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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de septiembre de 2020

 Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

La familia virtual

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Imaginemos a un hijo típico de una familia molecular. El padre y la madre pasan el día trabajando, de forma que el hijo se ve obligado a pasar largas jornadas sólo en casa. Antes de los nueve años, ese niño puede ser un sujeto relativamente bloqueado, al que no se le ha permitido el desarrollo de su "instinto" social. Ante semejante marasmo vital, le quedan dos alternativas: o dejarse llevar por la inactividad hasta convertirse en un organismo deforme y monstruoso (América está llena de esos individuos), o reaccionar buscando su salvación en el ciberespacio, que ha desencadenado ya una de las más definitivas diferencias generacionales a las que se ha visto enfrentada la modernidad.


El problema se veía venir y ha sido encubado por varias generaciones. Digamos que los hijos únicos de tantas y tantas familias triangulares de Europa, América y Asia fueron adentrándose sin saberlo en un mundo digital. Esos hijos únicos sabían que bastaba con mover un dedo para obtener la respuesta requerida. Por ejemplo, bastaba con accionar levemente este o aquel resorte de sus padres (ampliamente culpabilizados) para conseguir lo deseado, con inmediatez cibernética. Los padres, ausentes casi todo el día, se convertían en mayordomos desmedidamente diligentes en los pocos ratos en que estaban presentes: inconscientemente, estaban preparando a sus muchachos para el mundo de la instantaneidad digital.


La reproducción instantánea de lo real o de todo lo que informa acerca de lo real es un viejo sueño humano. Estaba ya implícito en la alquimia, de la que es buen ejemplo el cuento de Borges titulado La rosa de Paracelso. En ese cuento, el discípulo le pide al maestro una rosa virtual en tres dimensiones: una rosa "cibernética" que surja de las cenizas de una rosa recién quemada. Ocurre sin embargo que en la narración de Borges el maestro no atiende a la súplica del discípulo, y no le concede la rosa (a pesar de que por magia la puede conseguir de forma instantánea). Pero los padres de ahora sí que conceden esa rosa a sus hijos, en parte porque no quieren educar, y en parte porque no saben hacerlo. Ahora los padres están dispuestos a conceder a sus hijos toda clase de virtualidades y casi ninguna realidad. De todo lo cual surge una pregunta inquietante. ¿Y si viviésemos ya en un mundo de padres virtuales engendrando hijos virtuales en un mundo enteramente virtual?

[Publicado el 12/4/2019 a las 10:23]

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Hospitalidad, maldad, memoria, razón

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Carece de todo el que no se posee a sí mismo.

 

Extranjero, mi costumbre es honrar a los huéspedes", decía un personaje de Homero. Cosas de otras épocas y de otra manera de concebir la vida. En nuestro tiempo la hospitalidad es una dimensión perdida.


"Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos", susurraba Crucio Quinto. Lo mismo cabe decir de las almas.


"Llamamos destino a todo lo que limita nuestro poder", decía R.W. Emerson. Falso. Algunos tiranos, de poder ilimitado, atribuyen al destino sus excesos.

 

Pensar que nada está hecho es una exageración, pero solo relativa. Cada generación está obligada a reinventar el mundo, en cierto modo a crearlo. De no ser así, será una generación perdida. 

 

"La paciencia tiene más poder que la fuerza", decía Plutarco. Lo mismo se podría decir de la impaciencia. De hecho la fuerza necesita un ápice de impaciencia para moverse y ponerse a actuar. Siempre me ha parecido sospechosa la mitología de la paciencia, tan parecida a la de la resignación.


 La maldad humana casi nunca se presenta de manera frontal. Se agazapa en la sombra, ejecuta rodeos, es oblicua, indirecta, insistente. Como suele ir unida a la cobardía, rara vez asume la forma de la trasparencia. Lo vemos perfectamente en las obras de Shakespeare.


Ni un día sin una línea", rezaba Plinio. Qué atrocidad, es como convertir la escritura en una disciplina marcial, me digo a mí mismo con horror. Plinio tendría que ser el santo patrón de twitter.


 "La humildad es transigir con la mentira", decía Unamuno. Depende; podría ser también la forma más evidente de la corrupción.


Prueba a ser lo que dicen de ti tus enemigos y te convertirás o bien en un monstruo o bien en el tonto más irredimible de todos los tiempos.

 

La memoria es la narración fragmentaria, simbólica y evanescente de nuestras relaciones con la vida y con la muerte. Nos acordamos de los momentos dichosos, pero también de los momentos en los que estuvimos en peligro. Somos cronistas de nuestros cielos y nuestros infiernos.


La creación artística hace la vida más intensa, acentúa la dicha y la sensación de velocidad", decía Thomas Mann. Y se podría añadir: da razón a nuestra vida y vida a nuestra razón.


[Publicado el 27/3/2019 a las 12:24]

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Contrapensamientos

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Toda creación es la lucha entre una forma posible y una forma que ya existe.

 

"Imaginar es elegir", decía Jean Giono. Cierto. El problema surge cuando falta imaginación y la elección ya no es posible. La carencia de imaginación podría convertir la vida en una prisión agobiante, o en un laberinto sin salida.

 

"No me disfraces la muerte", decía un personaje de Homero. Buena propuesta. Ahora todo aparece disfrazado: la vida, la muerte, la corrupción, la avaricia, la insidia, el amor, el odio. Solo la banalidad aparece desenmascarada. Es la gran madame de nuestro carnaval.

 

"¡Ser siempre la misma!", clamaba Isabel I de Inglaterra. Eso solo lo puede decir un alma muerta. ¡Qué atrocidad, negar la mutabilidad incesante del ser!

 

"Belleza, razón, bien decir, es el mejor camino del hombre", decía Homero. Ahora hemos invertido los términos: "Fealdad, sinrazón, maldecir" es el lema de la nave de los locos en la que vamos todos.

 

"Solo instantes soporta el hombre el peso de la plenitud", decía Hölderlin, pero cabe preguntarse si alguna vez la sentimos para poder calcular su peso y el tiempo que la aguantamos. Otro problema: ¿La plenitud pesa o es tan leve e inestable que en cuanto la tocas se evapora? Hay sustancias que acusan más la fuerza de la gravedad, por ejemplo el vacío existencial. Y sin embargo, la gente de nuestra época soporta ese vacío mortal con inconsciencia, con indiferencia, con brutalidad.

[Publicado el 16/3/2019 a las 09:58]

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El vuelo de Safo

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Decía mi maestro Vidal-Naquet que las mujeres y los esclavos habían sido los héroes secretos de la antigua Grecia.


Solo los escritores (Esquilo, Sófocles, Eurípides) supieron dar voz en el teatro a los que no tenían voz en los foros, rescatándolos de las moradas del silencio.


Fascina comprobar cómo razonan las mujeres en la tragedia griega, cómo se oponen a la injusticia, la tiranía, la desfachatez, la arrogancia. Y lo hacen siempre con palabras fulminantes y ajustadas.


Son la voz clamorosa de la intrahistoria.


En la tragedia griega, representan la imagen más honda, más persuasiva y más definitiva de la humanidad. No es paradójico que tengan un papel tan señalado en la tragedia. Danzaban sobre la cuerda tensa de los más terribles conflictos, en los que se ponía en cuestionamiento su propio ser.


Parecen ángeles del abismo, lanzándose hacia un vacío de incomprensión delirante y delirante cinismo, como dicen que hizo la poeta de Lesbos en aquel acantilado donde, según la leyenda, se llevó a cabo

el

vuelo

de

Safo.

 

No me refiero a su suicidio, aunque lo parezca. Hago más bien referencia al vuelo de su lírica y su aliento. Aún nos acordamos de ella, a pesar de que solo nos quedan algunos fragmentos de su obra. Adentrémonos, con la imaginación y el deseo, en aquella noche oscura en la que Safo dijo:

 

La luna se evapora

y las Pléyades se marchan.

Es medianoche:

las horas pasan y estoy sola.


 

 

 

 

[Publicado el 08/3/2019 a las 11:58]

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El rostro (III)

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La Tour- María Magdalena

Para percibir en nuestro rostro una continuidad y una identidad, nos miramos en el espejo todos los días.

 

Esa acción, más bien involuntaria, es nuestra guía de bitácora en la navegación continua por nuestro propio ser.

 

Imaginemos lo que pasaría si, por las razones que fueran, no pudiéramos mirarnos en ningún espejo durante años...


¿Nos reconoceríamos? No enseguida. Para reconocernos, tendríamos que hacer un vertiginoso ejercicio de memoria.

 

Todo lo anterior sirve para indicar lo importante que es mirarse y mirar. Si nos atribuimos una cara, si la necesitamos para configurar el imaginario de nuestra identidad, estamos obligados a atribuirle una cara también al otro, pues de no ser así, nos quedaríamos sin los ojos que nos miran y nos diferencian.

 

El otro puede ser y es nuestro espejo. ¿Tramposo? Sí, pero no menos que el espejo de nuestra casa, si bien de diferente manera.

 

La vida es una danza de conciencias, de reflejos, de cuerpos y de espejos. Y es bueno que así sea. Sin esa danza nuestras vidas solo serían maniobras en la oscuridad.

 

 

[Publicado el 02/3/2019 a las 11:00]

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El rostro (II)

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Todo rostro es un milagro, como toda vida.

 

La vida es lo más raro dentro de una larga extensión de muerte, dentro de una larga extensión de materia sin conciencia.


Todo aquel que nace es el resultado de una vertiginosa selección desde el origen del tiempo...


y todo rostro está como unido a una cuerda cósmica. Es como un cristal chispeante dentro de un impensable juego de abalorios.

 

En el fondo, es asombroso que todo rostro deje de ser extraño al ser mirado, como si todo rostro llevara impresa en él la marca de un antiguo reconocimiento, de una antigua y reconocible esencia de humanidad.


[Publicado el 19/2/2019 a las 09:23]

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El rostro (1)

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Todo aquel que le niega al otro el derecho a tener cara está ejerciendo la más despiadada exclusión: la misma que ejercen los enemigos en el campo de batalla.


Por definición, todo enemigo es un ser sin rostro, pues si de verdad lo tuviera, ni sería enemigo, ni resultaría tan fácil combatir contra él.


Todo rostro es un ideograma viviente, un paisaje nunca antes visto, una unidad nunca antes configurada, un guarismo de la vida, único y distinto.


Todo rostro es un destino, un sentido y una llama que brilla y evoluciona en medio de la vasta oscuridad.


[Publicado el 08/2/2019 a las 09:10]

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Visión de la extrañeza (3) Proyecto de novela minimalista

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Sin

comentarios,

sin

personajes claros,

sin

diálogos,

pero

con un argumento

bien

explícito.

          Pon tú mismo el título 

                           a esta novela de misterio

con millones de peces muertos

y un silencio

denso y primitivo.

 

 (La muerte masiva

nos invita a proyectarnos

en un tiempo anterior al murmullo fascinante de la vida). 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

[Publicado el 29/1/2019 a las 10:15]

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Visión de la extrañeza (2) Zona oscura

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¿Dónde empieza y dónde acaba la morada de la extrañeza?

 

La extrañeza empieza en nuestra propia intimidad, y luego se va extendiendo por todo lo demás, pero no siempre el mundo nos resulta trágicamente extraño.

 

Hay grados en la extrañeza, hay niveles, vaivenes, subidas y bajadas.

 

Cuando la sensación de extrañeza se hace colectiva entramos en un maelstrom imprevisible.

La locura de las masas es más devastadora que la locura individual, porque es la mezcla de muchas locuras individuales juntas. 

 

Cuando las locuras se juntan formando una sola masa, entramos en zonas muy oscuras.

La historia nos informa de esas zonas que nunca llegan a aclararse por completo.

 

El pasado es un espacio lleno de tinieblas y de fiebre.

 

¿Y el presente?


[Publicado el 28/1/2019 a las 10:06]

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Visión de la extrañeza (1)

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Lo extraño no es lo paranormal.

 

Paranormal hace referencia a una realidad paralela a la normal, o que se opone a ella, o que está al margen de ella.

 

Lo extraño en cambio forma parte de nuestras vidas. Sentimos extrañeza ante nuestro propio ser, y ante el ser de los demás.

 

En principio lo extraño es lo que está fuera de ti, lo ajeno a tus entrañas. Podría pensarse que es lo mismo que paranormal (para: al margen de, junto a, contra; ex: fuera, más allá, exterior), pero le hemos dado un significado muy distinto.

 

Al estar como estamos partidos en dos (Platón, Freud, Lacan), lo interno puede parecer a veces lo externo, y lo íntimo nos puede resultar extraño. De hecho no hay nada más extraño que nuestra propia intimidad. La interioridad convertida en imagen de la exterioridad, de lo ajeno, del “otro lugar” de la Cábala.

 

Por eso “extraño” es un concepto mucho más rico que paranormal, y mucho más vinculado a nuestro ser.

 

Hacer extraño lo familiar, hacer familiar lo extraño. Ese es mi lema.

 

¿La extrañeza es una dimensión toxica? Tan tóxica como la normalidad que, por todo lo que hemos dicho, puede estar llena de extrañeza.  Acerca de la extrañeza ya habló muy sabiamente Freud, descubridor de la verdadera región de la extrañeza: el subconsciente. A él me remito siempre. Nadie ha llegado más lejos que Freud en el análisis de lo extraño vinculado a la intimidad. Ni siquiera Lacan.

 

Líbrenos la vida de las épocas en las que la extrañeza se hace demasiado familiar. ¿Estamos en una de ellas?

 


[Publicado el 26/1/2019 a las 11:08]

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Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

 

 

Las abismales. Premio de novela Café Gijón (Siruela, 2019)

 

 

 

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

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