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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 16 de diciembre de 2017

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

La novela que nos acompaña desde antes de haber nacido

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La biblioteca de Tarzán

Y el primer grito me ensordeció. Nunca hubiera creído que mi voz pudiera ser tan alta y durar tanto. Y que todo aquel sufrir se me saliese en gritos por la boca y en criatura por abajo”

La plaza del Diamante -Mercé Rodoreda-

 

Siguiendo el ejemplo de Roland Barthes, suelo hacer muy extensivo el concepto de novela, y lo identifico con el de narración.


Un poema es una narración, por más abstracto que sea, un ensayo, un mensaje telefónico, una carta, una conversación, un anuncio, un cuadro, un dibujo, una película, una obra de teatro, y un grito bien dado y en su momento también puede ser una narración (el grito de Munch, o el de Tarzán, o el primer grito del parto).


Cuando llegas al café y le cuentas a tu amigo un accidente que acabas de presenciar, en la medida en que ya estás argumentando y verbalizando una experiencia, le estás contando una novela, además de una narración.


Es evidente que utilizamos la narración para darle sentido al mundo, y para sostener el sentido mismo del mundo.


La hemos utilizado siempre, al principio en forma de mitos, más tarde en forma de cuentos y novelas.


Puedo crear un teorema, pero cuando lo explico estoy haciendo ya una narración, y el teorema en cuestión se convierte en una novela con planteamiento, nudo y desenlace.


La narración es algo absolutamente inseparable de la condición humana y por eso solo desaparecerá cuando desaparezca el hombre. Lo mismo pienso de la novela.


[Publicado el 29/2/2016 a las 10:30]

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Doble fuga de amor y muerte de Jean Legrand

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Para encontrar la misma dimensión sensorial que impregna todas las páginas de la Doble fuga hay que acudir a los relatos de Djuna Barnes, Julien Gracq, Violette Leduc o Pierre Michon.


El concepto sensorial hace referencia a la apreciación de la exterioridad a través de la intimidad de los sentidos, y encaja perfectamente con el relato de Legrand, donde la interioridad y la exterioridad forman la misma sustancia indivisa.


El lecho en el que se abordan y desbordan los amantes parece indisolublemente fundido al entorno húmedo, vegetal y lujurioso que lo envuelve, como en las escenas de deseo y horror de El bosque de la noche, donde Djuna Barnes despliega todo el poder selvático y emponzoñado de su prosa salvajemente lírica.


Pero que no se engañe el lector: no nos hallamos ante una narración de fácil lectura, si bien tiene la ventaja de tener sólo cuarenta páginas. Doble fuga de amor y muerte es un relato de una densidad que eleva desde la carnalidad más intensa del deseo, y comienza con la exhaustiva visión de una rosa que reposa en un vaso de agua iluminado por una lámpara cónica. Es la imagen de la rosa de oro de los herméticos, y de hecho Doble fuga es un poema en prosa sobre la alquimia del amor, que convierte el plomo de la existencia en oro ardiente y prístino.


Doble fuga habla de la muerte, pero también del renacimiento y de ese doble de nuestro ser que surge en los momentos más culminantes del amor, cuando nos convertimos en la visión más resplandeciente de nosotros mismos.

 

Doble fuga es una narración aconsejable para los que amen de verdad la novela lírica, discontinua y con una gran carga de abstracción. No en vano se anticipa claramente al nouveau roman. A continuación transcribo algunos aforismos entresacados del libro que me han parecido especialmente hermosos e incisivos:


Toda belleza es una mentira cuando se cree eterna.”

El día danza por la noche.”

El amor es temible.”

La habitación estaba suspendida entre los pinos.”

Nuestros sentidos: pájaros soltados en un océano de maravillas.”

Aquella voz suya tan clara cuando hablaba de la locura.”

En ella tenía lugar la danza del fin del mundo.”

Vencido el pudor, el amor es un don perfecto.”

[Publicado el 22/2/2016 a las 09:54]

[Etiquetas: Literatura francesa]

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¿Quiere usted hacerse asquerosamente rico y a la vez tener un amor platónico de los que duran toda la vida y te redimen de una existencia llena de innumerables bajezas?

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Dice el narrador: “Hubo un momento en que todo era posible, y habrá un momento en que nada será posible: entre uno y otro, podemos crear”. Y entre uno y otro momento (la infancia y la vejez) se va a desarrollar la vida y la muerte de los dos protagonistas de Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente: una novela concebida desde la segunda persona (desde el tú o el usted), como La modificación de Michel Butor, como los libros de cocina y como los horóscopos: narraciones todas ellas que se dirigen directamente al lector con el ánimo de instruirle o aconsejarle. Los libros de autoayuda también son narraciones desde la segunda persona, y no en vano el libro de Mohsin Hamid se estructura como un manual de autoayuda irónico, mordaz, y a la vez ajeno al escapismo sentimental y a los consuelos fáciles.


La novela está llena de aciertos: es veloz, penetrante y fluida, y utiliza con una gran sabiduría la discontinuidad, evitando los tiempos muertos y las conexiones obvias y por lo tanto innecesarias. De esa manera cada capítulo tiene vida propia y representa un avatar diferente en la vida del personaje principal. Al decir “avatar” recurro al sentido original de la palabra: el que hace referencia a las fases y vicisitudes por la que pueden pasar las vidas de los hombres y los dioses. Desgraciadamente, la película Avatar ha corrompido para siempre el concepto, de forma que ahora mismo “avatar” ha pasado a designar la proyección virtual de uno mismo.


Como ya demostró en Humo de mariposa y El fundamentalista reticente, Hamid posee una gran capacidad de síntesis y es un virtuoso de la elipsis bien concebida, circunstancia que le da a sus narraciones cierto aire oriental que convive sin problemas y sin escrúpulos con la más recalcitrante modernidad. Y es que cuando uno llega a las últimas páginas, advierte que en realidad Hamid ha construido una brillante e incisiva fábula moral sobre la contradicciones de la vida, sobre la corrupción, sobre la ansiedad, sobre la devastación, sobre el dolor, sobre la descomposición de las ciudades, los estados y las culturas, y finalmente sobre la muerte, vista como la suelen ver los orientales: como el gran despojamiento de todos los fantasmas vinculados a las ficciones del deseo.


La novela es además la historia de una amor exento de posesión y de culpa, que deja en la conciencia del lector un gran poso de humanidad en medio de tanta materia oscura.


 

Dicho de otra manera: esta novela de Hamid no es lo que parece ni lo que su desmedido título promete, y aconsejo vivamente su lectura.

[Publicado el 15/2/2016 a las 10:43]

[Etiquetas: Narrativa oriental]

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La ley de la narratividad

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Cuando pasa por una buena época, el arrogante vive saturado de sí mismo en la plenitud de su yo, y está totalmente convencido de que eso va a durar. El presente es el tiempo de la arrogancia, y el presente es la eternidad, pero cuidado, es una eternidad muy breve.


Si examinas un poco el sistema moral de los arrogantes, puede que te encuentres con el vacío.


Cuando les oyes hablar, enseguida percibes que se creen especiales. Representan el idiota clásico: el adorador de su presunta peculiaridad, la mayoría de las veces insignificante. Los arrogantes a los que me refiero, que ante todo son idiotas, tienen en muy alta estima su supuesta particularidad.


No piensan en lo que dicen porque los guía la vanidad, pésima consejera. A tal punto no piensan en lo que dicen que ni siquiera cuando rebobinan lo que han dicho caen en la cuenta de que se han pegado un tiro en la pierna.


La arrogancia es coja y ciega. A lo largo de la vida he visto cómo muchos arrogantes se quedaron en la cuneta. Algunos no, porque fueron buenos estrategas y supieron ocultar su arrogancia bajo un manto de humildad. Una humildad podrida e instrumentalizada, diría alguien, la humildad del “bienqueda”: la diplomacia. Sí, de acuerdo, pero la diplomacia es ya una domesticación de la arrogancia.


Resulta grotesco pertenecer a un país empeñado en representar, una y otra vez en la historia, el grado cero de la diplomacia, dejando el campo abierto y abonado para el desarrollo de toda clase de arrogancias, algunas de ellas monstruosas. Resulta desmoralizador.


Desmoralizador y a la vez sorprendente, porque mientras los políticos exhiben actitudes arrogantes, el país sigue funcionando tranquilamente. El vacío de poder no lo detiene. Funciona automáticamente, como en realidad ocurre con todo sistema, a pesar de los pesares y sobre todo a pesar de los arrogantes.


Los vacíos de poder sirven para pensar en la inutilidad del poder, sirven para pensar en la inutilidad de la arrogancia, sirven para pensar en la estupidez


Los vacíos de poder son por eso mismo beneficiosos para la filosofía, esa disciplina tan denostada y cada vez más relegada a los suburbios del saber, y son beneficiosos para el ejercicio de la diplomacia y la humildad. En un sentido más perverso y a la vez más honesto podría decirse que son beneficiosos para el ejercicio de la ironía.


Sean más irónicos los unos con los otros, sean más sabios, señores de la guerra. Nadie les pide en este teatro que salgan a escena con puñales o que se rasguen las vestiduras hasta cuando no viene a cuento. Saben perfectamente que están en un teatro, en plena sociedad del espectáculo, y que la obra tiene que avanzar y no puede quedarse en un punto muerto. Sigan la ley de la narratividad. 

[Publicado el 08/2/2016 a las 11:06]

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Tras los guerreros de la tumba del primer emperador chino se hallan los escultores griegos

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Ahora lo sabemos finalmente: un grupo de historiadores y antropólogos orientales y occidentales han descubierto que tras los guerreros chinos de la tumba del primer emperador, Qin Shi Huang, se hallan las proporciones griegas, trasladadas directamente a las urbes de las rutas comerciales por Alejandro Magno. Algunas de esas rutas tenían su origen en China, y las novedades que circulaban por ellas podían llegar con cierta velocidad al Imperio del Medio.


Queda desvelado el misterio de por qué los chinos pasaron de una escultura tosca y totémica, como era la estatuaria china en tiempos del primer emperador, a una imagen del hombre habitada por las proporciones clásicas y tremendamente figurativa y realista.


Algunos artistas de la China del Norte captaron pronto el mensaje que habían trasportado hasta extremo oriente los escultores que acompañaban a Alejandro Magno, y lo hicieron suyo de inmediato.


He aquí un buen ejemplo de cómo las culturas son sistemas abiertos además de ser vasos comunicantes.


Asombra pensar que de no haber sido Alejandro un monarca tan abierto, y de no haber llevado a cabo su travesía hasta el Indo, ahora no veríamos esos guerreros tan enigmáticos, tan serios, tan vivos. El helenismo deslizándose en el sepulcro del primer emperador de los chinos. Occidente penetrando estéticamente en Oriente, y no en cualquier sitio: en el sepulcro del Hijo del Cielo. 


Se trata de uno de esos milagros que cuando se producen te reconcilian súbitamente con el género humano.

[Publicado el 01/2/2016 a las 12:08]

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David Bowie en la ciudad irreal

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La canción que más me gusta de Bowie habla de una casa de locos al otro lado de la ciudad. El mismo Bowie confesó una vez que procedía de una familia de locos. Su hermano, por ejemplo, padecía esquizofrenia. A ese hermano Bowie lo abandonó, como el personaje que interpreta en la película Feliz navidad, Mr. Lawrence, donde un militar británico confiesa haber abandonado a su hermano discapacitado, en circunstancias terribles.

 

 

Feliz navidad, Mr Lawrence es quizá la mejor película de Bowie, que nunca fue un buen actor, quizá porque toda la imaginación y toda la fuerza que ponía en sus interpretaciones escénicas como cantante pop-rock, le abandonaban cuando tenía que interpretar un personaje cinematográfico. Misterios de la naturaleza.


Tenía un ojo de cada calor. Todo empezó la noche en la que uno de sus amigos le dio un puñetazo. Bowie pudo haber perdido la visión, pero tras varias operaciones consiguieron salvar su ojo, si bien la pupila le quedó permanentemente dilatada, haciendo que pareciera de otro color. Bowie se inventó historias mucho más pintorescas para explicar el milagro de su rostro, y en más de una ocasión lo esgrimió como prueba de su naturaleza extraterrestre.


Aunque David Bowie procedía del Swinging London y de finales de los sesenta, como músico llegó a la madurez, a una madurez deslumbrante, a finales de los setenta con la trilogía de Berlín: Low, Heroes y Lodger. En esa época llegué a sumergirme profundamente en su música. Antes de editar Low, Bowie hizo un viaje a Rusia y la recorrió en el Transiberiano. Se notaba aire estepario en sus nuevos discos. Su luz empezó a decaer en los años noventa, en parte porque el mismo David Bowie decidió huir de su propia sombra bajo los cielos de Nueva York y en compañía de una mujer que, según dicen, se parece mucho a la reina de Saba.

 

 

Muerto el héroe y el antihéroe, los que negaban sus últimos discos ahora lo alaban hasta el límite de lo posible. En toda sociedad, la necrofilia siempre ha sido una pasión muy por encima de la tendencia a cantar a los vivos y a la vida. Yo me he limitado a presentarlo como mito, como “relato compartido” por muchas personas que disfrutaron de su música, sus cambios, sus sobresaltos, sus noches a tumba abierta, sus amores de uno y otro signo, y sobre todo de su descubrimiento del verdadero Berlín, más allá de su propia fábula de espías, muros infranqueables y cenizas de la guerra.


En 1987 estuve en Berlín, a los dos lados del telón de acero, en parte por lo atractiva que me parecía la ciudad tras el filtro que le ponían Lou Reed y David Bowie, y en parte porque quería constatar que Berlín era una ciudad real.


Seguramente David Bowie había ido a Berlín por la misma razón. Se trataba de una ciudad que exigía ser constatada, no solo imaginada. Como todas las ciudades apocalípticas y vinculadas a la destrucción, Berlín era pura sustancia mítica. O te acercabas a ella y la tocabas, o te parecía más irreal que Avalón.

[Publicado el 18/1/2016 a las 11:47]

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Me encontré con Francisco Umbral en un país sin nombre (3) Pactos con el diablo

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"Mira, las puertas de las tinieblas se han abierto."

-Fausto, Murnau-


Ayer volví a encontrarme con Francisco Umbral en el país sin nombre. Extraño país en el que había un lago parecido al Ladoga y un mar parecido al mar Negro. Era verano en el país sin nombre. Espléndido y apacible verano. Los robles rumorosos formaban bosques interminables. Nos hallábamos en una especie de embarcadero junto a una playa del lago. Una playa desierta en la que se veían sus pisadas, las de su hijo y las mías. Su hijo llevaba con él una gata que decía palabras en egipcio. A nuestra izquierda, en una pequeña playa de guijarros se estaba bañando un unicornio, y muy cerca de nosotros daba saltos, sobre las maderas del embarcadero, la cabeza de Murnau, la que habían robado meses atrás, la increíble cabeza de Murnau a la que no le hacíamos el más mínimo caso. Mientras contemplábamos el agua estuvimos hablando de pactos con el diablo. Umbral me dijo:


-Como los gángsteres, los políticos suelen pactar con el diablo. Cuando un presidente con buenas intenciones se sienta en la mesa presidencial y revisa papeles que incitan al vómito real y al vómito existencial, ¿qué hace? Mayormente pactar con el diablo. La práctica del poder le obligará a colocarse más allá del bien y del mal, sea de la ideología que sea.


-Sí -le dije yo-. Supongo que es entonces cuando empieza a envejecer de verdad. Para él comienza un extraño viaje por un universo de relativa oscuridad y en torno a él ira creciendo una sombra vinculada a la muerte.


-No lo dudes. Cuando pactas con el diablo prepárate para el estrés. Ante ti se alza una frontera: la del antes y el después del pacto con las tinieblas intrínsecas del poder. La ventaja de llegar al poder es que lo empiezas a ver todo desde arriba. La muerte de los demás se convierte en una cifra. La muerte se convierte en una abstracción, que sin embargo se va apoderando de tus moléculas, por eso los expresidentes suelen parecer muertos vivientes: condición escatológica que nos les impide enriquecerse pasando información privilegiada a las grandes empresas que los eligen como consejeros. Con esas empresas hablan abiertamente, a cambio de cerrar la boca ante la ciudadanía. Ah, si tan solo uno de ellos decidiera traicionar ese procedimiento y confesara todo lo que ha visto y vivido en ese mundo más impuro que la muerte. Haría un gran favor a toda la humanidad. Yo sería capaz de dedicarle un poema épico -confesó Umbral.


-Y yo, pero ese ser admirable aún no ha aparecido entre nosotros, y no es probable que aparezca alguna vez. Tendría que romper un pacto de silencio que se prolonga como una maldición asfixiante y pavorosa a lo largo de la historia. El descreído Canetti creía que era una gran ingenuidad pensar que aquellos en los que depositamos el poder iban a cambiar alguna vez. Se trataba para él de una esperanza vana.


-¿Sólo para él? Lo creía también Lord Acton, aquel historiador católico que decía: Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely.


-Siguiendo ese pensamiento, las mayorías absolutas corromperían absolutamente. ¿Y las relativas?


-Corromperían relativamente, pero tendiendo siempre hacia el absoluto como meta final, o como ideal platónico -sentenció el maestro.


De pronto la cabeza de Murnau empezó a dar saltos muy veloces y erráticos. Su hijo la señaló con el dedo y dijo:


-Papá, finalmente entiendo lo que quiere decir la famosa expresión "cabeza loca". ¿Puedo ir a jugar con el unicornio?


-No -contestó su padre-. Son animales muy hermosos pero les gustan demasiado los gatos. Se los comen de un solo bocado.


El niño nos miró con un estupor mortalmente rosado y empezó a cantar una canción que decía:


- 道可道,非常道。名可名,非常名。

無名天地之始;有名萬物之母。

故常無欲,以觀其妙;常有欲,以觀其徼。

此兩者,同出而異名,同謂之玄。

玄之又玄,衆妙之門。  

[Publicado el 11/1/2016 a las 10:17]

[Etiquetas: Umbral]

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El año 2015 se ha suicidado

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Es faltar a la verdad decir que el año 2015 ha muerto de formar natural. Según fuentes muy fiables, el año 2015 se pegó un tiro en la cabeza a las doce en punto de la noche del 31 de diciembre, y si bien su muerte voluntaria le puede parecer reprobable a cierta parte de la sociedad, expertos en salud mental consultados por este blog aseguran que no le han faltado razones para llevar a cabo un acto tan extremo.


En el año recién fallecido, 55 mujeres han muerto a manos de sus torturadores, siguiendo una tradición secular cada ver más indignante y pestilente. La clase media se ha seguido arruinando (de la clase obrera mejor ni hablamos). Han continuado los desahucios, beneficiándose de una ley que hasta en Estados Unidos, patria del capitalismo, causaría serios escándalos, y el país está más dividido que nunca, moviéndose en una dimensión vacía y en un río revuelto del que sólo se benefician los más despiadados pescadores.


Entiendo el suicidio de este año tan desdichado, y no pienso reprochárselo. Quisiera llevarle flores a su tumba, pero nadie sabe dónde lo han enterrado.

[Publicado el 01/1/2016 a las 18:45]

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El mal seduce a más velocidad que el bien. (Acerca de la propuesta alemana de que los chavales lean Mi lucha en las escuelas)

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Escalinata de granito que construyeron los españoles en Mauthausen

Confieso que la idea alemana de incluir la lectura de Mi lucha de Hitler en las escuelas me ha producido un honda inquietud, a pesar de que apruebo lo que dice mi admirado y muy querido pensador Reyes Mate en su artículo de El País.


Reyes Mate es partidario de llevar a cabo ese proyecto y dice que “en la escuela alemana se ha hablado antes que en ninguna otra del Holocausto judío y de la responsabilidad colectiva”. Puede que sea cierto, pero no conviene ignorar que no son pocos los alemanes que afirman que empezaron a enterarse del Holocausto en los años sesenta del siglo pasado, más o menos al mismo tiempo que en España. Yo, por ejemplo, me enteré de ese infierno en el año 1969.


Algún tiempo después leí Mi lucha, y el infierno regresó, si bien desde otro ángulo: el de la propaganda, el populismo, el racismo sentimentaloide, y la falsificación histórica. Pero pronto advertí que tenía fragmentos muy seductores para las mentes inmaduras y los “racistas de pura raza”, como decía con ironía uno de mis profesores de historia en París: Vidal-Naquet.


Me llena de preocupación la posibilidad de que, una vez más, a Alemania le pueda salir el tiro por la culata con el proyecto de divulgar Mi lucha en las escuelas, y temo que un buen porcentaje de adolescentes se deje seducir por la maldad del libro (debido a la rebeldía propia de la adolescencia), independientemente de las razones explicativas que esgriman los profesores. Al afirmar lo que afirmo, pienso sobre todo en algo que dice Goethe en Fausto.


(Cito de memoria porque ahora no consigo encontrar el párrafo en ninguna de mis tres ediciones diferentes de la obra de Goethe, pero creo recordar que dice más o menos lo siguiente: “Es posible que el bien seduzca poco a poco, pero el mal seduce inmediatamente.”)


Y hablando de tiros que salen por la culata, ¿cuantas veces le ha ocurrido a Alemania ese prodigioso fenómeno? Según Thomas Mann más de las necesarias.


Por lo demás, soy partidario de no censurar ningún libro, por más abominable que sea. Pero de ahí a recomendarlo en las escuelas (incluso como ejemplo de negatividad absoluta) media un abismo.


Conclusión:

 

No digo que los alemanes no tengan razón con lo que pretenden y con su firme deseo de poner luz y taquígrafos sobre algo que más que una ideología casi parecía “una religión neopagana y crudelísima”, como definió Umberto Eco el nazismo. Simplemente digo que ese proceder me inquieta profundamente y me deja el alma llena de dudas acerca de su posible eficacia.

[Publicado el 30/12/2015 a las 21:04]

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La innombrable

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Nadie sabe abordar a la innombrable.

 

Los dirigentes de los partidos ni la nombran. ¡Cómo van a nombrar a la innombrable, sería una paradoja!


En esta ocasión, la innombrable va a dividir mucho su voto. Eso quiere decir que nadie la ha seducido de verdad. ¿Digo seducir? La seducción implica un esfuerzo de acercamiento, y nadie ha dirigido su aliento, su corazón, a la innombrable.

 

Pero la innombrable no está muerta y tiene deseos: deseos de recuperar el estado de bienestar que ella misma creo, y deseo de recuperar lo que le han robado, si no todo, si al menos una parte, para poder asimilar con menos dolor una década perdida.


La innombrable está desconcertada. No sabe qué hacer. Se siente rodeada de innombrable oscuridad, pero tiene que votar. No le prometen nada, como mucho le podrían ofrecer un buen banquete fecal como el que celebran los personajes de El fantasma de la libertad de Buñuel.


Sí, tiene que votar aunque ni la nombren. La emoción está asegurada.


Cuando la innombrable desaparece de la escena, se oscurece el horizonte y comienza el reino de la oscuridad.


Las culturas se suicidan cuando acaban con la innombrable. El imperio romano sucumbió cuando desapareció de su tejido social la innombrable.


Cuando ella se ausenta, suele llegar un ángel exterminador. Por eso la innombrable es tan necesaria. Con su sola existencia nos libra del horror.


Pero nadie la nombra. Vamos a romper esa tradición y vamos a nombrarla. Sí, vamos a hacerlo, vamos a nombrar a la clase media para decir que ni la historia moderna ni la reciente resultan comprensibles sin ella. No tenerla en cuenta es carecer en primer lugar de memoria, en segundo lugar de realismo, y en tercer lugar de astucia elemental, virtud principal de los animales políticos.


Para ningún sistema es una buena estrategia ignorar a la innombrable, a la intermedia, a la que sostuvo el Estado de la antigüedad y sostiene el Estado moderno. Dentro de las estrategias equivocadas, la más equivocada es la encaminada a hacerla desaparecer.


Si ella desaparece, desaparece el sistema, al quitarle uno de sus elementos fundamentales. Si ella desaparece, desaparece la clase intermedia: la que equilibra y suaviza las fricciones. La que con su mera existencia reduce diferencias. La que impone la trinidad por encima de la dualidad.

 

Si la innombrable desaparece, desaparece el "tercer elemento", desaparece el juego, desaparece todo.


Aún no sabemos hasta qué punto puede ser espantoso un mundo sin clase media, aún no conocemos en plenitud ese infierno, pero podríamos conocerlo.


Es muy fácil y muy difícil destruir el sistema: basta con ahogar a la clase media. ¿Por qué? Por una razón bien simple: ella es el sistema.


Y ahora el sistema está hundido en una contradicción irresoluble: es como si quisiera estrangularse a sí mismo, estrangulando a la clase que mejor lo representa y mejor lo sustenta. Se trata de un movimiento de autoagresión: como si el sistema mismo se estuviese suicidando. Paradójicamente, es el sistema el que ahora tiene que luchar contra la tentación del abismo y contra sus impulsos autodestructivos. Es el sistema mismo.


Parece que no nos movemos pero quizá estamos en un momento angular de nuestra historia en el que el sistema se enfrenta a su pulsión de muerte, en el que el sistema apresa el cuello de su propio retrato: la clase media, aun sabiendo que al hacerlo se estrangula también a sí mismo. Es casi la historia de Dorian Gray.


El sistema ha entrado en una espiral ciega. No es fácil imaginar en qué circunstancias se producirá el colapso, y al mismo tiempo se pueden adivinar. Para no llegar a esa situación de implosión destructiva solo queda un camino: detener de inmediato la aniquilación de la innombrable. El sistema no puede destruir sus propios pies, su corazón y su motor. Se quedaría cojo y sin aliento. Le faltaría la movilidad y la respiración.

 

 

 

 

[Publicado el 17/12/2015 a las 12:28]

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Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

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