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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 23 de noviembre de 2017

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

Senilidad y simplismo

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Blind lead the blind

Cuando nos dejamos guiar por locos nos aguarda el infierno siempre y no solo algunas veces.


No bebas el agua negra de las masas guiadas por descerebrados aquejados de fiebres permanentes. Es el agua de la peste.


Evita las consignas seniles y simplistas que ciegan a los necios. El verdadero pensamiento no puede ser amigo de la senilidad y el simplismo.


Huye de los demagogos que emponzoñan la tierra con sus palabras y su heces y que crean discordia entre las gentes con sus delirios interpretativos, sus manías persecutorias y su pulsión de muerte.


Purifícate de tanta miseria. Detente un instante ante ti mismo. Si los demás corren, tú no corras. Si los demás gritan, tú no grites. Si los demás excluyen, tú no excluyas. Si los demás enloquecen tú no sigas ese sendero que solo conduce al aturdimiento de la conciencia y al grado cero del pensamiento.


[Publicado el 13/11/2017 a las 11:53]

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Asesinos de almas

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Me sorprende una noticia sobre Bin Laden. Al parecer fue en su adolescencia, visitando la casa de Shakespeare durante un cursillo que hizo para aprender inglés, cuando se dio cuenta de la decadencia de Occidente y de que nos caracterizábamos por abrazar una moral muy débil.


Uno se pregunta qué tendrá que ver William Shakespeare con la debilidad moral. El gran escritor de Stratford no se caracterizaba por su moral quebradiza. Es evidente que la moral shakesperiana es bastante poderosa. Anthony Burgess y Graham Green le acusaban de moralista pertinaz e incorregible, olvidando que ellos eran mucho más moralistas y en tiempos más modernos. Pero ya se sabe que es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno.


Volviendo a la asombrosa iluminación que tuvo Bin Laden en la casa del dramaturgo, uno tiende a pensar que la irritación del caudillo terrorista se debía al hecho de que él mismo parece un personaje de Shakespeare. Recordemos algunos malvados de sus obras y especialmente Ricardo III, aquel que en su hora más triste gritaba: “¡Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo!”. Bin Laden también hubiese dado su reino por un caballo en “su noche más oscura”. Un caballo alado para huir por la azotea de su búnquer o, ya que estamos en el campo semántico de Arabia y las mil y una matanzas, una alfombra mágica.


También pertenece al Ricardo III una frase que le gritan las almas de los hombres que ha matado: “¡Desespérate y muere!”. Qué extrañeza me producen esos seres que los textos sagrados de la India llaman aatmas: asesinos de almas. Shakespeare, que en sus cielos y sus infiernos daba cobijo a todas las dimensiones del mal y del bien, habló mucho de ellos con tétrica grandeza. Recordemos a Macbeth cuando ve que una masa de árboles se dirige hacia él. Pero resulta que los árboles eran hombres camuflados, como las sombras que cercaban a Bin Laden eran fuerzas especiales que le cosieron a balazos. No estoy haciendo una apología de esas fuerzas tan dudosas, simplemente advierto que quien a hierro mata con hierro lo taladran, aunque no siempre, muchos asesinos de almas llegarán a viejos y no se sentirán acosados como Macbeth, que vivía atormentado porque sentía gravitando a su lado “los agentes del las sombras”, como el mismo confiesa cuando la paranoia empieza a apoderarse de toda su persona.

[Publicado el 06/11/2017 a las 10:17]

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Una de las formas de la felicidad (Pensar o no pensar)

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Cuando reflexionas desnudo de juicios previos y doctrinas, con el alma flotante y a la vez segura, aparece la llave que abre las puertas de los jardines mentales y pensar se convierte en una de la formas de la felicidad.


Vivimos tiempos tan infelices porque hemos renunciado a pensar, porque hemos abolido las ideas, porque hemos envenenado el pensamiento y hemos instaurado el imperio de los juicios previos y las doctrinas.

[Publicado el 23/10/2017 a las 11:26]

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Los niños y el mal (II)

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El problema de los niños y el mal también puede verse desde otra perspectiva, que consiste en olvidarse de las implicaciones internas que los niños pueden tener con el mal, preocupándose sobre todo de las externas. Un buen ejemplo para ilustrar lo dicho es un relato de Lu Sin que leí hace tiempo, donde asistimos a la narración de un niño que cuenta la agonía de su padre, las continuas mentiras de los farmacéuticos y los médicos, podridos de magia y arcaísmos, y la ruina familiar debido a lo caros que resultaban sus inverosímiles y complicados medicamentos. Aquí no se trata de calibrar la posible maldad de un niño, se trata más bien de describir el enfrentamiento de una mente infantil a tres formas de mal absoluto: la muerte prematura del padre, que para un chino de entonces representaba la más definitiva de las desgracias, la muerte de la verdad, representada en las falacias de los médicos tradicionalistas que se negaban a aceptar los avances de la medicina occidental, y la muerte de toda una realidad familiar, representada en la ruina económica.


Los relatos que hablan de las relaciones de los niños con el mal (con el mal moral, el mal social o el mal sin más) son más interesantes que las que hablan de la presunta maldad fundamental de los niños. Desde esa perspectiva, la de la relación de la infancia con la maldad objetiva, son muy recuperables algunos relatos de Aldecoa, varias novelas de Delibes, y la película de Rossellini Alemania hora cero. Sin olvidar, claro está, una obra que las precede a todas. Me refiero a El lazarillo de Tormes, en cuyo primer capítulo vemos a un niño evolucionando en un mundo crudo y hostil, donde el mal parece incrustado hasta en el corazón mismo de la bondad.


Al postular una confrontación entre la mente infantil y el mal objetivo no pretendo sostener una postura tributaria de Rousseau, según la cual el niño representaría la blancura, frente a un mundo de negruras sucesivas que acabaría corrompiéndolo. No creo que la mente infantil sea ajena al mal, y sobre todo al mal implícito en el discurrir ordinario de la vida; simplemente creo que todo en los niños es un proyecto de lo que puede llegar a ser. El mal se va gestando y articulando en el tiempo y con el tiempo, y eso sirve hasta para Billy el Niño, como bien muestra Sender en El bandido adolescente.

 

Otro problema a añadir sería la utilización de los niños con fines espurios, obligándoles a llevar a cabo actos que les sobrepasan, como es el caso de los niños soldados. Esta clase de manipulación de la infancia se adentra ya en el ámbito de los crímenes de lesa humanidad.

[Publicado el 03/10/2017 a las 11:37]

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Los niños y el mal (I)

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Es tan común decir que los niños son inocentes como que son malvados. Ambas visiones no dejan de ser una mentira heredada, que sólo sirve para no pensar en la raíz del problema, en su misma materia. El hombre es un mamífero y bien puede decirse que todo mamífero está preparado para matar, preparado para sentir deseos de hacerlo y preparado incluso para controlar esos deseos. Dicho lo cual podemos añadir que todo mamífero está preparado para encarnar, ante el otro, el mal absoluto: la aniquilación.


En ese aspecto, el mal en un niño es siempre algo esbozado, y que ni siquiera en los casos de niños muy prematuros en la asimilación de la maldad alcanza el peso específico que puede adquirir en la edad madura, cuando la maldad está suficientemente justificada, suficientemente elaborada para desplegar todo su poder y toda su perversidad. Cuando la maldad, digámoslo así, tiene su razón de ser en el sujeto humano y ha madurado, cuando la maldad es ya un asunto trágico e imparable.


Se suele poner como ejemplo definitivo de maldad infantil los niños de Vuelta de tuerca. Pero eso sólo puede hacerlo un lector despistado o demasiado emotivo, un lector patológico, pues si hay un caso de locura en Vuelta de tuerca, abría que dirigir la mirada hacia la institutriz, y en modo alguno hacia los niños, en los que sólo vemos un esbozo de maldad, casi siempre de carácter disuasorio y como medida de autodefensa ante el mundo de locuras envolventes que les rodea.


En Vuelta de tuerca la institutriz se enamora realmente de los dos niños, se enamora hasta la locura, porque su mundo y su vida están tejidos de carencias profundas y devastadoras. Es hija de un vicario severo y toda su existencia ha estado presidida por la más radical carencia afectiva, y cae como un halcón sobre los dos niños. Pero como no puede soportar haberse enamorado profundamente de dos criaturas, empieza a atribuir a sus niños deseos y comportamientos propios de los adultos, empieza a llenarlos de insospechada maldad e insospechados deseos, en una estrategia parecida a la que puede llevar a cabo el secuestrador sexual con su víctima.


Igual es ese el problema de los niños y el mal: más importante que la maldad que se les atribuye sería su naturaleza de libros en blanco, o de libros poco escritos, donde los adultos pueden proyectar toda clase de delirios.

 https://cursoliterario.wordpress.com/

 


[Publicado el 29/9/2017 a las 13:37]

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Planetas errantes, planetas semánticos

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Los filósofos, poetas, escritores de obra sólida y unitaria, con frondosa vegetación por fuera y mucho fuego por dentro, se convierten en planetas semánticos.

 

Platón es un planeta semántico, pero también lo son Sófocles, Descartes, Nietzsche, Primo Levi (y su opuesto Junger).

 

Y también lo son Poe y Whitman

 

A veces el planeta semántico se puedo componer de una sola obra de autor incierto, por ejemplo el Tao Te King (como hermosamente se escribía antes).

 

Son planetas porque podemos ver su límite, conformado por su obra, e intuir su redondez, porque forman en sí mismos un mundo que ilumina de algún modo el mundo, porque crean su propio sistema de fuerzas, su propia divina comedia.

  

Y son además planetas trasparentes y capaces de atravesar literalmente la materia sólida. Así se van desplazando de uno a otro cerebro, y hasta de uno a otro hemisferio de la mente, esos planetas semánticos, esos planetas errantes.

 

Me han hablado de gente que se perdió en el cinturón de los planetas semánticos, que por su forma se parece al cinturón de asteroides que hay antes de llegar Júpiter, pero otros hablan del valle de los planetas semánticos, y otros, a mi entender más acertados, hablan de la dimensión de los planetas semánticos. Dicen que hay miríadas y miríadas de planetas semánticos, pero que sólo brillan con la intensidad de una estrella veinticuatro.

 

[Publicado el 21/9/2017 a las 11:53]

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Las junglas íntimas del deseo

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Christine Angot es una gran exploradora de la angustia existencial vinculada a los abusos en la infancia.


Nadie como ella ha hecho autopsias tan reveladores de las fuentes del trauma.


Nunca sale del bucle familiar, pero lo va explorando cada vez más, con insistencia atroz, travesando de parte a parte fronteras que da miedo atravesar.


Es carnal y a la vez metálica como los aparatos quirúrgicos.


Unos la creen genial, otros la desprecian.


Ella sigue adelante, examinando el pasado, colocándolo bajo un foco cuya luz divide el relato en dos territorios: a un lado la odiosa claridad, al otro las odiosas penumbras de los hechos y los ecos que dejan en la memoria.


[Publicado el 24/7/2017 a las 13:30]

[Etiquetas: Literatura francesa]

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El fin de la propiedad

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Fotograma de la película "Metrópolis"

Los especialistas en robótica e inteligencia artificial vaticinan que las máquinas destruirán, en menos de cincuenta años, el sentido de la propiedad.


Para llegar a semejante conclusión llevan a cabo el siguiente razonamiento: en el futuro todas las industrias se verán sometidas a una despiadada competitividad. Debido a ello, prácticamente toda la producción será llevada a cabo por máquinas. En esas industrias, obligadas a abaratar costes hasta el límite de lo posible, la propiedad será un precio añadido e insoportable. Lo ideal será que no tengan propietarios o que sus propietarios aspiren a muy leves beneficios. Ser propietario no será interesante, ni siquiera será viable.


También dicen que ahora mismo los ordenadores tienen el cerebro de un insecto, pero dentro de diez años ya tendrán el de un ratón, dentro de veinte el de un hombre, y dentro de cincuenta el de un dios. Ya para entonces, un solo ordenador podrá albergar en su inmensa inteligencia todo el saber de la humanidad. Podrá además procesarlo y seleccionar, según el criterio infalible que le dará su gigantesca objetividad, lo mejor y lo peor de su memoria. Esa gran mente (¿ese Gran Hermano?) tendrá el poder de resucitar a seres cuya memoria haya quedado depositada en él. Por ejemplo, a partir de las obras de un filósofo y de las imágenes que hayan quedado de él, ese Gran Hermano podría materializar literalmente a ese ser, obligándole a regresar a la vida.


El lector se preguntará si esto es una fábula o una pesadilla. Bien, son las dos cosas a la vez. Porque aquí no se está hablando de una materialización virtual, se está hablando de una materialización real.


El ordenador podrá reproducir la "unidad de carbono" que fue básicamente Jean Paul Sartre, por poner un ejemplo. De modo que Sartre podrá volver a los estudios de televisión y hasta aclarar asuntos que no quiso dejar aclarados mientras le duró la vida material.


El problema, de ser cierto lo que nos cuentan, es que ese Gran Hermano también podrá resucitar a seres profundamente malignos, de los que ha quedado mucha información visual y sonora. ¿Habrá que pensar que en el futuro ni siquiera seremos propietarios de nuestra muerte?

[Publicado el 29/5/2017 a las 11:28]

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Paradoja mortal

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En el problema de la anorexia puede haber un cierto efecto de imitación: las muchachas imitan la inquietante escualidez de las modelos. No hay que descartarlo. Pero si es así, habría que preguntarse por qué en ciertos momentos se "pone de moda" la delgadez casi cadavérica, y por qué los modistos recurren a ella. ¿Sólo por que la delgadez es mejor percha? ¿Sólo por eso? Creo que hay un cierto "lolitismo" en la imagen de la anoréxica, y supone la regresión a un cuerpo anterior al desarrollo adolescente, un regreso al cuerpo de la niñez. La anoréxica quiere volver a la niñez, y lo hace adelgazando, disminuyendo, desapareciendo: es un extraño viaje hacia atrás.


La escritora Geneviève Brisac supo como nadie hacer el retrato de una anoréxica, en parte porque ella misma padeció la enfermedad. Leyendo su novela Petite se advierte que los anoréxicos tienden a drogarse con su propia hambre, recurriendo a un saber muy antiguo: el ayuno provoca delirios, el ayuno transporta más que un narcótico. El anoréxico entra así en un proceso de narcosis del que le cuesta salir, pues le conduce a un mundo de sensaciones nuevas que le hacen sentirse diferente a los demás.


En la novela de Brisac es observable además otro fenómeno: los padres de la narradora no se dan cuentan de que tienen una hija sintiente y viviente hasta que la muchacha está a punto de desaparecer de pura delgadez. De pronto, un día, se dan cuenta de que la niña es de una delgadez extrema, y se echan las manos a la cabeza. ¿Estarán los anoréxicos pidiendo que les miren? En la narración de Brisac eso parece. La narradora de la historia empieza a ser anoréxica en un período en el que sus padres no la ven, no la observan. Involuntariamente, la niña decide desaparecer. Empieza a refugiarse en su anorexia como un autista en su autismo. Deja de comer y empieza a sentir experiencias parecidas a las que dicen sentir los místicos. El mundo se empieza a diluir, el cuerpo deja de pesar, el cuerpo flota. La experiencia se siente no sólo como una rebelión y una aniquilación, también se siente como una gravitación en el vacío. Todo lo cual para decir que nos hallamos ante un problema muy complejo, lleno de enrevesadas motivaciones; lo que podríamos llamar un verdadero laberinto emocional en el que ni es fácil entrar ni es fácil salir. Más que una enfermedad, la anorexia es una paradoja mortal.

[Publicado el 03/5/2017 a las 12:41]

[Etiquetas: Pasiones, Literatura francesa]

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El planeta Cortázar

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Juraría que fue en octubre de 1975 cuando conocí a Cortázar. Me había enterado de su dirección gracias a la información que daba de su persona la revista Triunfo, y una tarde ventosa y plomiza me dirigí a su domicilio. Me abrió la puerta de su casa Ugné Karvelis y le pregunté si estaba Julio como si fuese un amigo de toda la vida. Desconcertada, Ugné contestó que sí y me dejó pasar. Cuando vi la larga silueta de Cortázar recortándose en la penumbra del vestíbulo de su pequeño apartamento de la rue de l´Éperon por poco me desmayo.

 

A pesar de que no me conocía, Cortázar se comportó conmigo con una cordialidad exquisita, y mantuve con él una conversación dubitativa y absurda, por culpa de mi nerviosismo y mi admiración. Ya para entonces había leído casi toda su obra, pero lo ignoraba todo acerca de su vida. Nunca he sentido demasiado interés por la vida de los escritores, pero Jesús Marchamalo me está curando de esa enfermedad con sus penetrantes y sugestivas semblanzas de autores que venera y que venero. La última que acaba de aparecer adquiere la forma de un cómic, y tiene por protagonista a Cortázar.


El libro se lee sin querer, y más que un cómic parece una película. El dibujante, Marc Torices, que se dedica también a la animación, consigue trasmitir a este excepcional tebeo toda la viveza del cine. La voz en off es la de Jesús Marchamalo, que posee un estilo tremendamente acogedor y un distinguido sentido del humor que nunca resulta hiriente. La ironía sin vinagre que tanto valoraba Torrente Ballester, y que es la verdadera ironía.


A través de un prólogo fulgurante (utilizo el adjetivo que más le gustaba a Julio), donde asistimos al advenimiento del planeta Cortázar, y de dieciocho capítulos en los que se utilizan los colores de forma significativa y simbólica, como lo suele hacer el cine, nos vamos adentrando en la vida y los hechos de Julio Cortázar, de forma elíptica y al mismo tiempo precisa.

 

La lectura resulta tan envolvente como divertida, y adquiere la velocidad que suelen tener las secuencias en los sueños. Cuando lo acabas, escuchando la última música de Cortázar (la que oía cuanto estaba a punto de morir) crees haberte perdido en una alucinación bendita: la vida azarosa del autor de Rayuela y de Historia de cronopios y famas, que estuvo siempre presidida por la magia: la magia que le salía al paso y la que él mismo buscaba en su perpetuo divagar entre la realidad y el deseo, convirtiendo sus encuentros y desencuentros con las personas, los animales y las cosas en deslumbrantes y laberínticos territorios de ficción.


Cortázar, Jesús Marchamalo y Marc Torices

 

Nórdica ediciones, 2017

[Publicado el 10/4/2017 a las 10:35]

[Etiquetas: Cortázar, Literatura argentina, Marchamalo]

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Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

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