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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 24 de abril de 2019

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

Novelas, mentiras, dolores, deseos, tanteos, prisas

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"Las novelas describen las pasiones por ellas mismas, sin conciencia moral", decía Larra. Se equivocaba. La conciencia moral está presente en todas las grandes novelas, sin llegar a la exhibición evidente. Los que ven ausencia moral suelen confundir moral con moralismo y moraleja.

*

Una sociedad sin filosofía ignora que una verdad dolorosa es mejor que muchas mentiras útiles, que además siempre acaban resultando inútiles y vergonzosas.

*

"Las obras maestras siempre son tentativas afortunadas", decía George Sand con ironía, pero también con sinceridad.

*

Cuando el mal no obedece a patrones conocidos lo convertimos en una figura mítica. (Las abismales).

*

El espíritu de la alegría es mucho más sutil que el de la desdicha. Conseguir que no se evapore es la ciencia suprema de la vida.

*

La conciencia de algunas personas es inexplicable: no tienen tiempo para echarle un vistazo a algunos libros del pasado, de valor incalculable, y que no obstante pueden encontrar gratis en la red.

*

Nos condenan a tener prisa para conseguir nada. Ni siquiera tocamos aire. Ahora el cuerno de la abundancia es una máquina que solo vomita imágenes.

*

El miedo puede ser a veces una de las formas del deseo. ¿O lo es siempre? Lacan tendía a pensar que siempre, pero era un radical.

[Publicado el 23/4/2019 a las 21:48]

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Dos extranjeros en el cerco de la noche

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Tiene cara de hombre de ninguna parte, o de hombre que perdió su parte y su reino en algún lugar del pasado. Se pasea por la Gran Vía en la hora más tórrida de la noche, cuando el calor acumulado durante el día surge del asfalto y del granito como de una estufa grandiosa que caldea hasta la última esquina de la avenida. Tiene cara de estrangulado por su propio ser y de nacido de su propio sudor. Ha recorrido de parte a parte la noche del mundo, se ha sumergido en pozos profundos de dolor y de fango. Mira como un resucitado. Su mente es un territorio tan amplio como los ríos, los desiertos, las ciudades, los poblados que ha dejado atrás. Observa a los transeúntes y detecta que también ellos no están donde están, como si de pronto en Madrid todos fueran extranjeros para sí mismos y para los demás.

 

¿Tienen patria los que pasan ante él? ¿Qué patria? Una oscuridad oscilante que les cerca y que a la vez los constituye. Ellos también están de viaje sin saberlo, recorren una dimensión flotante, se miran sin mirarse, vienen de la extrañeza y hacia la extrañeza van por los caminos de la noche.

 

Un pensamiento preciso acude a él: no solo la muerte iguala a las personas, también la vida las iguala. Todos los cuerpos tienen las mismas necesidades básicas, todos respiran, todos crepitan con el mismo fuego interior, todos arden con la misma lumbre y todos sufren cuando se encuentran a medio camino entre la incertidumbre y la indecisión.

 

El extranjero se fija vagamente en las terrazas de los bares, en las que no se va a sentar, en los escaparates de las tiendas de las grandes marcas, en las caras que se reflejan en los cristales. Examina la avenida como un pájaro cansado tras una larga travesía. Su mente gravita en un presente lleno de heridas y otea el futuro con desconfianza. Su cara es la imagen de la melancolía. La luna roja le mira tras los rascacielos como una divinidad maligna.

 

Las farolas de la Gran Vía chorrean luces azules mientras los taxis circulan con sus reclamos verdes. En las dos aceras se adensan las multitudes. Son muchas soledades juntas. Forman masas, pero no forman conjuntos. Avanzan despacio, pero no se detienen, no se miran, no hablan. Son como almas ausentes.

 

Tres horas después, la avenida se habrá librado de la muchedumbre. El extranjero sigue en ella. Ya no mira los escaparates ni las terrazas vacías. Se mira a sí mismo. Entonces descubre en una bocacalle un caballo rojo. Él también parece un extranjero, y se pregunta qué puede estar haciendo allí un caballo.

 

Creyéndose víctima de una alucinación, cierra los ojos. Oye ruidos de pasos que se alejan como piedras golpeando la piel tensa de la noche. Los vuelve a abrir y el caballo ha desaparecido. La calle se le antoja más muerta sin la presencia del animal y decide buscarlo entre las sombras. No lo encuentra por ninguna parte. En la penumbra de una calleja, una cara le dirige una mirada hostil y directa. No es la cara del caballo, es la cara de la muerte o de uno de sus aliados.

 

 El extranjero regresa a la avenida: las luces marchitas, los últimos taxis de la madrugada, las puertas cerradas, las almas cerradas, el silencio y un eco que llega de muy lejos, atravesando arenales sin término y llenando su memoria de murmullos familiares que se extinguen de repente con el sonido de un claxon y los gritos de unos muchachos que le miran con distancia. En una esquina sombría vuelve a ver al caballo.

 

(Las abismales, 164-166)

 

https://elarpadebecquer.blogspot.com/

 


 




[Publicado el 13/4/2019 a las 08:35]

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La familia virtual

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Imaginemos a un hijo típico de una familia molecular. El padre y la madre pasan el día trabajando, de forma que el hijo se ve obligado a pasar largas jornadas sólo en casa. Antes de los nueve años, ese niño puede ser un sujeto relativamente bloqueado, al que no se le ha permitido el desarrollo de su "instinto" social. Ante semejante marasmo vital, le quedan dos alternativas: o dejarse llevar por la inactividad hasta convertirse en un organismo deforme y monstruoso (América está llena de esos individuos), o reaccionar buscando su salvación en el ciberespacio, que ha desencadenado ya una de las más definitivas diferencias generacionales a las que se ha visto enfrentada la modernidad.


El problema se veía venir y ha sido encubado por varias generaciones. Digamos que los hijos únicos de tantas y tantas familias triangulares de Europa, América y Asia fueron adentrándose sin saberlo en un mundo digital. Esos hijos únicos sabían que bastaba con mover un dedo para obtener la respuesta requerida. Por ejemplo, bastaba con accionar levemente este o aquel resorte de sus padres (ampliamente culpabilizados) para conseguir lo deseado, con inmediatez cibernética. Los padres, ausentes casi todo el día, se convertían en mayordomos desmedidamente diligentes en los pocos ratos en que estaban presentes: inconscientemente, estaban preparando a sus muchachos para el mundo de la instantaneidad digital.


La reproducción instantánea de lo real o de todo lo que informa acerca de lo real es un viejo sueño humano. Estaba ya implícito en la alquimia, de la que es buen ejemplo el cuento de Borges titulado La rosa de Paracelso. En ese cuento, el discípulo le pide al maestro una rosa virtual en tres dimensiones: una rosa "cibernética" que surja de las cenizas de una rosa recién quemada. Ocurre sin embargo que en la narración de Borges el maestro no atiende a la súplica del discípulo, y no le concede la rosa (a pesar de que por magia la puede conseguir de forma instantánea). Pero los padres de ahora sí que conceden esa rosa a sus hijos, en parte porque no quieren educar, y en parte porque no saben hacerlo. Ahora los padres están dispuestos a conceder a sus hijos toda clase de virtualidades y casi ninguna realidad. De todo lo cual surge una pregunta inquietante. ¿Y si viviésemos ya en un mundo de padres virtuales engendrando hijos virtuales en un mundo enteramente virtual?

[Publicado el 12/4/2019 a las 12:23]

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Hospitalidad, maldad, memoria, razón

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Carece de todo el que no se posee a sí mismo.

 

Extranjero, mi costumbre es honrar a los huéspedes", decía un personaje de Homero. Cosas de otras épocas y de otra manera de concebir la vida. En nuestro tiempo la hospitalidad es una dimensión perdida.


"Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos", susurraba Crucio Quinto. Lo mismo cabe decir de las almas.


"Llamamos destino a todo lo que limita nuestro poder", decía R.W. Emerson. Falso. Algunos tiranos, de poder ilimitado, atribuyen al destino sus excesos.

 

Pensar que nada está hecho es una exageración, pero solo relativa. Cada generación está obligada a reinventar el mundo, en cierto modo a crearlo. De no ser así, será una generación perdida. 

 

"La paciencia tiene más poder que la fuerza", decía Plutarco. Lo mismo se podría decir de la impaciencia. De hecho la fuerza necesita un ápice de impaciencia para moverse y ponerse a actuar. Siempre me ha parecido sospechosa la mitología de la paciencia, tan parecida a la de la resignación.


 La maldad humana casi nunca se presenta de manera frontal. Se agazapa en la sombra, ejecuta rodeos, es oblicua, indirecta, insistente. Como suele ir unida a la cobardía, rara vez asume la forma de la trasparencia. Lo vemos perfectamente en las obras de Shakespeare.


Ni un día sin una línea", rezaba Plinio. Qué atrocidad, es como convertir la escritura en una disciplina marcial, me digo a mí mismo con horror. Plinio tendría que ser el santo patrón de twitter.


 "La humildad es transigir con la mentira", decía Unamuno. Depende; podría ser también la forma más evidente de la corrupción.


Prueba a ser lo que dicen de ti tus enemigos y te convertirás o bien en un monstruo o bien en el tonto más irredimible de todos los tiempos.

 

La memoria es la narración fragmentaria, simbólica y evanescente de nuestras relaciones con la vida y con la muerte. Nos acordamos de los momentos dichosos, pero también de los momentos en los que estuvimos en peligro. Somos cronistas de nuestros cielos y nuestros infiernos.


La creación artística hace la vida más intensa, acentúa la dicha y la sensación de velocidad", decía Thomas Mann. Y se podría añadir: da razón a nuestra vida y vida a nuestra razón.


[Publicado el 27/3/2019 a las 13:24]

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Contrapensamientos

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Toda creación es la lucha entre una forma posible y una forma que ya existe.

 

"Imaginar es elegir", decía Jean Giono. Cierto. El problema surge cuando falta imaginación y la elección ya no es posible. La carencia de imaginación podría convertir la vida en una prisión agobiante, o en un laberinto sin salida.

 

"No me disfraces la muerte", decía un personaje de Homero. Buena propuesta. Ahora todo aparece disfrazado: la vida, la muerte, la corrupción, la avaricia, la insidia, el amor, el odio. Solo la banalidad aparece desenmascarada. Es la gran madame de nuestro carnaval.

 

"¡Ser siempre la misma!", clamaba Isabel I de Inglaterra. Eso solo lo puede decir un alma muerta. ¡Qué atrocidad, negar la mutabilidad incesante del ser!

 

"Belleza, razón, bien decir, es el mejor camino del hombre", decía Homero. Ahora hemos invertido los términos: "Fealdad, sinrazón, maldecir" es el lema de la nave de los locos en la que vamos todos.

 

"Solo instantes soporta el hombre el peso de la plenitud", decía Hölderlin, pero cabe preguntarse si alguna vez la sentimos para poder calcular su peso y el tiempo que la aguantamos. Otro problema: ¿La plenitud pesa o es tan leve e inestable que en cuanto la tocas se evapora? Hay sustancias que acusan más la fuerza de la gravedad, por ejemplo el vacío existencial. Y sin embargo, la gente de nuestra época soporta ese vacío mortal con inconsciencia, con indiferencia, con brutalidad.

[Publicado el 16/3/2019 a las 10:58]

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El vuelo de Safo

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Decía mi maestro Vidal-Naquet que las mujeres y los esclavos habían sido los héroes secretos de la antigua Grecia.


Solo los escritores (Esquilo, Sófocles, Eurípides) supieron dar voz en el teatro a los que no tenían voz en los foros, rescatándolos de las moradas del silencio.


Fascina comprobar cómo razonan las mujeres en la tragedia griega, cómo se oponen a la injusticia, la tiranía, la desfachatez, la arrogancia. Y lo hacen siempre con palabras fulminantes y ajustadas.


Son la voz clamorosa de la intrahistoria.


En la tragedia griega, representan la imagen más honda, más persuasiva y más definitiva de la humanidad. No es paradójico que tengan un papel tan señalado en la tragedia. Danzaban sobre la cuerda tensa de los más terribles conflictos, en los que se ponía en cuestionamiento su propio ser.


Parecen ángeles del abismo, lanzándose hacia un vacío de incomprensión delirante y delirante cinismo, como dicen que hizo la poeta de Lesbos en aquel acantilado donde, según la leyenda, se llevó a cabo

el

vuelo

de

Safo.

 

No me refiero a su suicidio, aunque lo parezca. Hago más bien referencia al vuelo de su lírica y su aliento. Aún nos acordamos de ella, a pesar de que solo nos quedan algunos fragmentos de su obra. Adentrémonos, con la imaginación y el deseo, en aquella noche oscura en la que Safo dijo:

 

La luna se evapora

y las Pléyades se marchan.

Es medianoche:

las horas pasan y estoy sola.


 

 

 

 

[Publicado el 08/3/2019 a las 12:58]

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El rostro (III)

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La Tour- María Magdalena

Para percibir en nuestro rostro una continuidad y una identidad, nos miramos en el espejo todos los días.

 

Esa acción, más bien involuntaria, es nuestra guía de bitácora en la navegación continua por nuestro propio ser.

 

Imaginemos lo que pasaría si, por las razones que fueran, no pudiéramos mirarnos en ningún espejo durante años...


¿Nos reconoceríamos? No enseguida. Para reconocernos, tendríamos que hacer un vertiginoso ejercicio de memoria.

 

Todo lo anterior sirve para indicar lo importante que es mirarse y mirar. Si nos atribuimos una cara, si la necesitamos para configurar el imaginario de nuestra identidad, estamos obligados a atribuirle una cara también al otro, pues de no ser así, nos quedaríamos sin los ojos que nos miran y nos diferencian.

 

El otro puede ser y es nuestro espejo. ¿Tramposo? Sí, pero no menos que el espejo de nuestra casa, si bien de diferente manera.

 

La vida es una danza de conciencias, de reflejos, de cuerpos y de espejos. Y es bueno que así sea. Sin esa danza nuestras vidas solo serían maniobras en la oscuridad.

 

 

[Publicado el 02/3/2019 a las 12:00]

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El rostro (II)

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Todo rostro es un milagro, como toda vida.

 

La vida es lo más raro dentro de una larga extensión de muerte, dentro de una larga extensión de materia sin conciencia.


Todo aquel que nace es el resultado de una vertiginosa selección desde el origen del tiempo...


y todo rostro está como unido a una cuerda cósmica. Es como un cristal chispeante dentro de un impensable juego de abalorios.

 

En el fondo, es asombroso que todo rostro deje de ser extraño al ser mirado, como si todo rostro llevara impresa en él la marca de un antiguo reconocimiento, de una antigua y reconocible esencia de humanidad.


[Publicado el 19/2/2019 a las 10:23]

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El rostro (1)

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Todo aquel que le niega al otro el derecho a tener cara está ejerciendo la más despiadada exclusión: la misma que ejercen los enemigos en el campo de batalla.


Por definición, todo enemigo es un ser sin rostro, pues si de verdad lo tuviera, ni sería enemigo, ni resultaría tan fácil combatir contra él.


Todo rostro es un ideograma viviente, un paisaje nunca antes visto, una unidad nunca antes configurada, un guarismo de la vida, único y distinto.


Todo rostro es un destino, un sentido y una llama que brilla y evoluciona en medio de la vasta oscuridad.


[Publicado el 08/2/2019 a las 10:10]

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Visión de la extrañeza (3) Proyecto de novela minimalista

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Sin

comentarios,

sin

personajes claros,

sin

diálogos,

pero

con un argumento

bien

explícito.

          Pon tú mismo el título 

                           a esta novela de misterio

con millones de peces muertos

y un silencio

denso y primitivo.

 

 (La muerte masiva

nos invita a proyectarnos

en un tiempo anterior al murmullo fascinante de la vida). 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

[Publicado el 29/1/2019 a las 11:15]

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Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Las abismales. Premio de novela Café Gijón (Siruela, 2019)

 

 

 

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

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