El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 10 de febrero de 2012

 Blog de Sergio Ramírez

Un solo puño

No pocos de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que declararon la inconstitucionalidad de la Constitución actuaron de todas maneras ilegalmente, ilegalidad sobre ilegalidad, pues el período para el que fueron electos por la Asamblea Nacional había expirado. Ortega subsanó la dificultad emitiendo un decreto que prolonga de manera indefinida la permanencia de los miembros de todos los organismos colegiados, despojando así a la Asamblea Nacional de la potestad exclusiva que le da en ese asunto el artículo 138 de la Constitución.

            Bajo la concentración de poder en el puño de un caudillo que pretende reelegirse sin término, una elección tras otra, la alternancia política lograda a partir del año 1990 se ve seriamente menoscabada, y lo que tenemos de frente es la instauración a largo plazo de un modelo antidemocrático tradicional, por mucho que se envuelva en una retórica populista de izquierda que denuesta al imperialismo y la burguesía. El nuevo caudillo parte del supuesto de que la Constitución y las leyes deben acomodarse a los fines últimos que su proyecto de poder persigue, y si no es posible conseguir este acomodo, no importa pasarles por encima. Es su proyecto de socialismo del siglo veintiuno.

            La convivencia del estado de derecho con un proyecto personal,  familiar, y partidario, no es posible, y como la separación de poderes es consustancial al estado de derecho, esta separación tampoco es posible. Es lo que el caudillismo ha representado siempre en Nicaragua, porque las instituciones se convierten en mamparas empobrecidas que funcionan gracias a la lealtad incondicional al caudillo. Es una mezcla de fidelidad personal e ideológica, y también de clientelismo, y parasitismo, porque magistrados, diputados, y demás funcionarios, no pueden verse fuera del presupuesto del estado ni de los beneficios, canonjías  y negocios personales que sus cargos deparan.

[Publicado el 01/4/2011 a las 09:00]

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Caudillos va, caudillos vienen

A lo largo de la historia de Nicaragua, desde el momento de la independencia proclamada en 1821, el caudillismo se ha impuesto de manera recurrente, siempre triunfante sobre las instituciones que nunca han encontrado la fortaleza suficiente para dominar las voluntades autoritarias.

            Caudillos conservadores, caudillos liberales, ahora caudillos populistas, con breves respiros de gobiernos democráticos, generalmente débiles, cubren casi doscientos años de vida independiente, entre violaciones flagrantes a la Constitución Política  para facilitar la reelección del autócrata de turno. Una tendencia viciosa que ha traspasado ya la frontera del nuevo milenio en desprecio de toda modernidad.

            El artículo 147 de la Constitución de Nicaragua prohíbe de manera tajante la reelección después de dos períodos alternos, pero eso no detiene al presidente Daniel Ortega. Ya se ha inscrito como candidato para las elecciones del mes de noviembre de este año, amparado en una sentencia espuria e ilegal de una Corte Suprema de Justicia dominada por él. Esa corte ha determinado que la prohibición de la reelección no vale, y por consecuencia de esta brujería jurídica, la Constitución Política de Nicaragua se ha vuelto inconstitucional.

            El comandante Tomás Borge, al proclamar a Ortega como candidato en el congreso del FSLN, dijo: "la revolución es fuente de derecho y sus posiciones son legítimas y justas más allá de lo formal y lo concreto. Si estamos en una revolución, debemos seguir... por eso la determinación del máximo órgano de este país  (la Constitución) es injusta... la máxima legitimidad la tiene la voluntad popular". Bajo este dictum, el sistema jurídico queda en escombros.

[Publicado el 30/3/2011 a las 09:00]

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IV. Historias de desterrados

Es el poder de los sátrapas que mantienen las salas de tortura en los sótanos de sus propios palacios presidenciales, o a las prisioneros metidos al lado de las fieras en las jaulas de su jardines zoológicos privados, como hacía Anastasio Somoza;  el poder de las satrapías militares científicas de la segunda mitad del siglo veinte, que practicaban la doctrina de la seguridad nacional persiguiendo sin tregua al enemigo interno, que eran los jóvenes, miles en las listas de desaparecidos, niños arrancados del vientre de sus madres antes de ser asesinadas para ser dados en adopción. Todo eso ha sido novelable y lo sigue siendo. Está en la sustancia de nuestra realidad, y de nuestra literatura, y entre ambas se crea una frontera dichosamente difusa.

            Pero está también el poder de las grandes desigualdades económicas que empuja al exilio a miles de espaldas mojadas, los que traen en sus bocas la lengua mojada, porque estas emigraciones en busca del sueño americano no son sino exilios. Y está el poder del narcotráfico, que asesina todos los días y desmiembra familias, corrompe y compra jueces, fiscales y policías, y aún políticos, y financia campañas electorales. Todo esto ha sido novelable y lo sigue siendo, y la novela latinoamericana no puede desprenderse de esta piel en cualquier lengua y desde cualquier lugar que se la escriba.

            Los escritores más jóvenes siguen aferrados a los viejos temas de la historia pública porque esos temas son fantasmas que no pueden desterrar de la memoria que han heredado, una textura que va más allá de la lengua en que se expresen. Son, al fin y al cabo, historias de desterrados, las que todo el que se va lleva consigo al exilio, en su memoria y en su lengua. Pero sólo quien recibe la gracia de la escritura puede expresar la historia, o su historia, en las palabras.

[Publicado el 25/3/2011 a las 09:00]

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III. El pasado y la historia también emigran

Seguramente Junot Diaz, que ganó con esta novela el afamado Premio Pulitzer, sería de todas maneras un excelente escritor si hubiera olvidado ese pasado dominicano, pero lo que estoy juzgando es una novela suya escrita en clave latinoamericana, que cuenta la historia de una familia bajo el peso del terror de la dictadura del Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, y que entra en disputa con La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa para narrar el trujillato.

            Trasplantado a su inglés híbrido, se hace cargo de la historia de su país, y no abandona la sustancia imaginativa latinoamericana que nunca deja de traslapar la historia pública, siempre preñada de excesos y anormalidades, con las historias privadas, porque las dictaduras, los exilios, son factores del destino que alteran las vidas privadas, y el novelista, entre nosotros, siempre está allí para servir de cronista desapasionado de las maneras en que las vidas privadas se transforman bajo ese peso que bien podemos llamar destino, o llamar poder.

             ¿Qué poder es ése? El poder de las viejas dictaduras, de los caudillos vestidos de generales napoleónicos, sin olvidar el tricornio emplumado, y que se proclaman sin sonrojo padres de la patria, o rebautizan a las capitales con su propio nombre, como Trujillo, que ordenó que Santo Domingo se llamara Ciudad Trujillo.

[Publicado el 23/3/2011 a las 09:00]

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IV. Dioses de opereta

Estos dioses de opereta, a pesar de sus poderes omniscientes no son capaces de enterarse de su propia decrepitud, ni saben escuchar los cuchicheos que se multiplican tras puertas y paredes y que luego se convierten en alaridos de rabia y de rechazo cuando se llena las plazas.

            Un dios recostado en una blanda nube, en un cielo azul y sereno sin inquietudes ni tormentas. Tras hallarse en la lista internacional de los terroristas más buscados, se había reconciliado con occidente, que le perdonó la explosión del avión de la Panamerican en vuelo sobre Escocia en 1988, responsabilidad suya, como lo ha reconocido su propio ministro de Justicia, Abdel Jeleil, que ahora ha dimitido.

            Las llaves del petróleo y del gas las tenía abiertas hacia el otro lado del Mediterráneo. Reyes y jefes de estado lo recibían con pompa. Su megalomanía y sus excentricidades eran pasadas por alto. Sus cuentas rebosaban los bancos en Estados Unidos y Europa.

            ¿Por qué ahora? ¿Por qué a mí?, debe preguntarse. Y lo peor es que, declarado apóstata por los teólogos islámicos, no puede aspirar al título sagrado de shaheed (mártir), y por tanto la está negado el paraíso. Un dios sin paraíso. Vaya contradicción tan extravagante.

[Publicado el 18/3/2011 a las 09:00]

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II. Una lengua que se mezcla

Una lengua que se mezcla. Es lo que resulta en la novela de Junot Diaz (1968), hijo de emigrantes dominicanos, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (La maravillosa vida breve de Oscar Wao). Escrita en inglés, no puede explicarse sin las constantes inserciones del español oral caribeño. ¿Cuántos españoles dominicanos habrá, en todo caso, en Estados Unidos? El de Newark, el de Manhattan, el de Providence, el de Miami.

            Es una novela escrita en un nuevo inglés, un inglés distinto, que no es fácil de traducir. Las complejidades que presenta a la hora de trasvasarla al español no son pocas, la primera de ellas, que el sistema nervioso de la novela, el que crea las sensaciones, se halla en el español oral que reproduce, y que sólo tienen sentido al lado del texto narrativo en inglés; porque si no, todo el texto en español, el original más el traducido, pierde su sustancia al anularse las diferencias verbales.

            Pero este lenguaje híbrido, o mixto, no es sino una consecuencia cultural que nos enseña el mundo de donde proviene la novela. La novela proviene de la emigración, y toda emigración no sólo deja atrás una historia nacional, sino que la trae consigo, en la memoria y en los sentimientos de la familia. La familia, como protagonista, es un distintivo de la literatura latinoamericana, de lo que resulta siempre una saga. Somos cronistas del pasado, y de los sucesos públicos que ensombrecen ese pasado, en cualquier idioma que escribamos.

[Publicado el 18/3/2011 a las 09:00]

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III. Los dioses vencidos

Anastasio Somoza, poco antes de huir a Miami con su familia y sus más íntimos allegados en julio de 1979, llenó de gente una plaza de Managua, empleados públicos y campesinos acarreados en camiones del estado, en sus manos, por igual, fotografías suyas de cuando era joven y esbelto, y no la caricatura envejecida en que también se había convertido. La gente en la plaza gritaba ¡no te vas te quedás, no te vas te quedás!, mientras él, en la tribuna, saludaba con los brazos en alto detrás de una mampara de vidrio a prueba de balas. Sólo conservaba Managua, la capital, o partes de ella. Las ciudades más importantes del país estaban ya en manos de los rebeldes, como ahora en Libia. Aquellos gritos ya no servían de nada. No se quedaba, se iba, Ya se estaba yendo.

            Había bombardeado las ciudades y los barrios insurreccionados de Managua con aviones artillados con cohetes, y cuando se le acabaron las bombas, con barriles de quinientas libras rellenos de dinamita. Se fue, dejando una estela de sangre, más de veinte mil muertos. Y siempre repitió, hasta el último momento, que quienes buscaban derrocarlo, quitarle el trono, el cetro y la corona al dios vivo que él era, no eran sino terroristas, drogadictos, fanáticos, a los que también había que cazar casa por casa. Viejas palabras del repertorio de los dioses vencidos.

[Publicado el 16/3/2011 a las 09:00]

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I. Literatura más allá de la frontera

Que una generación tras otra de escritores latinoamericanos trasplantados a Estados Unidos se manifieste en español con vivacidad creativa, es una prueba de que la literatura castellana será cada vez más ubicua, no sólo en cuanto a escenarios, sino en cuanto a la lengua misma. Un castellano de las Islas Canarias, o de La Patagonia, y otro de San Pedro de Macorís, o de San Juan de Puerto Rico, o de San Cristóbal Las Casas, o de Castilla La Mancha; y también un español literario de Atlanta, de Los Ángeles, o de Brooklyn.

            Pero al otro lado del espejo, hay otros que desde sus raíces latinas escriben en inglés, como Rosario Ferrer, Julia Álvarez, Sandra Cisneros, Oscar Hijuelos, Junot Diaz, Daniel Alarcón. El fenómeno de la emigración es complejo, y siempre enriquecedor. Se puede cambiar de lengua para escribir, sin abandonar la historia propia y la historia nacional, y sin abandonar del todo la lengua de origen, que queda mezclada con la nueva.

            Es la lengua dinámica del emigrante niño que escucha hablar en su casa el español, y en la calle el inglés, y entonces lo que va a dar a la escritura literaria es una mixtura, una amalgama verbal que significa la creación de un nuevo lenguaje que no hace sino reflejar la experiencia diaria, que es una experiencia oral transmutada en experiencia escrita, y que, por tanto, no puede dejar de ser literaria.

[Publicado el 16/3/2011 a las 09:00]

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II. Los dioses provisionales

Este otro dios, cercado en su fortaleza de Bab el Zizia, y que gusta de los disfraces, arropado en vestiduras de beduino, o vestido de mariscal de charreteras doradas y vistoso quepis, debe ya tener dudas serias sobre su propia inmortalidad, en la medida en que su poder se resquebraja como un decorado comido de manera implacable por la polilla de la animadversión popular, que termina trocándose en furia.

            Los dioses provisionales suelen fabricar sus propios escenarios. El coronel Kadafi se asoma al borde de un muro rodeado de sus Guardianes de la Revolución, los mismos que matan a mansalva en las calles de Trípoli a todos los que ya no creen en el dios verde,  para contemplar a sus partidarios, que han sido congregados allí para gritar vítores, para ensalzarlo, portando muchos de ellos sus retratos de cuando era joven, fabricados en serie. ¿Se asoma para darse confianza, para reforzarse en su idea de permanencia para siempre en el poder, o para despedirse, porque el estrépito de los decorados que se derrumban llega desde toda Libia, desde Sirte, desde Bengasi, desde Tobruk?

            El dios envejecido, que se deforma en caricatura, la cara rellena de botox, y que lanza sus legiones de helicópteros Apache sobre la población civil indefensa como castigo de los cielos, el rayo que sale de su mano y que calcina y mata, juega su último juego, el del amor de su pueblo, el de la devoción imperecedera de sus criaturas. 

[Publicado el 04/3/2011 a las 09:00]

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I. Los dioses ya no están de moda

Un exaltado reportero de la cadena Telesur, que transmitía desde la Plaza Verde en Trípoli, donde se concentraban partidarios del coronel Kadafi, no se cansaba de repetir lo que alguno de los manifestantes le había dicho, que el gran líder perpetuo de la Yamahiria era un padre para todos los libios, y más que un padre, un dios. El joven reportero insistía en eso de que Kadafi era como un dios una y otra vez, con verdadero entusiasmo.

            ¿El dictador como un dios? No se trata de nada nuevo. Los césares de la Roma imperial eran elevados a los altares cuando habían muerto, si tenían suerte de que se memoria llegara a ser reverenciada. Pero el dictador como dios vivo, no deja de ser una novedad. El dios represivo y vengador que todo lo puede contra sus criaturas, y que desde una pantalla de televisión ordena cazar como ratas a los réprobos de su fe, mientras muestra las tablas de la ley forradas en color verde, su propia ley, que manda que quien desobedece a dios, encarnado en él mismo, debe pagarlo con la vida.

            La idea que este dictador, el Mahdí, el caudillo,  tiene de sí mismo como dios, y que a través de los aparatos de propaganda la inculca en las mentes de sus más enardecidos partidarios, tiene que ver con la idea de la inmortalidad. Se está en el poder para siempre, y eso descarta la idea de la muerte. Cuando Oriana Fallaci entrevistó en 1972 al rey Haile Selassie, León de Judá, Potencia de la Trinidad, Rey de Reyes, en el palacio de Gebhi en Addis Abeba, y le preguntó al final qué pensaba de la muerte, el soberano inmortal, que no comprendía la pregunta porque no comprendía lo que era la muerte, se indignó al grado de echar por la fuerza a la periodista del palacio.

[Publicado el 02/3/2011 a las 12:48]

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011).

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

 


Bibliografía

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