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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 16 de diciembre de 2017

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

Adelantarse al tiempo: Caballo Loco

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La idea de “adelantarse al tiempo” puede parecer una insensatez.


¿Cómo vas a adelantarte a tu propio ser y a tu propio estar? Sería como partirse en dos.


Para muchos, adelantarse al tiempo sería posible únicamente con la imaginación, y no se trataría de un adelanto real, se trataría de una ficción.


Sin embargo los sioux sí que creían que uno podía adelantarse al tiempo. ¿Con el poder de la imaginación? No, con el poder del deseo.


Y el deseo era para ellos un caballo como el que montaba Caballo Loco.


Dicen que una vez Caballo Loco habló con el Gran Espíritu, y el Gran Espíritu le susurró:


-El tiempo es tan veloz como el viento sobrevolando las praderas, los valles y las montañas. Tienes que cabalgar a lomos del viento y adelantarte al tiempo. ¿Me has entendido?


-Sí, te he entendido -cuentan que le dijo Caballo Loco al Gran Espíritu.


Para el Gran Espíritu adelantarse al tiempo eran tan fácil como respirar. Bastaba con abrir los brazos al deseo.


Pero para desear hay que estar vivo, y muchos están muertos antes de morir. Esos no pueden adelantarse al tiempo, que pasa por encima de ellos sin que se den cuenta, como no se dan cuenta los muertos cuando el aire barre las lápidas de los cementerios.

[Publicado el 01/8/2016 a las 11:09]

[Etiquetas: Pasiones]

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Dos cuartetas de Nostradamus que te harán temblar

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Ayer, tras ojear los periódicos que rezumaban sangre fresca, estuve revisando las Centurias de Nostradamus y encontré estas dos cuartetas que me dejaron estupefacto:

 

Se harán grandes en Francia los cosechadores de sangre

y a lo largo del hexágono irán mermando las libertades.

Arderá el aire y subirán los votantes más desalmados de Europa

y en España se instaurará por decreto presidencial el Día de la Marmota.

  

Presidirán Inglaterra una mujer férrea y un alcohólico subnormal.

El odio y la venganza afilarán los dientes y las balas en América.

En Turquía la sangre correrá por las calles entre proclamaciones tétricas

y en España reiniciarán entre palabras vanas la Historia de la Eternidad.

 

 

 

[Publicado el 18/7/2016 a las 10:48]

[Etiquetas: Nostradamus, Situación crítica]

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El miedo

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Con el poder nos relacionamos a golpes de amor y de odio, con el poder del otro, de cualquier otro.


El miedo puede ser el poso candente e hiriente de ambas fuerzas de atracción y repulsión, pero nunca hay que darle al miedo más importancia de la que tiene.


A la hora de la verdad el género humano es tremendamente temerario.


Hay que desmitificar el miedo y poner en tela de juicio su prestigio filosófico y literario.


En la historia humana, el miedo no es más determinante que la temeridad.


Alguien me dirá que la temeridad es una superación de la cobardía por vía de la histeria. Entonces hablemos de la valentía.


Los dioses protegen a los valientes, dicen que decía Alejandro Magno. Claro. En la mente de los dioses antiguos no cabía proteger a los cobardes, para eso ya están los dioses modernos.

[Publicado el 11/7/2016 a las 12:40]

[Etiquetas: Pasiones]

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El corazón de las tinieblas: cuplé para cantar en masa con Sara Montiel en la explanada de los Cretinos Sonrientes

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(Sara es la voz solista y el coro lo forma el pueblo, como debe ser desde la antigua Grecia, y la moderna).

 

SARA:

Dios envió a Hitler

para que destruyese Alemania,

y luego envió a Merkel

para que destruyese Europa,

y luego envió a Cameron

para que destruyese Gran Bretaña.

 

CORO:

¿Y a quién envió Dios, oh Sara,

para convertir España

en la morada de la eterna corrupción?

 

SARA:

Quizá envió a varios, a bastantes,

para que la devastación fuese muy amplia.

Aunque basta con echar una ojeada

a los medios

de comunicación

de masas

para poder localizar

la cueva de Alí Babá

y los cuarenta ladrones

(aunque son algunos más).

 

CORO:

Los pensamientos de Dios

solían ser inescrutables,

y rara vez trasparentes,

pero ahora no.

Sabemos, como tú nos dices,

por qué nos envió a Merkel,

al celeste Cameron

y a la legión de buitres

que asolan toda región

desde las cumbres pirenaicas

al peñón de Gibraltar

(donde al parecer vivieron

los últimos hombres de Neandertal).

 

SARA:

Cierto, en los últimos tiempos

Dios busca la trasparencia.

Se lo agradeceremos siempre.

 

CORO:

Se lo agradeceremos, Sara,

como a ti te lo agradecemos,

oh, matriarca de las matriarcas

que estás sin duda en el cielo

fumando un Montecristo

con Cristo y Terenci Moix.

 

SARA:

Me encanta

vuestro sentido del humor, mancebos,

pero dejadme que siga

con mi narración:

Esto es lo que hay”

-me ha dicho Dios al oído-,

un mundo de ladrones, de necios,

de mandriles

que parecen recién llegados

de la oscura noche de los tiempos.

Preparaos para lo peor,

y no bromeo,

que quien avisa no es traidor,

no lo es, no, no, no”.

 

CORO:

Que quien avisa no es traidor

y donde las dan las toman.

Ja, ja, ja. Jo, jo, jo.

 

SARA:

Y donde las dan las toman

por delante y por detrás,

con amor o sin amor.

Ja, ja, ja. Jo, jo jo.

 

CORO:

Jo, jo jo. Ja, ja ja,

y tras las risas la pena

mientras entonamos todos

la canción de la tristeza

viendo cómo repiten

la misma farsa de siempre

y premian a los más viles

con doblones de oro y plata

que siguen guardando en Ginebra.

Ah, míseros de nosotros, ah, infelices,

¿qué delitos cometimos

pagando nuestros impuestos?

¿Por qué nos sigue castigando

con tanto tesón el cielo

y nos relega al infierno de la indigencia perpetua?

¿Para eso no hay respuesta,

Sara, Sarita, Sara?

 

SARA (Bailando la danza del vientre):

Para eso no la hay

ni la habrá mientras no cambie

lo que tiene que cambiar.

Ya veis que en algunos trances

Dios sigue siendo

el inescrutable.

Ah, el horror, el horror,

decía aquel señor

que conoció el corazón de las tinieblas.

Ji, ja, jo. Ji, ja, jo.

 

CORO (Bailando la danza del vientre a la par que Sara):

Ji, ja, jo. Ji, ja, jo.

Ah, el horror, el horror. 

[Publicado el 05/7/2016 a las 09:41]

[Etiquetas: Sara Montiel, Situación crítica]

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Las radiaciones del Brexit llegan a España y queman los campos de la izquierda

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La ceguera de los analistas políticos es admirable. Esgrimen mil razones sobre por qué el PP ha subido y el PSOE no ha sido superado por Podemos, pero olvidan la única razón por la que los ciudadanos han optado por elevar al PP en detrimento de la izquierda: el Brexit y el miedo a los referendos.


Acerca de los referendos, Podemos prometía tres, y el PSOE promete el federalismo, cuya diferencia con la España de las autonomías es difícil de precisar.



Respecto a Ciudadanos, su desastre ha tenido varias causas. La primera sus alianzas con el PP, la segunda su tibieza con el problema de la violencia de género. Sencillamente ha perdido el voto de la mujer.


En términos de votos, ha vuelto a ganar el bipartidismo. Los viejos partidos estaban mejor colocados ante una posible eventualidad. Jugar con fuego tiene su interés cuando no hay volcanes cerca. Cuando los hay, todo fuego añadido resulta excesivo y se convierte en la peor de las estrategias.


O la izquierda aprende a seguir la ley de la idoneidad, o no llegarán muy lejos. Siempre hay que estar preparados para saber desviar el discurso, con decisión y pericia, cuando cambian las reglas del juego y lo que hasta ese momento resultaba vagamente oportuno se convierte en el signo mismo de la inoportunidad. Tras el Brexit, convenía evitar la palabra referendo, por pura estrategia bélica, y sobre todo el día de las elecciones: no todos lo hicieron. El resultado ya lo sabemos. Ha triunfado el miedo y nadie supo tejer una táctica rápida e ingeniosa contra ese monstruo devastador. Hay que hablar de cada cosa en su momento, ni antes ni después. Por la boca muere el hombre y no sólo el pez.


Para terminar: nada más estallar la bomba inglesa tuve el profundo convencimiento de que el PP iba a subir y de que Podemos ya no iba a superar al PSOE. ¿Ustedes no?


Las encuestas iban bien encaminadas hasta que estalló el Brexit y llegó hasta nosotros su radiación. Una trágica eventualidad le dio más votos a Zapatero, una dramática eventualidad le ha dado ahora más votos a Rajoy.


Y no hay más misterios, señores del jurado. La historia tiende a ser irónica: es su especialidad.

[Publicado el 27/6/2016 a las 12:11]

[Etiquetas: Situación crítica]

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El arte de ganar y la ley de la idoneidad

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Uno de los principios básicos de la propaganda según Goebbels es el principio de desfiguración, que consiste en “convertir cualquier anécdota del adversario, por pequeña que sea, en amenaza grave”.


Este principio va estrechamente unido al principio de omisión, que consiste en “acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y silenciar las noticias que favorecen al adversario, con la ayuda de medios afines.”


En España algunos partidos se han dedicado sistemáticamente a convertir pequeñas anécdotas de sus adversarios en amenazas de carácter casi apocalíptico, negándose a afrontar sus propios errores, a menudo descomunales. Y lo han hecho una y otra vez, con una insistencia tan estúpida que termina produciendo efectos indeseados. Cuando repites demasiado la misma sandez, acaba saliéndote el tiro por la culata. De ese principio tan básico se olvido Goebbels, como de otros muchos principios.


Los que se dedican a convertir anécdotas insignificantes del enemigo en amenazas demenciales o bien pierden las batallas o bien obtienen victorias pírricas.


Los famosos principios de Goebbels sólo funcionan de verdad en situaciones de opresión, donde para el opresor vale todo y puede desplegar a sus anchas todas las gamas de la mentira. Goebbels habla de la simplificación, de la desfiguración, de la vulgarización, de la desviación, del atavismo, de la unanimidad, pero se olvida de la idoneidad y de la oportunidad. A veces puede ser oportuna la repetición, pero a veces no, a veces puede ser oportuna la vulgarización, pero a veces no. Todo es tributario de la situación, en ese sentido todo político tendría que ser rigurosamente situacional y oportuno, que no es lo mismo que oportunista.


En lo que respecta a Goebbels, al no ordenar su teoría en torno a las leyes de la oportunidad y la idoneidad, todos sus principios no sirven para nada. Lo estamos viendo con una insistencia cruel.


Los nazis no triunfaron por sus alardes de propaganda rimbombante y kitsch. Los nazis triunfaron porque instauraron, ya desde antes de llegar al poder, el imperio del terror paramilitar y acallaron con sangre y tinieblas todas las bocas que se oponían a su sistema. Así triunfa hasta el más descerebrado.


No es inteligente basarse en ideas recibidas que no llevan a ninguna parte y apestan a miseria. En el teatro político se exige algo más que andar representando el monotema de la propia mezquindad, y es importante no olvidar que la generosidad es uno de los atributos de la inteligencia.


Los que lo basan todo en la omisión y la desfiguración, sólo consiguen desfigurarse a sí mismos, y de paso perder votos. La estrategia del embudo ni siquiera es recomendable cuando crees que todos los que te escuchan son unos obtusos.


[Publicado el 20/6/2016 a las 11:15]

[Etiquetas: Goebbels, Situación crítica]

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Es una falsedad asegurar que las masas sólo aceptan mensajes simples

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Los principios que formuló Goebbels acerca de la propaganda siguen pesando sobre nosotros, en parte porque son errores absolutos, y pertenecemos a una cultura que insiste en sus errores con una necedad angustiosa.


Uno de los tópicos que más se corean a ese respecto es el de que “la capacidad receptiva de las masas es limitada”, pero ocurre que las masas están compuestas de individuos. ¿La capacidad receptiva de los individuos es limitada? Hasta cierto punto, y en cualquier caso, no tan limitada como decían los nazis y todos los que siguen sus enseñanzas a ese respecto, y que son muchos, tanto hacia la derecha como hacia la izquierda.


¿Si la capacidad de las masas y sus individuos era tan limitada para los nazis por qué se dedicaron a quemar libros que no se distinguían precisamente por su simpleza? ¿Tenían miedo de que las masas, presuntamente tan limitadas, los asimilaran mejor que el mismo Goebbels?


¿Cuando las masas escuchan obras capitales de Händel o Beethoven podemos decir que su capacidad de comprensión es limitada o más bien alcanza límites que sobrepasan la propia masa?


Los políticos que sólo se dedican a trasmitir mensajes simples (de una simpleza próxima a la deficiencia mental) siguen evidentemente los principios de Goebbels. Trasmiten a las masas su propia simpleza mental. Arrojan sal sobre la tierra, y sal sobre las cabezas de quienes les escuchan. Al parecer ignoran que las masas están compuestas de individuos llenos de vida y de conciencia.


El buen orador puede dirigirse a masas muy amplias sin recurrir a los mensajes simples y simplificadores. El buen orador se dirige a cada individuo de la masa más que a la masa en sí. Por eso evita los lugares comunes, las ideas recibidas, las simplezas y las bajezas de toda índole. Y sabe pasar del lenguaje confidencial a las ideas generales con naturalidad y delicadeza. Sabe que el susurro puede ser mucho más eficaz que el ladrido.


Desde mi agnosticismo recuerdo el sermón de la montana del Evangelio según San Mateo. Se trata del discurso más masivo de Jesucristo, y curiosamente también el más contradictorio y el más complejo. Todas las formas de persecución y desdicha se dan cita en él, y cada individuo de la masa que escucha siente las palabras del orador atravesando su mente y su corazón. El hombre de Nazaret habla a cada individuo en particular.


Gracias a esa forma de hablar, no es el individuo el que se disuelve en la masa, es más bien la masa la que se disuelve en el individuo y en él desaparece. Queda la palabra llegando a cada ser en toda su pureza y en toda su complejidad. Desaparecen las simplezas fuera de lugar: desaparece la odiosa y esterilizadora propaganda: esa técnica que convierte el verbo en excremento y las palabras en monedas baratas sin cruz y sin cara. Alabanzas al vacío que el buen orador evita como la peste para así llegar de verdad a las almas vinculadas a la masa, y a la masa vinculada a las almas.

[Publicado el 13/6/2016 a las 11:07]

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Enfermedades de la civilización

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El otro día volví a ver un reportaje en la televisión sobre una mujer que pesaba más de cuatrocientos kilos y que permanecía inmovilizada y aturdida.


Cuando era muy joven, descubrí con asombro esa clase de gordura en mi primer viaje a América. Entonces la gordura mórbida no existía ni Europa, ni en Asia, ni en África, aunque seguro que sí existía en Australia, esa mala fotocopia de América de Norte.


La mujer de la que hablo usaba pañales como un niño muy grande, como un niño gigantesco. Había regresado a la infancia. Su figura me conducía a la anoréxica. Ambas conforman los dos polos de un mismo sistema y en los dos casos se trata de un problema con la fase oral-anal


Los anoréxicos quiere regresar a la época anterior a la pubertad: quieren "recuperar" sus cuerpos de niños, y los obesos quieren regresar a la fase de la lactancia casi continua, cuando los bebés se convierten en tubos que absorben y excretan: quieren volver a la inmovilidad de la cuna.

 

Ambos han perdido la línea, en el más estricto sentido de la palabra: han perdido la figura, la postura, la forma misma del cuerpo. En el caso del anoréxico se ha perdido la figura por evaporación, y en el caso del obeso por acumulación de materia.


En el primer caso, el cuerpo parece una pluma, en el segundo una tumba. El cuerpo del anoréxico se presenta casi exento de agua (se trata de un cuerpo seco y enjuto hasta el extremo), en cambio el cuerpo del obeso mórbido es un túmulo de líquidos retenidos, de líquidos descompuestos que van envenenando la sangre y van creando un campo abonado para la gangrena.


La sociedad que nos representa no parece tener buenas relaciones con el cuerpo. Los dos extremos señalados son buena prueba de ello, pero también lo son los obsesionados por el culto al cuerpo. Ningún sacrificio extremo es bueno, y los adictos al gimnasio están tan alejados de su propio cuerpo como los anoréxicos y los que padecen de obesidad mórbida.


Y mientras tanto los especialistas en salud física van dando consejos estúpidos desde la prensa sobre cómo alimentarse con cordura o qué hacer para perder kilos o ganarlos.


Nunca van a la raíz de la enfermedad. O mejor: nunca se dirigen con mirada clínica a la enfermedad invisible en la que se apoyan todas las enfermedades visibles.


Les da miedo esa profundidad sin cuya exploración no hay cura posible.

 


[Publicado el 06/6/2016 a las 10:52]

[Etiquetas: Pasiones]

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Un héroe de nuestro tiempo

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Cuando era niño, le fui a comprar el periódico a mi padre. Mientras caminaba hacia casa, anduve ojeando un poco el rotativo y me fijé en el anuncio de una película rusa titulada Hamlet. Ya en casa, le pregunté a mi padre quién era Hamlet. Mi padre me miró sorprendido y dijo:


-Pero hijo, ¿no conoces al príncipe de Dinamarca?

-Pues no -respondí indignado. ¿Acaso tenemos contactos con la aristocracia internacional?

-Quizá cuando lo conozcas se convierta en uno de tus mejores amigos- acabó diciendo mi padre.


No se equivocó. Años después, cuando pude leer por primera vez Hamlet, me quedé fascinado con el príncipe danés. Hamlet no es hombre de muchos amigos, pero a mí me incluyó enseguida en su círculo.


Hamlet es el héroe más paradójico de Shakespeare. Hamlet lo sabe todo y, con un voluptuoso resentimiento lleno de negrísima bilis, se calla, como monje devoto de la mortificación, o como un irónico absoluto.


Hamlet es la ironía límite, o la ironía en el límite mismo de lo posible, y practica un sarcasmo tan forzado como envenenado, que le vuelve más loco todavía.


No es que no hable porque no puede, es que no sabe cómo expresar, en lenguaje ordinario, todo lo que sabe y siente. Está atónito al principio, y al final conquista la "catatonia": la física y la mental. Su suerte estaba más que echada.


Entre los héroes del pasado, cuyas vidas nos sabemos de memoria, Hamlet es el que más se parece a nosotros, y justamente por eso su figura empezó a valorarse de verdad a finales del siglo XIX y principios del XX, y todavía en los años veinte Eliot, lector agudísimo, aseguraba que Hamlet era un bodrio artístico.


Ironías de la vida y del teatro... Antes no entendían a Hamlet, al oscuro, divertido y escurridizo Hamlet: les parecía demasiado incoherente, demasiado impertinente, demasiado indeciso, demasiado loco. Les parecía un héroe de nuestro tiempo y, no queriendo pecar de anacronismo, dejaron que lo reivindicaran los hijos del existencialismo y las dos guerras mundiales.


Y fue así como llegó hasta nosotros su desgarbada figura declamando continuamente su celebre cuestión, que algo tiene que ver con la cuestión de Descartes, que existía porque pensaba. Ser o no ser, he ahí el dilema. Pensar o no pensar, he ahí la cuestión, la única cuestión real de la conciencia.


Coleridge, que tenía una visión muy neurótica del príncipe danés, decía que lo único que le ocurría a Hamlet era que, a diferencia de los que le rodeaban, tenía un mundo propio del que no le apetecía salir. Lo que equivale a calificarlo de autista. No creo que sea ese el problema. Hamlet es la soledad del que sabe que el mundo es no-mundo. Hamlet es el absurdo de nuestros días.


[Publicado el 30/5/2016 a las 08:57]

[Etiquetas: Hamlet, Literatura inglesa]

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El miedo a pensar, a leer y a nombrar (2) La descomposición del lenguaje

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Ahora echo en falta los artículos de Luis Magrinyà sobre el buen uso del lenguaje.

 

La lengua sufre un proceso cada vez más degenerativo y mistificador que se percibe en la política, por supuesto, pero también en la prensa y en la literatura.


Avanzamos hacia un sumidero en el que todas las palabras se corrompen, como ocurre en el mundo de la publicidad, donde la descomposición del lenguaje alcanza el paroxismo, y paroxismo, como indicaba Baudrillard, significa lo que precede al fin.


¿Estamos ya cerca del fin de la lengua como vehículo de la expresividad, la belleza, la precisión, la sutiliza y todas las formas oblicuas o directas de la verdad? Todas las lenguas apestan porque han perdido dignidad y fortaleza: las ha corrompido la retórica vil de la publicidad y los medios de comunicación de masas. 

 

¿Ahora las lenguas surgen de las cloacas antes que de las gargantas? ¿Es posible la emergencia de un mundo de interlocutores alegres, punzantes y despiertos en la cultura de los sonámbulos y los necios?

[Publicado el 23/5/2016 a las 10:05]

[Etiquetas: Situación crítica, Pasiones]

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Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

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