas, por eso los expresidentes suelen parecer muertos vivientes: condición escatológica que nos les impide enriquecerse pasando información privilegiada a las grandes empresas que los eligen como consejeros. Con esas empresas hablan abiertamente, a cambio de cerrar la boca ante la ciudadanía. Ah, si tan solo uno de ellos decidiera traicionar ese procedimiento y confesara todo lo que ha visto y vivido en ese mundo más impuro que la muerte. Haría un gran favor a toda la humanidad. Yo sería capaz de dedicarle un poema épico -confesó Umbral.


-Y yo, pero ese ser admirable aún no ha aparecido entre nosotros, y no es probable que aparezca alguna vez. Tendría que romper un pacto de silencio que se prolonga como una maldición asfixiante y pavorosa a lo largo de la historia. El descreído Canetti creía que era una gran ingenuidad pensar que aquellos en los que depositamos el poder iban a cambiar alguna vez. Se trataba para él de una esperanza vana.


-¿Sólo para él? Lo creía también Lord Acton, aquel historiador católico que decía: Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely.


-Siguiendo ese pensamiento, las mayorías absolutas corromperían absolutamente. ¿Y las relativas?


-Corromperían relativamente, pero tendiendo siempre hacia el absoluto como meta final, o como ideal platónico -sentenció el maestro.


De pronto la cabeza de Murnau empezó a dar saltos muy veloces y erráticos. Su hijo la señaló con el dedo y dijo:


-Papá, finalmente entiendo lo que quiere decir la famosa expresión "cabeza loca". ¿Puedo ir a jugar con el unicornio?


-No -contestó su padre-. Son animales muy hermosos pero les gustan demasiado los gatos. Se los comen de un solo bocado.


El niño nos miró con un estupor mortalmente rosado y empezó a cantar una canción que decía:


- 道可道,非常道。名可名,非常名。

無名天地之始;有名萬物之母。

故常無欲,以觀其妙;常有欲,以觀其徼。

此兩者,同出而異名,同謂之玄。

玄之又玄,衆妙之門。  

[Publicado el 11/1/2016 a las 10:17]

[Etiquetas: Umbral]

[Enlace permanente] [6 comentarios]

Compartir:

El año 2015 se ha suicidado

imagen descriptiva

Es faltar a la verdad decir que el año 2015 ha muerto de formar natural. Según fuentes muy fiables, el año 2015 se pegó un tiro en la cabeza a las doce en punto de la noche del 31 de diciembre, y si bien su muerte voluntaria le puede parecer reprobable a cierta parte de la sociedad, expertos en salud mental consultados por este blog aseguran que no le han faltado razones para llevar a cabo un acto tan extremo.


En el año recién fallecido, 55 mujeres han muerto a manos de sus torturadores, siguiendo una tradición secular cada ver más indignante y pestilente. La clase media se ha seguido arruinando (de la clase obrera mejor ni hablamos). Han continuado los desahucios, beneficiándose de una ley que hasta en Estados Unidos, patria del capitalismo, causaría serios escándalos, y el país está más dividido que nunca, moviéndose en una dimensión vacía y en un río revuelto del que sólo se benefician los más despiadados pescadores.


Entiendo el suicidio de este año tan desdichado, y no pienso reprochárselo. Quisiera llevarle flores a su tumba, pero nadie sabe dónde lo han enterrado.

[Publicado el 01/1/2016 a las 18:45]

[Enlace permanente] [5 comentarios]

Compartir:

El mal seduce a más velocidad que el bien. (Acerca de la propuesta alemana de que los chavales lean Mi lucha en las escuelas)

imagen descriptiva

Escalinata de granito que construyeron los españoles en Mauthausen

Confieso que la idea alemana de incluir la lectura de Mi lucha de Hitler en las escuelas me ha producido un honda inquietud, a pesar de que apruebo lo que dice mi admirado y muy querido pensador Reyes Mate en su artículo de El País.


Reyes Mate es partidario de llevar a cabo ese proyecto y dice que “en la escuela alemana se ha hablado antes que en ninguna otra del Holocausto judío y de la responsabilidad colectiva”. Puede que sea cierto, pero no conviene ignorar que no son pocos los alemanes que afirman que empezaron a enterarse del Holocausto en los años sesenta del siglo pasado, más o menos al mismo tiempo que en España. Yo, por ejemplo, me enteré de ese infierno en el año 1969.


Algún tiempo después leí Mi lucha, y el infierno regresó, si bien desde otro ángulo: el de la propaganda, el populismo, el racismo sentimentaloide, y la falsificación histórica. Pero pronto advertí que tenía fragmentos muy seductores para las mentes inmaduras y los “racistas de pura raza”, como decía con ironía uno de mis profesores de historia en París: Vidal-Naquet.


Me llena de preocupación la posibilidad de que, una vez más, a Alemania le pueda salir el tiro por la culata con el proyecto de divulgar Mi lucha en las escuelas, y temo que un buen porcentaje de adolescentes se deje seducir por la maldad del libro (debido a la rebeldía propia de la adolescencia), independientemente de las razones explicativas que esgriman los profesores. Al afirmar lo que afirmo, pienso sobre todo en algo que dice Goethe en Fausto.


(Cito de memoria porque ahora no consigo encontrar el párrafo en ninguna de mis tres ediciones diferentes de la obra de Goethe, pero creo recordar que dice más o menos lo siguiente: “Es posible que el bien seduzca poco a poco, pero el mal seduce inmediatamente.”)


Y hablando de tiros que salen por la culata, ¿cuantas veces le ha ocurrido a Alemania ese prodigioso fenómeno? Según Thomas Mann más de las necesarias.


Por lo demás, soy partidario de no censurar ningún libro, por más abominable que sea. Pero de ahí a recomendarlo en las escuelas (incluso como ejemplo de negatividad absoluta) media un abismo.


Conclusión:

 

No digo que los alemanes no tengan razón con lo que pretenden y con su firme deseo de poner luz y taquígrafos sobre algo que más que una ideología casi parecía “una religión neopagana y crudelísima”, como definió Umberto Eco el nazismo. Simplemente digo que ese proceder me inquieta profundamente y me deja el alma llena de dudas acerca de su posible eficacia.

[Publicado el 30/12/2015 a las 21:04]

[Enlace permanente] [3 comentarios]

Compartir:

La innombrable

imagen descriptiva

Nadie sabe abordar a la innombrable.

 

Los dirigentes de los partidos ni la nombran. ¡Cómo van a nombrar a la innombrable, sería una paradoja!


En esta ocasión, la innombrable va a dividir mucho su voto. Eso quiere decir que nadie la ha seducido de verdad. ¿Digo seducir? La seducción implica un esfuerzo de acercamiento, y nadie ha dirigido su aliento, su corazón, a la innombrable.

 

Pero la innombrable no está muerta y tiene deseos: deseos de recuperar el estado de bienestar que ella misma creo, y deseo de recuperar lo que le han robado, si no todo, si al menos una parte, para poder asimilar con menos dolor una década perdida.


La innombrable está desconcertada. No sabe qué hacer. Se siente rodeada de innombrable oscuridad, pero tiene que votar. No le prometen nada, como mucho le podrían ofrecer un buen banquete fecal como el que celebran los personajes de El fantasma de la libertad de Buñuel.


Sí, tiene que votar aunque ni la nombren. La emoción está asegurada.


Cuando la innombrable desaparece de la escena, se oscurece el horizonte y comienza el reino de la oscuridad.


Las culturas se suicidan cuando acaban con la innombrable. El imperio romano sucumbió cuando desapareció de su tejido social la innombrable.


Cuando ella se ausenta, suele llegar un ángel exterminador. Por eso la innombrable es tan necesaria. Con su sola existencia nos libra del horror.


Pero nadie la nombra. Vamos a romper esa tradición y vamos a nombrarla. Sí, vamos a hacerlo, vamos a nombrar a la clase media para decir que ni la historia moderna ni la reciente resultan comprensibles sin ella. No tenerla en cuenta es carecer en primer lugar de memoria, en segundo lugar de realismo, y en tercer lugar de astucia elemental, virtud principal de los animales políticos.


Para ningún sistema es una buena estrategia ignorar a la innombrable, a la intermedia, a la que sostuvo el Estado de la antigüedad y sostiene el Estado moderno. Dentro de las estrategias equivocadas, la más equivocada es la encaminada a hacerla desaparecer.


Si ella desaparece, desaparece el sistema, al quitarle uno de sus elementos fundamentales. Si ella desaparece, desaparece la clase intermedia: la que equilibra y suaviza las fricciones. La que con su mera existencia reduce diferencias. La que impone la trinidad por encima de la dualidad.

 

Si la innombrable desaparece, desaparece el "tercer elemento", desaparece el juego, desaparece todo.


Aún no sabemos hasta qué punto puede ser espantoso un mundo sin clase media, aún no conocemos en plenitud ese infierno, pero podríamos conocerlo.


Es muy fácil y muy difícil destruir el sistema: basta con ahogar a la clase media. ¿Por qué? Por una razón bien simple: ella es el sistema.


Y ahora el sistema está hundido en una contradicción irresoluble: es como si quisiera estrangularse a sí mismo, estrangulando a la clase que mejor lo representa y mejor lo sustenta. Se trata de un movimiento de autoagresión: como si el sistema mismo se estuviese suicidando. Paradójicamente, es el sistema el que ahora tiene que luchar contra la tentación del abismo y contra sus impulsos autodestructivos. Es el sistema mismo.


Parece que no nos movemos pero quizá estamos en un momento angular de nuestra historia en el que el sistema se enfrenta a su pulsión de muerte, en el que el sistema apresa el cuello de su propio retrato: la clase media, aun sabiendo que al hacerlo se estrangula también a sí mismo. Es casi la historia de Dorian Gray.


El sistema ha entrado en una espiral ciega. No es fácil imaginar en qué circunstancias se producirá el colapso, y al mismo tiempo se pueden adivinar. Para no llegar a esa situación de implosión destructiva solo queda un camino: detener de inmediato la aniquilación de la innombrable. El sistema no puede destruir sus propios pies, su corazón y su motor. Se quedaría cojo y sin aliento. Le faltaría la movilidad y la respiración.

 

 

 

 

[Publicado el 17/12/2015 a las 12:28]

[Enlace permanente] [0 comentarios]

Compartir:

Resuelto el misterio de Jack el Destripador, escritor de cuentos para niños

imagen descriptiva

Las grandes obras pueden originarse una tarde ociosa y banal, llena de sublimaciones como todas las tardes ociosas y banales.


Dos sacerdotes anglicanos pasean en barca con tres niñas. Es verano, arde el Támesis. Uno de los sacerdotes, Lewis Carroll, empieza a improvisar un cuento que gusta mucho a las niñas. Una de ellas le pide que lo escriba.


Lewis Carroll obedece y escribe Alicia en el País de las Maravilllas.

 

Un cuento surgido de forma tan circunstancial es ahora una obra capital de la literatura moderna. Se adelantó a tantas fórmulas que es imposible no verlo como el cofre de las anticipaciones.


Se adelantó al teatro del absurdo, al surrealismo, a la literatura fantástica en sentido moderno, y a la literatura inspirada en las matemáticas y la ciencia. A todo lo ya dicho hay que añadir desde hace años la sospecha de que Lewis Carroll fue Jack el destripador.

 

La década pasada, hallándome en China, me encontré con la escritora Esther Tusquets, que estaba por allí adquiriendo auténticos tesoros orientales. Primero la vi en Pekín, en el vestíbulo de un hotel de lujo, y más tarde en la Gran Muralla junto a varias personas que parecían sus lacayos. Fue allí donde me confesó que había tenido que vender un ejemplar de la primera edición de Alicia en el País de las Maravillas. Parecía lamentar profundamente aquella pérdida. Era desprenderse de un fetiche supremo: más que vender un ejemplar de la primera edición de Robinson Crusoe, y estamos hablando de otro mito. Mucho más. Creo recordar que la escritora me dijo que el libro había caído en las manos de una oscura persona que vivía en Londres. Comentó que el ejemplar acabaría en algún museo, aquel ejemplar que ella había tenido tanto tiempo en su casa; y recuerdo que al oírla me invadió un cierto estupor. Era como si para mí Alicia fuese una entidad mitológica que gravitase fuera de los límites de los libros, y que por lo tanto no era creíble que existiese una presunta primera edición de Alicia en el país de las Maravillas, y si existía, todo indicaba que su materialización se remontaba a la noche de los tiempos.


Es sabido que las ediciones que se pierden en la noche de los tiempos tienen un valor incalculable. Preferí no preguntarle a Esther Tusquets por cuánto había vendido el libro y nos quedamos en silencio. Estábamos en la Gran Muralla, y allí las palabras resuenan mucho, amplificadas por los ecos, para luego expandirse en el infinito de las negras montañas y las negras estepas. Es un lugar de locos, y ahora, siempre que pienso en Lewis Carroll, absolutamente siempre, me acuerdo de aquel ejemplar de la primera edición de Alicia, que Esther Tusquets tuvo que vender a un enigmático coleccionista londinense, y esa imagen se mezcla con la Gran Muralla y sus geometrías imposibles, como si perteneciesen a la misma historia y estuviesen en el mismo campo semántico.


Vuelvo a aquella tarde otoñal en China: ya nos íbamos de la Gran Muralla y descendíamos por una cuesta al fondo de la cual se veía un pueblo y un río que se iba derramando en cascadas sucesivas. Estábamos cansados y nos montamos en una especie de balancín arrastrado por un chino de músculos compactos y aspecto fiero.

 

(Confieso que al advertir que la bestia de tiro iba a ser una persona quisimos desistir, pero entonces el chino se puso furioso y se sintió humillado y aniquilado. Así que tuvimos que consentir que nos arrastrara hasta el pueblo a la velocidad del rayo. Iba tan deprisa que no podíamos ver el paisaje por el que nos íbamos desplazando. Lo percibíamos todo borroso, como si nos deslizásemos a una velocidad superior a la que necesita la vista para retener algo).


En el pueblo, estuvimos bebiendo cerveza china en la terraza de un bar junto al río. Allí Esther Tusquets me dijo:


-Verás, el hombre al que le vendí el ejemplar de Alicia ha dedicado su vida a coleccionar objetos de Lewis Carroll. Los apiña en una bodega de su casa. Un día se los robarán todos y acabará loco como el primo Pons de la novela de Balzac. El comprador en cuestión se llama David Dodgson, y asegura ser familiar lejano de Carrol. Devid Dodgson defiende la misma tesis que Richard Wallace en su libro Jack the Ripper, a saber: que Lewis Carroll fue Jack el Destripador. De modo que según su apreciación, yo le vendí en realidad un ejemplar de la primera edición del cuento más famoso de Jack el Destripador, lejano y divinizado pariente suyo. ¿Qué te parece?


Conocía la tesis del señor Wallace, y le dije que me parecía una locura. En realidad todo parecía una locura aquella tarde en la muralla china, porque allí todo se agrandaba.


-Extraño el destino de Carroll -comenté-. Para algunos ha pasado de ser un sacerdote perverso a ser un asesino legendario.


 

Esther Tusquets asintió. Para ella estaba claro que la figura de Lewis Carroll podía encajar con cualquier fantasía de la humanidad, y que se iba agrandando con el tiempo. Ahora le estaban añadiendo a su curriculum todo el poder del mal, y eso podía convertirlo en un escritor gigantesco.

[Publicado el 07/12/2015 a las 10:56]

[Enlace permanente] [5 comentarios]

Compartir:

El imperio del terror

imagen descriptiva

Vivir permanentemente sometidos a la conciencia de la muerte sería lo mismo que habitar el infierno. Rubén Darío lo expresa en su magnífico poema Lo fatal:


Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura porque esa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.


Al hablar de la vida consciente, el poeta se refiere sobre todo a la vida consciente de la muerte: el futuro terror, que aparece en el segundo cuarteto del soneto más terrible de Rubén Darío.


Tenemos muchas maneras de evadirnos de la conciencia de la muerte, que surge en la infancia pero que se instala como una corriente helada en plena juventud, cuando llega a nosotros como una radiación lo que Martin Amis llama, en una de sus novelas, la información fulminante y definitiva de que vamos a morir.


La forma más habitual de escapar de la conciencia de la muerte estaría vinculada a la superación de la temporalidad por medio de una inmersión en el presente a través del ocio, el placer, el entretenimiento y la diversión. Y la forma más trascendente habría que relacionarla con las invenciones de la cultura y sus sistemas de elevación y sublimación: el arte, la filosofía, la religión.


El terrorismo islámico tendría por misión fundamental bloquear estas dos vías de escape. En primer lugar atacando las formas de ocio y de placer más inmediatas y habituales, llenando de sangre los lugares vinculados al disfrute (la matanza del Bataclan). En segundo lugar atacando las esferas de la cultura que más elevan y que ubican al género humano en una cierta idea de la inmortalidad, así como los espacios simbólicos en los que hemos proyectado el deseo de infinitud y el ansia de perdurar en el espacio y el tiempo (la destrucción de Palmira).


Bloqueados esos dos caminos (el de la eternidad del instante y el de la eternidad simbólica) estaríamos abocados al nihilismo y a la desesperación.


Los terrorismos más radicales anhelan instaurar de forma perpetua la sofocante conciencia de la muerte, dinamitando los dos caminos que más nos ayudan a olvidarnos de ella.


[Publicado el 22/11/2015 a las 11:10]

[Enlace permanente] [21 comentarios]

Compartir:

Lo que nadie dice del Bataclan

imagen descriptiva

El Bataclan, además de ser una sala mítica en la historia de los conciertos de rock, fue un lugar fundamental en la historia de la emigración española.


Dicho de otra forma: uno de esos lugares que nunca van a aparecer vinculados a la Historia con mayúscula, de no ser por los atentados que acabamos de conocer, pero que son esenciales en la historia de la sentimentalidad sin más y en la microhistoria del corazón de la clase obrera, ya que fue la sala de baile más frecuentada por los jóvenes emigrantes españoles que buscaban pareja, allá por los años setenta del siglo pasado.


Recién llegado a París estuve explorando, de forma más bien involuntaria, el mundo de la emigración española: sus formas de vida e infravida, su situación económica, su lenguaje (utilizaban una mezcla surrealista de español y francés), y su sentimentalidad. Fue entonces cuando percibí que todos hablaban del Bataclan, y fue en voz de los emigrantes españoles donde escuché la palabra por primera vez.


¿Por qué?


Pues porque en el Bataclan se llevaba a cabo los sábados y domingos por la tarde el baile de los españoles. A eso de las siete, puede decirse que todos los jóvenes emigrantes de nuestro país acudían al Bataclan para bailar y enamorarse los fines de semana.


Se trataba de fiestas bastante tribales, folloneras y divertidas, a las que solo acudían españoles y algún portugués. Estuve más de una vez y no podía creerlo. El Bataclan era un lugar rebosante de calor latino y se llenaba hasta que no cabía ni un solo danzante más.


 

Ahora, cuando lo veo encharcado de sangre, recuerdo aquellas fiestas dominicales de las que salieron tantos noviazgos de la España emigrante, cálida y bailonguera.

[Publicado el 14/11/2015 a las 12:47]

[Enlace permanente] [6 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

Vídeos asociados

Obras asociadas

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2018 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres