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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 23 de noviembre de 2008

Blog de Sergio Ramírez

II. Un súbdito molesto

Hughes fue transportado con gran secreto hasta el hotel en una ambulancia, y subido en una camilla al séptimo piso, que ocupó por entero. Nadie podía verlo, salvo sus asistentes, todos entrenados para estar cerca de sus negocios, y de sus secretos. Nadie podía tocarlo, tampoco, porque tenía horror a los virus. Todo el tiempo pasaba viendo sus propias viejas películas.

El dictador no pudo verlo una segunda vez. Llegaba a visitarlo al hotel, pero no pasaba de la antesala, y debía conformarse con hablar con los miembros de su guardia pretoriana, para tramitar los negocios que le proponía en Nicaragua: la construcción del canal interoceánico, el viejo sueño pervertido del país, y una cadena de casinos de juego que tendría su punto de arranque en la isla de Corn Island, en el Caribe de Nicaragua.

Nada de eso prosperó, porque lo que Hughes quería era un refugio provisional en Managua, a salvo de la persecución judicial, y un refugio que fuera en todo sentido tranquilo. Y no quería sentirse importunado, aunque se tratara del propio dictador. Veía a Somoza de menos, y seguramente no lo consideraba un socio confiable. Así que las visitas de antesala se acabaron. Aquel era su propio reino y Somoza, un súbdito molesto.

[Publicado el 07/11/2007 a las 10:50]

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I. El loco de la pirámide

Howard Hughes, el personaje de la película El aviador de Martín Scorsese, llegó a Nicaragua en 1972, ya lejos de los esplendores de su gloria de magnate de la aviación, del cine, y de los negocios, un gran “tycoon”, como se dice en inglés. Perseguido por asuntos de impuestos en los Estados Unidos, huyó de Las Bahamas para recalar en Managua gracias a los favores de un antiguo empleado suyo en los casinos de Las Vegas, el embajador Tuner B. Shelton, que pertenecía a la intimidad del dictador Anastasio Somoza.

Para entonces, cuando el jet privado que lo trajo a Managua aterrizó en el aeropuerto Las Mercedes, era un anciano maniático, sino loco, su cerebro carcomido por la sífilis. Entre sus más visibles excentricidades estaba el no recortarse las uñas, que le crecían como garfios, ni cortarse el pelo ni la barba, de manera que, por su aspecto, imaginen a un náufrago de años en un isla desierta. Durante su segundo viaje, porque hizo dos, el primero breve, y el segundo para quedarse por varios meses, se entrevistó con Somoza a bordo de su propio avión. Luego fue a refugiarse en el séptimo piso de la pirámide del Hotel Intercontinental, para entonces del país.

Y aquí comienza la película.

[Publicado el 06/11/2007 a las 10:51]

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El último ciervo blanco

Mi libro de relatos El reino Animal (Alfaguara, 2006) podría volverse interminable porque cada día aparecen historias que sería necesario agregar, de acuerdo a la intención que me guió al escribirlo: narrar las relaciones, a veces terribles, entre la gente y los animales que se hallan, por lo general, en estado de indefensión frente a la mano hostil, y depredadora, de los seres humanos. Tengo un último ejemplo.

Leo que en Inglaterra quedaba nada más un ejemplar del ciervo blanco. Se llamaba Snowy, tenía nueve años de edad, y según el Daily Telegraph, fue cazado hace pocos días. El cadáver del ciervo, sobreviviente de una especie que una vez fue numerosa, fue hallado en un bosque situado entre las regiones de Cornwall y Devon, y aún no lo habían decapitado para embalsamar la cabeza, como se hace generalmente con las piezas de caza, para que luzcan en alguna pared, en mérito del cazador. Esta cabeza, por ser la de un animal que ya no se verá más sobre la faz de la tierra, costará ahora en el mercado miles de libras esterlinas.

Había una conspiración de los pobladores vecinos al bosque que habitaba el solitario ciervo blanco para protegerlo, y la mejor manera que tenían era la de ocultar su existencia a las hordas de cazadores que se presentan por allí cada temporada. La actual está en pleno apogeo, y no terminará sino a finales de abril del año entrante. La caza del ciervo blanco, aunque se tratara de un ejemplar único, fue legal por haberse hecho en temporada.

Ahora no queda a su fantasma sino vagar por los bosques.

[Publicado el 05/11/2007 a las 09:46]

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Voces de mentira

Acaba de irse el gordito que habla con las computadoras cuando suena el teléfono y la voz femenina comienza a recitar sin previo aviso las ventajas que me ofrece la compañía de celulares a la que estoy suscrito, llamadas a mitad de precio a Costa Rica y el resto de Centroamérica si se realizan en las horas nocturnas y los fines de semana, una tarifa especial sin límite de tiempo propia para las comunicaciones familiares.

Son una verdadera plaga esas letanías de voces mecánicas orquestadas por las computadoras, y que con su distante y frío martilleo artificial quieren sustituir el encanto de los registros sensuales de la voz verdadera de la mujer. Corto siempre esas llamadas apenas las voces falsas comienzan a buscar como endulzar mi oído reacio, además, a las ofertas comerciales en plenas horas de trabajo creativo.
Pero esta vez tengo dudas. La voz, a pesar de que corre con prisa, deja oír cierto jadeo y cierta vacilación que no es propia de la falsa perfección de lo falso, y la interrumpo. “¿Usted es de verdad?”, le digo. “¿Cómo?”, responde, asustada. Y entonces sé que he acertado, y me lleno de alegría. No se trata de una maquinita sin entrañas. Hay un alma en esa voz.

“Pensé que era una de esas grabaciones, qué dicha que usted es de carne y hueso”, le digo. Pero lejos de compartir mi gozo, y reírse, como espero, sólo me dice “buenos días”, en tono hosco, y cuelga.

[Publicado el 02/11/2007 a las 10:00]

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PALABRAS PARA ELLA

El gordito afable que me recomienda mi hija viene a ver cómo anda mi computadora portátil cargado con su maletín de herramientas secretas. Después de que nos saludamos y le explico el problema, se sienta un tanto lejos de mí en el estudio, y nos ponemos entonces cada uno a lo suyo, yo a escribir, y él al ver qué pasa con la lap top.

La coloca en su regazo —no en balde en el argot de los tiempos se llama lap top—, se restriega con fruición las manos como si lo que tuviera consigo fuera un postre sin nada de eso de edulcorantes artificiales, azúcar pura, mermelada o batido de crema, la enciende con delicadeza, y entonces me doy cuenta que más que un postre el leve artilugio pasa a ser para él una criatura porque comienza a hablarle con palabras cariñosas, a tratar de traerla por el buen camino si es que muestra signos de anarquía, “ah, no, para dónde vas muñequita”, a contentarla porque siente que se ha resentido por algo, “no, mi muchachita, es que usted también sale con unas cosas…”, le pide que espere, que no se apresure, “ah, no, tené paciencia”, y cuando hace lo que no le ha ordenado: “esperate, no estés de loca”.

Luego baja la voz, se queda en un susurro como un moscardón enamorado, parece que canturrea, y cuando me aparto de mi pantalla, lo miro y le pregunto con quién habla, a pesar de que ya lo sé, él me mira a su vez con sonrisa beatífica y me responde que con ella, “yo les hablo a ellas siempre”, dice con ternura, y en su rostro transportado adivino toda la soledad del mundo.

[Publicado el 31/10/2007 a las 11:05]

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III. LO CURSI SE VUELVE MÁGICO

La cursilería, que es un defecto para unos, viene a ser una virtud para otros, en tanto expresión del diario vivir. “La Marioneta” es, en verdad, obra del ventrílocuo mexicano Johnny Welch, que lo usa para un número con su muñeco parlante “el Mofles”, y está incluido en su libro Lo que me ha enseñado la vida.

La primera reacción de García Márquez en el 2001, al enterarse de que se le atribuía el poema, fue declarar desde Los Ángeles, donde se encontraba sometido a tratamiento médico: “Lo que realmente me puede matar es la vergüenza de que alguien me crea capaz de haber escrito un texto tan cursi”.  El ventrílocuo, herido en su amor propio, respondió: “A mí me duele profundamente que el señor García Márquez diga que él no se atrevería a escribir una cosa tan cursi, pero respeto su opinión”.

Cuando García Márquez regresó a México después de cumplir el tratamiento, se reunió con Welch, según lo cuenta el escritor Ignacio Solares, que estuvo presente en el encuentro. Welch compareció a la cita con su muñeco “el Mofles”, a quien hizo recitar el poema. Fue un momento mágico, del que se borró toda cursilería, según el testigo presencial.

Y ahora averigüemos por nuestra cuenta, lo qué es cursi y lo que no lo es.
 

[Publicado el 30/10/2007 a las 10:15]

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II. MÁS HELADOS DE CHOCOLATE

Si primeras partes fueron malas, las segundas vienen a ser peores. Desde el año 2001 sigue circulando con insistencia por el mundo, vía Internet, y se reproduce también en periódicos y revistas, o es recitado por algún locutor de medianoche, un poema de despedida atribuido a Gabriel García Márquez que se llama “La Marioneta”, aún más popular que el atribuido a Borges.

El poema de despedida ni siquiera está escrito en clave de realismo mágico. Igual que el falso Borges, el supuesto García Márquez afirma que disfrutaría de un buen helado de chocolate si le dieran una nueva vida, con lo que no deja de aparecer la sospecha de si estos textos apócrifos no serán el ardid publicitario de algún empresa de productos lácteos que utiliza la poesía edulcorada para vender helados, digamos por ejemplo la Baskin Robbins, así como la Benetton se va a los contrastes dramáticos para vender ropa.

Un mediano lector de García Márquez no debería creerlo capaz de escribir que “regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...”, como reza “La Marioneta”. Semejantes líneas no merecerían lugar en el peor de los boleros, salvando, dicho sea de paso, la majestad del bolero.

Pero esto aún tiene un desenlace.

[Publicado el 29/10/2007 a las 10:12]

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I. HELADOS DE FRESA Y CHOCOLATE

Poco tiempo antes de la muerte de Jorge Luis Borges se puso muy de moda un poema supuestamente suyo, tanto que aparecía hasta en las revistas del corazón. En ese poema, el falso Borges decía, entre una lista de cosas que le gustaría hacer si volviera a nacer, que comería más helados —no recuerdo si de fresa o de chocolate— y que andaría descalzo sobre la hierba húmeda, o que metería los pies en la corriente de algún arroyo. A su avanzada edad, Borges parecía despedirse de la vida con un acto de contrición, como si la hubiera desperdiciado en nimiedades.

Se trataba a ojos vista de un Borges sospechoso. Desde las alturas de su espléndido rigor verbal, bajaba en aquel poema al terreno del lugar común y lo prosaico, que se emparentan tantas veces con el favor popular, como le sucede a los políticos cuando deciden irse por el curso de la retórica sensiblera, y suelen entonces ser efectivos en desconcertar las mentes, a imitación de los escritores de poca monta.

El poema nunca fue escrito por Borges, según todavía se empeña en demostrarlo su viuda María Kodama, y era más bien parte de la cosecha de una escritora norteamericana, traducido al español para alguna revista argentina, de donde, por uno de esos encadenamientos de casualidades, pasó a ser atribuido a este autor nuestro, fundamental en las letras universales.

[Publicado el 26/10/2007 a las 10:30]

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POESÍA SIN METÁFORAS

En la letra de un bolero famoso del que tomé el título para mi novela Sombras nada más, el cantor enamorado ofrece a la amada “abrir lentamente sus venas” y su "sangre toda verterla a sus pies". Entregar de manera metafórica la sangre, el corazón, los ojos, viene desde los tiempos del más crudo romanticismo copiado luego en las canciones populares.

Pero en la ciudad de México vino a resultar un poeta más que generoso, no con su propia sangre, sino con la de la amada, y de manera nada metafórica. Y aquello de “voy a comerte a besos”, tan común en el lenguaje coloquial del amor, lo transformó en un verdadero banquete, pues terminó engulléndose a la mujer que había escogido como musa y amante.

La víctima se llama Soledad Garabito, y el poeta aficionado a la carne femenina, se llama José Luis Calvo Zepeda, quien vendía su producción poética en octavillas por las calles del barrio La Condesa, que está muy de moda entre los artistas; ya no tuvo oportunidad de editar su primer libro, a menos que lo haga desde la cárcel.

Según las cuentas de la policía, el poeta caníbal ya había asesinado a otras dos musas, e igualmente se las había comido. “La carne que tienta con sus frescos racimos/y la muerte que aguarda con sus fúnebres ramos” cantaba Rubén Darío. El poeta Calvo Zepeda, diestro más con el cuchillo que con la pluma, no dejó aguardar a la muerte, e hizo de la celeste carne su plato favorito.

[Publicado el 25/10/2007 a las 10:00]

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II. MEJOR EL SILENCIO

Los hechos que dieron paso a Crónica de una muerte anunciada ocurrieron en Sucre, región de La Mojana, el 20 de enero de 1951. Si el nombre verdadero del novio despechado era Miguel Reyes Palencia, según su propia confesión voluntaria el de la novia que entregó a otro su virginidad antes del casamiento era Margarita Chica, y el del burlador que pagó con su vida la burla, Cayetano. Como puede verse, los personajes de la vida real van ya en desventaja frente a los de la novela, porque tienen nombres que suenan menos atractivos.

Casado por segunda vez, Reyes Palencia ha declarado al diario El Tiempo de Bogotá, que “tenía que contarle a sus hijos lo que realmente había pasado en ese suceso de mi matrimonio”, pues, según alega, el novelista usó unos datos ciertos, e inventó otros. 

Qué lisa y gris viene a ser la realidad. No hay duda que como personaje, Reyes Palencia gana en la novela. Es más atractivo Bayardo San Román. Vean de qué manera prosaica da testimonio del momento dramático en que la novia se niega la última vez a entregársele en el lecho nupcial: “O lo hacemos esta noche o esta vaina se rompe aquí”.

Mejor la novela que la realidad, ¿no es cierto?

Más valdría al personaje haber guardado silencio, como lo había hecho hasta ahora, y quedarse en el mito que, pese a su aparición inoportuna, ya no dejará de ser.

[Publicado el 23/10/2007 a las 10:23]

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Foto autor

Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006),  El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/

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