IV. Dictadores de mala memoria
Hoy, cuando vemos al general Videla, el dictador de Argentina, sentado en el banquillo de los acusados, juzgado por sus crímenes, parece un anciano inofensivo que aún no acaba de entender lo que le está pasando, como no lo entendió el general Pinochet, el dictador de Chile, cuando vestido de lord inglés recibió en Londres la notificación de que era un reo sujeto a un proceso de extradición.
Y Mubarak, ¿pensó alguna vez que también sería borrado de la foto? No lo pensó, con seguridad. La gente, entusiasta y enardecida, desgarró por todo El Cairo los gigantescos afiches con su efigie, de modo que en las tomas de televisión podemos ver unas veces que sólo le queda la mitad de la cara, o sólo un ojo, o sólo la frente, mientras las manos vindicativas progresan en su implacable tarea hasta hacer desaparecer su rostro para siempre.
Otro dictador de mala memoria, que olvida lo que los pueblos siempre recuerdan.
[Publicado el 25/2/2011 a las 09:00]
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Sin embargo, la foto comenzará a despoblarse más rápido de lo que cualquiera pudiera imaginarse, y el primero en hacer mutis por el foro es Somoza, balaceado dos meses después en Nicaragua, y quien, cosas del destino, regresará de nuevo a Panamá en un avión enviado diligentemente por Eisenhower, sólo para morir en el hospital Gorgas de la Zona del Canal; pero logra heredar el poder a sus hijos. A los pocos días, el general Magloire huye de Haití entre huelgas y protestas callejeras, para nada bueno sin embargo, pues quien lo sustituirá es no otro que Papa Doc, François Duvalier.
En mayo de 1957 se derrumba la dictadura de Rojas Pinilla, anunciada por una rechifla que cae como un coro admonitorio sobre su hija Eugenia y su marido en la plaza de toros de Bogotá. Y justo al año de haberse celebrado la cumbre, en julio de 1957, el dictador Castillo Armas es asesinado en Guatemala por un miembro de su guardia personal. Pérez Jiménez saldrá huyendo de Caracas en 1958, en medio del júbilo popular, y al terminar el año de 1959 también saldrá huyendo Batista de La Habana, a buscar refugio en la República Dominicana donde Trujillo, que ya ha recibido también al derrocado general Juan Domingo Perón, dictador de Argentina, sucumbirá también a las balas en 1961.
[Publicado el 22/2/2011 a las 09:00]
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Allí aparece sentado a la mesa de la cumbre, precisamente, el coronel Carlos Castillo Armas, ahora dictador de Guatemala, sustituto de Arbenz. Uno contempla esa foto, y todo aquello parece un parque zoológico. Está Anastasio Somoza García, dictador de Nicaragua. Y Fulgencio Batista, dictador de Cuba. Héctor Bienvenido Trujillo, hermano del Generalísimo Rafael Trujillo, quien suele prestarle la presidencia decorativa de la República Dominicana como deber fraternal, y está también su vecino, el general Paul Magloire, dictador de Haití. Está el general Gustavo Rojas Pinilla, dictador de Colombia, y sentado a su lado el general Marcos Evangelista Pérez Jiménez, el dictador petrolero de Venezuela. En fin, hay más, pero la lista se hace demasiado larga.
[Publicado el 18/2/2011 a las 09:00]
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Las preguntas que pueden plantearse sobre el tema son atractivas, además de fundamentales. ¿Hemos avanzado lo suficiente en el camino hacia la conquista de la democracia como sistema de vida, sin vuelta atrás? ¿Será el siglo veintiuno el siglo de la consolidación democrática? ¿Tenemos todos, gobiernos y ciudadanos, una sola visión de la democracia? ¿Ha desaparecido el caudillismo que desprecia las reglas constitucionales y el orden legal, o por el contrario, sobrevive como un fantasma del viejo pasado?
Que ha habido progresos, fue algo en lo que los tres panelistas estuvimos de acuerdo. Quienes quieren quedarse para siempre en el poder, acomodando a su antojo las leyes, y despreciando y manipulando la Constitución, no son la regla, sino la excepción, y son los que sin duda están expuestos a los vientos de cambio que hoy día soplan con inusitada fuerza desde oriente, esas rebeliones ciudadanas que llenan las plazas y no cesan sus airadas protestas, día tras día, noche tras noche, hasta que el tirano que se cree eterno tiene que marcharse por la puerta de la cocina, huyendo de las iras populares.
[Publicado el 16/2/2011 a las 09:00]
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IV. A ninguno perdonó la historia
A pesar de la salvaje represión, y con las cárceles llenas de presos políticos, cuando Somoza intentaba pronunciar su discurso, la rechifla y los gritos de protesta, exigiendo su renuncia, lo obligaron a bajar de la tribuna. Parecía llegado su fin, pero logró maniobrar, y se salvó. Todavía la quedaban más ardides que ejecutar para mantenerse en el poder, golpes de estado, y pactos políticos con reparticiones de cargos y curules, hasta que las balas de un poeta, Rigoberto López Pérez, acabaron para siempre con sus ambiciones el 21 de septiembre de 1956. No obstante, logró heredar el poder a sus hijos, y ya sabemos el resto de la historia.
El general Ubico murió en su exilio de Nueva Orleans en 1946. El general Carías murió de viejo en su cama en Tegucigalpa, a los 94 años de edad, en 1969. Igual que Somoza, el general Hernández Martínez no tuvo la suerte de una muerte apacible. Tenía 84 años cuando en 1966 su chofer Cipriano Morales lo asesinó de 17 puñaladas en el comedor de su vivienda del poblado rural de Jamastrán en Honduras, donde vivía exiliado.
Dictadores en cadena, a ninguno de ellos los perdonó la historia.
[Publicado el 11/2/2011 a las 09:00]
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III. No hay tiranos para siempre
La onda expansiva alcanzó de inmediato a Guatemala, y el siguiente fue Ubico. Las olas de manifestantes invadían las calles día tras día, enfrentándose a la policía, hasta que una maestra fue asesinada por las balas de las fuerzas represoras, y aquel hecho multiplicó las protestas, con lo que el dictador tuvo que renunciar el 1 de julio, para irse al exilio en Estados Unidos. Así se abrió un período democrático de diez años en Guatemala, que duró hasta el año de 1954, cuando fue derrocado el general Jacobo Arbenz, presidente constitucional.
Las demostraciones populares contra Carías empezaron en mayo en Honduras y alcanzaron su clímax en julio, pero pudo más entonces la represión militar ordenada por el tirano, que dejó muertos y heridos, y logró sobrevivir. Sin embargo, su suerte estaba echada, y tuvo que apartarse de la presidencia al final de su período en 1948, para dejar en su lugar a un peón suyo, Juan Manuel Gálvez, abogado de la United Fruit.
[Publicado el 09/2/2011 a las 09:00]
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Esta colección era de marca mayor: el general Maximiliano Hernández Martínez, presidente de El Salvador, que había ordenado la matanza de miles de indígenas en Izalco en 1932; teósofo, curandero y quiromante, tenía ya trece años en el gobierno, reelecto siempre en comicios en los que aparecía como candidato único. El general Jorge Ubico, presidente de Guatemala, con los mismos años de permanencia en el poder que su par de El Salvador, tanto se creía la reencarnación de Napoleón Bonaparte que se vestía y se peinaba como él. El general Tiburcio Carías Andino, presidente de Honduras, a la que gobernó desde 1932 como su propia hacienda; maestro de escuela, abogado, y militar, había ideado una silla eléctrica de voltaje moderado para sentar en ella a los prisioneros políticos remisos a declarar sus culpas contra el régimen. Y la cuarta perla de ese collar, el general Anastasio Somoza García, impuesto en el poder en Nicaragua por las tropas de intervención de Estados Unidos en 1934, el más marrullero de todos.
[Publicado el 04/2/2011 a las 09:30]
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La dictadura de Hosni Mubarak en Egipto, que ya dura treinta años, es la siguiente en la lista. El ejército ha sacado sus tanques a la calle, pero rodeados por la multitud parecen bestias inofensivas. Los prisioneros políticos huyen de las cárceles que se quedan vacías hasta de guardianes. Un joven manifestante dice frente a las cámaras de la televisión en la plaza Tahrir de El Cairo: "Si mi abuela y mis tías están aquí, ¿Por qué no iba estar yo?". Cuando las abuelas se deciden, ya todo el mundo perdió el miedo.
Arden las efigies gigantescas del anciano Mubarak colocadas en plazas y avenidas. Pero también ha ardido en El Cairo, incendiado por los manifestantes, el imponente edificio que sirve de sede al Partido Nacional Democrático, el partido oficial, y prácticamente el único legal en Egipto. Es el destino final de los partidos que obligan a todos los ciudadanos a llevar un carnet en el bolsillo, arder alguna vez. Las fichas de afiliación terminan consumidas por las llamas, y los carnets van a dar a la basura.
[Publicado el 03/2/2011 a las 09:52]
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IV. Un sombrero lleno de conejos
A la luz de los reflectores que lo siguen con su luz blanca, el mago va a hasta los curules de la oposición, toma de las orejas a los conejos vociferantes e intransigentes, algunos de ellos verdaderamente rabiosos, regresa al escenario, los introduce dentro de la chistera, y cuando vuelve a meter la mano lo que saca son conejos risueños y complacientes, dóciles a más no poder, tanto que en lugar de conejos podríamos hablar más de bien de palomas. Pero dejémoslos mejor en su naturaleza de conejos, que son los que mejor se prestan a los experimentos científicos.
Porque aunque se trata aparentemente de un acto de magia, ya sabemos que los magos dependen de la ciencia con que manejan sus trucos, y las conversiones políticas de esta naturaleza siempre tienen trasfondos, resortes, palancas, y recovecos. ¿Cómo personas de cerrada reputación de derecha, que juraban hasta hace poco enemistad eterna al sandinismo en el poder, que fueron dirigentes de la contrarrevolución en los años ochenta, confiscados unos, exiliados otros, hoy se muestran convencidos de que el comandante Ortega, desde su estatura de líder preclaro, es el faro que ilumina con sus rayos potentes el destino de la nación?
Para alivianar el misterio, quizás sea mejor recurrir a la sabiduría siempre presente de don Quijote, que en su célebre discurso sobre las Armas y las Letras declara: "los hemos visto mandar y gobernar el mundo desde una silla, trocada su hambre en hartura, su frío en refrigerio, su desnudez en galas, y su dormir en una estera, en reposar en holandas y damascos...". ¿De dónde tela, si no hay araña? Preguntaría algún chusco.
Y allí estaría el buen Sancho Panza para responderle: "que no falte ungüento para untar a todos...porque si no están untados gruñen más que carretas de bueyes".
[Publicado el 26/1/2011 a las 09:00]
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Redentores sordomudos que firman decretos frente a las sillas vacías, una nueva técnica del golpe de estado, arte éste que conoce infinitas variantes, tantas como la viciada imaginación del poder absoluto quiera. Ya lo habíamos visto antes, cuando fue electo alcalde de Caracas alguien que al Gran Orador no le gustaba. Lo despojó de sus funciones, también de un plumazo, o de un sablazo, y nombró por encima de él a un funcionario de facto que las asumió todas.
Ahora veamos a la democracia, desvestida y vuelta a vestir de falsos ropajes, recorrer la pasarela que termina frente al estrado del mago. El mago prestidigitador que en lugar de vaciar las sillas, transforma a sus ocupantes con actos de ilusionismo, cambiándolos de sustancia. Para presenciar un acto semejante, tenemos que cambiar de teatro, y de escenario. Al instalarse la Asamblea Nacional de Nicaragua en enero de 2007, el partido del presidente Daniel Ortega tenía 38 asientos de un total de 90, de acuerdo a los resultados electorales, muy lejos de la mayoría absoluta; hoy, sus artes de prestidigitación han elevado ese número a 52, al menos.
[Publicado el 21/1/2011 a las 09:00]
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Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011).
Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.
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