El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 12 de mayo de 2008
II. Amor sin muros ni acomodos
El niño que habita las páginas de El olvido que seremos despierta a la vida profesando amor ciego al padre, que se llama Héctor como él. El padre llena todos los espacios, y el niño va creciendo con la infaltable necesidad de sentirse cerca, sino pegado, a esa presencia que anula todo lo demás. Es un amor que se hizo durante la infancia, y desde entonces se volvió inconmovible, la infancia reflejada en ese "espejo opaco y vuelto añicos" de los recuerdos, hecha no de líneas cuando llega a la memoria, sino de sobresaltos.
Y es tal ese amor sin muros ni acomodos, que igual seguiría golpeando en el recuerdo del hijo si el padre hubiera muerto tranquilamente de vejez en su cama. Pero no sería el héroe. El caso es que el padre que llena las páginas de este libro, línea a línea, fue ultimado a tiros por unos sicarios bajo paga en una calle de Medellín, y aunque eso no cambia el destino del amor profeso, lo ilumina con una aura de dramatismo que viene a ser tan grande como el aura de ese mismo amor transformado en palabras.
Por tanto, no se trata de un padre cualquiera, sino de un idealista de esos a quienes la pureza de su credo y de sus intenciones hace que desprecie los peligros que, por culpa de su conducta, van cercándolo todos los días, hasta convertirlo en una víctima más pero que es, de todas maneras, una víctima única.
[Publicado el 04/3/2008 a las 07:00]
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Cuando se hace la pregunta, generalmente fallida, acerca de los propósitos de la literatura, las respuestas vienen a ser también fallidas, como consecuencia. Hay tantas preguntas y respuestas como hay escritores y lectores, pero eso mismo facilita los encuentros únicos que alguna vez se dan entre ambos, lector y escritor, y que significan una doble revelación del milagro, una doble epifanía. Es decir, la irisada y temblorosa presencia de lo sobrenatural. Siento que Héctor Abad Faciolince ha escrito su memoria de la vida y muerte de su padre, El olvido que seremos, (Seix Barral, Barcelona, 2007) para conmoverme a mí, entre todos los mortales y lo ha logrado a plenitud.
Al cerrar el libro, con el alma llena de emoción, uno se pregunta si la literatura de los excesos funciona o no, y también me digo que sí. Es un libro que desborda de amor confeso, un amor impúdico del que el lector tampoco se avergonzaría. Y también aceptaría la terrible dádiva de tener por padre a un ser amoroso que un día será asesinado, sabiendo, sin poder evitarlo, que su herencia será de dolor. El héroe personal que cae abatido para cumplir su destino de héroe, tal como impone la secuencia inquebrantable de toda saga, ya definida por Joseph Campbell: el héroe se purifica, cumple sus hazañas, y cae. No hay heroísmo perdurable sin caída.
[Publicado el 03/3/2008 a las 12:11]
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Federico García Lorca (segundo por la derecha), presentando a Pedro Salinas (centro) ante Eduardo Ugarte y otros componentes de la Barraca, grupo teatral que formó el poeta y dramaturgo granadino.
Bardem ha traído a los cómicos desde la penumbra del anonimato, una ralea de sombras despreciadas por los dueños del éxito fulgurante, en las tablas y en los negocios, o en la política, el éxito de quienes hablan siempre como primeras estrellas. Los cómicos ambulantes del teatro La Barraca de García Lorca, llevando el teatro por los pueblos de España durante los años efímeros de la república, subieron con Bardem al escenario del teatro Kodak. La dignidad y el orgullo del oficio representados por un actor entero, que ha podido superar esa triste barrera invisible que Hollywood ha colocado desde siempre delante de los actores hispanos, para limitarlos a papeles pintorescos en los que reina el color local. El membrete fatal del "latin lover", que encasilla y frustra cualquier pretensión de universalidad, la vieja marca comercial de Valentino, y de la que apenas pudo zafarse Raúl Juliá.
Ahora la palabra cómico tendrá un nuevo sentido, o nada más recuperará su viejo sentido, el de una dedicación en la que se pone de por medio la vida, y que podemos extender a todos los que de alguna manera suben a los escenarios, con máscara o sin ella. Actores, bailarines, recitadores, ilusionistas, y por qué no, los escritores, que juegan al malabar con las palabras, y engañan con ellas y trastocan la realidad con ellas.
[Publicado el 29/2/2008 a las 07:00]
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Bardem recoge el Oscar al mejor actor.
Cuando Javier Bardem ha dedicado a los cómicos el Óscar ganado por su actuación en No es país para viejos, no ha cumplido con una de esas fórmulas simplonas y de sentimentalismo casero que tantas veces escuchamos de quienes agradecen desde el escenario a papá y mamá y al cónyuge por haberles ayudado a conquistar la estatuilla, leyendo de un papelito listo en el bolsillo por si acaso. "Mamá, esto va para ti, por los abuelos Rafael y Matilde. Va por los cómicos de España que llevaron la dignidad y el orgullo a nuestro oficio", tiene un sentido mucho más hondo que una fórmula de cortesía de esas que ya nadie recordará minutos más tarde.
Los cómicos de que habla Bardem son los que viajaban en los carromatos atestados de utilería y de disfraces y entraban en los patios de los castillos para erigir sus tinglados, e irrumpen a veces en las piezas de Shakespeare, como aquellos a quienes convoca Hamlet para que representen delante de su tío y de su madre el crimen de parricidio de que son culpables.
Son los cómicos que anduvieron por los caminos de España en el siglo de oro, los cómicos de la legua que representaban sus autos y comedias en los atrios y en los corrales, los mismos de los retablos de Cervantes, y los mismos de la Comedia del Arte de Italia, toda una estirpe de augusta tradición, la de los teatros de barriada y la de los circos de Bergman y Fellini.
[Publicado el 28/2/2008 a las 07:00]
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La inyección que quita la vida a quienes son amarrados a la camilla con las correas de cuero, está compuesto de tiopenthal, bromuro de pancuronio, y cloruro de potasio, según la fórmula oficial guatemalteca. Un cuarto de hora antes, el reo recibe una inyección previa que contiene un relajante muscular, cuya función es dejarlo inconsciente, con lo que de verdad comienza su proceso de morir. Con el sueño, se despide del mundo. Pero no siempre todo es tan efectivo, y ya se ha escrito mucho sobre las deficiencias de estos procesos, que vuelven terrible la agonía.
Se puede seguir hablando mucho, como desde hace ya tiempo, del horror que significa la pena de muerte, y de la violencia contra los derechos humanos que las ejecuciones oficiales representan. Pero en Guatemala, el cadalso no parece ser impopular, si uno compulsa la opinión de la gente. Desde la antigüedad, se llama vindicta pública al sentimiento de venganza que incuba en el alma colectiva contra los crímenes atroces, aunque semejante sentimiento se halle lejos de cualquier concepto de civilización. Todos llevamos dentro un vengador secreto, que no siempre sabemos dominar, y por eso, cuando alguien grita ¡mano dura!, no pocas voces se suman al coro.
[Publicado el 27/2/2008 a las 07:00]
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El reo salvadoreño Walter Rivera participa en una desmostración de la cámara de inyección letal en la Granja Penal de Rehabilitación Pavon.
Ya que pronto habrá de entrar en servicio de nuevo, el pabellón de la muerte de la Granja Pavón se halla en proceso de remodelaciones, de la que se encarga un grupo de reos voluntarios de la misma cárcel, que por supuesto no están entre quienes recibirán la inyección letal. Son otros los 41 reos que figuran en la lista de condenados a muerte por diversos delitos, sujetos a la programación de la ejecución de sus sentencias.
El pabellón de la muerte, que está siendo engalanado por los voluntarios, consta de un dormitorio donde el reo es mantenido en capilla ardiente para mientras llega la hora, una dependencia para el capellán de la cárcel, quien le dará los auxilios espirituales, y el recinto con la camilla donde se lleva a cabo la aplicación de la inyección. Detrás de un grueso vidrio, se halla la sala desde donde las autoridades judiciales, los familiares del reo, y los periodistas, pueden presenciar el espectáculo. Lo mismo que en las películas.
Los voluntarios han dado una mano de pintura blanca a las paredes, y otra de pintura negra a los barrotes, para que todo parezca lo mismos que decimos, la toma de una película sombría que no precisa del color; y uno de esos reclusos voluntarios, deseoso de quedar bien, sirvió de modelo para probar la camilla, dejándose ajustar las correas de cuero con que se sujeta al condenado.
[Publicado el 26/2/2008 a las 07:00]
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Quiero agregar una secuela a mis comentarios sobre la violencia en Guatemala, y la recién instaurada pena de muerte. Esta última será aplicada, no a través de los métodos primitivos que se pensarían en un país donde faltan los recursos esenciales para la salud y la educación. Ni el paredón de fusilamiento, con balas al fin y al cabo baratas, ni el menos barato procedimiento de la horca, donde solamente se precisa de una cuerda y un tinglado.
Como en muchas otras cosas, en América Latina, aquí también copiamos la tecnología de última generación: los condenados a muerte serán ejecutados por medio de una inyección letal, en uno de esos recintos asépticos que solemos ver en las películas de Hollywood, y que se parecen al interior de las cápsulas espaciales.
La cámara de ejecuciones se encuentra localizada en la Granja Penal de Rehabilitación Pavón, distante 26 kilómetros de la ciudad de Guatemala, y se inauguró en el año 2000, como una manera de anunciar que el nuevo siglo traía la modernidad dejando atrás a la escuadra de fusileros, que, según la tradición, al momento de situarse frente al reo, recibe uno de ellos, al azar, una dotación de balas de salva para paliar así los cargos de conciencia.
[Publicado el 25/2/2008 a las 12:17]
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Cada autobús que circula por las calles de Guatemala lleva ahora a un soldado del ejército en traje de fatiga, armado con un fusil automático, como parte del nuevo plan de seguridad ciudadana. Es, desgraciadamente, una de esas medidas de protección de los ciudadanos que no puede durar toda la vida, y que si no tiene como resultado tangible la disminución drástica de las red, está destinada a fracasar, junto con todo el plan de seguridad.
Pero más que eso, está de por medio la aplicación de la pena de muerte. Será al presidente Colom al que toque de ahora en adelante, de acuerdo con la ley, autorizar cada ejecución, un poder que nunca propuso tener durante su campaña, y que ahora sus adversarios ponen en su mano.
Un instrumento de eficacia dudosa, como tantas veces se ha demostrado, y que seguramente abrirá un enconado debate, tanto en Guatemala como en el resto del mundo. Sobre todo tratándose de un país donde el respeto a los derechos humanos ha sido siempre cuestionado, y los instrumentos de justicia resultan de poca confiabilidad.
El arzobispo de Guatemala, Monseñor Rodolfo Quesada, ha dicho al oponerse a la resolución de los diputados que restablece la pena de muerte: "Si la justicia fuera ecuánime y pareja, sin auto-amnistías, más de algún personaje de nuestra historia pasada y reciente hubiera ya pasado por la cámara letal". Verdad como una catedral.
La pena de muerte no resolverá nada. Sólo el triunfo de la propuesta de dejar atrás el túnel de la pobreza endémica que aflige a la gran mayoría de la población, al tiempo que se construye un sistema de justicia real, puede hacer que el monstruoso tamaño que el crimen tiene hoy en Guatemala sea reducido.
Eso toma mucho años, más allá de los que el presidente Colom tiene como mandato. Pero alguien tiene que empezar.
[Publicado el 22/2/2008 a las 07:00]
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IV. El más complicado modelo para armar

Más de 15 chóferes han sido asesinados en Guatemala.
Miseria, desamparo, desesperanza, sobre todo para los más jóvenes, que es la clientela de los maras, y criminalidad generalizada que toca a todos los sectores de la sociedad, los ricos protegidos dentro de sus fortalezas amuralladas, la clase media indefensa, y los pobres aterrorizados en las barriadas. El ingeniero industrial, al terciarse la banda presidencial, recibió el modelo para armar más complicado que manos humanas hayan tocado jamás en Guatemala.
Fruto de uno de esos milagros que los países latinoamericanos producen de tiempo en tiempo, la mayoría de la gente creyó más en el discurso de Álvaro Colom, de transparencia institucional y progreso social como armas para enfrentar el crimen, que en el de mano dura, del general Pérez Molina.
La mano dura para neutralizar a los maras, orquestada por gobierno de derecha, ya había fracasado ruidosamente en Honduras y El Salvador. Ahora el presidente Colom, que apenas tiene poco más de un mes en la presidencia, busca enfrentar al crimen organizado sin salirse del marco institucional, y la campaña de seguridad pública que las fuerzas policiales han lanzado sobre los focos rojos de delincuencia, sobre todo en la ciudad de Guatemala y en su extensa periferia, han obtenido como primera respuesta la multiplicación del asesinato de los choferes y ayudantes de autobuses, de los que van ya más de 15, una franca réplica de las pandillas decididas a defender sus territorios, y su negocio de cobro de impuestos de protección. La guerra recrudece, y será larga.
[Publicado el 21/2/2008 a las 07:00]
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III. Miseria, madre del crimen

Desarticulan en Guatemala una red de adopción ilegal.
Álvaro Colom, un ingeniero industrial de convicciones y aspecto que no tienen nada de vengador justiciero, y que semeja más bien a un profesor universitario con el que sus alumnos se comunicarían sin dificultad, planteó durante su campaña el asunto de la violencia que asola a Guatemala como algo profundamente soterrado en la situación de miseria y atraso institucional, que tiene mucho que ver con la ineficacia de la justicia, en la que la gente común no cree, con la corrupción policial, y a la vez con la pobreza crónica, el desempleo y la falta de oportunidades.
Que la gente en los barrios y en las aldeas no cree en la justicia, se ve en la frecuencia con que se producen linchamientos, no sólo contra los cobradores de protección de la mafia, y ladrones cogidos in fraganti, sino también contra personas acusadas de robar niños, otra de las industrias criminales más florecientes del país. Que la policía está corrompida, y penetrada por el narcotráfico, lo demuestra el caso de los diputados al Parlamento Centroamericano, del partido de derecha ARENA de El Salvador, secuestrados en una carretera y luego asesinados por agentes de la policía al servicio de los carteles de la droga.
Por eso el discurso de la mano dura del general Pérez Molina conquistó a pocos menos de la mitad de la población en la segunda vuelta electoral, y tuvo votos sobre todo en la ciudad de Guatemala. Colom ganó gracias al voto rural.
[Publicado el 20/2/2008 a las 07:00]
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Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/
11/5/2008 14:47
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