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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 22 de agosto de 2019

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

Visión de la extrañeza (1)

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Lo extraño no es lo paranormal.

 

Paranormal hace referencia a una realidad paralela a la normal, o que se opone a ella, o que está al margen de ella.

 

Lo extraño en cambio forma parte de nuestras vidas. Sentimos extrañeza ante nuestro propio ser, y ante el ser de los demás.

 

En principio lo extraño es lo que está fuera de ti, lo ajeno a tus entrañas. Podría pensarse que es lo mismo que paranormal (para: al margen de, junto a, contra; ex: fuera, más allá, exterior), pero le hemos dado un significado muy distinto.

 

Al estar como estamos partidos en dos (Platón, Freud, Lacan), lo interno puede parecer a veces lo externo, y lo íntimo nos puede resultar extraño. De hecho no hay nada más extraño que nuestra propia intimidad. La interioridad convertida en imagen de la exterioridad, de lo ajeno, del “otro lugar” de la Cábala.

 

Por eso “extraño” es un concepto mucho más rico que paranormal, y mucho más vinculado a nuestro ser.

 

Hacer extraño lo familiar, hacer familiar lo extraño. Ese es mi lema.

 

¿La extrañeza es una dimensión toxica? Tan tóxica como la normalidad que, por todo lo que hemos dicho, puede estar llena de extrañeza.  Acerca de la extrañeza ya habló muy sabiamente Freud, descubridor de la verdadera región de la extrañeza: el subconsciente. A él me remito siempre. Nadie ha llegado más lejos que Freud en el análisis de lo extraño vinculado a la intimidad. Ni siquiera Lacan.

 

Líbrenos la vida de las épocas en las que la extrañeza se hace demasiado familiar. ¿Estamos en una de ellas?

 


[Publicado el 26/1/2019 a las 12:08]

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Retorno

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Amable ironía la de Pierre Assouline y al mismo tiempo demoledora para con las falsas verdades y los argumentos trucados y perversos, a los que tan proclives somos los ibéricos.


Recuerdo su novela Lutetia, memoria de París en sus épocas más dudosas y conflictivas a través del vigilante de uno de los hoteles más míticos de Paris. Después me acerqué a Golem, la trepidante historia de un fugitivo al que le han alterado trágicamente el alma: un viaje al fin de la noche, pero de otra manera, y siempre con esa ironía incesante, cervantina, que caracteriza toda la obra de Assouline, incluidos los artículos de su blog LA RÉPUBLIQUE (des livres).


Pero el libro que más puede interesar a los españoles es sin duda Retour à Séfarad, una novela familiar rigurosamente insólita, y que podría servir de modelo para plantearse novelas familiares que huyen de la convencionalidad y se atreven a abarcar, con agilidad y velocidad, grandes períodos de la historia, sin que la empresa adquiera el aire pesado, estúpido y grave que caracteriza tantas y tantas sagas familiares.


Se trata de un libro de lectura dolorosa y a la vez saludable por la imagen agridulce que proyecta de España. Mirarse en el espejo que propone Assouline es un ejercicio terapéutico y una inmersión en el mito, a la par traslúcido y sombrío, del eterno retorno.


De pronto lo familiar resulta desconcertante, gracias a la mirada, amable y a la vez desmitificadora, de Pierre Assouline. De pronto España se convierte en la morada de la extrañeza.


Assouline nos invita a apreciar la humildad del pasado, avasallado por la arrogante prepotencia del presente, a la vez que nos obliga a considerar la crueldad de la historia y el dolor sin límites que provocan los fanatismos, las exclusiones, las abominaciones.


Me he detenido especialmente en un párrafo donde Assouline dice: Au fond, ce qu'il a de bien avec les Espagnols, lorsque on est tout prêt à les aimer, s'est qu'on ne risque pas de cristalliser. À peine se prend-on de passion pour sa singularité, que le contre-modèle se manifeste et vient pondérer le jugement. Traducido al español: En el fondo, lo mejor de los españoles, cuando uno está dispuesto a quererlos, es que no corremos el riego de que ese amor cristalice. Apenas uno es consciente del afecto provocado por su singularidad, cuando surge el contramodelo que pondera nuestro juicio. Dicho con otras palabras: toda vez que sientes afección hacia España, ciertos detalles, ciertos comportamientos, ciertas ideologías, ciertas vilezas incalificables rebajan tu amor, lo ponderan, lo equilibran, lo dejan en su justa frontera entre la luz y la sombra. 

  

Coda lírica:


En tardes luminosas o en tardes grises

o en tardes que arrastraban las horas

como pesadas cargas,

he querido amar esta tierra terrible,

y ya estaba dispuesto a hacerlo

con la mejor disposición del alma

cuando de pronto los monstruos

de antes y de ahora

me prohibían abrir los brazos y cerrar los ojos.

 

Mas a veces, en medio del desasosiego

y el deseo de encerrarme

en mis cuarteles de invierno,

el abrazo de los amigos, sus palabras,

y hasta sus gritos

me indicaban que la noche está llena de estrellas.

Bajo su amparo se rozan las copas y los cuerpos,

los deseos y los sueños,

y uno se entrega sin miedo al furor de vivir.

Assouline lo sabe y lo acepta y lo padece,

y de nuevo vuelve a donde tiene que volver.

 

Ya lo decía Gil de Biedma:

Siempre se obstina en ser dulce,

en merecer ser vivida

de alguna manera mínima

la vida en nuestro país.”


 

 

 

[Publicado el 22/1/2019 a las 13:21]

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La desigualdad según la ciencia

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La redacción de la revista Investigación y ciencia dice en su último informe especial:

Una acusada desigualdad económica repercute negativamente en todos los aspectos del bienestar humano y en la salud de la biosfera.

***

La revista analiza la desigualdad en USA, “país que representa el caso extremo de una tendencia global”, así como “el modo en que los sistemas digitales perjudican a los miembros más vulnerables de la sociedad”. También detalla “los mecanismos por los que la desigualdad deteriora la salud mental y física de los individuos, y la manera en que el desequilibrio económico y político está dañando el entorno natural”.

***

Se agradece que la ciencia se ocupe de la desigualdad. No es un tema que tienda a frecuentar demasiado, dejando ese ámbito para las humanidades y la filosofía. Hace años, el sociólogo Bourdieu hizo diferentes radiografías de la desigualdad, analizó su origen y sus causas, detalló sus mecanismos y los efectos que provoca en la salud, sin olvidarse nunca de la desigualdad de género, madre de todas las desigualdades.

   

Ciertamente, la desigualdad es un fenómeno devastador. Nos basta con mirar hacia atrás y examinar la historia. Podemos remontarnos hasta los egipcios. Sus tumbas nos informan muy bien de los efectos de la desigualdad. Los esqueletos encontrados en las necrópolis de los humildes indican que a veces se interrumpía en ellos la línea del crecimiento. ¿Debido a qué? Fundamentalmente a las hambrunas provocadas por las sequías. En cambio los esqueletos de los aristócratas demuestran que sus dolencias se debían sobre todo a los males generados por la política matrimonial cerrada y endogámica. La desigualdad ha sido siempre fuente de toda clase de diferencias y de desniveles. La arqueología y la historia ya conocían ese infierno del que finalmente ha decidido ocuparse la ciencia con mayúscula. Celebrémoslo.

 

Coda lírica:

 

Mi madre me contaba que cuando era niña

 

a los pobres los enterraban envueltos en una manta,

 

en cambio los caciques reposaban en ataúdes de cristal y plomo.

 

Los primeros se disolvían enseguida en la tierra,

 

nutriéndola con sus restos y convirtiéndose

 

en un arbusto o en una higuera.

 

Los otros todavía se están pudriendo.

 

[Publicado el 20/1/2019 a las 16:54]

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Los ancianos japoneses roban para ir a la cárcel y así escapar de la pobreza y la soledad

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Leo en el periódico Clarín de Buenos Aires (14/1/19): Los ancianos de Japón cometen delitos para tener con quien hablar en la cárcel, o van a prisión porque las jubilaciones no les alcanzan para sobrevivir.

 

Japón es el país más envejecido del mundo. Casi el 30% de su población supera los 65 años y cada vez son más los ancianos, pues las parejas jóvenes no quieren tener hijos. La soledad de los ancianos está haciendo estragos y adquiriendo las dimensiones  de una epidemia. Un problema que sobrepasa con creces los límites del archipiélado del Sol Naciente. Según un informe de la Comisión Jo Cox sobre la Soledad, el Reino Unido tiene más de nueve millones de personas que se sienten solas y unas  200.000 confiesan no haber hablado con nadie desde hace más de un año.

***

 El problema ya lo conocí en Francia en mi época de estudiante. En París, miles de viejos morían solos en sus tristes habitaciones. Una desolación secreta que nunca llegaba a los periódicos. Para mí representaba la cara más negra de Francia.

 

Y en España? Nos hallamos ante el mismo problema, con una población muy envejecida y unas pensiones paupérrimas. Mucho me temo que la invención japonesa corre el peligro de universalizarse. Después de todo, a los ancianos se les suele respetar en las cárceles más que en las calles (según me han dicho). Todo un signo de nuestro tiempo.


He visitado geriátricos donde los ancianos vivían peor que en un penal. La opción japonesa tiene su lógica: mejor vivir entre delincuentes que en la más indigna soledad. La desesperación es pródiga en invenciones asombrosas.

 

¡En qué sociedades más degradadas nos movemos! Apartamos la mirada de la muerte aún sabiendo que tarde o temprano jugaremos al ajedrez con ella. Despreciamos la vejez ignorando que a todos nos espera. Ahora mismo es una desgracia ser joven, y una desgracia ser viejo. Extraño panorama el que se despliega ante nuestra mirada: la negación explícita de las verdades fundamentales de la vida.

 





[Publicado el 14/1/2019 a las 16:07]

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El duelo

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Asumir una pérdida y no sustituirla por espejismos es una muestra de profunda cordura.

 

Se trata un proceso que llevamos a cabo durante el duelo.

 

Evitar el duelo, como se hace ahora, no concediéndole al muerto suficiente espacio en nuestra mente cuando acaba de irse, trae problemas psicológicos.

 

El muerto no muere de verdad y se convierte en un fantasma. (Las ausencias se notan sobre todo al alba. El día parece incompleto. Un espectro nos susurra al oído palabras que no entendemos).

 

Por eso los antiguos consideraban importante llevar a cabo el duelo sin saltarse ninguna de sus fases:

 

El estupor,

la ira,

la aceptación.

 

No es bueno falsificar el mapa de la realidad. Lo perdido, perdido está.

 

Ni le quites ni le añadas montañas al Himalaya.

 

Aceptar lo que nos falta ayuda a detectar lo que nos sobra y a encontrar un cierto equilibrio en medio de la adversidad.

 


 

 

 

 

 

 

[Publicado el 03/1/2019 a las 13:57]

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La balada de Laura Luelmo

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La noche susurra una canción gélida.

¡Laura está muerta!


La peor consecuencia de que te quiten la vida

es todo lo que aniquilan al suprimir tu existencia:

te roban tus anhelos, los recuerdos

que poblaban tu mente cuando mirabas

la lluvia o la luna pálida, los deseos, los ensueños,

los proyectos, las preguntas que te hacías

en los días de angustia y en las tardes soleadas...


Toda existencia representa una línea ininterrumpida

desde el origen mismo de la vida.

Toda existencia es una cadena que se pierde

en la noche de los tiempos y en la noche del deseo.

Segar una vida no es una insignificancia,

es una inmensidad que sobrepasa

los límites del cielo.


La luna se tambalea. ¡Despierta, alma perdida,

y escucha lo que me cuentan las voces de la noche!:

“Entre rumores de alisos y de juncos y de fuentes

que discurren a lo lejos, Laura sintió una presencia

que arrastraba con ella

la enfermedad de la muerte...

Y ahora Laura ya no canta su canción

de todos los días;

el silencio la rodea y avanza a pasos quedos

por un campo de estrellas."

 

Los dioses del lugar perciben

una clamorosa ausencia:

¡Laura está muerta!

El alba susurra una canción gélida.

 

 

[Publicado el 19/12/2018 a las 00:51]

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Una tarde me encontré con Ifigenia

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Fotograma de "Ifigenia"(M.Katogiannis)

 

Una vez, en un patio de Rodas,

me encontré con una chica

que parecía recién surgida de la antigua Grecia.

 

Me quedé paralizado;

era como estar ante Ifigenia. 

Bastaba con mirarla para irse muy lejos.

 

En otra ocasión, hallándome en Pekín,

vi una cara que parecía surgida

del mejor período de la dinastía Ming.

Son como cristalizaciones

de algo que se repite en el tiempo:

 

una misma flor de almendro oscilando levemente

en una rama negra,

que aparece cada cien primaveras

como surgida de un sueño.

 

Nunca pasan desapercibidas esas caras de leyenda.

Siempre hay alguien que les hace un poema.

Yo, por ejemplo, le estoy haciendo un poema

a aquellas dos epifanías

de una belleza tan antigua como moderna,

suspendida en la zona más cristalina del tiempo.


[Publicado el 14/12/2018 a las 10:41]

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Canetti creía...

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Canetti creía que era imposible separar el poder político de la manía persecutoria y el delirio interpretativo. Insistía en ello con mucha frecuencia. Decía que no debíamos caer en falsas esperanzas a ese respecto.

 

Cada año que pasa, más le doy la razón a ese espíritu lúcido y auténtico, aunque no siempre esté de acuerdo con su visión del mundo, el poder y el deseo.

 

Ay, las fortalezas de sombra bajo las que se despliegan las cloacas por las que fluyen y fluyen y fluyen los intereses creados y los pactos sombríos hacia un río más negro que el Esepo.

 

Canetti creía que era imposible la inocencia cuando fundías tus deseos con los deseos de la masa y jugabas con las palabras como un viajante de comercio.

 

Canetti creía que la libertad solo llegaba cuando huías de la gramática de las órdenes y te convertías en un ave emigrante, amante de las verdades denudas y los misterios del alba. (La verdad emerge a las seis de la mañana, antes de que los foros se llenen de charlatanes y la vida adopte la apariencia y la esencia de una comedia bufa o de una tragedia griega).

 


 


[Publicado el 05/12/2018 a las 12:28]

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Del amor y sus relatos

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"Lo que hace que los amantes no se aburran nunca de estar juntos es que se pasan el tiempo hablando siempre de sí mismos”, dice François de La Rochefoucauld.

 

En los inicios de un amor los amantes hablan del futuro, en sus postrimerías, del pasado" dice André Maurois.

 

Dos reflexiones irónicas y acertadas que nos obligan a pensar que en el amor los relatos son tan importantes como el sexo, y ocupan más tiempo y espacio.

 

Dependiendo del argumento de esos relatos, podemos adivinar en qué fase del amor estamos.

 


[Publicado el 29/11/2018 a las 10:50]

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El símbolo de la red

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El modelo de la red, tan presente en nuestros días, es muy antiguo. Si observamos la red de los pescadores desde una perspectiva horizontal (cuando se seca al sol en los muelles) la red tiene mucho que ver con un "rizoma": un tejido horizontal e inmanente; pero si observamos la red desde una perspectiva vertical, la red se convierte en un árbol absorbente.


La red sólo es horizontal en tierra, en el agua tiende a la verticalidad oscilante y en lugar de dejarse atrapar, atrapa. No en vano, la red estuvo presente en las luchas de gladiadores, como nos ha informado sobradamente Hollywood en sus películas de romanos.


El modelo de la red es también el que articula el evangelio como misión. El hombre de Nazaret no les habla a sus discípulos de tejer, les habla de pescar almas con la red de sus palabras, que ya en la forma griega con que llegaron a nosotros incluían altas dosis de humanismo greco-latino. No debiera resultar paradójico el hecho de que, en un determinado momento, una ideología con protagonista extranjero fuese aceptada por la cultura romana. Si se trataba de un humanismo, y por lo tanto de una teoría sobre el hombre específico (o el hombre como especie y como conciencia de su espacie), lo mejor era colocar en el centro del madero a cualquiera: a un extranjero.


Julia Kristeva acierta al insistir en uno de sus libros que el cristianismo paulino fue una doctrina de extranjeros, y que fueron los extranjeros los que la difundieron por las inseguras ciudades del Mediterráneo oriental, donde la vida valía bien poco, y aún menos la de un extranjero. Para protegerse, los extranjeros fueron creando una red. Las iglesias juaninas y paulinas fueron en realidad una red, y los viajes de Pablo de Tarso son las navegaciones por una red, nunca por un tapiz. (Dicho sea todo ello desde el agnosticismo, para evitar equívocos, limitándome a referir lo que dicen otros autores agnósticos).


En toda la aldea global, nos desplazamos a través de una red. Cuando los muchachos salen a divertirse los fines de semana, no salen a un tapiz, salen a una red (y por eso practican más el trapecismo), y sin embargo tengo bastante conciencia de que, en mi adolescencia, yo salía a un tapiz, incluso a un tapiz tediosamente reconocible, tediosamente protector y punitivo.


Ahora hay menos protección, ahora hay menos tejido, aquí y en cualquier sitio, por eso ha vuelto a aparecer una vez más en nuestra historia el símbolo de la red, que fundamentalmente sirve para pescar o ser pescado, no debemos olvidarlo.



[Publicado el 25/11/2018 a las 11:23]

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Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Las abismales. Premio de novela Café Gijón (Siruela, 2019)

 

 

 

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

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